Recepción: 25 de abril de 2024
Aceptación: 17 de octubre de 2024
Humanizando la deportación: narrativas digitales desde las calles de Tijuana
Robert McKee Irwin y Guillermo Alonso Meneses (coords.), 2023 El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, 263 pp.
Humanizando la deportación: narrativas digitales desde las calles de Tijuana es una obra colectiva que explora las consecuencias humanas de la deportación a través del uso innovador de narrativas digitales. Coordinado por Robert McKee Irwin y Guillermo Alonso Meneses desde sus inicios en 2016, el proyecto homónimo recopila y difunde testimonios de migrantes deportados que quieren narrar sus experiencias para visibilizar las profundas secuelas personales y sociales que la deportación deja en sus vidas. A través de la técnica del digital storytelling, los deportados no solo relatan sus experiencias, sino que también reconstruyen su identidad, utilizando sus voces para desafiar las narrativas deshumanizantes que tradicionalmente los marginan.
Si bien este proyecto nació por la necesidad e interés de un grupo de investigadores de recopilar, archivar y amplificar la voz y experiencias de personas que han enfrentado la deportación o han sido afectadas por sus repercusiones, en la actualidad los archivos integran testimonios de numerosos perfiles de migrantes que varían según los disímiles contextos y tendencias migratorias que se conjugan en la frontera más transitada del mundo.
El libro, estructurado en nueve secciones, aborda desde la historia del fenómeno de la deportación en Estados Unidos hasta los impactos emocionales, familiares y comunitarios que viven los migrantes. Cada capítulo invita al lector a reflexionar sobre la compleja intersección entre las políticas migratorias y los derechos humanos, mientras se presenta un enfoque metodológico que empodera a los sujetos de estudio. Cada análisis presentado es fruto del ejercicio in situ, del pensamiento, expertise y sensibilidad de académicos y estudiantes que pudieron interpretar estos pasajes de vida para sistematizar, dar color, rostro y paisajes a lo que los números y la teoría rebuscada desdibuja.
Para comenzar es importante resaltar el trabajo de sistematización histórica de la deportación como proceso/fenómeno en Estados Unidos. Tal y como explicó Guillermo Alonso Meneses en su capítulo titulado “Discursos enfrentados sobre la deportación, los deportados y la deportabilidad en Estados Unidos”, la migración se percibe como una cuestión social problemática, en la que el migrante es constantemente visto como objeto de violaciones y vulnerabilidades.
La deportación, por su parte, se considera tanto un instrumento punitivo, como una política de Estado que ha sido implementada tanto por gobiernos demócratas como por republicanos, ya sea para combatir la migración irregular o para reducir la presencia de extranjeros sin documentos legales. Se ve también como un mecanismo regulador del ejército de reserva laboral de inmigrantes indocumentados y como una medida paliativa frente a temores exacerbados, actuando como válvula de escape para las prisiones superpobladas que implican un gasto oneroso. Los testimonios presentes en el archivo de narrativas audiovisuales ofrecen una visión de distintas épocas históricas y diversas modalidades de cruces indocumentados hacia los Estados Unidos, algunos de ellos expresados en inglés como señal de arraigo cultural.
Uno de los aportes más innovadores del proyecto “Humanizando la deportación” es el uso del digital storytelling como metodología central. Este enfoque –basado en la producción audiovisual participativa– ofrece a los migrantes deportados la oportunidad de contar sus historias a través de cortometrajes testimoniales. El proyecto se aleja de la tradicional entrevista estructurada y da voz a los sujetos en primera persona, lo que minimiza la intermediación del investigador y prioriza la autenticidad y control narrativo por parte de los deportados. De ahí que el capítulo “Reconfiguración metodológica para las narrativas digitales desde los estudios latinoamericanos y Humanizando la Deportación”, escrito por Yairamaren Román Maldonado, nos hable del sentido de humanizar la deportación, contar historias más allá de las estadísticas, enfocándonos en amplificar la voz de los deportados y proporcionarles plataformas para contar sus propias historias.
La metodología de la narrativa digital no solo busca documentar los hechos, sino amplificar las voces de quienes han vivido el trauma de la deportación. Al permitir que los migrantes sean los autores de sus propias narrativas, el proyecto logra descentralizar el discurso académico y colocar a los deportados como actores fundamentales en la construcción de su historia. Los videos, que se estructuran en breves narrativas de entre tres y cinco minutos, logran captar la esencia de las experiencias de los migrantes, revelando sus miedos, esperanzas y estrategias de sobrevivencia. Esta técnica también sirve como una herramienta de resistencia social y política, que desafía las representaciones estigmatizantes que los gobiernos y medios han construido en torno a los migrantes
No obstante, aunque la creación de contenido digital puede ser simple, no todos tienen los recursos o conocimientos necesarios para llevarlo a cabo por su propia cuenta. Estas narrativas ayudan a minimizar la intermediación en la representación de los marginados, explorando las múltiples facetas y repercusiones de la deportación en la vida de los migrantes.
Es probable que quienes no han experimentado la experiencia de la deportación en carne propia o a través de un testimonio cercano pensarán que perderlo todo y regresar a la patria es todo lo sufrido. Pero los testimonios de Humanizando la deportación demuestran que a veces la patria puede resultar una desconocida. La dificultad de adaptarse a México para aquellos migrantes que llegaron a Estados Unidos (ee. uu.) siendo niños demuestra que regresar al país que solo te vio nacer resulta en la necesidad de adaptación a un entorno cultural y social que puede resultar ajeno y desconocido. Es así como el deportado encarna la doble estigmatización de una tierra que ama pero le reniega y expulsa (ee. uu.), y una nación que le reconoce pero segrega (México), como revelan los capítulos escritos por Ana Luisa Calvillo Vázquez y José Israel Ibarra González en “La vida en el bordo”.
Muestra de ello son los habitantes de la canalización quienes quedan –cito al doctor Ibarra– “sin el reconocimiento social de ninguna de las dos culturas; es decir, están doblemente estigmatizados, restringidos, confinados y encasillados institucionalmente”. A lo que se suma que quienes logran partir, encajar, volver, pertenecer… se convierten en figuras galardonadas de prestigio y representantes del poder ser, sin importar cuántas heridas cargue en su cuerpo y alma. Quienes no lo consiguen son señalados como incapaces, brutos, faltos de voluntad y fracasados.
Las historias sistematizadas por Calvillo e Ibarra dan cuenta de cómo existen personas que involuntariamente debieron sustituir la cama por una alcantarilla, al perro por una rata, la casa por un ñongo, el auto por unos zapatos desgastados o la familia por la soledad. Simplemente ver desvanecerse el sueño y conocer la pesadilla. Guadalupe, Ramiro, Davis, Mendívil y Luis dan fe de esta realidad.
A lo largo de la obra se demuestra cómo los deportados son tratados como migrantes en su propio país, enfrentando desafíos significativos al intentar reintegrarse, especialmente debido a las barreras que dificultan que su vida pasada tenga relevancia en el presente. Esto implica comenzar desde cero, experimentando una especie de renacimiento en la adultez. Es el deportado en sí una figura que, en ocasiones, representa a un ciudadano de nadie si a estructuras de Estado y poder nos referimos.
En dicho tenor, el proceso de reintegración de los deportados en México es una de las problemáticas más destacadas en la obra. Los migrantes enfrentan barreras significativas al intentar establecerse en un país que, aunque es su tierra natal, se ha convertido en un lugar ajeno. Muchos de los deportados llegaron a Estados Unidos siendo niños y no tienen recuerdos de su vida en México, lo que hace que el proceso de retorno sea sumamente traumático.
El libro destaca cómo la carencia de recursos y la falta de apoyo institucional agravan las dificultades para reinsertarse en la sociedad mexicana. Al no contar con redes familiares o comunitarias, muchos migrantes son relegados a los márgenes de la sociedad, viviendo en condiciones de extrema precariedad, como ocurre en el caso de El Bordo en Tijuana, donde los deportados se enfrentan al estigma y a la exclusión. A través de las narrativas digitales, los deportados documentan cómo su vida cotidiana se ve marcada por la incertidumbre, la discriminación y la falta de acceso a servicios básicos.
Sin embargo, también se presentan ejemplos de resiliencia y resistencia. Los deportados, en muchos casos, encuentran en las redes comunitarias una forma de reconstruir su identidad y su sentido de pertenencia. El proyecto “Humanizando la deportación” no solo documenta estas historias de lucha, sino que también les ofrece una plataforma para ser escuchados, lo que les permite resignificar su experiencia de deportación y crear nuevas formas de resistencia cultural y social
El impacto del trauma severo –que conduce a la depresión, las adicciones y la indigencia entre aquellos que han experimentado la deportación o sus consecuencias– es acertadamente abordado por los autores. Estos problemas de salud mental y bienestar social son una manifestación directa de las dificultades y desafíos que enfrentan las personas afectadas por la deportación.
Y lo más doloroso es confirmar una y otra vez que, como ciudadanos, somos reconocidos en tanto seamos útiles y aportemos en lo material, pero para ello debemos escalar socialmente de cara a inequidades, desigualdades, estigmatizaciones y cuantas barreras estructurales se antoje al contexto. A veces más, a veces menos. Quienes juzgan quizá desconocen cuánto cuesta (re)insertarse en sociedades que de manera constante te utilizan y desechan a conveniencia.
En este sentido, el libro aborda la situación particular de los veteranos militares deportados, un grupo vulnerable que se encuentra en una posición muy difícil tras haber servido en las fuerzas armadas de los Estados Unidos. La paradoja de que aquellos que han defendido al país sean expulsados plantea cuestiones éticas y morales complejas, examinadas y discutidas en este ejemplar.
Una de las temáticas recurrentes es la separación familiar, un fenómeno doloroso y complejo que afecta profundamente a quienes son deportados y a sus redes afectivas. Los discursos sobre la deportación, los deportados y la deportabilidad en los ee. uu. –muchas veces polarizados y cargados de estigmatización– influyen en la percepción pública y en las políticas migratorias, lo que a su vez impacta en la vida de las personas afectadas, debido a que a veces se hace fácil enarbolar un criterio superficial de un problema estructural que tiene tantas capas como circunstancias existen. No es el sujeto ajeno al contexto, no es el ser por existir, sino el condicionamiento socio-estructuro-cultural que nos define.
Entender la complejidad del fenómeno es darse cuenta de que esas personas que viven en condiciones precarias son sujetos subalternizados por un sistema que los invisibiliza y destina al ostracismo social. Sin embargo, Marlené Mercado demuestra en su capítulo titulado “Las tecnologías femeninas como herramientas de subversión y resistencia dentro de las narrativas digitales de mujeres (in)migrantes mexicanas” cómo las estrategias utilizadas por Sofía y Blanca, dos mujeres inmigrantes mexicanas, les permiten desafiar e interrumpir las narrativas dominantes sobre la inmigración. Entre ellas: el uso del lenguaje, la organización con otras mujeres, la participación en la cultura rascuache, la alfabetización y la creación de narrativas a través del proyecto “Humanizando la deportación”. Al resaltar las voces de estas mujeres marginadas, se destaca la importancia del conocimiento que generan y poseen, a menudo pasado por alto en la sociedad.
Las historias tienen la capacidad de hacernos comprender y sentir en carne propia la experiencia ajena. De ahí que tanto el libro como el proyecto buscan profundizar en el vínculo entre la deportación y la salud mental, explorando cómo la falta de redes de apoyo y las duras condiciones de vida, como el desempleo y la indigencia, agravan los problemas emocionales y psicológicos de los migrantes. Esta situación, como se menciona en varios de los capítulos, ha llevado a muchos a caer en adicciones y comportamientos que muestran cómo algunos migrantes logran sobreponerse a estas adversidades gracias al apoyo comunitario y a la reconstrucción de su identidad a través del proyecto.
Sarah Ashford Hart en su capítulo titulado “Afectar la humanidad, desafiar la exclusión, moverse-con la narrativa de la deportación de Esther” nos propone ir más allá de la escucha pasiva de la historia de la oaxaqueña y nos relata cómo trascendió la narrativa a un ejercicio corporal que pudo interpelar a los escuchas.
Esta práctica-investigación denominada Moverse-con “se encuentra en las interacciones, sentipensando maneras de activar nuestra capacidad de afectar y ser afectados como testigos implicados más allá de las palabras. Moverse-con puede evocar un sentido de respons(h)abilidad a través de la sintonía afectiva –que no se trata de sentir-algo, sino de sentir-con–”. Activar todos los sentidos para la escucha empática, dejar el cuerpo fluir: caer, levantarse, fluir. Sentir en el cuerpo la emoción ajena para conectarnos con el otro.
Sentir en el cuerpo la emoción ajena nos da una idea del calvario vivido por esos rostros que nos son desconocidos. Tal y como sistematiza Robert McKee Irwin, “uno de los temas comunes más notables, que se extiende por todo el archivo ‘Humanizando la deportación’, es la falta de resolución del trauma”.
Ante todas las vicisitudes que enfrentan quienes son obligados a regresar, las salidas se reducen: enajenación (alcoholismo, drogas) o esperanza (superación, solidaridad, reconfiguración del yo y el entorno, refugio). La historia personal de Gerardo Sánchez, narrada en el apartado titulado “Crueles deportaciones y lazos afectivos: el abismo sentimental a la sombra del muro” de la autoría de Irwin, pone de relieve la importancia del afecto y los lazos emocionales en la determinación de su situación precaria. Su experiencia sirve como ejemplo de cómo los factores afectivos pueden jugar un papel determinante en la vida y el destino de quienes enfrentan la deportación.
Una valoración muy personal es que como sociedad nos falta empatía social y política. La otredad reencarna en los distintos personajes que nos incomodan, no porque nos interpelen en nuestra cotidianidad, sino porque su mera existencia carga el peso de nuestras frustraciones como sociedad y es más fácil buscar culpables que soluciones y con frecuencia los culpables son los más vulnerables.
Los testimonios recogidos en este archivo revelan las profundas secuelas psicológicas que sufren aquellos que son expulsados de Estados Unidos, muchas veces tras haber vivido en dicho país por décadas. La separación familiar, el desarraigo y el choque cultural se presentan como factores clave en el desarrollo de trastornos como la depresión, la ansiedad y la adicción. Este sentimiento de alienación y exclusión se traduce en una profunda crisis de identidad, ya que muchos de los migrantes han perdido el sentido de pertenencia en ambas culturas. El trauma se refleja no solo en los relatos de los deportados, sino también en su lucha diaria por encontrar un lugar en un país que les resulta ajeno.
Es por ello que entender la deportación también es entender a Tijuana. Entender a Tijuana es dejar de concebirnos como un territorio de paso y, en cambio, entendernos como un remolino de circunstancias, en las que los antagónicos se entrelazan, en las que la realidad supera lo posible y, a veces, hasta lo improbable. Ese es el encanto y lo temerario de la ciudad.
Esta obra y el proyecto de igual nombre destacan la importancia de la rehumanización frente a la deshumanización, poniendo énfasis en el individuo. Además, resalta la reivindicación del saber migrante, reconociendo al sujeto como el dueño de su propia historia y portador de saberes únicos. En este proceso –tal y como nos explica Yairamaren Román desde la perspectiva freiriana–, la humanización del subalterno lleva a alcanzar cierto grado de libertad personal, en tanto permite que el oprimido llegue a comprender su capacidad para catalizar cambios transformadores en lugar de creer que no puede influir en su situación.
Humanizando la deportación: narrativas digitales desde las calles de Tijuana es más que una obra académica: es un proyecto de documentación histórica y política que transforma la experiencia migratoria en un archivo de resistencia. Por medio del uso innovador de narrativas digitales, este libro revela las complejidades humanas que acompañan al fenómeno de la deportación, desafiando las representaciones deshumanizantes que a menudo lo rodean. El valor del proyecto radica en su capacidad para dar voz a quienes han sido marginados por las políticas migratorias, proporcionando una plataforma para que los deportados narren sus propias historias, confronten los estigmas y reconstruyan su identidad.
El archivo generado por este proyecto no solo es un testimonio vivo de la memoria colectiva de los migrantes, sino que también se convierte en un espacio donde las historias personales desafían las narrativas oficiales que perpetúan la invisibilidad y el rechazo. Este libro ofrece un enfoque valioso para entender cómo la violencia estructural de la deportación impacta de manera duradera en las vidas de los migrantes y, a la vez, muestra cómo estas mismas personas encuentran maneras de resistir y reconstruirse en un contexto de vulnerabilidad.
Desde una perspectiva académica, la obra contribuye significativamente a los estudios migratorios al documentar las realidades de los deportados a través de una metodología que empodera a los sujetos de estudio. Al centrar el análisis en los testimonios directos y las experiencias vividas, los autores de este libro desafían las formas tradicionales de producción de conocimiento y proponen una nueva forma de pensar la deportación: no tanto como un acto político, como un proceso humano que deja profundas marcas en la subjetividad de las personas.
Definitely, Humanizando la deportación es un aporte fundamental al estudio de la migración en la frontera México-Estados Unidos, así como una herramienta política y social que busca rehumanizar el debate sobre la deportación y transformar la forma en que concebimos los derechos de los migrantes. Los testimonios recogidos en este libro no son solo relatos de dolor, sino actos de resistencia que nos invitan a repensar las políticas migratorias desde una perspectiva más ética y humana.
Loraine Morales Pino es una académica y periodista cubana con experiencia en estudios de migración, población y comunicación. Posee un doctorado en Estudios de Migración por El Colegio de la Frontera Norte (2019-2022) y una maestría en Estudios de Población por la Universidad de La Habana (2015-2019), complementados con diplomados internacionales en temas afines. Es Responsable de investigación y posgrados de la Universidad Iberoamericana Tijuana. Sus publicaciones recientes abordan temas como el discurso de odio y la discriminación en redes sociales, los procesos migratorios en territorios en disputa en la región, así como el efecto redistributivo de la migración interna y externa en Cuba.