Conyugalidad, género y cuidado en la pareja en tiempos de covid-19 en las áreas metropolitanas de Colima y Guadalajara, México

Recepción: 19 de octubre de 2020

Aceptación: 13 de mayo de 2021

Resumen

Ante la pandemia de covid-19, la Organización Mundial de la Salud (oms) recomendó el distanciamiento social como una medida para desacelerar la velocidad de propagación del virus sars-cov-2. Esta medida tuvo como una de sus consecuencias el cierre de centros de educación y el incremento significativo de trabajo a distancia (cepal, 2020c). El confinamiento en los hogares puede estar generando en el ámbito de la intimidad situaciones de tensión, de negociación y de conflicto, que, asociadas a la incertidumbre, producto de la pandemia, requieren ser identificadas y analizadas para generar conocimiento pertinente y en tiempo, ante una problemática inédita que rebasa el campo de la salud y confronta la vida cotidiana de nuestras poblaciones.

Ante este panorama, se aplicó una encuesta virtual en la primera semana de mayo de 2020 por medio de Google Forms en el Área Metropolitana de Guadalajara (amg) y en la Zona Metropolitana de Colima (zmc) con el objetivo de conocer cómo se han trastocado, en el ámbito de la intimidad, las dimensiones de la conyugalidad, los papeles de género y el cuidado mutuo en parejas heterosexuales durante el confinamiento causado por la pandemia por covid-19. La investigación nos permite concluir que la intimidad en las parejas heterosexuales encuestadas evidencia que los casados y quienes tuvieron relaciones de más de 10 años de convivencia vivieron conflictos pero no consideraron el divorcio o la separación como una salida, como sí lo consideraron en una mayor proporción los solteros, y los solteros que no cohabitaron –en particular los de la zmc– fueron los más afectados por el confinamiento y tuvieron arreglos más tradicionales que ese mismo grupo del amg, y que tanto hombres como mujeres consideraron que la comunicación con la pareja, el tener intereses y objetivos comunes, y el desamor fueron elementos claves que afectaron la intimidad conyugal. Por otra parte, los hallazgos muestran que los papeles de género continúan siendo en ambas ciudades una de las esferas de la vida privada y pública de la que se echa mano en situaciones emergentes y acuciantes como la derivada por la pandemia, situaciones que son imposibles de eludir y que tienen un impacto directo en las condiciones de igualdad entre mujeres y hombres. Finalmente, sobre el cuidado mutuo en la pareja, destaca, por un lado, la reproducción de cuidados materiales/económicos por parte del varón y, por otra, una feminización de los cuidados emocionales y de atención a la salud por parte de las mujeres. Sin embargo, en las parejas jóvenes se detectan tendencias interesantes hacia un mayor involucramiento tanto de las mujeres como de los hombres en las tareas de cuidado emocional y de la salud en tiempos de confinamiento.

Palabras claves: , , , , ,

Conjugality, Gender and Care in the Couple in Times of COVID-19 in the Metropolitan Areas of Colima and Guadalajara, Mexico

In the light of the COVID-19 pandemic, the World Health Organization (WHO) recommended social distancing as a measure to reduce the rate at which the virus SARS-COV-2 spreads. One of the consequences of this measure was the shutting down of education centers and the significant increase in remote work (CEPAL, 2020c). Home confinement may be creating, in areas of intimacy, situations of tension, negotiation and conflict, which, in association to the uncertainty produced by the pandemic, must be identified and analyzed to produce pertinent and timely knowledge against an unprecedented problem that surpasses the field of health and confronts the daily lives of our populations.

Considering this situation, a virtual survey was conducted on the first week in May 2020 using Google Forms in the Metropolitan Area of Guadalajara (AMG) and the Metropolitan Zone of Colima (ZMC) in order to find how the dimensions of married life, gender and mutual care roles have been disrupted in the intimacy of heterosexual couples during the lockdown caused by the covid-19 pandemic. This investigation allows us to conclude that the intimacy of the heterosexual couples surveyed shows that married couples living together for over 10 years had conflicts but did not consider divorce or separation as a way out, whereas single men and women did consider it more; single people who did not live together –particularly in the zmc –were the most affected by the confinement and made more traditional arrangements than the same group in the amg, and having common interests and goals and the lack of love were key elements that affected the intimacy of the couples. On the other hand, our findings show that gender roles continue to be, in both cities, one of the spheres of public and private life most widely resorted to in emerging and pressing situations, such as the one derived from the pandemic, situations that are impossible to elude and that have a direct impact on the equal conditions between men and women. Finally, regarding the mutual care of the couple, the reproduction of material/economic care by the men stands out along with the feminization of health and emotional care by the women. However, young couples display interesting trends towards a greater involvement of both women and men in health and emotional care tasks in times of confinement.

Keywords: covid-19 pandemic, intimacy, conjugality, gender role, mutual care, heterosexual couples.


Introducción

Ante la pandemia por covid-19, la Organización Mundial de la Salud (oms) recomendó el distanciamiento social como una medida para desacelerar la propagación del virus sars-cov-2. Esta medida tuvo como una de sus consecuencias el cierre de centros de educación y el incremento significativo del trabajo a distancia. Para el 30 de marzo de 2020, según datos de la unesco (citado en cepal, 2020a), 37 países y territorios de la región latinoamericana y del Caribe habían cerrado sus centros educativos. Esta medida ha llevado a que sea en las familias donde se atiende a la población estudiantil. Esta situación ha generado un incremento del tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados, especialmente por parte de las mujeres (cepal, 2020a). Además, en muchos hogares, tanto mujeres como hombres están realizando trabajo a distancia desde sus viviendas y ello está generando situaciones de tensión, de negociación y de conflicto que, asociadas con la incertidumbre producto de la pandemia, requieren ser identificadas y analizadas.

Es por ello que nos propusimos realizar una encuesta que diera cuenta de los cambios que la pandemia ha generado en las relaciones de pareja. El estudio forma parte del proyecto de investigación macro “Intimidad y relaciones de pareja en la región centro-occidente del México contemporáneo: desafíos socioculturales”, en el que participan Zeyda Isabel Rodríguez Morales y Tania Rodríguez Salazar, de la Universidad de Guadalajara; Ana Josefina Cuevas Hernández y Ana Gabriel Castillo Sánchez, de la Universidad de Colima, y Rocío Enríquez Rosas, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (iteso). La investigación cuenta con financiamiento del fondo sep-conacyt de la convocatoria 2016 para Ciencia Básica, dentro de la modalidad de grupos de investigación, con número de proyecto 245227/CB284023.

El proyecto macro propone generar conocimiento en el campo de los estudios sobre la intimidad en parejas urbanas heterosexuales, en tres grupos de edad, desde cinco dimensiones: a) la sexualidad, b) la conyugalidad, c) los papeles de género, d) el uso de las nuevas tecnologías y e) el cuidado mutuo. Se busca conocer la forma en que las parejas en el occidente de México enfrentan estos desafíos, particularmente en los estados de Jalisco y Colima. El Área Metropolitana de Guadalajara (amg) y la Zona Metropolitana de Colima (zmc) fueron elegidos porque ambas forman parte de un territorio sociocultural (Giménez, 1999). Éste da forma y sentido a la identidad de individuos y grupos que comparten elementos económicos, geopolíticos y socioculturales sobre los que proyectan sus concepciones de la cultura material y espacial, las cuales, como veremos, presentan gran homogeneidad. Esos elementos identitarios son socializados e interiorizados y permiten “adquirir el sentimiento y el estatus de pertenencia socioterritorial” (Giménez, 1999: 37). Asimismo, reflejan que la población estudiada comparte valores y costumbres locales, vínculos familiares, sociales, amistosos y una gran integración y solidaridad de la colectividad de referencia. Esto explica las grandes consistencias en los datos generados por la encuesta, en la que las diferencias se explican más por el sexo, la edad o el tiempo de convivencia de los respondientes que por sus diferencias culturales.

La encuesta en línea realizada por el equipo que conforma esta investigación macro aborda cinco dimensiones; para este trabajo se analizaron conyugalidad, papeles de género y cuidado mutuo, y son trabajadas en el amg y en la zmc para conocer las formas en que las parejas de hombres y mujeres experimentan transformaciones en su intimidad ante el presente contexto de incertidumbre y contingencia sanitaria.

En una reciente publicación, Rodríguez y Rodríguez (2020), a partir de la encuesta realizada en línea, abordaron los resultados relativos al amg sobre los ejes de sexualidad y el uso de tecnologías afectivas. Sus resultados señalan que las afectaciones en ambas dimensiones son más intensas entre las personas jóvenes, las parejas que han experimentado el confinamiento a distancia y aquéllas con menos años de relación. Sus hallazgos sobre los efectos de la pandemia en la población más joven y con menos años de convivencia coinciden con los nuestros.

En este artículo nos planteamos responder la siguiente pregunta: ¿de qué manera la pandemia por covid-19 ha trastocado la intimidad de tres generaciones de parejas heterosexuales que residen en las áreas metropolitanas de Guadalajara y de Colima en las dimensiones de la conyugalidad, los papeles de género y el cuidado mutuo?

El objetivo de este artículo es describir y analizar los principales hallazgos de la encuesta realizada por internet en la primera semana del mes de mayo de 2020 en las áreas metropolitanas de Guadalajara y Colima para conocer cómo se han trastocado estas dimensiones de la intimidad de las parejas en la región de estudio. La aplicación de la encuesta en la fecha mencionada favoreció una indagación oportuna para dar cuenta de la experiencia de confinamiento.

Los principales hallazgos sobre los efectos de la pandemia en la vida conyugal muestran que la población casada y con relaciones de más de diez años fue la que menos intenciones expresó de separarse de su pareja por los conflictos enfrentados durante ella, que la población más joven y con menos de 10 años de convivencia, en particular de la zmc, vivió en una mayor proporción que la del amg en casas separadas al momento del comienzo del confinamiento y tuvo arreglos más tradicionales, y que tanto hombres como mujeres consideraron que la falta de comunicación, la falta de intereses y objetivos comunes y el desamor fueron las principales causas de un posible divorcio o ruptura.

Respecto a la dimensión de los papeles de género, se encuentra que el trabajo doméstico continúa siendo realizado mayormente por las mujeres en ambas zonas, aunque resaltan condiciones que tienden a una distribución que intenta ser cada vez más equitativa entre mujeres y varones en el amg, a diferencia de la zmc, donde, como se ha mencionado, perviven valores tradicionales patriarcales que inciden en el desequilibrio profuso entre mujeres y varones en este terreno.

Con respecto al cuidado mutuo en la pareja en tiempos de pandemia, los hallazgos muestran el predominio femenino en el despliegue de prácticas de cuidado hacia la pareja, tanto en el ámbito de la salud como en las dimensiones emocional y espiritual. También el proveer de recursos materiales/económicos se considera principalmente responsabilidad de los varones. En las parejas jóvenes se detectan tendencias interesantes hacia un mayor involucramiento tanto de las mujeres como de los hombres en las tareas de cuidado emocional, principalmente.

El documento incluye una sección teórica que aborda cada uno de los tres ejes, así como un apartado metodológico, y posteriormente presentamos el análisis de los resultados de la encuesta, así como las conclusiones centrales que advierten sobre las formas múltiples en que la pandemia de covid-19 está interpelando categorías tales como intimidad, conyugalidad, papeles de género y cuidado mutuo en tiempos de incertidumbre, donde son pocas las respuestas y muchos los desafíos para la generación de conocimiento social que contribuya a comprender los procesos socioculturales implicados en esta situación inédita y de excepción.

Perspectiva teórico-conceptual

La presente investigación se enmarca en una perspectiva sociocultural que busca la exploración y la construcción de conocimiento sobre la intimidad en parejas heterosexuales de áreas urbanas, cuya cotidianidad se ha visto trastocada por los efectos de la pandemia de covid-19. Partimos de entender la intimidad como “un terreno de reflexión, de negociación y de conflicto” subjetivo e interpersonal (Rodríguez et al., 2019: 41), que se compone y comprende desde su multidimensionalidad, diversidad y dinamismo. La intimidad surgió a partir de la modernidad tardía (Giddens, 1993, 2000; Guevara, 2005; Núñez y Zazueta, 2012) y ésta generó transformaciones profundas en la individualización y la autodeterminación personal, así como en la separación de las esferas pública y privada en la vida social, cultural, económica y política.

Desde esta perspectiva, se entiende la conyugalidad como los arreglos formales e informales que las parejas establecen para vivir juntas, ya sea bajo el mismo techo o separadas, con el propósito de mantener una relación temporal o permanente. Estos arreglos involucran aspectos morales, organizativos y residenciales explícitos o implícitos que son transversales al estado civil de ambos miembros de la pareja. Esta conceptualización está fincada en tres elementos: la voluntad de formar una pareja o iniciar una relación, la convivencia como pareja con o sin techo común y el tipo de vínculo por medio del cual se establece una relación. El concepto es lo suficientemente amplio y flexible como para abarcar la formación de parejas indistintamente del motivo por el que se unieron, de su duración, de si tienen o no un techo en común y del tipo de vínculo que las une. Esto no implica que la distinción y el análisis de dichos elementos sean irrelevantes; todo lo contrario, el argumento pretende mostrar que la conyugalidad, al igual que la intimidad, es inherente a la vida en pareja indistintamente de la formalidad y duración del vínculo, ya que en ella están presentes la negociación, la comunicación, la confianza, el intercambio de cuidados y la atención de distintos tipos de necesidades, todos ellos elementos centrales de la intimidad (Giddens, 1998, 2000; Guevara, 2005 y Zelizer, 2009). De acuerdo con esta lógica, sobre todo desde la psicología (Mosmann y Wagner, 2008, y Oltramari, 2009), las parejas cuya relación tiene buenas prácticas de comunicación y está basada en la confianza y el cuidado y atención mutuos, tendrían una base más sólida y duradera. Como veremos a continuación, los encuestados durante los primeros meses del confinamiento experimentaron conflictos y tensiones que reflejan la importancia de estos elementos en su dinámica conyugal y dejaron al descubierto sus debilidades y fortalezas como pareja.

Además de la conyugalidad, en la intimidad la dimensión de los papeles de género se evidencia de manera profusa, ya que tras la distinción de lo público y lo privado –venida con la modernidad– surgió un nuevo orden social, cuya “división sexual del trabajo no sólo representó la especialización de las mujeres en las tareas domésticas y de los hombres en las actividades productivas, sino una recomposición de los espacios, recursos y formas de ejercicio del poder en toda la vida social” (Guevara, 2005: 870). En este sentido, es en la esfera íntima donde se experimentan con mayor intensidad los efectos del orden social, la detención asimétrica del poder, los conflictos, los afectos, las emociones, los acuerdos y las negociaciones cotidianas que permiten el funcionamiento de las parejas, las familias y las sociedades, cuyos matices redundan en diferencias y desigualdades para mujeres y hombres que, de acuerdo con Tenorio (2010) y Rojas (2016), son consideradas cada vez más por las personas para evaluar su satisfacción con la relación de pareja.

Las distinciones y las desigualdades dictadas por los papeles de género entre mujeres y hombres se han intensificado en el marco de la pandemia y han generado un aumento del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado para las mujeres y las niñas en México y en la región latinoamericana –además de considerar que este trabajo de manera remunerada también es realizado mayormente por las mujeres–, tal como han constatado instituciones nacionales (Instituto Nacional de las Mujeres, inmujeres, 2020) y organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal, 2020a; 2020b; 2020c) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (unfpa, 2020).

Con respecto al eje del cuidado, se considera que las acciones en este sentido están relacionadas con la producción de bienes y servicios centrales para la resolución de la vida cotidiana, que implican el apoyo instrumental, emocional, cognitivo, entre otros. El enmarque del cuidado desde los derechos humanos es también un asunto central (cepal, 2020b). Entre las actividades de cuidado que desempeñan principalmente las mujeres, destaca el que prodigan a sus parejas y a sus hijos (Lewis, 1992). Franco (2015) señala tres perspectivas analíticas sobre la definición de cuidado: en clave de trabajo, de las emociones y de las políticas sociales.

El cuidado es una responsabilidad social que implica a las familias, a las empresas, a las comunidades, a las organizaciones de la sociedad civil y a las instituciones del Estado para la generación de políticas públicas que busquen responder a las necesidades de atención de las personas ante distintos niveles de dependencia (Franco, 2015). Para Zelizer (2009: 186), las relaciones de cuidado tienen que ver con apoyos personales que pueden ser brindados de manera intensiva y que buscan favorecer el bienestar del otro. Sin embargo, es importante considerar que “la mezcla de relaciones de cuidado y de actividades económicas en el hogar tiene lugar en un contexto de permanentes negociaciones, a veces en un clima de cooperación, a veces en medio de estallidos de conflicto”. Esta situación puede ser especialmente difícil cuando se viven momentos de tensión y posibles crisis en el interior de los hogares, como puede ocurrir actualmente ante la pandemia de covid-19.

Fraga (2018) propone la lógica de escalas para conocer si la satisfacción de las necesidades de cuidado está relacionada con una perspectiva acotada o ampliada del cuidado y que pueden estar presentes los cuidados directos, indirectos y el trabajo de gestión mental, este último relacionado con elementos de carácter afectivo y simbólico. Para Zelizer (2009) las formas de cuidado presentan variaciones de acuerdo con el grado de intimidad, ya que pueden darse en una gama que va de vínculos impersonales a estrechos.

Sobre el enmarque ético del cuidado, Tronto (1987: 17) advierte que el ser humano necesita experimentar el ser cuidado por otros y cuidar a otros, para desarrollar un sentido moral del cuidado. “Se podría afirmar que una ética del cuidado es nada más que un conjunto de sensibilidades que todas las personas morales maduras deberían desarrollar, junto a la sensibilidad ligada a la justicia”. El sentido moral del cuidado está íntimamente relacionado con la experiencia del cuidado recíproco.

La encuesta virtual: cuestionario, muestra y análisis

La encuesta se aplicó de manera digital por medio de un formulario de Google, del 2 al 10 de mayo de 2020, para identificar los cambios en las relaciones de pareja durante las primeras semanas del confinamiento causado por la covid-19. Forma parte del proyecto sobre intimidad y relaciones de pareja en tres generaciones de personas adultas del amg y la zmc1 y abarca cinco ejes: trayectorias conyugales, papeles de género, cuidado mutuo, sexualidad y uso de tecnologías digitales en las parejas heterosexuales. Aquí se analizan las tendencias generales de los tres primeros en ambas zonas.

La encuesta2 no formaba parte del estudio original y se realizó al observar los cambios en la dinámica conyugal y familiar durante el confinamiento.3 El hipervínculo circuló entre colegas, redes sociales y familias del equipo de investigación, quienes a su vez lo compartieron entre sus propios contactos. Esto explica la alta escolaridad de la muestra: 44% tuvo posgrado completo o incompleto y 36% licenciatura.

Obtuvimos 1 553 cuestionarios4 y se validaron 1406 que cumplieron con los criterios de mayoría de edad, nacionalidad mexicana y tener o haber tenido pareja. De ese total se analizaron 950 (n=950), 760 correspondieron al amg y 190 a la zmc.

Ambas muestras se trataron de forma independiente para poder identificar la incidencia de las variables sociodemográficas de edad, sexo, escolaridad, número de hijos, tiempo de convivencia y ciudad de estudio en el análisis de los hallazgos. Asimismo, los criterios para establecer tendencias claras en los hallazgos fueron de ±30% entre zonas de estudio, de ±15% en el interior de ellas y de ±10% entre las propias variables. Los hallazgos se discuten y contrastan con los de otros trabajos similares y encuestas nacionales, para dar un mayor sustento a la interpretación de los datos.

Las preguntas de la encuesta fueron cerradas, de opción múltiple con la posibilidad de elegir una respuesta y de respuesta múltiple con la posibilidad de elegir tres de cinco opciones. El análisis consistió en el cruce de las variables sociodemográficas y las preguntas aplicadas, para ver si éstas eran afectadas o no por el tipo de respuestas obtenidas en la variable dos.

El análisis de los datos se integró por dos tipos de tabla de doble entrada y la interpretación de las frecuencias absolutas de las respuestas obtenidas por zona de estudio y los porcentajes relativos. Con esto se buscó conocer cuántos hombres y mujeres respondieron al cuestionario en cada zona geográfica y que las respuestas de cada zona representaran un 100%. En el eje de la conyugalidad se trabajaron la satisfacción de pareja, los cambios en la relación de pareja durante la pandemia, los conflictos conyugales al quedarse en casa, los motivos de los conflictos y los motivos de una posible ruptura. En el eje de los papeles de género se analizaron los cambios en las actividades domésticas y los cambios en cuanto a si aumentaron, permanecieron igual, disminuyeron o no aplicaron. En el eje de cuidado mutuo, se trabajaron las variables de cambios y continuidades en el cuidado mutuo material, emocional y de la salud física y espiritual. En los tres se operacionalizaron las variables señaladas y se cruzaron con el sexo, la edad, el estado civil y el tiempo de convivencia de la pareja.

El 72% de la muestra (n) estuvo conformado por mujeres5 y 57% por casadas/os, 20% por solteras/os y 16% por unidas/os. 41% de las personas en la muestra tuvo hijas/os menores de 18 años, 19% tuvo hijas/os mayores de 18 años y 39% no los tuvo. Asimismo, 24% tuvo pareja y no vivió con ella durante la pandemia y el restante 76% tuvo pareja y/o cónyuge y compartió la misma vivienda con ella. Es decir, es una muestra eminentemente femenina que pasó las primeras semanas del confinamiento con la pareja e hijas/os.

La conyugalidad en tiempos de covid-19 en el AMG y la ZMC

Los datos de la encuesta muestran que 76% (n=950) de las personas encuestadas tuvo pareja y compartió la misma vivienda al momento de responderla, 72% (n=950) la compartió desde el inicio de la pandemia y tan solo 9% (n=950) fue separada por ella. Los resultados generales por zonas de estudio, estado civil y grupo etario sugieren una leve tendencia a arreglos más tradicionales en la zmc que en la amg. En la primera, 50% de las y los solteros y 39% del grupo etario de 18 a 37 años fueron los grupos que más fueron separados por la pandemia, contra tan sólo 20% y 6% de el amg. Esto, de manera presumible, se explica por su estado civil, no vivir juntas/os y no tener o tener menos hijas/os en común. Esto sugiere que los arreglos de convivencia conyugal de las parejas jóvenes de la zmc[versalitas] fueron más tradicionales que los de la misma población del [versalitas]amg, que se puede inferir, compartieron el mismo techo desde antes de la pandemia (ver gráfica 1).

Gráfica 1. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

La pandemia modificó de forma abrupta la dinámica de las familias y las parejas, por lo que se preguntó si había mejorado, permanecido igual o empeorado la posibilidad de hacer lo que querían. Los resultados indican diferencias interesantes por grupos etarios y por estado civil. El 52% (n=950) de la muestra consideró que su satisfacción permaneció igual con 54% (n=950) de los casados que compartieron esta apreciación. En el amg los tres grupos de edad consideraron que su situación había mejorado, de lo que destaca que 33% del total correspondió al grupo de 58 años y más, mismo que consideró en tan solo 13% de los casos que su situación había empeorado. En la zmc el tiempo de convivencia con la pareja arrojó datos importantes sobre ese mismo ítem. 13% del grupo con más de 10 años de convivencia consideró que su situación había empeorado por 50% que dijo que había mejorado. Esto sugiere que, a mayor edad, mayor es la posibilidad de estar satisfecha/o con la pareja y, por ende, que su intimidad tuvo más probabilidades de fortalecerse durante las primeras semanas de la pandemia (ver gráfica 2).

Gráfica 2. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

50% de la población (n=950) encuestada se quedó en casa durante las primeras semanas de la pandemia y 50% reportó haber vivido conflictos y tensiones con su pareja o cónyuge. En el amg, 61% de las y los separados declararon no haber enfrentado conflictos, con lo que forman el grupo que menos conflictos reportó. Asimismo, la hipótesis planteada con antelación en torno a la mayor capacidad de las personas de mayor edad a tener una vida más estable se fortalece al observar que en el grupo de respondientes de más de 10 años de convivencia de la zmc 68% no enfrentó tensiones y conflictos, mientras 31% sí.

A pesar de los conflictos, 79% (n=950) de la muestra no pensó en un posible divorcio o separación, y 21% restante sí. Los hallazgos en el interior de cada zona indican que el estado civil es clave en el análisis de esta intención. En el amg 39% de las y los solteros consideraron esta posibilidad, por tan solo 14% de las y los casados, lo que muestra que vivir en pareja y tener un vínculo formal tiene efectos positivos en la estabilidad de la relación. En la zmc fueron las y los separados quienes lo pensaron y al igual que en el amg, las y los casados fueron quienes menos sopesaron esta posibilidad (50% vs 7%). Esto sugiere, contrario a lo que dicta el imaginario social sobre la soltería, en particular la masculina, que el matrimonio ofrece resguardo, cuidados y atenciones tanto en la vida cotidiana como en momentos de crisis a ambos miembros de la pareja. Este hallazgo sobre la mayor sensación de bienestar entre las y los casados ha sido encontrado tanto en México como en otros países (inegi, 2014, 2015, 2016 y 2017 y Bericat, 2018).

El 50% de las y los solteros de la zmc vivió separado desde el inicio de la pandemia, por 21% de la amg, y 17% de las y los solteros del amg fueron separados por ella, contra 59% de la zmc. Asimismo, 83% de las parejas con más de diez años de convivencia del amg y 91% de la zmc no consideraron la separación, a pesar de los conflictos enfrentados. Esto sugiere, como se postuló antes, que la formalidad y la duración del vínculo tuvieron un papel importante en la valoración de una posible ruptura con la pareja durante el confinamiento. De igual manera, la población soltera y más joven de la zmc enfrentó mayores presiones que la del amg, al vivir en una menor proporción con su pareja.

En cuanto a las causas del posible divorcio o separación durante la pandemia, encontramos diferencias entre el mismo sexo y por sexo en ambas zonas. En la zmc, 57% de las mujeres dijeron que el desamor sería una posible causa de divorcio, por 42% de los hombres; mientras que en el amg los porcentajes fueron 73% y 26%, respectivamente. Es decir, la población de ambas zonas considera que estos elementos fueron claves en la intimidad de pareja.

Otros resultados en esta misma dirección muestran que 100% de las mujeres de la zmc nombraron las diferencias de intereses y objetivos, el comportamiento violento de su pareja y la falta de comunicación como las otras causas de una posible ruptura. En el amg se encontró que los valores y anhelos de una mayor democracia en la vida conyugal, en el sentido expuesto por Giddens (1993, 1998), alentaron la idea de una posible ruptura. Esto nos habla de la centralidad de esos elementos en la intimidad conyugal contemporánea.

Por tiempo de convivencia, se encontró que la duración del vínculo fue clave en la valoración más positiva de la estabilidad conyugal. En la zmc los conflictos tuvieron su origen en la violencia de la pareja (100% vs 60% del amg) y por asuntos de trabajo (100% vs 66%) entre las parejas con menos de diez años de convivencia. En el grupo con más de diez años de convivencia, los principales conflictos fueron por el tiempo que pasó la pareja en internet (62% del amg vs 0% de la zmc), lo que desagregado por sexo representó un conflicto para el total de las mujeres del amg y de los hombres de la zmc. Esto sugiere que los tiempos que mujeres y hombres pasaron en actividades digitales, ya fuera por ocio, recreación o motivos laborales, afectaron la comunicación y el tiempo que las parejas pasaron juntas al momento de levantar la encuesta.

Papeles de género en tiempos de covid-19 en el AMG y la ZMC

La vivencia de la pandemia de covid-19 ha generado nuevos escenarios de convivencia y actividades para las parejas, que, si bien antes venían enfrentando o realizando en muchos casos algunos de éstas, han experimentado cambios y replanteamientos, sobre todo en lo relacionado con las actividades domésticas efectuadas en el interior de los hogares. En este sentido, los datos generales muestran que las personas encuestadas expresaron que las actividades domésticas aumentaron en 68%, y esto fue similar en los tres grupos de edad, aunque al hacer comparaciones entre las dos ciudades se observan diferencias en los porcentajes de las tres generaciones. En el caso del amg éste es similar en los tres grupos de edad, con porcentajes que rondan el 70% y un poco más; mientras que en la zmc el aumento fue mayor en el grupo de las y los adultos medios en 60%, y fue menor para las y los adultos mayores en 23%. Por lo cual, en el amg, los datos muestran mayor homogeneidad entre los tres grupos de edad, mientras que en la zmc ocurre lo contrario. De manera que, en la zmc, el aumento de las actividades domésticas pareciera responder al ciclo vital, por lo que el incremento es del doble para el grupo de adultas/os medios y es menor en los grupos de personas más jóvenes y mayores. No obstante, en general, el aumento en los tres grupos etarios es bastante alto, lo que deja en evidencia la importancia que el trabajo doméstico no remunerado tiene para la población encuestada y cómo es que éste no puede eludirse sin importar la edad que se tenga.

Ahora bien, al considerar la variable de sexo (ver gráfica 3), los datos muestran que en ambas ciudades el aumento de estas actividades ha sido mayor para las mujeres en 70%; sin embargo, resalta un importante número de varones que señalan realizarlas también en 63%, lo que se entiende al considerar que gran parte de las personas respondientes de nuestra encuesta declararon estar o haber estado en una relación en la que los ingresos se compartían de manera equitativa con sus parejas (37%); ello podría derivar, aunque no totalmente, en relaciones de pareja cada vez más equitativas en otros ámbitos –como en el reparto del trabajo doméstico–, tal como señalan algunos autores (Aldana-Castro, Burgos-Dávila y Rocha Sánchez, 2018; Esquila et al., 2015; Rojas, 2010). Asimismo, este porcentaje en los varones podría señalar un aumento de la corresponsabilidad masculina en el trabajo doméstico, que ha sido tan necesaria y cada vez más evidente en el marco del confinamiento por la pandemia. Al respecto, Córdoba e Ibarra (2020) señalan que algunos varones han comenzado a involucrarse en el trabajo doméstico y de cuidado de sus hijas/os a partir del confinamiento, y esto ha continuado para algunos que ya lo hacían desde antes. No obstante, la respuesta permaneció igual es mayor en los varones (33%) que en las mujeres (25%); esto permite evidenciar que en algunos casos la realización de las actividades domésticas de acuerdo con la división sexual no ha cambiado, y éstas las continúan haciendo mayormente las mujeres, como bien ha señalado ya la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo6 (inegi, 2019).

Gráfica 3. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

No obstante, al observar por ciudad, se encuentra que las mujeres del amg reportaron un porcentaje mayor en el aumento de estas actividades en 75% en comparación con las mujeres de la zmc, quienes tuvieron 50%. Si bien esto podría indicar que las mujeres de la zmc tienen condiciones de mayor igualdad en la realización de las actividades domésticas con respecto a sus parejas varones, esto no es así, ya que las mujeres de esta zona obtuvieron porcentajes mayores en las opciones permaneció igual (34% vs 23% de las mujeres del amg) y no aplica (14% vs 0% de las mujeres del amg), lo que podría indicar que algunas mujeres encuestadas de la zmc ya venían realizando en mayor medida las actividades domésticas y por ello no identificaron un cambio significativo en su aumento, o bien que algunas de ellas realizan en menor medida de manera directa estas actividades y que éstas muy probablemente son delegadas a otras mujeres de la familia o a alguna trabajadora doméstica. Sin embargo, cualquiera que sea el escenario, estas situaciones no las liberan de tener que monitorear que tales actividades se realicen.

Lo anterior se comprende aún mejor al contemplar las diferencias en los porcentajes de las actividades domésticas de acuerdo con el estado civil, que de manera global muestran que éstas aumentaron para todas las personas, independientemente de su estatus conyugal. Sin embargo, este aumento es aún mayor para las y los casados (72%) y es menor para las y los separados (45%), lo que muestra arreglos más tradicionales entre las personas que tienen pareja por vía legal y una disminución de esta situación en las personas que han tenido una ruptura de pareja de un vínculo no legal o aún no divorciadas.

En las ciudades, por su parte, resalta que en el amg fueron las/los divorciadas, con 82%, quienes obtuvieron el mayor porcentaje de aumento en las actividades domésticas y, en contraste, un menor aumento se presentó en las/los separadas (44%). Y en la zmc, las y los casados (55%) fueron quienes reportaron mayor aumento, mientras que las y los solteros, el menor (20%). Por lo que la variable del estado civil (ver gráfica 4), aun con sus diferencias entre las dos ciudades, reportó mayor aumento en las personas que tienen pareja y aquellas con disolución de vínculo de la relación vía legal/religiosa o por defunción, en contraparte con las y los separados y solteros, lo que podría sugerir que en las personas unidas o que estuvieron unidas sin vínculos legales o religiosos existe un reparto más igualitario de las actividades domésticas, como también refieren algunos autores (Rodríguez, 2008; González y Jurado-Guerrero, 2009; Ajenjo y García, 2014) y como se ha mencionado líneas arriba.

Gráfica 4. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

Referente a la variable del tiempo de relación (ver gráfica 5), los datos en el amg muestran una tendencia similar en el aumento de las actividades domésticas tanto para quienes están en relaciones de más de 10 años (76%) como para las parejas de menos de 10 años de relación (69%). Sin embargo, esta tendencia no es igual en la zmc, ya que en ésta hay una diferencia mayor entre los porcentajes de ambos grupos; así, para quienes están en una relación de menos de 10 años, el porcentaje de aumento de las actividades domésticas fue de 50% (vs 36% para las personas que están en pareja desde hace más de 10 años). Estas diferencias en los porcentajes en cada ciudad apuntan a que en el amg existen condiciones más equitativas en la realización de las actividades domésticas en ambos tipos de pareja, independientemente del tiempo de relación que tengan, a diferencia de la zmc en la que, de acuerdo con los datos, las parejas que tienen menos años de conformación muestran que al principio de la relación se han guiado por una distribución de las actividades domésticas acorde con los papeles de género tradicionales, situación que cambia a medida que aumentan los años de la relación, lo que podría hablar también de un posicionamiento que tiende a un reparto más equitativo de estas actividades a medida que las parejas se estabilizan en el tiempo y van haciendo frente a las necesidades cotidianas que les impulsan a realizar ajustes en este ámbito.

Gráfica 5. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

Cuidado mutuo en tiempos de covid-19 en el AMG y la ZMC

El eje de cuidado mutuo en las relaciones de pareja en tiempos de pandemia se abordó en sus distintas dimensiones: material (recursos económicos), emocional, de la salud y espiritual. Sobre los cuidados relacionados con los recursos económicos y materiales que se otorgan a la pareja, tomando en cuenta el sexo de los respondientes, los resultados muestran que existe una clara diferencia en las opiniones. Para las mujeres, tanto en el amg como en la zmc, hay porcentajes elevados sobre no ser proveedoras de sus parejas y de haber permanecido igual, sin importar la ocupación. Mientras que, para los hombres, las opiniones se concentran en la opción de permanecer iguales, siendo ellos los principales proveedores. Esta segunda tendencia la comparten las personas casadas, tanto hombres como mujeres, sin importar el lugar de residencia, ya que la respuesta más común es que se mantiene igual la situación de proveer recursos a su pareja (ver gráfica 6). Los datos muestran un estilo de proveeduría económica tradicional atribuido principalmente al varón; según Tronto (1993), esto sostiene una “irresponsabilidad privilegiada” por parte de los hombres, que se centra en el cuidado (económico) y no en lo que Fraga (2018) denomina cuidados directos.

Gráfica 6. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

Sobre el cuidado referido al acompañamiento emocional dado a la pareja, los hallazgos muestran, al cruzar por grupos de edad, que este tipo de cuidado aumentó en el total de los grupos y por arriba del 45% para el amg. En el caso de la zmc adquiere notoriedad el grupo de 18 a 37 años, que reporta que este tipo de cuidado aumentó en 56%. Estos hallazgos señalan las formas en que el confinamiento ha cimbrado el mundo íntimo, relacional y de los afectos en las parejas. Las parejas jóvenes son especialmente sensibles a estas formas de solidaridad que rebasan el ámbito de las reciprocidades materiales, instrumentales y económicas. Sin embargo, otorgar este tipo de soporte está asentado en el ámbito de las relaciones familiares y puede conducirlas a la extenuación, como varias publicaciones advierten al abordar las formas de organización social del cuidado en la región latinoamericana (cepal, 2020a; 2020c; Batthyány, 2020).

El acompañamiento emocional por parte de las mujeres a sus parejas en el amg mantiene proporciones cercanas de quienes consideran que hubo un aumento relacionado con este cuidado; sin importar su estado civil, este incremento es considerable: parte de 43% en las personas casadas y divorciadas y asciende a 52% en solteras. Por otro lado, se presenta una variación cuando expresan que las circunstancias permanecieron igual, disminuyeron o no realizaban este cuidado. Por su parte, las mujeres de la zmc muestran mayor proporción de aumento de cuidado entre quienes están divorciadas y solteras, 65% y 50% respectivamente.

En el caso de los hombres, tanto en el amg como en la zmc hay mayor diversidad de proporciones sobre quienes expresan que hubo un aumento en el acompañamiento emocional a su pareja. En general, las respuestas más constantes son el aumento y la permanencia de las circunstancias de acompañamiento emocional a la pareja. Destacan para el amg las y los divorciados (71%) y las y los unidos (60%). En el caso de la zmc, el porcentaje más elevado lo tienen las personas solteras con 67%. Los datos muestran la relevancia de indagar sobre el cuidado afectivo (Fraga, 2018; Zelizer, 2009) que en los estudios no ha sido suficientemente trabajado, y que ante una contingencia como la que la sociedad entera enfrenta, adquiere especial relevancia. Tanto las mujeres como los hombres han fortalecido su acompañamiento emocional a sus parejas, y ello puede estar íntimamente ligado con la dimensión moral del cuidado (Tronto, 1993).

Al indagar sobre los cuidados emocionales recibidos por parte de la pareja y tomando en cuenta sexo, estado civil y zona geográfica, nuevamente se observa un incremento en general en ambas zonas. Aunque los porcentajes son cercanos, se puede advertir la presencia de apoyo emocional desde la apreciación de las mujeres, no solamente entre las casadas, sino también entre las divorciadas y solteras (para el caso del amg) y las que son divorciadas y separadas (para la zmc). Un comportamiento similar en los datos puede observarse desde la percepción de los hombres. Los hallazgos señalan la relevancia del cuidado en clave de emociones (Franco, 2015) y su presencia en incremento en tiempos de confinamiento en los distintos tipos de arreglo de pareja. La información nos lleva a sugerir que los vínculos son sensibles/empáticos, en términos de apreciación subjetiva, a las llamadas de apoyo y recepción emocional ante tiempos inéditos como los vividos en la pandemia de covid-19 (ver gráfica 7).

Gráfica 7. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

Sobre los cuidados en salud otorgados a la pareja, hubo un aumento de alrededor de 20% tanto por parte de las mujeres como de los hombres casados hacia sus parejas. Y son las y los solteros quienes reportan en mayor porcentaje no realizar este tipo de cuidados (ver gráfica 6). Los hallazgos están relacionados con la corresidencia para esta forma de intercambios de cuidado en materia de salud. Este hallazgo confirma lo señalado respecto de una posible mayor estabilidad de las/os casadas/os que vivieron el confinamiento bajo el mismo techo. Es interesante también confrontar estos datos con los antes mencionados sobre cuidados en proveeduría de recursos materiales/económicos. Como advierte Zelizer (2009), las relaciones de cuidado de la salud están ligadas con las relaciones económicas en el ámbito de las familias, y aunque el proveer recursos económicos se mantuvo igual con predominio masculino en tanto emisor, el otorgar apoyo en salud muestra un aumento leve para ambos sexos. Los resultados son similares en el caso de los cuidados recibidos en materia de salud.

Sobre el cuidado espiritual otorgado a la pareja, el aumento mayor se observó en las mujeres separadas (50%) de la zmc, y en el caso de los hombres, en los divorciados (57%) y unidos (49%) del amg y solteros (44%) de la zmc. Los porcentajes ligeramente más altos están presentes en arreglos de pareja alternativos al matrimonio. Los hallazgos señalan la relevancia del estudio de las relaciones de pareja más allá de los vínculos formalizados y presta también atención a las formas en que se ofrece este tipo de intercambio ante contextos inéditos de existencia, por la situación de contingencia por covid-19.

Al tomar en cuenta grupos de edad, destaca la zmc, donde el apoyo espiritual otorgado en el grupo de 58 años o más tiene un porcentaje de casi 30 puntos de diferencia en relación con el mismo grupo en el amg (46% y 17% respectivamente; ver gráfica 8). Estos hallazgos están relacionados con una práctica espiritual con mayor presencia en la zmc que se caracteriza por una cultura más conservadora con respecto al amg.

Gráfica 8. Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la investigación.

En relación con la reciprocidad en el cuidado entre los miembros de la pareja, con una escala del 1 al 10 y tomando en cuenta el total de las variables: sexo, estado civil, grupos de edad, tiempo de la relación, ocupación, ingresos, escolaridad, tener hijos o no, el promedio tiende al 7.5, lo que lleva a considerar que hay una apreciación suficientemente buena en este punto. También, advierte sobre la necesidad de abordar la equidad en los cuidados desde aproximaciones cualitativas que nos acerquen a las narrativas múltiples que mujeres y hombres elaboran y desde ellas profundizar analíticamente de acuerdo con cada uno de los tipos de cuidado.

La equidad en los cuidados en el ámbito de la pareja no puede ser abordada sin tener presente la sobrecarga de cuidados que las mujeres han tenido en sus hogares y que diversas fuentes señalan como una constante ante el contexto de la pandemia en la región latinoamericana y como ya se discutió en este mismo texto en las secciones anteriores. La corresponsabilidad en los cuidados tanto en el espacio micro de las relaciones de pareja y familiares como en el espacio macro que involucra al Estado, el mercado, las familias y las comunidades, es un aspecto central para la configuración de un nuevo pacto social y el respeto a los derechos relacionados con el cuidado (cepal, 2020a; 2020c).

Conclusiones

La pandemia impuso en la muestra encuestada una fuerte presión que transformó de manera abrupta e intensa diversos aspectos de su intimidad. No sólo modificó sus rutinas individuales sino también las familiares y las sociales. En medio de todo esto destacan tres hallazgos en la conyugalidad: la mayor estabilidad y sensación de bienestar de las y los casados, el mayor impacto de la pandemia entre la población soltera y más joven, particularmente de la zmc –como también encontraron Rodríguez y Rodríguez (2020) –, y que la falta de comunicación, el desamor, la falta de intereses y objetivos comunes fueron los posibles motivos del divorcio o ruptura con la pareja. En torno al primero, las y los casados de ambas zonas de estudio fueron el grupo que mayor estabilidad e intención de permanecer unidos mostró, sin importar la fuente del conflicto. Este hallazgo coincide con lo encontrado por el inegi (2014, 2015, 2016 y 2017) en México y por Bericát (2018) en España sobre la mayor sensación de bienestar de las personas casadas. En torno al segundo, los datos mostraron que la población soltera y más joven de la zmc tejió relaciones de pareja más convencionales que las del amg, visibles en el impacto que tuvo la pandemia en aspectos centrales de su intimidad como el poder convivir o no bajo el mismo techo, lo que por ende facilitó o no la expresión de otros tipos de intimidad. En torno al tercero, fue muy interesante encontrar que, a pesar de las diferencias en los porcentajes que hombres y mujeres dieron a los motivos del posible divorcio o separación, la comunicación con la pareja, el compartir intereses y objetivos y el realizar actividades juntos ocuparon un lugar clave en sus valoraciones de los conflictos que vivieron durante el confinamiento. Es decir, la pandemia los enfrentó a hábitos y prácticas individuales que chocaron con las necesidades de tiempo y atención de la pareja.

Por su parte, los papeles de género muestran procesos de ajuste en ambas zonas metropolitanas; por un lado, hay una distribución del trabajo doméstico en el hogar entre mujeres y hombres que intenta ser cada vez más equitativa y, por otro lado, se ha reforzado a partir de las necesidades emergentes e ineludibles originadas por la propia pandemia, y con ello se ha generado una sobrecarga significativa de las actividades domésticas y de cuidado para las mujeres. Estos ajustes se viven en un contexto que provoca incertidumbres y demandas cotidianas de actividades y comportamientos inéditos, y en el caso de las personas que tienen hijos, la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidado se combina, en muchas ocasiones, con el trabajo a distancia, así como con el apoyo y el monitoreo de la educación desde casa para los niños pequeños. Así, estos procesos de ajuste son enfrentados en ambas ciudades, aunque resalta que la distribución de las actividades domésticas es mayormente permeada por los papeles de género tradicionales en la zmc que en el amg, lo que muestra también diferencias en los atisbos de cambio en la reflexión y vivencia que hombres y mujeres tienen sobre la igualdad en la relación de pareja en estas áreas metropolitanas.

Asimismo, el cuidado mutuo en las relaciones de pareja en tiempos de confinamiento ha sido poco estudiado y requiere especial atención. Los estudios sobre el cuidado advierten sobre los procesos de feminización y precarización de éste y profundizan en el cuidado a los hijos, a las personas que presentan algún tipo de discapacidad y a las personas mayores. Sin embargo, el cuidado otorgado y recibido entre los miembros de la pareja, así como la equidad en las cargas no se conocen con suficiente profundidad y menos aún ante el contexto actual de pandemia. El cuidado en pareja en la dimensión de proveer o recibir recursos materiales y económicos marca la reproducción de papeles de género tradicionales, en los que los hombres son los principales proveedores económicos, y cuando se abordan los cuidados directos, relacionados con el acompañamiento emocional, de salud y espiritual, hay un desdibujamiento de los roles de género tradicionales y se observa una participación de ambos, con predominio femenino, en los cuidados otorgados y recibidos.

La pandemia de covid-19 pone de manifiesto la exacerbación de las tareas de cuidado en el seno de las familias, especialmente para las mujeres, incluyendo el cuidado de sus parejas, así como la impostergable necesidad de avanzar hacia una corresponsabilidad en los cuidados tanto en los niveles familiares y de pareja (micro) como en las relaciones en equidad entre el Estado, el mercado, las familias, las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades. Esta pandemia requiere ser vista y analizada como una profunda llamada de atención a las sociedades contemporáneas, especialmente la mexicana y en el ámbito urbano, sobre las posibilidades reales y las circunstancias no negociables de una familización de los cuidados que requiere transitar hacia su colectivización.

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Rocío Enríquez Rosas es doctora en Ciencias Sociales por el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social, ciesas-Occidente. Profesora e investigadora del Departamento de Estudios Socioculturales del iteso, Guadalajara. Investigadora nacional nivel ii.

Ana Josefina Cuevas Hernández es doctora en Sociología por la Universidad de Essex. Profesora e investigadora de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima. Investigadora nacional nivel i.

Ana Gabriel Castillo Sánchez es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima. Integrante de Cognos+ Centro Multidisciplinario de Investigación y Evaluación de Políticas Públicas A. C. Candidata a investigadora nacional.

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