¿Cómo enseñar o cómo aprender historia?

Recepción: 5 de diciembre de 2025

Aceptación: 20 de enero de 2026

Educación, patrimonio e historia: reflexiones sobre la interpretación, enseñanza de la cultura y el pasado

Pedro Ortiz Oropeza y Amílcar Carpio Pérez (coords.), 2025 Newton Edición y Tecnología Educativa, Ciudad de México, 250 pp.

El tema central del libro que reseño es la educación y cómo enseñar sobre el patrimonio histórico y cultural a la población; por ello, está dirigido principalmente para los docentes de historia y temas relacionados con el acervo cultural e histórico. Esta obra se enfoca tanto en la enseñanza escolarizada, con el objetivo de “proporcionar a docentes de los diversos niveles educativos opciones de herramientas, contenidos y métodos para hacer una interpretación del patrimonio cultural en México” (p. 15); como también en la formación no escolarizada para destacar las tradiciones culturales y dar a conocer espacios como los museos para enriquecer las experiencias y valorar dicho patrimonio, “abordando temas como la memoria colectiva, identidad, valoración de la diversidad cultural, educación para la ciudadanía, interculturalidad, entre otros” (p. 15).

Educación, patrimonio e historia: reflexiones sobre la interpretación, enseñanza de la cultura y el pasado fue coordinado por dos especialistas en materia educativa, docentes en la Universidad Pedagógica Nacional (upn), con amplia experiencia en procesos formativos, en particular en la enseñanza de la historia. Cuenta con once capítulos y participaron catorce autores con amplia experiencia en el tema de la educación, la historia y el patrimonio.

El texto está organizado en dos partes: “Interpretar y educar con el patrimonio: reflexiones sobre la enseñanza de la cultura y el pasado”, es la primera y está conformada por siete capítulos, permite que el lector se sumerja en diversas experiencias y contextos para enseñar la historia y el patrimonio cultural. El capítulo inicial, escrito por Joan Santacana I. Mestre y Tania Martínez Gil, lleva el nombre de “Hacer historia con los objetos”. Los autores siguen la didáctica del objeto como metodología guía desarrollada para decodificar diversos objetos presentes en los museos, a lo que los autores llaman “aprendizaje por descubrimiento” (p. 24). A través de varios ejemplos, ilustran cómo los objetos permiten conocer y aprender sobre el pasado; de ahí que sea importante observarlos, aprender a leerlos y a interpretar sus significados para ayudar en la comprensión y enseñanza de la historia. Para que ello suceda, es necesario que el patrimonio se valore y se conserve, ya sea en manos de particulares o en instituciones abiertas al público como los museos.

En el segundo capítulo, “Función educativa del patrimonio: una vista desde la psicología educativa. Interpretación en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo”, Florentino Trejo Navarrete nos aproxima a los problemas relacionados con el patrimonio cultural con el apoyo de la psicología educativa; esta perspectiva sirve para la interpretación del patrimonio como estrategia que posibilita su uso de manera formal o informal. El autor propone que se tome en cuenta el punto de vista del estudiante para acercarlo a la historia del museo y, que ello, despierte su interés en la importancia del recinto histórico. Al relacionar la vida en el pasado, los objetos que usaron y la vinculación que tienen con el presente, se invita a que el visitante se traslade en el tiempo y pueda imaginar cómo vivían los personajes antes y comparar cómo es vivir en el presente. Se resalta la importancia de contar con espacios que reúnan valiosas colecciones, además de gestionar y vigilar que funcionen y, sobre todo, propiciar que los habitantes se apropien de ellos.

En el tercer capítulo, “¿Quiénes fueron y quiénes somos? Una mirada a la sociedad de la región norte del estado de Guerrero desde la tradición de las tumbas y ofrendas del Día de Muertos”, Pedro Ortiz Oropeza y Alba Martínez Carmona abordan el sentir de los habitantes de comunidades de la región norte del estado de Guerrero sobre las ofrendas y tumbas dedicadas a las personas fallecidas. El trabajo se fortalece con los testimonios orales de ciudadanos involucrados en el diseño y creación de tumbas o altares en honor a los difuntos de la región en ciudades como Iguala, Teloloapan e Ixcateopan de Cuauhtémoc. La exhibición de las tumbas u ofrendas es valiosa para el sector educativo, pues “la contemplación, la valoración y el estudio del patrimonio favorecen la comprensión de los ciudadanos tanto de su entorno como de los cambios y permanencias de las actividades humanas a lo largo del tiempo” (p. 56).

En su texto “La representación de la batalla del 5 de Mayo como patrimonio vivo de la Ciudad de México: patrimonio inmaterial y aprendizaje del pasado”, Amílcar Carpio Pérez analiza cómo es que se lleva a cabo la representación de la batalla del 5 de Mayo en la colonia Peñón de los Baños y el pueblo de San Juan de Aragón de la Ciudad de México. El autor resalta el carácter espontáneo de la tradición, toda vez que los habitantes de esas localidades no participaron de la confrontación contra el ejército francés en 1862. No obstante, muestra la importancia otorgada por los pobladores en la conformación de su mexicanidad, así como en el aprendizaje de la historia fuera del espacio escolar. Asimismo, presenta una propuesta didáctica para la mejor comprensión de la representación como objeto patrimonial. Carpio Pérez señala la importancia de las actividades que involucran la participación activa de los habitantes, con diversas comisiones o encargos, actividades que los llenan de orgullo porque representan un hecho histórico que les da sentido de pertenencia con su pasado, su presente y su futuro.

En el capítulo escrito por Rosa Neli Serna Ramírez, titulado “Patrimonio e identidad: el papel de la fiesta del pueblo en la enseñanza de la historia”, se trata el uso del patrimonio como fuente para la enseñanza de la historia a nivel secundaria. Hace un análisis sobre la fiesta a Cuauhtémoc en Ixcateopan, Guerrero, con la finalidad de que los alumnos de la región conozcan la relevancia que tienen los acontecimientos culturales cercanos a su localidad, se sientan identificados y ayuden a la construcción de su identidad como parte de la comunidad. La autora señala la importancia de innovar en la forma de impartir esta disciplina en dicho nivel; su propuesta tiene que ver con orientar al alumno a encontrar su papel en la sociedad a través de la construcción de conocimientos que puedan identificar en su contexto. Así pues, el patrimonio es considerado como una selección de bienes y valores de una cultura que forma parte de la propiedad simbólica o real de determinados colectivos. Además, familiarizarse a través del contacto con aspectos que forman parte de la fiesta le da valor, sentido y hace que sea un evento en el que participe un gran número de personas tanto de esa localidad como de lugares aledaños.

En el capítulo “Las fotografías escolares como patrimonio histórico y sus usos didácticos en la educación superior”, Norma Ramos Escobar y Armando René Espinosa Hernández ponen de manifiesto la importancia del material escolar como patrimonio de las instituciones. Se refieren, de manera específica, al archivo fotográfico recuperado por personal del Sistema Educativo Estatal Regular, cuyo contenido puede servir como soporte documental de diversos trabajos de investigación sobre aspectos diferenciados de la educación escolarizada en el estado de San Luis Potosí, que podría abarcar aspectos de infraestructura, sociales, pedagógicos, entre otros. Los autores muestran algunos ejemplos de lo que es posible realizar y el carácter didáctico que pueden adquirir si son utilizados en la formación de docentes o profesionales de la educación. El patrimonio, como algo vivo, permite hacer lecturas desde diferentes ángulos, como detonadores de memoria, fuentes para la historia de la educación y como recursos didácticos. Estas lecturas, entre otras muchas que pueden hacerse con la herencia gráfica de la escuela, convierten al patrimonio educativo en un elemento valioso para recuperar la memoria pedagógica de las escuelas y la manera en que profesores y estudiantes se acerquen de forma problemática y analítica a sus usos.

El siguiente capítulo “Hacia una didáctica del patrimonio fotográfico: planteamiento de problemas desde la historia cultural”, escrito por Carlos Enrique Torres Monroy se enfoca en el carácter patrimonial de las fotografías seleccionadas y documentadas en diversos archivos, como el de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah). Torres pondera los archivos familiares dada la cantidad de información que se puede obtener de los registros fotográficos. Sus planteamientos, muy bien argumentados, favorecen la comprensión de los modos de entender el patrimonio cultural fotográfico, las posibilidades de efectuar lecturas de fotografías desde una historia cultural, así como de la problematización histórica, vía el análisis de fotografías. Finaliza con la integración de estos elementos en una propuesta didáctica para la formación de historiadores o de quienes pretenden enseñar la disciplina histórica.

Estos dos últimos capítulos invitan a explorar el pasado a través de las fotografías para entender la cotidianidad de las escuelas. La imagen presenta el espacio educativo; a sus personajes: maestros y alumnos; las acciones que se desarrollan: tomando clase, participando en una exposición, entre otras actividades del entorno escolar. En las fotografías se aprecia el aspecto físico que muestra la imagen: el aula, las y los maestros y sus alumnas y alumnos. Como señalan los autores, las temáticas derivadas de analizar cada uno de los elementos reflejados en la imagen proporcionan información valiosa para poner a la vista el espacio y la dinámica escolar en un tiempo determinado. Como lectora, este capítulo reafirmó la importancia de conservar las fotografías como parte del patrimonio cultural. Más que ver las fotografías, sus características y la riqueza de información, facilita que el lector pueda hacerse una imagen visual del pasado y comprender la cotidianidad en las escuelas en un momento específico y la permanencia o cambio a través del tiempo.

La segunda parte del libro se titula “Reflexiones críticas: para entender el patrimonio y la cultura” y está integrada por cuatro capítulos. La apropiación es un aspecto indispensable para valorar el patrimonio. También aquí se pone énfasis en la memoria y la identidad, pues aquello que recordamos nos da identidad; se recuerda lo que tiene valor tanto personal como colectivo. Se hace hincapié en el papel del Estado para generar las condiciones para conservar y difundir el valor documental; en el rol del docente, quien es el responsable de transmitir los contenidos al estudiante y, este último, de generar su propio conocimiento, lo que facilita la significación y resignificación subjetivos entre los diferentes actores.

En el capítulo “Reflexiones para pensar e indagar el patrimonio”, Ariel Corpus expone varios argumentos que invitan a pensar detenidamente las diferentes propuestas de definición del concepto de patrimonio y sus implicaciones para la investigación y la enseñanza de la historia a través de los objetos patrimoniales como fuentes primarias de información. El texto gira en torno a dos ejes de análisis: la construcción de una perspectiva desde la cual comprender el patrimonio cultural e histórico, que no se circunscriba a los ámbitos institucionales y centralizados, sino que tome como referencia la problemática de la memoria y la identidad; el segundo remite a considerar una apuesta para estudiar el patrimonio histórico a través de un método dialógico entre el sujeto que investiga, las narrativas hegemónicas y los sujetos que interactúan con el objeto patrimonial (p. 150).

Este apartado continúa con el texto de María de los Ángeles Gómez Gallegos, titulado “La teoría decolonial como enfoque. Tres referentes para la práctica pedagógica”, en el que se trata el tema del patrimonio desde las teorías decoloniales. Este texto considera la urgente necesidad de romper esquemas sociales opresivos para estudiar las necesidades sociales actuales a partir de los reclamos de ruptura del orden global impuesto desde y por las colonizaciones. Se asume que la idea de patrimonio histórico es un punto de cruce de las tres líneas de la matriz colonial: el poder, el saber y el ser. Se propone una reflexión sobre el quehacer docente: ¿qué hacen y cómo llevan a los alumnos a un ambiente de saber y ser y no solo de poder y saber? La autora presenta distintas propuestas anticoloniales y decoloniales con el objetivo de reapropiarse de los paradigmas del saber heredados y, a partir de ellos, pensarse críticamente tanto en el aula y los contenidos, como en el contexto social y las instituciones, aspectos objetivos y subjetivos de los actores –docentes y estudiantes– frente a esos contenidos.

Por otra parte, Alejandro Cornejo Oviedo, en “La inclusión educativa y las habilidades transversales en una investigación de campo de la materia de Antropología i y ii del bachillerato del cch: la defensa y preservación del patrimonio histórico y cultural en mi ciudad”, expone un análisis conceptual del patrimonio cultural, material e inmaterial para, después, hacer algunas reflexiones respecto de las capacidades y habilidades demostradas por parte de los alumnos de nuevo ingreso a los Colegios de Ciencias y Humanidades (cch) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). Asimismo, describe cómo se realizó un trabajo de investigación sobre el rescate del patrimonio local de las colonias de procedencia de los estudiantes. Los ejemplos sirven como elemento de difusión de los logros y para retomar la iniciativa, hacer ajustes y replicarla en otros contextos escolares.

El libro cierra con el texto de Washington Maciel da Silva en el que expone la situación del patrimonio en Brasil en “Os Direitos Culturais e o Ensino de História no Brasil após 1988: o(s) caminho(s) das políticas de patrimônio histórico-cultural e da cidadania”. En este capítulo se ilustran las etapas de consolidación en las políticas que rigen el patrimonio histórico-cultural y su relación con la educación básica. El escrito resalta que la política sobre patrimonio cultural en Brasil fue impregnada por la identidad nacional fomentada por los diferentes proyectos republicanos. Para el autor, la enseñanza de la historia confiere a los estudiantes la capacidad de analizar el proceso histórico del patrimonio. Por ello, considera relevante la pluralidad interpretativa para la enseñanza de diferentes objetos, temas, metodologías, temporalidades y especialidades que reflejen las realidades sociales cotidianas, que atienda las particularidades histórico-sociales a nivel regional, local o situacional.

Los autores de los diferentes capítulos, cada uno con su estilo, presentan diversas estrategias que han retomado para la enseñanza de la historia, con el objetivo de que sea un aprendizaje para toda la vida, que conocer el pasado para entender el presente y construir el futuro dé un sentido de pertenencia. El texto es una invitación para analizar el tema desde diferentes posturas: como ciudadano que vive, convive, resguarda y conserva el patrimonio; como estudiante de historia y el valor que se le da a los objetos, monumentos, manifestaciones culturales e incluso a los personajes.

Sin duda, en ese sentido promueve en el lector la reflexión de cómo aprendió y cómo debe seguir aprendiendo sobre la historia y el patrimonio. Como docente de Historia, considero que es una invitación para conocer las estrategias pedagógicas y los aspectos que se ponen en juego en el aula para que los estudiantes aprendan sobre historia y el patrimonio y, con ello, contribuir al reconocimiento del patrimonio material e inmaterial.

El lector encontrará ejemplos para aproximar a los estudiantes al aprendizaje del patrimonio cultural; lo que, en consecuencia, posibilita que los alumnos aprendan a valorar y respetar el patrimonio de sus comunidades. Se propone que, a través del patrimonio cultural, los docentes encuentren la posibilidad de reforzar su formación y logren ampliar su participación en la creación de actividades de aprendizaje en torno a dos ejes principales: la cultura y el pasado. Como docente, ya sea de educación básica, media o superior, Educación, patrimonio e historia: reflexiones sobre la interpretación, enseñanza de la cultura y el pasado invita a pensar sobre la enseñanza de la historia, los contenidos y las estrategias que se ponen en práctica; además de dar a conocer recursos adicionales que incorporan en sus actividades pedagógicas con los estudiantes y sus estrategias para que sean tomadas como ejemplo y adaptadas a las necesidades propias de cada contexto.

En el tema del patrimonio cultural, en cada uno de los capítulos, los autores ofrecen su definición de patrimonio material e inmaterial. Se muestran ejemplos de dicho patrimonio enfatizando que es de cada uno de los habitantes de ese territorio, el que le da identidad, como es el caso de los monumentos, acontecimientos históricos y las fiestas patronales. Todos contribuyen a generar ese patrimonio y a valorarlo, por ello la importancia de conservarlo y poder apreciarlo en los monumentos, en las reproducciones que tenemos en los museos o en las imágenes que se han quedado en diferentes soportes. Un aspecto que contribuiría mucho sería incluir ejemplos de otras latitudes de la República mexicana, ya que los capítulos se enfocan en las manifestaciones culturales del centro y sur de nuestro país.

Asimismo, a lo largo del libro también se habla de quienes conservan el patrimonio y se hace alusión al archivo y a quienes están a cargo de dichos documentos, pues ellos deciden qué se queda y qué no, es decir, que va a perdurar a través del tiempo. Gracias al interés que tienen algunas personas en conservar los documentos es que hoy tenemos bibliotecas con libros antiguos, archivos históricos, museos y colecciones fotográficas, entre otras instituciones, para registrar y salvaguardar ese patrimonio. Instituciones y documentos tanto manuscritos, impresos, fotografías, películas, sonidos, que también integra el patrimonio natural, así como el arquitectónico.

El objetivo es que los estudiantes identifiquen, exploren y reconozcan el patrimonio en nuestro país para que, a su vez, lo valoren y conserven en archivos, bibliotecas, fototecas y cualquier institución especialista en el patrimonio. Todos esos documentos son muy valiosos porque también invitan a estudiar otros temas. Por cierto, se mencionan las fotografías, pero existen otros soportes que son evidencia del quehacer educativo a través del tiempo. Las fotografías de espacios que ya no están o, bien, que han cambiado a lo largo del tiempo, así como también los monumentos son de suma importancia, pues para quienes vivieron en esos tiempos, recordar es volver a vivir; para quienes no, como muchos de quienes ahora leen este texto, verlos en fotografía permite constatar cómo han cambiado la ciudad, nuestras escuelas e, incluso, nosotros mismos.

En este mismo tenor, considero que es importante reflexionar sobre el patrimonio digital: en muchos casos tenemos fotografías porque estas se imprimían, pero hoy en día las imágenes son digitales: ¿qué debemos hacer para conservarlas y que, dentro de cien años, alguien las pueda ver? Una tarea es evitar que desaparezcan a causa de los soportes que la tecnología deja obsoletos en poco tiempo. Esta inquietud viene a colación por la accesibilidad al patrimonio, ¿qué les estamos dejando a las futuras generaciones sobre nuestras publicaciones hoy en día?


Adriana Mata Puente es doctora en Bibliotecología y Estudios de la Información por la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). Cuenta con reconocimiento como profesora de tiempo completo con Perfil Deseable. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, 2022. Desde 2005 es profesora investigadora en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (uaslp). Su investigación se enfoca en la lectura y las bibliotecas públicas y escolares, en la actualidad y en el pasado. Ha participado en la coordinación de tres libros (2019, 2021, 2022); es coautora de un libro (2024), ha publicado ocho artículos en revistas especializadas y 15 capítulos de libros. También ha expuesto los avances de su investigación en más de 40 encuentros a nivel nacional e internacional. En la formación de recursos humanos ha dirigido seis tesis de maestría y licenciatura, y ha impartido cursos a nivel maestría y licenciatura.

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