Música popular, globalización y economía. Introducción

Recepción: 13 de abril de 2021

Aceptación: 24 de abril de 2021

Con cada vez mayor fuerza, la música popular se ha convertido en una ventana para el estudio de lo social. Veamos: en Sinaloa, un grupo musical produce “en tiempo real” un narcocorrido sobre la fallida captura del hijo del Chapo Guzmán Loera y, cuando una televisora estadounidense transmite al día siguiente la noticia, en realidad difunde dos versiones: la periodística y la corridística, pues el fondo musical de la nota es el corrido que describe las vivencias de lo ocurrido. En Monterrey, un acordeonista abre la única academia de su tipo en el noreste, un taller de reparación y un negocio de importación de acordeones chinos, que superan a las marcas occidentales hegemónicas en su relación calidad/precio. En restaurantes y mercados “de pulga” de Houston, Estados Unidos, pueden observarse espacios sociales donde se cultiva la nostalgia como economía, gracias a lo cual los migrantes revitalizan la memoria de la comunidad de origen y negocian significados con su actual situación, usando la música como catalizador. Éstos y otros paisajes, así como sus respectivos análisis, que constituyen el presente dossier, abordan problemáticas relativas a la convergencia temática entre globalización, música popular y economía, cuyos universos, distintos y desiguales, exigen el auxilio de diferentes disciplinas, como la historia, la sociología, la psicología social y, de manera importante, a la antropología social y la etnomusicología, con sus métodos etnográficos. Los autores también se apoyan en registros audiovisuales y otros formatos que, atinadamente, esta revista permite incluir.

Los espacios sociales del norte de México y de Estados Unidos protagonizan la mayoría de las propuestas y escenifican flujos culturales transfronterizos y transnacionales, violencia armada, creatividad e innovación y acomodo ante los impactos de la economía global. Todos estos fenómenos están atravesados por contextos digitales de producción, circulación y consumo de formas simbólicas y, en tanto nuevas formas de vida social, de subjetividades e intersubjetividades que el científico social apenas comienza a estudiar. En estos espacios, la música norteña de acordeón y bajo sexto y la de banda sinaloense tienen larga trayectoria, amplia aceptación social y una expansión global que no es equivalente a su reconocimiento artístico-académico, ni a su análisis desde las ciencias sociales, como lo han destacado varios estudiosos (Simonett, 2001; Ragland, 2011; Montoya, 2014; Díaz-Santana, 2018).

La mayoría de los trabajos que aquí se presentan son abordajes etnográficos surgidos de un proyecto colectivo de investigación.1 Sus desarrollos fueron presentados en el Seminario Música y Sociedad del ciesas-Noreste, en la ciudad de Monterrey, donde se pusieron a discusión los avances teóricos y metodológicos de investigadores y estudiantes de posgrado y licenciatura, en diálogo con artistas y promotores culturales. Con esta perspectiva multidisciplinaria e intergeneracional se ha pretendido construir una línea de investigación para la socioantropología de la música popular en el Norte de México. Algunos aportaron su trabajo desde su doble condición de músicos y académicos. Varios de ellos debieron vivir meses en una comunidad de alta migración internacional, desarrollar por uno o varios años la etnografía de un instrumento que incluía el aprendizaje de su ejecución, o recorrer ciudades de la región noreste buscando constructores de instrumentos, trazando trayectorias familiares, rutas de la circulación del conocimiento, rutinas laborales y estrategias para sobrevivir en los diferentes mercados que atienden.

Esta selección de artículos da continuidad y amplía las reflexiones contenidas en Economía de las músicas norteñas,2 cuyo fin es analizar las relaciones sociales estructurantes orientadas a generar valor y a valorar un sinfín de actividades alrededor de la producción, la circulación y el consumo de la música popular. En ambos esfuerzos académicos, la mayoría de los trabajos atienden a la música como expresión popular urbana y rural-urbana altamente mediatizada, transnacionalizada, fuertemente vinculada al desarrollo tecnológico y con acento en su expresión mercantil, en el amplio y dinámico sentido que le dan Arjun Appadurai (1991: 28) e Igor Kopytoff (1991: 118).

Por otro lado, la movilidad musical es impulsada por los procesos hegemónicos que privilegian ciertos flujos de personas, bienes y capitales por el mundo entero, estructurando e institucionalizando las relaciones de dominación. Pero en tensa interacción con los primeros, aparecen también aquellas otras redes y flujos de bienes materiales y simbólicos, construidos por individuos y grupos a través de migraciones diversas: laborales, por desplazamientos forzosos, temporales o permanentes. Los procesos transnacionales “desde abajo”, o “de las bases” (Portes, 2005: 4), las otras globalizaciones (Lins Ribeiro, 2018) nos hablan de la agencia para construir cultura en comunidades transnacionales por parte de sujetos y grupos con menos poder, sorteando desigualdades económicas y negociando la relación con la otredad, particularmente entre México y Estados Unidos para el caso de este dossier. Así, para explicar la movilidad de los grupos humanos, sus músicas e instrumentos, los autores aplican distintos enfoques sobre la migración a contextos globales o específicos.

Al estudiar el papel de la música y las emociones en la construcción de los vínculos transnacionales desde la dimensión económica, Hirai y Ramos usan la perspectiva transnacional (Glick-Schiller, Basch y Szanton, 1992) que recupera y analiza aquellas prácticas cotidianas de construcción de comunidades entre distintos Estados nación, así como los flujos e infraestructuras transfronterizos que las facilitan (Sandoval, 2012). Entienden el papel de la música como entidad fluida entre diversos espacios sociales, que es susceptible de ser valorizada al contener y detonar emociones, fungir como testimonio de realidad y construir sentidos de pertenencia. Por su lado, Helena Simonett, en su artículo sobre la historia del acordeón, nos explica cómo, durante el siglo xix, el impulso para interconectar a los países europeos a través de los viajes y el comercio facilitó la circulación de un instrumento musical como el acordeón, y su apropiación, primero, en formaciones sociales capitalistas y precapitalistas de Europa, y después del mundo entero.

La reconfiguración de las subjetividades en el contexto de la fuerte circulación transnacional de la música popular mexicana, en particular la música de banda y la música de conjunto norteño, se aborda en el trabajo de Urrecha, Sánchez y Burgos, quienes analizan la construcción de los ideales de pareja a través de la deconstrucción de su lírica. La relevancia del análisis radica, primero, en que permite observar cómo se refuerzan mitos y prejuicios alrededor de la relación de dominio y acoso sobre la mujer y, segundo, porque el estudio es de una música que en las últimas tres décadas ha pasado de lo marginal al mainstream, si no es que ella es ahora nuestra verdadera música pop.3

En otra dimensión de la vida social, los sistemas digitales de producción, circulación y consumo crean nuevas maneras de ser/estar, de significar y de socializar, de expresarnos y de ser controlados (Lasén, 2019), que interactúan en tensión con las formas no digitales. Ambas son analizadas por César Burgos y Julián Almonacid en la particular coyuntura de pánico y angustia colectivos del 17 de octubre de 2019: el fracasado intento de las fuerzas federales por apresar a Ovidio Guzmán López y el enfrentamiento armado que creció por toda la ciudad de Culiacán, Sinaloa, hasta que el hijo del Chapo Guzmán fue liberado. La producción de significados en forma de narconarrativas (Zavala, 2020), hegemónicas y no hegemónicas; los nuevos “estados” de la persona que intenta retratar sus emociones de temor o zozobra; la gestión colectiva para autoprotección; todo ello surgiendo y circulando a través de las redes sociales, dieron material a distintos grupos para producir música sobre el acontecimiento. Para Burgos y Almonacid, el conjunto musical seleccionado para el estudio es relevante no sólo porque produjo el corrido “Ovidio Guzmán. El rescate” poco después de terminado el suceso, sino porque, además, su proceso creativo da cuenta de los nuevos flujos que experimentan las formas y bienes simbólicos. Primero analizan las prácticas de producción del corrido, las cuales exigen, además de la apropiación de una cierta vivencia colectiva, recursos y habilidades de composición propiamente musical (lírica, melódica, armónica) y el conocimiento para manejar un estudio de grabación. Posteriormente, dan cuenta de su impredecible trayectoria una vez que se ubica en el ciberespacio, para luego mostrar cómo aquél puede llegar a una televisora estadounidense, ser usado como fondo de la noticia y ser visto en otro país, 24 horas después de ocurrido el suceso. Como ejemplo de agencia creativa de los músicos (Malcomson, 2019) se muestra que, a cada paso, hay también una gestión, cálculo y negociación de los posibles riesgos o consecuencias para ellos, por la obra producida y por su difusión. Como fenómeno de una narrativa transmediática, que evade los controles de los estados nación sobre los contenidos, el trabajo aporta al estudio de
las nuevas interacciones, fronteras y convergencias sociales alrededor
de internet.

En dos de los artículos que aquí se presentan, la etnografía del instrumento musical resultó ser una herramienta metodológica eficaz, a partir de la propuesta que desarrolló nuestro grupo de investigación en los pasados años (Olvera, Godina, Díaz-Santana y Ayala, 2017), para obtener información y análisis sobre la producción material y reproducción social de los instrumentos que forman el corazón de la música de conjunto norteño: acordeón y bajo sexto. Estos enfoques en los instrumentos corresponden a lo que Appadurai (1991: 19-20) llamó “fetichismo metodológico” y permiten describir su vida social4 y sus trayectorias históricas.

Al describir y analizar los modos de sobrevivencia económica, la etnografía orientada al instrumento puede dar cuenta de aspectos relevantes de la vida social: de la economía alrededor del objeto musical, de la vida del músico y de la comunidad que le rodea. Pistas importantes para entender fenómenos clave –de la relación estructura/agencia y de la propia reproducción cultural– se pueden obtener siguiendo la vida social de los instrumentos musicales, atendiendo a la relación con sus ejecutantes y reparadores, así como al contexto específico que les rodea, que puede variar a lo largo de su existencia y rebasar fácilmente la vida promedio de un ser humano.

El trabajo de Olvera y Peña sobre los reparadores de acordeones se basa en los enfoques del estudio cultural de los instrumentos musicales y en la antropología del trabajo, para explorar las prácticas y los significados alrededor de la reparación de acordeones. Los autores destacan la dialéctica artesanía/técnica que se establece en las labores del reparador, pues une con su trabajo los mundos preindustrial e industrial para alargar la vida social de un instrumento musical y contribuir así a la reproducción de la memoria cultural de las comunidades. De paso, ofrece otro ejemplo de cómo los músicos usan los recursos a su alcance para aprovechar los procesos mediante los cuales el mundo se achica y acelera, aunque no pertenezcan a los contextos de la globalización hegemónica. Aquí se muestra cómo un reparador de Monterrey usa Facebook y YouTube para compartir conocimiento y posicionarse como referencia en el ramo; intercambia conocimientos con académicos de Europa y América, gracias a los cuales obtiene importantes informaciones para su trabajo, como las afinaciones específicas para la música colombiana, tan popular en Monterrey, que usa el mismo instrumento, pero en otra afinación.5

Apoyando la propuesta de David Laing (2012: 289), para recuperar el estudio del mercado de la música en toda su diversidad, más allá de la definición que se tiene de él en la economía clásica, sostenemos que el diálogo y la negociación de prácticas económicas industriales, artesanales y alternativas alrededor de la construcción y reparación de instrumentos musicales demandan realizarse de manera sistemática, porque permiten observar la particularidad de países como el nuestro, donde en buena medida la diversidad de economías es lo que define a la economía misma.

Los instrumentos hablan de la comunidad y su entorno físico. Si el bajo sexto fue una invención musical por la necesidad de solucionar un problema acústico, como dice Díaz-Santana (2018) citando al músico Carlos Cadena, entonces no se hace otra cosa que lo que siempre hacen los músicos: innovar, modificar, inventar. En una comunidad donde no hubiera luz eléctrica, la sonoridad de un instrumento específico puede marcar la diferencia entre tocar cuatro o sólo dos músicos. Económicamente también representa una diferencia.

Las invenciones y modificaciones en los instrumentos, la inclusión y exclusión de ellos en los ensambles nos hablan, asimismo, de la evolución técnica de las comunidades a las que se deben, del grado de su progreso material, así como de las diferencias generacionales. Utilizando la noción de campo de Pierre Bourdieu, Ramiro Godina aborda en este número la tensión tradición/innovación para la construcción de bajo sextos en tres ciudades del noreste de México. Se concentra en la imagen visual del instrumento para mostrar las estrategias de los “recién llegados” que no poseen el capital de los lauderos establecidos y con renombre; estrategias de significación y diferenciación a través de la innovación, para posicionarse frente a las estrategias de conservación, estigmatización y autolegitimación de los dominantes. En el artículo de Simonett, mencionado al principio de esta introducción, dichas estrategias también aparecen a lo largo de la evolución del acordeón diatónico y su apropiación por las elites y los ambientes obreros y rurales de Europa y Estados Unidos en los siglos xix y xx. Todas ellas son dimensiones simbólicas de la actividad humana que hacen converger estéticas visuales y sonoras, con economías hegemónicas y alternativas, en una tensión sin fin que altera la valorización de los instrumentos musicales y las prácticas alrededor de ellos. Invitamos al lector a explorar, a través de este número monográfico, las prácticas musicales como procesos socioculturales que nos permiten observar la vida social desde nuevos ángulos.

Bibliografía

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Díaz-Santana, Luis (2018). Historia de la música norteña mexicana: desde los grupos precursores al auge del narcocorrido. México: Plaza y Valdés Editores.

Glick-Schiller, Nina, Linda Basch y Cristina Szanton Blanc (1992). “Transnationalism: A New Analytical Framework for Understanding Migration”, en Nina Glick-Schiller, Linda Basch y Cristina Szanton Blanc (ed.), Towards a Transnational Perspective on Migration: Race, Class, Ethnicity and Nationalism Reconsidered. Nueva York: Annals of the New York Academy of Sciences, pp. 1-24.

Kopytoff, Igor (1991). “La biografía cultural de las cosas: la mercantilización como proceso”, en Arjun Appadurai (ed.). La vida social de las cosas. Perspectiva cultural de las mercancías. México: Grijalbo/conaculta, pp. 89-122.

Laing, David (2012). “Music and the Market. The Economics of Music in the Modern World”, en Martin Clayton, Trevor Herbert y Richard Middleton (ed.), The Cultural Study of Music: A Critical Introduction. Nueva York: Routledge, pp. 288-298.

Lasén Díaz, Amparo (2019). “Lo ordinario digital: digitalización de la vida cotidiana como forma de trabajo”. Cuadernos de relaciones laborales, vol. 37, núm. 2, pp. 312-330. https://doi.org/10.5209/crla.66040

Lins Ribeiro, Gustavo (2018). Otras globalizaciones. Barcelona: uam-Gedisa.

Montoya Arias, Luis Omar (2014). La norteña en Latinoamérica o el transnacionalismo musical cosmopolita en las periferias. Tesis doctoral. Mérida: ciesas Peninsular.

Malcomson, Hettie (2019). “Negotiating Violence and Creative Agency in Commissioned Mexican Narco Rap”. Bulletin of Latin American Research, vol. 38, núm. 3, pp. 347-362. https://doi.org/10.1111/blar.12977

Olmos Aguilera, Miguel (2020). Etnomusicología y globalización. Dinámicas cosmopolitas de la música popular. Tijuana: colef.

Olvera, José Juan, Ramiro Godina, Luis Díaz-Santana y Alfonso Ayala (2017). ¿Por qué una etnografía del bajo sexto y del acordeón para entender su economía? Documento de trabajo.

Portes, Alejandro (2005). “Convergencias teóricas y evidencias empíricas en el estudio del transnacionalismo de los inmigrantes”. Migración y Desarrollo, núm. 4, pp. 2-19. https://doi.org/10.35533/myd.0304.ap

Sandoval Hernández, Efrén (2012). Infraestructuras transfronterizas: etnografía de itinerarios en el espacio social Monterrey-San Antonio. México y Tijuana: ciesas-El colef.

Ragland, Cathy (2011), Mexican Migrants Creating a Nation between Nations. Filadelfia: Temple.

Simonett, Helena (2001). Banda. Mexican Musical Life Across Borders. Middletown: Wesleyan University Press. https://doi.org/10. 2307/3595232

Zavala, Oswaldo (2020). “La narconarrativa después del juicio del siglo”. Confluenze, Rivista di Studi Iberoamericani, vol. 12, núm. 1, pp. 5-28. https://doi.org/10.6092/issn.2036-0967/11326


José Juan Olvera Gudiño. Profesor-investigador del ciesas-Noreste. Sociólogo, doctorado en Comunicación y Estudios Culturales por el Tecnológico de Monterrey. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1. Sus áreas de investigación actuales giran alrededor de la economía y la sociología de la cultura, en particular de la música popular. Ha dirigido el proyecto “Procesos regionales de construcción de la cultura en el noreste de México y sur de Texas: Los casos del hip hop y la música norteña”, financiado por el conacyt. Ha publicado Economías del rap en el noreste de México. Emprendimientos y resistencias alrededor de la música popular (2018, México, Casa Chata), y coordinado Economías de la música norteña (México, Casa Chata, actualmente en prensa).

Shinji Hirai. Antropólogo japonés residente en México. Es doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores nivel 1. Sus áreas de investigación son transnacionalismo, antropología de las emociones y migración internacional. Es autor del libro Economía política de la nostalgia. Un estudio sobre la transformación del paisaje urbano en la migración transnacional entre México y Estados Unidos (uam/Juan Pablos Editor, 2009) y del artículo “La nostalgia. Emociones y significados en la migración trasnacional”, Nueva Antropología 81 (2014).

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