“¿A qué le tiras cuando ahorras, mexicano?” Los futuros del ahorro bajo un régimen pensionario neoliberal de capitalización individual

Recepción: 14 de abril de 2020

Aceptación: 11 de junio de 2020

Resumen

A partir de una etnografía de cinco hogares con horizonte de clase media en la ciudad de México (cdmx), analizo la financiarización desde el ahorro y el impacto que ésta ha tenido en los sueños e imaginarios para el futuro de los hogares. Tomo como punto de ruptura y eje de análisis la reforma del régimen pensionario del imss en 1997 y sus correlatos publicitarios, particularmente en la imposición de un modelo de capitalización individual y en la creación de la figura del Ahorro Voluntario.

Los hogares en cuestión se enfrentan a un conflicto fáustico entre gastar y hacer frente a las necesidades del presente o ahorrar y prepararse para las peripecias del futuro. Ante este panorama va ganando terreno una subjetividad neoliberal ejemplificada en la figura del empresario de sí mismo, donde el sujeto asume como propia la responsabilidad de prever su vejez, enfermedad, desempleo y muerte a través del ahorro, con lo que asume derechos laborales como metas individuales.

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What Do Mexicans save Money For? The Future of Saving under a Neoliberal Pension Regime for Individual Capitalization

Based on the ethnography of five aspiring middle-class households in Mexico City (cdmx) I analyze the financialization from saving and the impact it has had on the dreams and imaginaries for the futures of homes. I take the reform of the 1997 imss pension regime and its advertising correlates as a breaking point and central theme of analysis, particularly regarding the imposition of an individual capitalization model and the creation of Ahorro Voluntario (Voluntary Saving). The homes in question face the dilemma between spending and meeting their present needs or saving and preparing for whatever the future brings. Considering these circumstances, a neoliberal subjectivity is gaining traction, exemplified in the figure of the entrepreneur of the self in which people take into their own hands matters such as planning for their old age, unemployment and death through saving, assuming their own work rights as individual goals.

Keywords: financialization of homes, afore, pension funds, voluntary saving, entrepreneur of the self, neoliberal subjectivity, cdmx.


Bajo la presión de los organismos financieros internacionales y en medio de una dictadura militar, Chile inauguró en 1981 las privatizaciones de los regímenes pensionarios e instauró por primera vez en el mundo un sistema de capitalización individual. Desde entonces, treinta países han privatizado su régimen de pensiones y 18 de ellos las han revertido, apostando en su mayoría por modelos mixtos.1 La oit es clara en su diagnóstico: “el experimento de privatización ha fracasado” (Ortiz et. al., 2019:xi). En todo el mundo, la gente ha salido a las calles contra la privatización o por la desprivatización de su régimen de pensiones, buscando frenar una reforma que en México llevamos 23 años padeciendo.2

“Financiarización” es uno de los conceptos claves que se han utilizado para describir los cambios que el neoliberalismo ha producido en la economía. Siguiendo la clasificación bibliográfica de Natascha van der Zwan (2014), el concepto de financiarización se ha utilizado en tres sentidos: 1) para nombrar el paso de un capitalismo industrial centrado en la producción a un nuevo régimen de acumulación usualmente llamado capitalismo financiero; 2) para nombrar la reestructuración de las empresas que han pasado a privilegiar el valor de sus acciones por sobre la permanencia y las ganancias futuras, y 3) para referirse a la financiarización de la vida cotidiana, esto es, al proceso mediante el cual el sistema financiero incrementa su oferta y penetración en los hogares por medio de los seguros de vida, de accidente, de gastos médicos, cuentas de pensiones o alguno de los servicios que ofrece la banca múltiple: tarjetas de crédito, cuentas de ahorro, etc. Es en este último sentido que recupero el concepto de financiarización para nombrar al acelerado proceso mediante el cual un mayor número de las transacciones cotidianas de los hogares pasan a estar mediadas por el sistema financiero. En la economía y la antropología, este proceso ha sido abordado primordialmente desde la precarización, el endeudamiento y la bancarización de los hogares y rara vez desde el ahorro. Ante esta ausencia, el presente trabajo analiza la financiarización de los hogares desde el ahorro, los cuales ofrecen un acceso privilegiado a los futuros que desean para sí los hogares en cuestión, a sus necesidades, deseos, prioridades, aspiraciones y sueños así como a los malabares en términos de previsión, gestión y planeación necesarios para lograrlos.

Por otro lado, recuperando los argumentos de Conde Bonfil (2001) y García Sepulveda (2014), abandono las definiciones clásicas que entienden al ahorro como aquella parte del ingreso que no se gasta, es decir, como un monto de dinero conformado por la diferencia entre el ingreso disponible y el gasto efectuado. Asimismo, rechazo la connotación “residual” de estas definiciones,3 ya que en todos los casos que aquí recupero ahorrar fue una decisión planeada que exigía sacrificios y postergaciones y nunca se trató de “lo que sobró” a final de determinado periodo. En su lugar, opto por hablar de estrategias de ahorro las cuales entiendo como un conjunto de proyecciones y acciones meditadas que implican una restricción presente (o pasada) en nombre de un futuro, las cuales van desde apartar dinero y bienes hasta evitar un gasto.

Sostengo que la reforma de 1997 al régimen pensionario del Instituto Mexicano del Seguro Social (imss), en particular la creación de las Administradoras de Fondos para el retiro (afore) y su figura del Ahorro Voluntario, han sido un punto nodal en la financiarización de los hogares mexicanos por lo menos en los siguientes tres sentidos.

  1. Esta reforma neoliberal ha logrado transformar un derecho laboral en una meta individual por medio del desplazamiento de una responsabilidad del Estado a los trabajadores mexicanos: la de proveer un ingreso en la vejez a derechohabientes tras años de trabajo.
  2. Esta transformación ha contribuido a la imposición de una subjetividad neoliberal por medio de elaborados procesos de disciplinamiento de las prácticas financieras pero sobre todo de los sueños e imaginarios para el futuro de los hogares.
  3. Se han reestructurado las funciones de lo que le correspondía a la deuda y lo que le correspondía al ahorro, parece ser que el crédito desplazó al ahorro como medio para adquirir bienes de consumo duraderos.

En el presente artículo me concentraré en el segundo punto pues, sin totalizar, me interesa caracterizar este disciplinamiento del ahorro así como de los sueños, motivaciones e imaginarios para el futuro derivado de esa reforma. Es importante mencionar que estas transformaciones afectan no únicamente a quienes cotizan bajo el régimen del 97 o disponen de una cuenta individual de afore, sino a los asalariados mexicanos en su conjunto, ya que estamos hablando de una modificación de la estructura y con ello de los significados, las expectativas y la “norma”.

Las reflexiones aquí vertidas surgen de una investigación realizada durante el periodo 2017-2019 para la tesis “Malabares para llegar a fin de mes. Deuda, finanzas y trabajos en cinco hogares asalariados precarios en la cdmx” (Gallardo Kishi, 2020). El trabajo de campo comprendió cinco hogares compuestos por un total de 17 personas. Las condiciones de delimitación de los hogares fueron: hogares pluripersonales con un gasto en común adicional al pago de servicios, con residencia en la cdmx o zona conurbada, integrados por lo menos por un miembro asalariado formal “precario”4 con sensación de que su salario no le alcanza y que recurriera al endeudamiento.

A lo largo de un año visité los hogares aproximadamente cada dos meses; en cada visita realicé entrevistas familiares e individuales en las que ahondé sobre su historia de vida, historial laboral, trabajos no remunerados, ingresos, gastos, deudas, ahorros, redes y favores, prestando especial atención a la gestión del dinero y los malabares que efectuaban para “llegar a fin de mes”. Durante dos meses, los interlocutores llevaron un registro puntual de todas sus transacciones en unas “chequeras” que les facilité, las cuales me permitieron conocer con bastante precisión los gastos, ingresos y transferencias de los sujetos. Sin contar a los dos menores de edad, los sujetos de estudio fueron: tres pensionados bajo la ley del 73 mayores de 60 años, tres asalariados formales en sus cuarentas que cotizan bajo la ley de 73 y esperan lograr pensionarse, dos trabajadoras fluctuantes en sus cincuentas que no podrán reunir las condiciones necesarias para acceder a una pensión y siete asalariados y/o universitarios menores de cuarenta que sólo conocen el régimen pensionario bajo la ley del 97. Los interlocutores son en su mayoría personas asalariadas que desempeñan trabajos como secretaria, coordinador, empleada bancaria, supervisor, chofer de una empresa, becarios, etc. Son en gran parte oficinistas con jornada laboral de ocho a diez horas, con trayectorias laborales fluctuantes pero con periodos prolongados de estabilidad sostenidos en buena medida gracias a sus redes y líneas de crédito. En todos los casos, hablamos de hogares que cuentan con amplísimas líneas de crédito
(incluso superiores a sus ingresos anuales), múltiples tarjetas de crédi-
to y mucha familiaridad con el endeudamiento. Se endeudan para pagar educación preuniversitaria o gastos de salud, adquirir bienes (automóvil, electrodomésticos, ropa), así como para gastos “cotidianos” como son comprar la despensa y pagar servicios.

Los asiduos procesos de desidentificación e individualización de la vida citadina, así como las porosidades que ha adquirido un concepto como el de “clase media” tras la desaparición de los estados de bienestar a lo largo del mundo, agregan grados de complejidad a la hora de buscar hablar de un sujeto colectivo o de nombrar la pertenencia a alguna clase. Por ello, decidí hablar de la “clase media” como horizonte y no como esencia o pertenencia. Entenderé por horizonte de clase media al conjunto de expectativas y anhelos que configuran los futuros que vislumbran para sí los hogares, los cuales corresponden con las promesas de un estado de bienestar. Hablar de horizonte de clase media es hablar no de sus ingresos, trabajos o propiedades, ni siquiera del papel que cumplen en el capitalismo, sino de las aspiraciones que guían sus conductas, de los patrones que determinan sus criterios de lo deseable y lo indeseable, y en muchas ocasiones de su campo de posibilidades.

Régimen pensionario de capitalización individual o de la financiarización de los hogares

En 1943 se crea el Instituto Mexicano del Seguro Social (imss) con la finalidad de otorgar a los trabajadores que cotizan a éste asistencia médica, servicios sociales necesarios para el bienestar, pensión garantizada por el Estado (para quienes cumplan con los requisitos), así como seguros para invalidez laboral, riesgo de trabajo, enfermedad, maternidad. Bajo un régimen de reparto o seguro solidario, el imss administró por más de cincuenta años las aportaciones obligatorias de trabajadores, patrones y Estado (equivalentes al 6.25 % del salario de cada quincena) en un fondo único que funcionó en muchas ocasiones como “caja chica” de los gobiernos.5

Como parte de una serie de reformas estructurales de corte neoliberal y bajo la consigna de que el pago de pensiones estaba llevando al gasto gubernamental deficitario, el 1º de julio de 1997 entró en vigor la reforma del imss, efectiva para todo trabajador que empezara a cotizar a partir de esa fecha. Con relación a la Ley de 1973, la Reforma de 1997 incrementó el número de semanas mínimas cotizadas para poder aspirar a pensionarse de 500 a 1250 semanas y transformó el sistema de pensiones de un régimen de reparto a un régimen de capitalización individual.6 En cuanto se declaró la reforma, bancos como Inbursa, Banamex, Banorte, Azteca y Coppel, así como conglomerados empresariales como sura, InverCap y gnp no tardaron en ver en aquel emergente sector una mina de oro y crear su propia afore.

La transformación fue radical; se pasó de una pensión garantizada por el Estado y administrada por el imss, cuyo monto estaba en función al promedio salarial de las últimas 250 semanas cotizadas, a una pensión sin garantía, administrada por instituciones financieras privadas con altas comisiones. Todo derechohabiente y potencial pensionado pasó a ser un “inversionista” cuyas esperanzas de recibir una pensión algún día quedaron supeditadas a lograr cotizar durante un mínimo de 24 años, elegir la afore con los mayores rendimientos y menores costos de operación, pero sobre todo, a la aportación voluntaria que logre realizar a su cuenta individual de afore.

La esfera pensionaria no ha sido la única que se ha visto trastocada por los procesos de financiarización y consecuente desplazamiento de la responsabilidad; podemos agregar educación, acceso a la salud y vivienda a la lista. Una consecuencia de este panorama ha sido el paso de un gasto deficitario público a un gasto deficitario privado (Lazzarato, 2013; Marazzi, 2014). Es decir, ante perdidas drásticas de poder adquisitivo, disminución de la seguridad social, precarización de las condiciones laborales e incremento de los costos de vida, ya no es el Estado sino los hogares los que se endeudan para cubrir las necesidades básicas, ya no es el Estado sino el sistema financiero el máximo “asegurador social” (Marazzi 2014: 14) y ya no son derechos sociales y laborales sino metas personales por cumplir. Pero, ¿cómo se convierte un derecho laboral en una responsabilidad y un sueño individual en muchos casos irrealizable? ¿Qué transformaciones en la subjetividad del trabajador exige este régimen?

Sobre la gubernamentalidad neoliberal y el empresario de sí mismo

Ante este panorama cobran vigencia los conceptos foucaultianos de gubernamentalidad neoliberal y empresario de sí mismo, los cuales parten de reconocer que la economía produce no sólo mercancías sino también subjetividades (Foucault, 2007; Lazzarato, 2013). A muy grandes rasgos entenderé por gubernamentalidad un conjunto de dispositivos y técnicas de gobierno de otro y de sí que tienen la intención de conducir conductas y producir subjetividades con particulares prácticas sobre sí (Foucault, 2007).7 De acuerdo con Foucault (2007) la gubernamentalidad neoliberal produce una subjetividad muy peculiar: el “empresario de sí mismo”, donde el disciplinamiento de los cuerpos, propio del régimen fabril, pasa a ser sustituido por un (auto)disciplinamiento de la motivación. El individuo “empresario de sí” se autopercibe como responsable y culpable de su propia suerte, de su mala o buena administración.

Siento que soy un poco mal administrador. No me manejo bien. Luego haz de cuenta como que cubro, me llega una situación y la cubro, pero en ese momento salgo del problema pero a lo mejor no pienso en lo que falta. Entonces sí, la verdad es que he sido un poco mal administrador de recursos, siento… Sí a veces me falla, me falla mucho. Yo creo que tal vez por mi mal hábito. Porque no he tenido hábito del ahorro o como siempre he estado un poco al día como que no he sabido bien administrarme yo (Chofer, pensionado, 63 años, Ley del 73).

Aunado a esta gramática de culpa y autorresponsabilización, el “empresario de sí” procura invertir en sí, en su educación, en su salud, en su imagen, en idiomas, cursos y capacitaciones, para ser más competente, empleable y con ello incrementar su salario/ganancia (Amigot Leache y Martínez Sordoni, 2013; Castro-Gómez, 2010; Foucault, 2007).

Nunca he tenido tiempo, siempre andaba corriendo. Por ejemplo, ahorita otra vez ando corriendo, me salgo me voy corriendo y nunca tengo tiempo como de “ay, deja, voy al doctor”. Ahorita me llegaron varias tarjetas de descuento en laboratorios y ahorita sí quisiera irme a hacer un estudio. Ahorita sí ya pienso en mi salud, a lo mejor ahorita si vas obteniendo un poco más de ingreso pues sí invertir en ti (Oficinista, 25 años, Ley del 97).

Algunos compañeros… me criticaban y me decían “¿por qué tus hijos están en escuela de paga?”, porque quiero que lo aprovechen y creo que lo están haciendo. ¡Les están enseñando otro idioma! Y sí, sí me llegaron a criticar varios, pero creo que es lo único que les puedo dejar, una buena herencia, ya dependerá de ellos si lo aprovechan o no, ¿no? La educación para mí sí es fundamental, es básica (Secretaria ejecutiva, 45 años, Ley del 73).

Pero específicamente, ¿cómo se ha conformado una subjetividad de empresario de sí en el ahorro?

Política de ahorro

La reforma al sistema pensionario del 97 creó la figura del ahorro voluntario y junto con ello todo un discurso y prácticas para su fomento. Se ha destinado mucho esfuerzo y dinero a publicidad,8 así como a la creación de cursos, aplicaciones, talleres, beneficios fiscales (ya que el ahorro voluntario es deducible de impuestos), mecanismos de metas con compensaciones al alcanzar objetivos, diseño de “proyectos de vida” segmentados por grupo de edad y apertura de más canales para realizar aportaciones (7-Eleven, Círculo k, afore Móvil, etc.), todo esto con el objetivo de promover esta novedosa práctica y visión.

No es sencillo construir sujetos con la plena convicción de que el futuro se construye mediante el ahorro formal, y que la única manera de cumplir los sueños es ahorrando. Esto se ha logrado un poco mediante discursos de terror pero sobre todo a través de intensos procesos de educación financiera promovidos por el Estado y la banca privada, desde donde se ha construido como imaginario de éxito un ciudadano responsable, meritocrático y empresario de sí, al mismo tiempo que se sobaja toda práctica informal de ahorro y toda idea “supersticiosa” de que tu vida puede tener un giro de suerte. Contribuyendo a esta idea, la afore Profuturo tiene una campaña donde se burla de distintas creencias y frases populares como son portar calzones amarillos, las lecturas de astros y tazas de café, las profecías… y concluye con la frase “es tiempo de creer en el ahorro”, dejando en claro que el “pensamiento mágico” debe dejarse atrás para dar lugar a un pensamiento racional-financiero, y que es imperativo transitar de sujetos que creen en la suerte a inversores que creen en las “buenas decisiones financieras” (Figuras 1, 2, 3 y 4).

Ilustración 1. Publicidad de Profuturo en su página de Facebook. Fuente: https://www.facebook.com/ProfuturoMX/photos/a.418040166782/10155748798021783/
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Ilustración 4. Publicidad de Profuturo en su página de Facebook. Fuente: https://www.facebook.com/ProfuturoMX/photos/pb.153594446782.-2207520000../10156334042431783/

Asimismo, en una de las guías previsionales de la Secretaría de Hacienda y la consar se lee que tomar las decisiones correctas que llevarán a la jubilación “sólo puede funcionar si usted admite que ahorrar para su jubilación o comprar la jubilación que usted verdaderamente desea es, en última instancia, su responsabilidad. Debe convertirse en el arquitecto de su futuro financiero” (ebsa, 2017: 2). En este mismo sentido, la afore sura lanzó una campaña publicitaria en donde muestra una serie de animales (abeja, camello, ardilla, mapache…) recolectando o almacenando alimentos para el futuro acompañado de un mensaje como: “Yo recolecto polen y néctar. Tú, ¿cómo te preparas para el futuro?”, dotando de naturalidad al proceso de ahorrar para la pensión (ilustraciones 5, 6 y 7).

Ilustración 5. Publicidad de SURA
Ilustración 6. Publicidad de SURA
Ilustración 7. Publicidad de SURA

Indudablemente, las estrategias empleadas para fortalecer el ahorro voluntario han funcionado tanto en el plano de las motivaciones como a nivel práctico. De acuerdo con la consar (2020), el ahorro voluntario captado por las afore pasó de 13 mil 52 millones de pesos en 2012 a 91 mil 220 millones en 2019. ¡En los últimos siete años el monto total se ha septuplicado! Esta situación está generando ganancias netas anuales de más de 10 mil millones de pesos para las afore, fruto de lo que Lapavitsas denomina “expropiación financiera”, haciendo referencia a la extracción de ganancia financiera directamente de los ingresos de los hogares (Lapavitsas, 2009: 48). Se trata de una explotación en la esfera de circulación que opera mediante los fondos de pensiones, ahorros, y todo tipo de créditos (Lapavitsas, 2009, 2011; Dymski, 2011). O en términos de Caffentzis (2018) y Correa (2008: 96) de un préstamo o “renta” que le hace el trabajador a la clase capitalista financiera, la cual dispone de ese dinero por un año en la mayoría de los fondos de ahorro o por una vida laboral en el caso de los fondos de pensión, tiempo durante el cual lo utiliza para invertir, comprar acciones, valores, paquetes de deudas entre otros activos financieros y con ello dinamizar y expandir el mercado (Campos Bolaño, 2005).

“Soñar no cuesta nada”, conflicto fáustico entre gastar o ahorrar

En un famoso pasaje de El Capital,9 Marx (1988) habla de los deseos excluyentes de un capitalista: disfrutar o acumular. Nombra así “conflicto fáustico” a esas dos voluntades en permanente tensión, haciendo alusión a los dos albedríos contrarios encerrados en el Fausto de Goethe. Estos dos albedríos que parecieran provenir de dos almas encerradas en un mismo cuerpo están presentes también en todo proceso de ahorro. Ante la imposibilidad de acumular (por la ausencia de medios de producción), los asalariados con horizonte de clase media experimentan el conflicto fáustico como una oposición entre disfrutar/gastar o ahorrar. Este no es el único paralelismo entre acumular para los capitalistas y ahorrar para los asalariados, pues es claro que la educación financiera busca promover la práctica del ahorro como si fuera algo tan valorizable y enriquecedor como la acumulación. “Recuerde, usted puede pagar [su pensión] con determinación, trabajo y compromiso con el ahorro, el conocimiento adecuado y un plan financiero bien diseñado. Así su dinero puede producir para usted cuando más lo necesite: en sus años futuros” (ebsa, 2017: 3). Se expone la “magia” del interés compuesto de un ahorro de forma semejante a como se habla de la “magia” de la plusvalía y acumulación. Sin medios de producción, se nos dice: tú también podrías vivir algún día sin trabajo propio si tan sólo aprendes a ahorrar. Y esta promesa es integrada en las apuestas para el futuro de los interlocutores.10

Lo que sí veo es, además de mi trabajo, poder invertir, poder tener un negocio propio o algo que te genere propio, ¿no? Entonces a lo mejor decir: “bueno, ya no quiero trabajar en algún lugar, ahora quiero sólo dedicarme a lo propio”, y a lo mejor de lo ahorrado disponer de algo para lo que se necesite (Oficinista, 34 años, Ley del 97).

El conflicto fáustico entre ahorrar y gastar está presente en casi cualquier consumo, pues un ahorro debe de vencer una enorme cantidad de oportunidades de consumición antes de poder realizarse en el sueño que encerraba tal ahorro. Es aquí donde resultan más claras las contradicciones entre lo que la educación financiera indica que se debería hacer: ahorrar, y lo que las necesidades del día a día exigen: gastar. Esto da cuenta de una realidad generalizada, por más deseo e intención de ahorrar que se tenga, ahorrar es una de las actividades financieras más difíciles. “Pero por mi economía casi siempre voy al día, y las veces que he ahorrado, de repente sale una emergencia y lo que tenía ahorrado, ¡pum! ¡ya se fue!” (Pensionado, 63 años, Ley del 73). Veamos esta narración de Lulú sobre posibilidades de consumo que debe vencer un ingreso para poder ser ahorrado; conozcamos cómo se expresa el conflicto fáustico. Cabe mencionar que Lulú llevaba poco tiempo de haber perdido su empleo formal como secretaria y, ante la urgencia de dinero, comenzó a trabajar como empleada doméstica así como a vender gelatinas y muñecos tejidos.

Por ejemplo, si un día voy con una señora que le hago el quehacer y me paga 250 pesos, y de esos 250 pesos tienes que comprar medio kilo de carne y huevo. Ya te gastaste pon tú, 100 pesos, te sobran 150, guardo esos 150 y digo: bueno, va a llegar el recibo de luz; bueno, coopero 150 o lo guardo así como de reserva. Y digo, bueno aquí guardo mis 150 y si [mi hijo Andrés] necesita para pasajes, pues tomo 50 y se los doy. Si no me los pide Andrés (porque ahorita ya no le doy tanto a Andrés, porque ya no percibo un ingreso), si los guardo y le digo a Andrés “¿vas a ocupar dinero?” “no”. Entonces esos 50 los tomo yo y voy y deposito a mi cuenta y ya ahorré 50, me quedan 100 pesos; de esos 100 no sé, 20 para mis pasajes… (secretaria y trabajadora doméstica, 52 años, sin cotizar).

En este punto la odisea está lejos de terminar, pues cada vez que las necesidades sean mayores que los ingresos, la idea de consumir sus ahorros surge como alternativa. Es este conflicto fáustico el que se esconde detrás de frecuentes expresiones de “se me hace fácil gastármelo” así como en la necesidad de colocar distintos candados para hacer del monto ahorrado algo “intocable”. Pese a que la voluntad de ahorrar se ha clavado en nuestras almas como un anzuelo y prefigura conductas, las prácticas de ahorro de los interlocutores están lejos de corresponder a ese deseo. En palabras de Andrea: “ahora lo que estoy pensando es que ya debo de aportar a lo del afore a la aportación voluntaria, ya que definitivamente hay que empezarle a abonar, pero te digo, yo creo que no va a ser posible hasta dentro de dos años” (empleada bancaria, 48 años, Ley del 73).

Los jóvenes en edad universitaria fueron quienes presentaron mayor facilidad para conservar sus ahorros por largos periodos, probablemente porque no dependía de ellos responder a los gastos extraordinarios del hogar. Para el resto de los adultos –particularmente si tenían hijos– ahorrar resultaba profundamente complejo, pues siempre había una enfermedad, accidente, gasto imprevisto, reordenamiento de prioridades, pérdida de empleo, etc., que alterara sus sueños para el futuro y que les hiciera sacrificar el futuro por el presente.

En este contexto en el que ser ciudadano o trabajador ofrece muy pocas garantías, donde sobrevivir con éxito se asume como resultado de la capacidad gerencial de cada uno, de invertir en uno mismo y de prever, la popular frase de “soñar no cuesta nada” pierde certeza. Cada ahorro tiene el nombre de múltiples sueños, y cada sueño tiene un mandato a ahorrar, a prevenirse, a anticipar y preparar. Los interlocutores conciben sus sueños como aquel futuro que desean y por el cual deben trabajar día a día (aun en los muchos casos en los que no se cumplen). Saben que no tendrán un giro mágico de suerte, que no vendrá alguien externo a resolver sus problemas ni cumplirle sus sueños, por lo que soñar les exige sacrificios, privaciones, postergaciones, así como gestiones complejas de tiempo y dinero. Y en muchos casos perseguir un sueño exige postergar o sacrificar otro. Soñar cuesta, y mucho.

Sin duda no todo sueño se construye desde el ahorro; hay algunos otros que lo hacen desde la deuda, por ejemplo. En los hogares donde realicé trabajo de campo, encontré que en muchas ocasiones el crédito ocupaba funciones que anteriormente correspondían a los ahorros, como son la adquisición de bienes muebles o bienes de consumo duraderos (estufa, cama o bicicleta e incluso un automóvil), así como poder salir de viaje. Resulta interesante que en los hogares donde el crédito funciona como extensión del salario y disponen de una amplía línea de crédito, ya no se espera que el ahorro monetario responda a las contingencias inmediatas, sino que en éste están depositadas las esperanzas de otro futuro. En ese sentido fue común encontrar gente que prefería sacar múltiples créditos antes de disponer de sus ahorros, bajo la consigna de que un peso ahorrado vale más que cualquier otro peso. Pese a que no todo sueño se construye desde el ahorro, todo sueño tiene el mandato de irse construyendo desde ahora por uno mismo.

“¿A qué le tiras cuando sueñas, soñador?”

La imposición de una subjetividad neoliberal es también –o quizá mejor dicho, es sobre todo– un disciplinamiento de los sueños y de los imaginarios para el futuro. Los sueños narrados por los interlocutores distan mucho de aquéllos ilustrados en la clásica canción de Chava Flores “¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?”, cuya fama se debe a la gran caracterización que hace de aquel “mexicano renuente a trabajar”.11 Mis interlocutores no sueñan con “ganarse la lotería”, tampoco con un hada que elimine sus deudas y pague su renta (referencia a la canción de Chava Flores), o por lo menos no es a lo que le apuestan. El sueño de un mundo y una vida diferente (de goce y disfrute por ejemplo) se desdibuja. Los futuros posibles a los que se apuesta se ven reducidos, los sueños supeditados. En su lugar, sueñan con estabilidad y con ser capaces de responder a la enfermedad, la vejez y los despidos. Sueñan con que a sus hijos les vaya mejor que a ellos: “ahora que carecí mucho de mis medicamentos y que no podía comprármelos porque no tenía, ahora quiero eso, que sí tengo ahorrado, ¡ah bueno! Ya voy rápido y me doy mi seguimiento, ¿no? Hoy quiero eso” (secretaria y trabajadora doméstica, 53 años, sin cotizar).

Sueñan con poderse pensionar dignamente y con liquidar todas sus deudas. En múltiples casos, como sueño lejano está el salirse de la casa donde viven y siempre permanece latente el sueño de lograr autonomía económica. Resulta interesante que salvo el sueño de “liquidar sus deudas”, todos los sueños a largo o mediano plazo que mencionaron los interlocutores coinciden con alguno de los 16 proyectos de vida del programa “La aventura de mi vida” de la consar: adquirir vivienda, independizarse financieramente, emprender algún negocio, asegurar fondo para emergencias, realizar estudios superiores, formar una familia propia, tener hijos, viajar. Sueñan con lograr por mérito propio las promesas de un estado de bienestar inexistente y juzgan de incorrecto o por lo menos de inviable apostar por un futuro sin afore ni seguridad social.

Mis papás ni tienen afore ni tienen seguro [seguridad social], o sea ellos no tienen nada, están completamente desprotegidos, ninguno de ellos dispone de nada de eso. Entonces el día que se llegue a necesitar, pues ahora sí que hay que entrarle, ¿no?… porque ellos no tienen resuelta esa parte… esa parte sí me preocupa de ellos, porque sé que también va a llegar un momento en el que ya no van a poder trabajar (oficinista, 33 años, Ley del 97).

Conclusiones

En el texto se ha querido señalar que la reforma de 1997 al régimen pensionario del imss ha sido un punto de inflexión en la financiarización de los hogares mexicanos, ya que significó la transformación de un derecho laboral en una meta individual y con ello normalizó su inaccesibilidad y precariedad estructural. Aunado a este proceso, la reforma, las afore y sus correlatos publicitarios han disciplinado las prácticas financieras de ahorro, gasto y endeudamiento, pero particularmente han disciplinado los sueños e imaginarios de los hogares y contribuido en la imposición de una subjetividad neoliberal. Los hogares piensan en su salud, educación y por supuesto, su ahorro en las afore como una inversión en sí (o en sus hijos). El disciplinamiento de los sueños refiere por un lado a que la gente sueña conforme al horizonte de clase media, y por otro a que sabe bien que soñar despliega un mandato de ahorrar, el cual suele exigir sacrificios y postergaciones en sus prácticas financieras cotidianas, de modo que ahorrar y soñar se han unido hasta devenir palabras intercambiables.

Si bien este horizonte de clase media y la subjetividad del tipo “empresario de sí” dispone ciertas conductas, éstas no se concretan de una única forma. En ningún momento estoy hablando de procesos totalizantes ni generalizadores. Aunque escasos, pude registrar proyectos a futuro desligados de una convicción por ahorrar, así como necesidades que se consideran aún como responsabilidad del Estado. Como Ernesto (chofer, pensionado, de 64 años, Ley del 73), quien sueña con aprender mucho de plantas y llenar su casa de ellas, o Rosalba (ama de casa de 63 años, sin cotizar), quien no deja de exigirle al gobierno los medicamentos que necesita para vivir, los cuales no piensa (ni puede) pagar. Queda claro que aun cuando el mandato de ahorrar está presente en todos, los sujetos se enfrentan a constantes tensiones para cumplirlo, situación ejemplificada en el conflicto faústico.

El artículo abona a los estudios de la financiarización de los hogares desde el ahorro para reconocer, por un lado, la expropiación financiera que está ocurriendo desde los fondos de pensiones, y por otro, para nombrar los efectos subjetivos perniciosos que tiene para los hogares el desplazamiento de una responsabilidad del Estado hacia los trabajadores mexicanos. Asimismo, puede ayudar a abrir análisis cualitativos de la financiarización y de la imposición de una subjetividad neoliberal desde el ahorro que pongan al centro de la discusión los sueños e imaginarios que sostienen las prácticas financieras de los sujetos y que conforman su horizonte. Metodológicamente hablando, propuse analizar la financiarización de la vida cotidiana y del disciplinamiento de los sueños como procesos que trascienden la esfera
del ahorro y por supuesto la esfera de los ahorradores con fondo de pensiones, pero que sin embargo mantienen vínculos muy particulares e interesantes con ellos.

El tema del presente número de Encartes nos convoca a analizar los fenómenos sociales desde las expectativas, aspiraciones, anticipaciones, sueños y esperanzas y no sólo desde la costumbre y la tradición. En un contexto donde la idea de progreso es preponderante, parece que nuestras prácticas responden más a lo que queremos ser y hacer que a lo que hemos hecho. La Antropología tiene una deuda pendiente con los futuros.

Bibliografía

Amigot Leache, Patricia, y Laureano Martínez Sordoni (2013). “Gubernamentalidad neoliberal, subjetividad y transformación de la universidad. La evaluación del profesorado como técnica de normalización”, Athenea Digital, vol. 13, núm. 1, pp.99–120. https://doi.org/10.5565/rev/athenead/v13n1.1046

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Sayuri Gallardo Kishi es licenciada en Antropología Social por la enah y politóloga por la unam. Integrante del Seminario Permanente de Antropología del Dinero y Economía ciesasimtfi y del Instituto Transdisciplinario sobre Complejidad Biocultural gaia.

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