Desde el diván al confesionario: entrevista con Fernando M. González

Recepción: 10 de abril de 2026

Aceptación: 13 de abril de 2026

La entrevista con Fernando M. González es el resultado de un diálogo siempre presente y nunca concretado entre un psicoanalista y un sacerdote-antropólogo. Empezó muchos años atrás cuando el sacerdote-teólogo-antropólogo Enrique Marroquín tuvo una plática con el psicoanalista-historiador-sociólogo durante un congreso que tuvo lugar en Cuernavaca, Morelos, en la década de los noventa. Entre cerveza y cerveza, Enrique Marroquín le comentó a Fernando lo interesante que resultaría escribir un artículo basado en su experiencia como confesor en dos comunidades tan distantes como diferentes. Se refería a una comunidad indígena de Oaxaca y a los vecinos de la parroquia ubicada justo enfrente de Plaza del Sol, centro comercial situado en una zona residencial de clase media alta de la ciudad de Guadalajara.

Enrique le platicó a Fernando sobre los contrastes en la percepción de lo que se consideraba pecado, ya que había muchas diferencias en aquello que era necesario confesar al sacerdote en cada lugar; pero también en la idea de pecar o no pecar entre hombres y mujeres. Esa plática informal llevó a idear la posibilidad de que Enrique publicara un artículo sobre el tema, siempre y cuando se manejaran las mismas reglas éticas que rigen la producción y difusión del trabajo académico: el anonimato. Fernando, quien ya pertenecía al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (iis-unam), le recomendó publicarlo en la revista académica de dicha institución y revisarlo anticipadamente y se ofreció como mediador.

Enrique se llevó la tarea y aplicó sus aprendizajes de antropólogo a su experiencia de sacerdote-confesor para construir las narrativas de comunión a casos de estudio de interés por su valor comparativo de representaciones culturales estructuradas por distintas condiciones étnicas, económicas, culturales, generacionales y de género. El artículo fue escrito y entregado a la Mexican Journal of Sociology, pero fue rechazado por el comité editorial con el argumento de que consideraban poco ético publicar material proveniente del confesionario. Desafortunadamente, no podemos acceder al artículo porque nadie tiene copia de él; no obstante, sí podemos recurrir al recuerdo para reconstruir su valor heurístico y reflexionar tanto en el caso mismo como en las intrincadas relaciones de diferenciación del conocimiento al interior del campo académico.

Resulta fácil imaginar el dilema que generan estos híbridos y más en sociedades académicas como las mexicanas que se desarrollan en contextos de laicidad, en que “lo religioso” es considerado un pensamiento “sospechoso” o, al menos, poco serio en medio de las exigencias del rigor científico. Pero, además, era un artículo cuya interseccionalidad generaba un producto “entre-medio”, es decir, un producto híbrido, difícil de clasificar y, por tanto, de valorar y evaluar. Retomando a Homi Bhabha, considero que reconstruir en esta entrevista el artículo que jamás fue publicado es un ejercicio para pensar el límite de la cultura religiosa y la académica como un problema de enunciación de la diferencia.

El concepto de la diferencia cultural se concentra en el problema de la ambivalencia de la autoridad cultural: el intento de dominar en nombre de una supremacía cultural que es producida en sí misma solo en el momento de la diferenciación, y la misma autoridad de la cultura como conocimiento de la verdad referencial está en juego en el concepto y en el momento de la enunciación (Bhabha, 2002: 35).

El artículo que nunca fue publicado, pero dio pie a un interesante diálogo

En 2025 nos reunimos un grupo de académicos de Guadalajara para organizar un coloquio que tendría como figura central los aportes académicos y teológicos en la obra y trayectoria de Enrique Marroquín Zaleta, al que titulamos “Intersecciones en la obra de Enrique Marroquín”.1 Para este evento se invitaron a distintos académicos a reflexionar en voz alta sobre el desafío de las intersecciones en su obra, tanto en la convergencia entre distintos campos académicos –como la filosofía de la ciencia, la psicología, la etnografía, la historia, la educación y la sociología– y en la encrucijada entre el conocer y el creer, las intersecciones entre mundos culturalmente distantes y la comparación entre actividades especializadas –como la terapia psicoanalítica y el acto de confesar–. Es en esta última confluencia en la que tuvo sentido la entrevista con Fernando González que publicamos en este número de la revista Encartes. Debido a que lamentablemente no pudo estar presente en el evento, se realizó una dinámica en la que se presentó el material videograbado de la entrevista con Fernando González y, después, Enrique Marroquín (quien sí asistió) retomó el tema emprendido.

Para entender la relevancia de este diálogo hay que presentarlos a ambos. Fernando González es psicoanalista e historiador de instituciones religiosas; estudió su doctorado en análisis institucional bajo la tutoría del profesor René Loureau en la Universidad de París. Actualmente es investigador titular del iis-unam y miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Secihti). Es autor de diversos libros que a lo largo de su trayectoria académica han revelado silencios resguardados por la institución católica y que ponen el dedo en la llaga de temas delicados, incluso que son considerados tabús. Algunos de los títulos de sus libros son los siguientes: Una historia sencilla: la muerte accidental de un cardenal (1996), que aborda el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas, arzobispo de Guadalajara, en el que la Iglesia se vio relacionada con el narcotráfico. De matar y morir por Cristo Rey (2001), un escrito que desmitifica la memoria de los cristeros como víctimas de la historia mostrando el lado complementario del martirio: el estar dispuesto a matar. Marcial Maciel. Los legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos (2006). Este libro fue un parteaguas que analiza el perfil criminal del padre Maciel a partir de los testimonios de quienes sufrieron abusos sexuales de su guía religioso. La Iglesia del silencio: de mártires y pederastas (2009), un texto que saca a la luz archivos que el Vaticano tenía sobre el caso de pederastia del padre Maciel y que muestra la complicidad eclesiástica que lo protegió varias décadas. En Crisis de fe. Psicoanálisis en el Monasterio de Santa María de la Resurrección 1961-1968 (2011), González presenta un interesantísimo caso en el que el psicoanálisis promovido por Iván Illich pone en crisis a una congregación religiosa. Por último, Cuando un futuro se disuelve: de identidades trastocadas y radicalizaciones no previstas (México: iis-unam, 2023) es un libro que toca el tema de los movimientos secretos del radicalismo cristiano que deriva en su maridaje con la guerrilla de los años setenta. En suma, Fernando es un estudioso agudo que busca hacer hablar a la historia mediante temas controvertidos o, como él lo ha definido, “pensando ahí donde duele”.

Por su parte, Enrique Marroquín es un religioso de la orden claretiana que teológicamente transgredió fronteras misioneras. Uno de sus libros más afamados, que incluso es un texto de culto, es La contracultura como protesta, en el que la misión cristiana del claretiano desembocó en el acompañamiento de movimientos contraculturales como fue el hippismo mexicano denominado por él como jipiteca para diferenciarlo de los hippies estadounidenses, destacando que los jipitecas eran una hibridación cultural que buscaba encontrar sentido en las tradiciones indígenas. The rock, la meditación trascendental, la ingesta de plantas de poder no estaban reñidos con la experiencia mística que él promovía. Alentado por los cambios del Concilio Vaticano ii, Enrique se relacionaba con intelectuales y artistas contraculturales en México. Incorporó el rock a la eucaristía, y sus sermones mezclaban mensajes cristianos con temas propios de la contracultura.

A partir de principios de los años setenta, Enrique se vincula al movimiento de la teología de la liberación trabajando cercanamente con comunidades de base en vecindarios y pueblos del estado de Puebla. Asimismo, escribió libros en los que el tema de la inculturación es central, como lo fue La cruz mesiánica: aproximaciones al sincretismo de Oaxaca (1986) y otros, en los que desarrollaba las implicaciones teológicas apostando a la construcción social de un mundo con valores, como se lee en Otro mundo es posible: justicia, paz e integridad en la creación y vida consagrada (2006). Enrique fue también pionero en trastocar las fronteras entre el conocimiento científico humanista y teológico. Si bien era un sacerdote ordenado, su praxis articulaba la de un agente religioso con la de un antropólogo. En 1980 estudió Antropología en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (buap) y posteriormente hizo su doctorado en la Universidad Autónoma Metropolitana (uam)-Xochimilco. Por un lado, la academia le exigía un puritanismo cognitivo en el que los profesores instaban a la objetividad como conocimiento depurado de las creencias. En ese entonces la religión era valorada como una ideología y se pretendía que la investigación de campo y su análisis no estuvieran permeados por las creencias. Su tesis de doctorado abordó el tema de El conflicto religioso en Oaxaca 1976-1992, un estudio pionero y único en el ámbito de la antropología de lo religioso en México.

Preguntas que guiaron el diálogo: encrucijadas morales entre academia y religión

Antes de comenzar con las preguntas invité a ambos a reflexionar sobre los dilemas éticos de publicar resultados de estudios de casos clínicos en psicoanálisis y de las confesiones realizadas dentro de un templo. Si bien los dos respetaban el principio ético de cuidar la identidad de los informantes, publicando bajo el cuidado del anonimato, ese aspecto no era el único punto de intersección ética que empañaba o cuestionaba el que fuera publicable. El artículo fue rechazado argumentando falta de ética, pues los casos se desprendían del acto de la confesión, aunque muchas revistas publican artículos psicoanalíticos cuyos casos fueron realizados en contextos terapéuticos y no son productos de entrevistas académicas. Por ello me pareció interesante reflexionar qué es lo que hace que el primero no sea considerado válido en el mundo “académico”, mientras que el segundo, sí.

Considero que lo sucedido con este artículo inédito presenta una oportunidad para abrir la reflexión en el campo de las ciencias sociales y las razones (representaciones o habitus, diría Pierre Bourdieu) por las que una revista académica rechaza un trabajo y acepta otros. Pregunté si sería que en el campo sigue influyendo una mentalidad jacobinista o, al contrario, una concepción católica del secreto de confesión que se extiende a la academia para verlo como un asunto no ético. Una primera parte de la entrevista giró en torno a los dilemas y el rechazo de la publicación del texto recordando cuáles fueron los argumentos para no publicarlo.

En la entrevista se retoman varias preguntas que me parecieron claves para entender las tensiones entre la intersección de un objeto de estudio poco trabajado y minusvalorado, como el pecado y la confesión, tratando de explorar –más allá de la mera anécdota que por sí sola es interesante– en las tensiones estructuradas entre los campos. ¿Por qué se decidió no publicar en una revista académica material proveniente del campo religioso? ¿Por qué el pecado casi nunca es considerado un objeto de estudio? ¿Por qué puede ser desdeñado?

Deseo proponer la relevancia de estudiar crítica y comparativamente los contenidos socialmente situados de las narrativas del pecado, ya que podría conducir a des-universalizarlo, introduciendo el reconocimiento y el análisis situacional de las concepciones heterogéneas de los pecados según distintas culturas. Por otra parte, el artículo podría deconstruir el pecado como algo total mostrando gradualizaciones del pecar, pues hay pecados que tienen más valor que otros: unos merecen ser castigados y otros nos; unos merecen ser confesados y otros no. ¿Cuáles son las tensiones que se dan entre la moral del pecado y la moral del delito, que no siempre aparece como sinónimo y que, incluso, puede encontrar puntos de tensión o de conflicto?

Estas reflexiones y las preguntas generadoras del diálogo fueron enviadas previamente tanto a Fernando González como a Enrique Marroquín. Cité a Fernando y nos reunimos a grabar la entrevista en un salón del ciesas Occidente. En una plática informal la entrevista tomó su curso. Empezó con la reconstrucción de los aportes del artículo tratando de reconstruir el encuentro entre Enrique Marroquín y Fernando, el contenido y la contribución del artículo escrito y el periplo de su rechazo editorial. Uno de los temas abordados fue el objeto de “el pecado”, en el que Fernando desarrolla cómo la propuesta del artículo de Marroquín relativizaba la universalidad del pecado al enfocarse en su concepción social que se representa de maneras diferentes según el género, etnia, clase social y edad. La economía política del pecado es un asunto muy importante que ha sido escasamente tratado. La plática también versó sobre los contrastes entre la confesión y la terapia psicoanalítica, atendiendo las diferencias en el espacio (confesionario/diván) y las disposiciones corporales en estos espacios (hincado/recostado).

Por su parte, Enrique Marroquín me envió por correo un texto escrito con sus reflexiones en torno al artículo jamás publicado y a las encrucijadas morales del diálogo entre un psicoanalista y un confesor. Este texto fue leído por su autor durante el evento. Retomaré el punto iii: “Mis confesiones en Morelia” y citaré solo un extracto de él para colocar la entrevista en este intercambio de ideas:

Desde un “relativismo cultural” mal entendido,2 y al no aceptar que la Iglesia católica se abrogue el derecho de decidir sobre la moral de toda la sociedad, los investigadores sociales han prestado poca atención a la cultura moral. Pero por no conocer la práctica moral realmente existente del lugar en donde se pretenden mover, muchas actitudes y comportamientos culturales se les escapan.3 Lo moral se imbrica con otras disciplinas, tales como la ética filosófica, el sicoanálisis (sentimiento de culpabilidad), las teologías morales o las religiones comparadas. En México y en otros países de mayoría cristiana, la moralidad proclamada suele ser la predicada por las iglesias.

Por cuestión de espacio, haré una síntesis de algunos de los planteamientos desarrollados en su texto, ya que este supera las diez cuartillas. Me concentraré en hacer referencia a la parte en que Enrique aborda la historia del artículo nunca publicado y la comparación entre un confesor y un psicoanalista.

Al inicio del texto explica que la idea del diálogo con su amigo y colega Fernando González surgió hace algunos años. Recuerda que en ese entonces Enrique había realizado tres muestras sociométricas de sus confesiones: una en la ciudad de Oaxaca, otra en un pueblo de aquel estado y la última en Guadalajara. Le compartió su trabajo a Fernando quien le sugirió entablar un diálogo entre un psicoanalista y un confesor. La idea acordada por ambos fue comenzar por los dispositivos escenográficos mismos: el diván y el confesionario antiguo. Según Enrique, elaboraron juntos el artículo y lo enviaron a la Mexican Journal of Sociology, que no lo publicó alegando que el tema no era materia de la sociología y arguyendo que era mejor que ese cura se dedicara a confesar y no a hacerla de sociólogo. Enrique se lamenta que ya no pueden recuperar el artículo porque se extravió, pero ofrece volver a intentarlo analizando una muestra de confesiones de la parroquia en Morelia, donde actualmente se desempeña como sacerdote.

El texto desarrolla un comparativo entre confesores y psicoanalistas. De los primeros dice que son sacerdotes y que “no les gusta confesar”, y menos cuando son sacerdotes jóvenes. Describe que en la Iglesia actualmente faltan confesores y que en la mayoría de las situaciones “la confesión en nuestras feligresías es desagradable y tediosa; hay gran cola de penitentes aguardando, sin permitirle al confesor, ni siquiera levantarse”. En contraste, considera que “el psicoanalista cobra caro y es solicitado por las clases pudientes” y comenta que desconoce cómo se evalúan las experiencias de psicoanálisis grupal. Señala que “el confesor tiene que hacerle un poco de terapeuta, teólogo, filósofo ético y acompañante”; agrega que también debe ser resiliente, pues “debe saber escuchar, darle al penitente el tiempo que realmente necesite”, a diferencia del psicoanalista quien “tiene su sesión a tiempo, medido y cobrado”.

Reconoce que “el confesor tiene poca preparación”, debido a que en los seminarios no se suele instruir bien a los alumnos en esta práctica. Recuerda que antes era diferente pues los curas atendían mensualmente en sus comunidades un “caso de moral”, que representaban con personajes ficticios y de manera grupal se discutía el juicio moral y la respuesta adecuada del confesor. Lamenta que esta práctica cayó en desuso, en parte debido a la falta de vocaciones. Por otro lado, considera que, en la actualidad, el psicoanálisis es una carrera formalmente reconocida en el ámbito académico e incluso clínico.

En el texto, Enrique incluyó un nuevo ejercicio para el estudio de las representaciones del pecado; sin embargo, por cuestiones de extensión y de autoría solo mencionaré que espero que el ejercicio reflexivo que permite construir un catálogo comparativo de lo que los feligreses de una parroquia ubicada en una colonia de clase media en Morelia acostumbran a confesar (se supone que se debe confesar aquello que se considera pecado grave) se publique pronto; pero también que se aborde el tema de aquellos pecados que son ignorados en ciertos grupos y sectores sociales. El comparativo muestra que los distintos habitus4 configurados por estructuras de género, clase y edad estructuran y jerarquizan las nociones morales de lo que para los católicos es o no considerado como pecado y que no es lo mismo para hombres y mujeres o para quienes ostentan ciertos roles de autoridad en la sociedad.

Los invitamos a ver y escuchar la entrevista con Fernando González en la sección multimedia de Encartes, y esperamos pronto poder publicar el texto “Confesiones en Morelia” de Enrique Marroquín.

Bibliography

Bhabha, Homi (2002). El lugar de la cultura. Buenos Aires: Manantial.

Bourdieu, Pierre (1990). Sociología de la cultura. México: Grijalbo/Conaculta.

González, Fernando M. (1996). Una historia sencillala muerte accidental de un cardenal. México: unam/Plaza y Valdés.

— (2001). De matar y morir por Cristo Rey. México: unam/Plaza y Valdés.

— (2006). Marcial Maciel. Los legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos. México: Tusquets.

— (2011). Crisis de fe. Psicoanálisis en el Monasterio de Santa María de la Resurrección 1961-1968. Ciudad de México: Tusquets.

— (2009). La Iglesia del silencio: de mártires a pederastas. México: Tusquets.

— (2023). Cuando un futuro se disuelve: de identidades trastocadas y radicalizaciones no previstas. Ciudad de México: iis-unam.


Renée de la Torre Castellanos es doctora en Antropología Social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (ciesas) y la Universidad de Guadalajara. Miembro del snii level iii y de la Academia Nacional de la Ciencia. Profesora investigadora del ciesas Occidente. Cofundadora de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (rifrem). During his research career he has dedicated himself to the study of religious diversity in Mexico; to the study of new religious movements; to the emergence of alternative spiritualities such as the new age y la neomexicanidad; más recientemente ha investigado sobre las dinámicas de transnacionalización de las danzas rituales aztecas y de la religiosidad popular. Ha realizado más de una decena de exposiciones de fotografía etnográfica. Entre sus publicaciones más recientes destaca el libro Variaciones latinoamericanas del new age. México: ciesas, 2013; publicado en inglés New Age in Latin America. Popular Variations and Ethnicity Appropriations., 2016. Autora de “Ultra-Baroque Catholicism: Multiplied Images and Decentered Religious Symbols”, Social Compass (2016); coautora de los siguientes artículos: “Routes et sens postcoloniaux de la transnationalisation religieuse”, Tiers Monde (2016); "Religious Studies in Latin America, Annual Review of Sociology (2016); "The temazcal: a pre-Hispanic ritual transculturalized by alternative spiritual networks", Social Sciences and Religion (2016) and "Religion and Rescaling: How Santo Toribio Put Santa Ana on the Global Religious Map." Current Sociology (2016). https://orcid.org/0000-0003-3914-4805

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