La conciencia de ser mirados: dar vista al puesto de tianguis

El ambiente de un tianguis se genera en buena parte gracias al trabajo que vierten los tianguistas en la presentación de los puestos.

Frances Paola Garnica Quiñones

El Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México.

realiza una estancia posdoctoral de incidencia de Conacyt en El Colegio de San Luis. Es maestra y doctora en Antropología Social con Medios Visuales por la Universidad de Manchester, Reino Unido. Sus temas de investigación incluyen la percepción e imaginario de espacios, migración china en San Luis Potosí y usos rituales y terapéuticos del peyote desde un enfoque de defensa del territorio biocultural. Es codirectora del documental ¡…Y del barrio no me voy! (2019).
Orcid: https://orcid.org/0000-0001-6957-1299


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Tianguis: un lugar para mirar

CDMX, 2012. 

Una vez por semana la Ruta 8 de Mercados sobre Ruedas se instala en ocho colonias diferentes de la CDMX. La gente lo visita con ciertas expectativas del lugar:

El tianguis es un foco prendido, un recorrido, un vaivén, ir en busca de algo con las ganas de obtener algo, espacio abierto, sin bardas, sin muros. Caben todos; es una tradición, es una aventura, un medio de sustento, una chamba y una chinga. – Rodrigo, marchante.


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“El tianguis se ve, se huele y se toca” (Jorge, marchante)

CDMX, 2013. 

El ambiente de un tianguis se genera en buena parte gracias al trabajo que vierten los tianguistas en la presentación de los puestos.

Las expectativas principales de un tianguis desde la perspectiva de los marchantes son que, 1) su instalación sea en la vía pública, 2) exista un ambiente de exploración, sociable y  de atención personalizada, 3) se encuentren productos que no se encuentran en otros establecimientos y a bajo costo, 4) la visita sea recreativa y amena, 5) que haya márgenes de maniobra en el intercambio comercial, como el regateo y el pilón.


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“¿Por qué siempre me da hambre en el tianguis?” (Carlos, marchante)

CDMX, 2013.

Estas expectativas no son el resultado de un estudio de marketing donde se calcularon las preferencias de la clientela potencial y entonces los tianguistas crearon y ejecutaron un plan de acción acorde. Son el resultado de las observaciones y adaptaciones que realizan los tianguistas para acoplar una venta en la calle. Conglomeran una serie de saberes sobre el uso del espacio, la higiene, la presentación de productos, la interacción con los marchantes y la organización social interna. Dado que los puestos se suelen legar de padres a hijos o hijas, estos conocimientos son adquiridos y heredados a lo largo de décadas de convivencia con los marchantes.


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Ensamblar el puesto

CDMX, 2013. 

A las ocho de la mañana, el constante silbar de los diableros o cargadores alerta a los peatones que caminan en medio del tráfico de diablos (carretillas). Tableros pesados de madera sobre el piso marcan el lugar de cada puesto. Puestos medio ensamblados, como esqueletos, esperan ser vestidos. Pero los tianguistas deben tomar en cuenta las reglas impuestas por la propia asociación, el gobierno y por los vecinos de cada colonia: instalar el toldo del color indicado, tener los tubos del puesto pintados del mismo color, no pasarse de los metros adjudicados, no arruinar jardineras ni bardas de la colonia, mantener las cajas y otros materiales ordenados en la parte de atrás del puesto y evitar cables, cuerdas y obstáculos en los pasillos, entre otras.


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Diablero

CDMX, 2013. 

Los diableros realizan labores que en su mayoría requieren de gran esfuerzo físico. Un diablero puede llegar a cargar hasta 100 kilos. Cargan, descargan, montan y desmontan los tubos del puesto. También pueden fungir como ayudantes, atendiendo clientes y dando “pruebitas” a los marchantes. Este empleo es para muchos migrantes la primera entrada al mundo laboral de la CDMX, pues los requisitos son mínimos.


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Ayudante

CDMX, 2013. 

Los dueños de los puestos suelen contratar empleados que les ayudan a descargar la mercancía y a montar todos los días. Los tianguistas que no poseen su propia camioneta de carga, contratan fleteros que guardan la mercancía en su camión durante la noche y la entregan temprano en la colonia donde toque armar el tianguis.


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El sastre del puesto

CDMX, 2012. 

Abel , ayudante del puesto de plátanos, se parece a un sastre que le da al puesto los toques finales. Oriundo de Veracruz, considera que su oficio es el de campesino, pero ha desarrollado diversos conocimientos durante diez años de manejar los materiales estructurales de los puestos. Abel prepara y adapta el puesto para posibles condiciones climáticas: despejado, lluvia o viento. Utiliza monedas que envuelve y amarra en las esquinas del toldo del puesto para obtener un mejor agarre. Manifiesta que le gusta este trabajo porque despierta su creatividad.


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El arte de colocar plátanos

CDMX, 2012. 

Abel toma los racimos de plátanos de las filas que ya formó y, con un cuchillo curvo, corta con habilidad la parte alta del tallo sin dividir los plátanos, haciendo que la unión se vea más plana: 

Les estoy dando vista. Es más atractivo; los plátanos se ven más frescos y más apetitosos.

Dar vista consiste en trabajar en la presentación estética y espacial del puesto y los productos que lo componen.


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El puesto de medias

CDMX, 2012. 

A unos metros del puesto de plátanos, Olimpia está desempacando la mercancía de su puesto de calcetería. Su madre se lo heredó. Después de que un cargador contratado ensambla su puesto de dos metros y coloca grandes tambos llenos de ropa, Olimpia acomoda la mercancía. Como parte de dar vista a su puesto, ella también suele vestir su mercancía, una estrategia que le ha ayudado a vender.


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Dar vista es heredado

CDMX, 2012. 

En la barra del frente, Olimpia coloca medias coloridas que mandó a teñir, porque le sale más barato. Las estira a lo largo de la esquina del puesto, creando un arcoíris de nylon. La luz se filtra a través del material transparente, resaltando los patrones delicados de las medias, que son colgadas como piernas invisibles. Los paquetes de medias que retratan a varias mujeres rubias de piel blanca cuelgan al frente del puesto, moviéndose con delicadeza por la brisa de la mañana. 

De mi mamá aprendí a mostrar las medias así. Siempre me decía que colgara las medias así mero. Se ven muy bien, ¿verdad? ¿Verdad? ¡Mira!. – Olimpia, tianguista.


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Variedad en 2 metros

CDMX, 2012. 

La extensa variedad de mercancía que Olimpia maneja incluye más de cien productos diferentes. Después de tres horas de acomodar calcetines, tines, mallas, calcetas, faldas de lycra y demás, Olimpia acomoda su asiento, que consiste en una pila de tapas de cajas sobre una caja de almacenamiento, y revisa a Galleta, su pequeña French Poodle que está tomando una siesta muy cómodamente sobre un cojín.

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Dar vista es innovación

CDMX, 2013. 

Durante los ochenta, antes del Tratado de Libre Comercio, los tianguis eran el lugar donde se encontraban las innovaciones. Las cosas que no se permitía vender, se vendían libremente en el tianguis. Era un lugar de novedades. A la gente le gustaba encontrar algo nuevo, incluso si era la misma cosa, pero de otra forma, por ejemplo, curiosidades, como la jícama. En vez de venderla en un bote, le pones un palo a la rebanada de jícama y se convierte en una paleta especial llamada “jicaleta”. Eso es algo innovador y se vendía en el tianguis. Fruta cubierta con chocolate, cosas así. El chiste era buscar algo atractivo, algo curioso. Era más que simplemente satisfacer un deseo de consumir. – Roberto, tianguista.


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El reconocimiento entra por la vista

CDMX, 2012. 

El domingo llega más extranjero y quiero imaginar que en sus países no hay tantas cosas como aquí. Es una maravilla para ellos ver la tarea de nosotros, porque no es fácil ya llegar y encontrar todo formadito, lavadito, cortado, rebanado; es una gran tarea que nosotros hacemos desde muy temprano y ellos se quedan maravillados. Y lo ven como un tesoro que nosotros tenemos. No sé, quizás, de tenerlo ya diario, se nos hizo más habitual y quizás no lo valoras tanto. Ves el entusiasmo, la expresión de los rostros, de cómo se paran con sus cámaras, hacen sus filmaciones y piden permisos. Muchos son más observadores. Tratan de ver las estructuras que tenemos para trabajar, porque no es fácil, y aparte se quedan más asombrados cuando al otro día van y no hay nada de lo que vieron el día anterior. – Abel, tianguista.


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La buena comerciante

CDMX, 2012. 

El tianguis te recuerda que no debes asumir que no hay caras en las frutas. Aquí en el tianguis, puedes ver que los vendedores trabajan por la mercancía. Comparten su conocimiento sobre los productos, cómo pueden comerse. Es un enfoque más directo, no como en los escaparates. –  Octavio, marchante.


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Naranjas con vista

CDMX, 2013. 

Dos veces por semana Roberto, tianguista y representante de la Ruta 8, compra 90 kgs. de naranjas en arpilla, otros tantos kilos de naranjas valencia, toronjas y piñas.

En Abastos, se le da un mayor valor monetario a las naranjas que que “tienen vista”, es decir, las que son de tamaño grande —y, por tanto, más pesadas—, de color uniforme y sin manchas.


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Selección estética automática y manual

CDMX, 2013. 

En la Central de Abastos, una máquina selecciona las naranjas por tamaño y, a través de una banda transportadora, las clasifica en compartimientos. Una vez que las naranjas han caído en estos compartimientos, dos seleccionadores de frutas las toman y manualmente seleccionan las naranjas que tienen manchas o abolladuras.

A algunas frutas se les pegan hojas cuando están creciendo y se manchan. Nosotros nos ocupamos de esto. Seleccionamos las mejores, y las feas las retiramos para que la fruta tenga una mejor presentación. Esto es lo que ayuda a que la gente consuma más.– Ángel, trabajador de la Central de Abastos.


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De regreso en el puesto

CDMX, 2013. 

Roberto finalmente acomoda las naranjas en su puesto. Estas naranjas han pasado por un proceso de selección que es parte de una cadena que involucra la estética del producto. Las naranjas con “mejor vista” se dan a un precio más caro al marchante. Roberto también se abastece de naranjas para jugo, piñas y toronjas.


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Mapa de un puesto de tianguis instalado en las inmediaciones del centro deportivo Velódromo

CDMX, 2013. 

Estos son los elementos básicos que conforman el ensamblaje y presentación de un puesto de cítricos de la Ruta 8. Las variaciones se suelen dar con respecto al tipo de productos que se comercializan, la colonia de instalación,- donde el espacio puede ser más amplio en algunas calles con respecto a otras-, y a las necesidades de los marchantes. Los anexos son más tolerados en Velódromo, donde se cuenta con mucho más espacio que, por ejemplo, en La Condesa.


Imagen 19

Control social y vista

CDMX, 2013. 

Roberto, como representante de Ruta 8,  junto con el coordinador del Programa de Mercados sobre Ruedas y el representante de un comité vecinal, revisan las noticias para medir riesgos, amenazas y puntos de mejora. Se disponen a realizar la supervisión mensual de las instalaciones de Ruta 8 en la colonia Condesa. Los criterios de esta supervisión se enfocan en la presentación del puesto y el uso del espacio.


Imagen 20

El ancho del pasillo

CDMX, 2013. 

Roberto mide el espacio del pasillo junto con el coordinador. La conservación de un ancho adecuado es importante para mantener una cómoda y segura circulación de personas. También se revisa que no haya anexos o extensiones de puestos más allá de las medidas permitidas, para evitar la competencia desleal entre vendedores.


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Los anexos

CDMX, 2013. 

Un anexo es cualquier extensión de un puesto de tianguis. Los anexos pueden obstaculizar el espacio de circulación del pasillo y también invadir el espacio del puesto de otro comerciante. Algunos tianguistas denuncian también la invasión de sus puestos con anexos de otros:

Si no me quejo, mañana me quitan más espacio. – Tianguista de la Ruta 8.


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A centímetros de la competencia desleal

CDMX, 2012. 

Exceder las limitaciones espaciales de un puesto puede traducirse en un problema para los tianguistas. Las consecuencias de los anexos suelen ser quejas por parte de los clientes y vecinos presentadas al gobierno local o a los medios, lo que contribuye a una imagen pública nociva del tianguis y la suspensión de días de trabajo para los comerciantes por parte de las autoridades. 


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Caminar sin quemarse

CDMX, 2013. 

Se revisa también que no haya anafres calientes, cajas, cables eléctricos u otros objetos que comprometan la seguridad de los marchantes. En la imagen, estas indicaciones van dirigidas a comerciantes de puestos que no necesariamente pertenecen a la asociación Ruta 8 pero que se instalan en algunas colonias junto con ellos. Estos puestos pueden ser independientes o pertenecer a otras asociaciones de tianguistas. Sin embargo, para Roberto es importante que estos puestos acaten las normas, porque, de otro modo, “nos pueden meter en el mismo saco a todos”.


Imagen 24

Los que circulan

CDMX, 2013. 

Los criterios que se revisan durante una supervisión de pasillo van en función de las personas que caminan el tianguis, sobre todo aquellas con limitaciones, como adultos mayores, niños en carriolas y personas con capacidades diferentes.


Imagen 25

Cuidar el espacio del marchante

CDMX, 2012. 

El tianguis juega un papel económico y social importante en el tiempo de esparcimiento de esta marchanta y su hijo. El tianguis, además de ahorrarle un largo trayecto a un parque u otro lugar recreativo, le sale barato. Los residentes de la CMDX crecen con el tianguis, ya sea por necesidad o entretenimiento, y el tianguis crece junto con ellos. La clientela recurrente es el principal ingreso de un tianguista. Por tanto, el cuidar los puestos y evitar quejas de vecinos ayudan a mantener el tianguis económica y socialmente. Pero, más allá del trabajo, los tianguistas han mantenido relaciones hasta con cuatro generaciones de marchantes, muchas son de cercanía y confianza, y hasta ha habido varios casos de matrimonios entre tianguistas y marchantes.


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La pruebita

CDMX, 2013. 

El ama de casa desconfía y el vendedor redobla sus cortesías. – Carlos Monsiváis (2000, p. 223).


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Los vecinos

CDMX, 2013. 

En colonias como La Condesa, la participación política de los vecinos a través de comités, ha obligado a los tianguistas a poner especial cuidado en la estética de sus puestos. Las quejas en colonias de clase alta le llegan muy rápido al representante del tianguis, y, de no ser atendidas, los comités vecinales suelen tomar acción legal. Roberto piensa que en estas áreas la gente se involucra más porque tienen el tiempo para hacerlo, mientras que las quejas son poco frecuentes en áreas de clase más baja porque:

La gente está muy ocupada trabajando y no tiene tiempo de participar. – Roberto, tianguista.  


Imagen 28

Coches contra puestos

CDMX, 2013. 

“¡Ay no! ¿Por qué no me dijiste? ¡No sabía que hoy era día de tianguis!” le dijo una joven al guardia de seguridad del edificio del cual salía. Junto al auto atrapado de la joven, los vendedores que supuestamente debían estar ensamblando su puesto estaban parados en el pavimento junto a los paquetes desempacados de la mercancía que deberían estar vendiendo. Uno de ellos le comentó a los otros: “Estamos perdiendo un buen día de trabajo”.


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Improvisación

CDMX, 2013. 

Lo más flexible en el universo es el espacio, siempre hay sitio para otra persona y otra y otra, y en el Metro la densidad humana no es sinónimo de la lucha por la vida, sino más bien, de lo opuesto. El éxito no es sobrevivir, sino hallar espacio en el espacio. ¿Cómo que dos objetos no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo? 

Carlos Monsiváis (2000, pp. 111-112).


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¿Derecho residencial o derecho al trabajo?

CDMX, 2013. 

La solución temporal es instalar el puesto alrededor del coche. Este tipo de situaciones es causal de tensión y conflictos con los vecinos y despierta la discusión sobre quién tiene más o menos derecho a la calle. Los tianguistas priorizan el derecho a la calle de los vecinos en virtud de su derecho al trabajo en el día establecido.


Imagen 31

El delantal, orgullo laboral

CDMX, 2013. 

“Me podrás agarrar cansado pero nunca sin ganas de vender”, se lee en el delantal de este ayudante. Es común encontrar este tipo de mensajes que refuerzan el orgullo laboral de los tianguistas.

Los artículos publicados en los medios y en algunos discursos de gobierno, utilizan palabras como “combatir” o “atacar” junto a las palabras “tianguis” o “comercio informal”, “desorden”, “basura” y “suciedad”.  Ante tales opiniones públicas, Víctor, líder tianguista, responde:

La gente hay de todo tipo, a la que le gusta y a la que no le gusta ir al tianguis, pero, si le falta algo, va al tianguis. Mucha gente decía: “tianguistas mugrosos”, pero es una mugre de trabajo, es una mugre de esfuerzo, es una mugre de necesidad, no es una mugre de flojera o de estar sentados polveándose. Es algo que, finalmente, se debe de respetar porque tan digno es el trabajo de un basurero como de un tianguista, como de un ingeniero.


Imagen 32

Improvisación

CDMX, 2012. 

Al final del día se reúnen de nuevo diableros, fleteros y vendedores para intercambiar notas y anécdotas del día mientras los dirigentes observan que nadie quede rezagado y que se recolecte la basura. Dejar sucia la calle significaría una queja más en detrimento de la instalación de la Ruta 8. A veces esta tarea puede durar hasta las diez de la noche, pues los recolectores de basura suelen retrasarse. En algunas colonias, Ruta 8, a través de las cuotas, contrata servicios privados de recolección de basura porque, según los tianguistas, el servicio público suele no presentarse.

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