“La quiero mucho”. La relación sentimental con la ropa en el caso de la moda thrift

Recepción: 10 de marzo de 2020

Aceptación: 1 de junio de 2020

Resumen

En este artículo nos interesamos en los significados y valores otorgados a la ropa por parte de mujeres que gustan de una tendencia a la cual llamamos thrift. Para captar tales significados y valoraciones, presentamos explicaciones, narraciones e imágenes, a partir de un trabajo exploratorio realizado con revendedoras y consumidoras de ropa thrift en Monterrey. Con el apoyo de imágenes y narraciones, analizamos la interacción y los vínculos emotivos que las revendedoras y consumidoras tienen con la ropa. Explicamos la relación íntima con las prendas, y la expresión verbal y visual de ese vínculo, como parte de los esfuerzos que la colectividad thrift hace para conseguir autenticidad en el marco de la creación y consumo de ropa.

Palabras claves: , , , ,

the intimate relation with garments. the case of thrift fashion

This article explores the meanings and values given to clothing by women who enjoy a trend we call thrift. In order to capture such meanings and appraisals, we present explanations, narrations and images from exploratory work carried out with thrift clothing retailers and buyers in Monterrey. With the support of images and narrations, we analyze the interaction and the emotional links that retailers and buyers have with clothing. We explain the intimate relation with the garments and the verbal and visual expression of such links, as part of the effort that the thrift community makes to obtain authenticity in the framework of the creation and consumption of clothing.

Keywords: thrift fashion, vintage, creation of style, authenticity, prosumer.


Introducción

En este artículo partimos del supuesto de que las personas suelen otorgar significados y valores a determinados tipos de objetos, y que aquéllos se expresan tanto en lo que la gente dice sobre los objetos como en la interacción que tiene con ellos. A partir de esta premisa sostenemos que, al capturar la imagen de un objeto o la narración sobre él, nos acercamos a su valoración en cuanto que acto personal, de tal manera que el objeto descrito y presentado es el resultado de aquella adjudicación de valor y de significación. Al mismo tiempo, entendemos que los valores y significados otorgados a los objetos son un constructo social, de tal manera que la valía y el significado de los objetos no son una cuestión social meramente individual (Miller, 1987). Al respecto, con Parsons, aceptamos que los valores otorgados a las posesiones son altamente personalizados e idiosincráticos (2005: 189), pero la creación y el mantenimiento de tales valores es un proceso netamente social que tiene que ver, en el caso de las mercancías, con muy diversos aspectos, desde las relaciones e historias personales hasta las industrias de la publicidad, pasando por las pertenencias identitarias.

En este artículo nos interesamos en el valor personalizado e idiosincrático otorgado a las prendas de vestir por parte de revendedoras y consumidoras de ropa en el marco de una tendencia o moda, difundida mayoritariamente entre mujeres jóvenes,1 que consiste en combinar cierto tipo de ropa nueva y ropa usada (en el caso de ésta es frecuente el tipo vintage), así como accesorios (pines, stickers, broches, mascadas, bolsas) y calzado. Nos referimos a la moda thrift. A través de este caso destacaremos el proceso de creación de estilo derivado de la relación personalizada de las usuarias con sus prendas. Sostenemos que quienes comparten el estilo thrift, sea para comercializar o para vestir, mantienen una relación personalizada con muchas de las prendas, otorgándoles significados y valores que son expresados tanto en palabras como en la interacción y el trato que se les da.

El artículo no pretende ser una aportación teórica al campo de estudio de la cultura material; no obstante, consideramos que, sobre todo por la información empírica y el caso peculiar que representa la moda thrift, este trabajo es una aportación al acotado campo de la investigación en México sobre el consumo y la confección de ropa y la moda.

La organización del artículo es como sigue. Primero damos una breve explicación sobre lo que para nosotros es la moda thrift, constituida principalmente por una tendencia que combina ropa nueva con usada, colores llamativos con otros opacos, telas brillosas con oscuras, accesorios diversos. Al definir esta tendencia, la ubicamos como parte de otras de tipo tribal y destacamos su carácter prosumer, es decir, su relevancia a la modificación de los objetos que se intercambian entre los miembros de la colectividad. La segunda sección sirve como marco conceptual. Ahí vertimos ideas que nos ayudan a comprender la relación de las personas con las prendas de vestir, relación que se manifiesta a través de rituales de posesión y el otorgamiento a las prendas de valores y actitudes, como si se tratase de entes vivos. Finalmente, en la tercera sección presentamos los testimonios y narraciones de revendedoras y consumidoras de ropa thrift, quienes expresaron las valoraciones que hacen de ciertas prendas. También presentamos algunas imágenes que muestran el tratamiento que las informantes dan a la ropa, siempre en el sentido de rituales de posesión; y el resultado de los estilos y outfits que ellas mismas crean y que son la expresión concreta del aprecio que tienen por las prendas y el uso que hacen de ellas. De manera más específica, esa tercera sección está organizada en torno al tratamiento que se da a la ropa como si ésta fuera un ente vivo, a los rituales de posesión, y al sentido de “tesoro” que adquieren ciertas prendas.

Thrift

Thrift es el nombre que de manera inductiva hemos otorgado a la moda, tendencia e identidad compartida entre nuestras informantes. Ésta se basa en el uso de cierto tipo de ropa y accesorios que ellas mismas comercian, diseñan, consumen y usan. El término proviene de las reuniones, en forma de mercado, que eventualmente organizan quienes se identifican con esta moda.2

En términos de organización social, la moda thrift se ordena en torno a un sistema de compra y venta de ropa y accesorios, muchos de los cuales son usados. Quienes venden son en realidad revendedoras y diseñadoras (o creadoras) de ropa, calzado y accesorios (principalmente pines, stickers, bisutería y anteojos). En cuanto revendedoras, su labor consiste en buscar artículos como zapatos, bisutería, accesorios y ropa usada en tianguis o almacenes mayoristas, o recurriendo al clóset personal de algún individuo (frecuentemente el de un miembro de la familia). Los hallazgos se combinan con otras prendas nuevas, las cuales pueden provenir de almacenes comerciales o son conseguidas con distribuidores nacionales o internacionales vía compras por internet. En todos los casos, las prendas que se buscan corresponden con el estilo propio de cada creadora o revendedora, pero en general obedecen a la tendencia thrift: colores llamativos o contrastantes, telas brillosas y opacas, ropa holgada y unigénero, fuerte presencia de estilos vintage. En el proceso, muchas revendedoras crean un bazar o marca que las identifica ante las consumidoras, y cada semana ofrecen, a través de redes sociales, las nuevas prendas que han encontrado y los outfits que han creado.

Además de vender vía redes sociales, algunas creadoras logran establecerse en locales comerciales a los cuales se les otorga el nombre genéri-
co de bazar, aunque de hecho las consumidoras suelen referirse a la página de internet de una marca también como bazar. Debido principalmente a la venta por internet, fotografiar las prendas y los outfits es una herramienta fundamental para mostrar el estilo de cada marca y procurar las ventas, de tal manera que, tal y como sucede en la industria de la moda (Entwistle, 2002: 6), fotógrafos y modelos forman parte también de la colectividad identificada con la tendencia thrift.

Por su parte, las consumidoras también son buscadoras, pues dedican mucho tiempo a localizar en redes sociales las prendas y los conjuntos. En realidad, tanto revendedoras como consumidoras son parte de la comunidad o moda thrift. Ambas reivindican el valor de la autenticidad, se identifican con una manera de vestir, se relacionan con las prendas y accesorios de manera personalizada, elaboran argumentos contrapuestos o complementarios con la fast fashion,3 y en un claro entrecruzamiento con otras tendencias también mayoritariamente juveniles como la hipster, reivindican el consumo de productos elaborados localmente.4 De hecho, en la mayoría de los casos las revendedoras se iniciaron como meras consumidoras. Además, revendedoras y consumidoras se conocen y mantienen relaciones de amistad.

Es en el marco de lo recién explicado que la tendencia thrift puede ser entendida como una colectividad y una identidad más bien de tipo tribal que se concreta en ciertos deseos, preferencias e innovaciones que suelen objetivarse en el intercambio y uso de determinados artículos.5

Ese estilo de vida, y los intercambios materiales que supone, suceden en lugares, acontecimientos o interacciones cuya significancia no estriba en el valor de las cosas que intercambian los “jugadores”, sino en el intercambio de los valores del juego (Cova et al, 2007: 8). En el caso de la identidad thrift, estos lugares son los bazares de venta de ropa. Éstos pueden encontrarse virtualmente en redes sociales como Facebook o Instagram, o en locales comerciales mayoritariamente concentrados en un sector céntrico de la ciudad.6 Estos lugares, al igual que los mercados thrift, organizados varias veces al año, funcionan para la venta y como espacios de reunión (virtual o real) que recrean al grupo (Canniford, 2011). En el bazar, consumidoras y revendedoras conversan sobre la “historia” de una prenda, el gusto que tienen por un determinado vestido, o intercambian opiniones y con ello coparticipan en la creación de combinaciones, estilos y outfits. En general, la interacción entre comerciantes y consumidoras se asemeja mucho a la lógica de la “plataforma”7 (Canniford, 2011: 66), es decir, un funcionamiento en red donde consumidores y productores aportan diferentes recursos de venta y de consumo, y que luego son reunidos tanto en Facebook, como en una calle, una playa, un estacionamiento, un parque o el patio de una casa.8 Tomando en cuenta todo lo anterior, se puede entender a la tendencia thrift como una identidad y colectividad de tipo tribal en la modalidad de prosumer (Ritzer y Jurgenson, 2010), es decir, la de consumidores que producen contenidos de forma colaborativa y luego los venden como mercancías o servicios.

Esta “producción” que a su vez afecta al consumo, representa la autenticidad a la cual se apela en la tendencia thrift. En ella, al igual que en otras tendencias con las cuales en algún grado se entrecruza o confunde (como la hipster), el consumo importa mucho, pero más importa cómo se consume y cómo se produce aquello que se consume (Michael, 2015). Y es que en este tipo de tendencias (tribales, prosumer), la autenticidad se refiere a la sinceridad, la veracidad, la originalidad, y a la idea de sentirse y ser real ante uno mismo y ante los demás (Veenstra y Kuipers, 2013: 357). Esta autenticidad siempre es una negociación que resulta de la tensión entre la producción en masa y el consumo individualista. En el marco de esta tensión, los consumidores definen algo como auténtico cuando perciben que es real, genuino, verdadero y sobre todo cuando no tiene una intención comercial. Aquí, más que al intermediario, al comerciante o al cliente, la autenticidad implica principalmente al “conocedor” (DeLong et al., 2005:27). Éste clasifica, discrimina y aprecia diferencias, y aunque frecuentemente es el productor de objetos auténticos, también puede ser el consumidor o el vendedor de éstos. La ambigua separación entre vendedoras y clientes en la moda thrift es expresión de lo anterior. Aun cuando se crea para vender, y aun cuando el consumo es una parte central de la identidad thrift, cuando se vende y se consume en realidad lo que se está haciendo es reproducir una pertenencia, una identidad.

Apartado metodológico

La información presentada en este artículo deriva de un trabajo de campo exploratorio realizado entre revendedoras y propietarias de bazares de ropa thrift. En total se entrevistó a diez informantes. Algunas de ellas fueron contactadas vía las páginas de internet de sus bazares, a otras se les buscó directamente en sus locales comerciales, y a algunas otras ya se les conocía con anterioridad por relaciones de amistad. El promedio de edad de las entrevistadas es de 27 años. La mayoría de ellas tienen estudios universitarios o los están llevando a cabo, principalmente en carreras relacionadas con el diseño de modas, el diseño gráfico, las artes, la arquitectura, o en áreas de ciencias sociales y humanidades. Quienes ya egresaron de la universidad habían abierto su bazar mientras estudiaban, siendo ésta una actividad que en algunos casos se complementa con otras como el empleo en una empresa o en otra actividad informal, mientras que en otros es la única desde la cual se generan ingresos que suelen combinarse con los de otros miembros de una familia.

La información también se deriva del acompañamiento a las sesiones fotográficas que las informantes realizan para promover las prendas de vestir. Estas sesiones fueron tomadas también como espacios para la recopilación de narraciones y explicaciones sobre las prendas y la relación que se tiene con ellas. Para esto se utilizó el recurso del diario de campo. Además, se siguió el caso de dos consumidoras con amplia experiencia en la compra de ropa y accesorios tipo thrift. Ellas nos enseñaron su clóset y colocaron sus prendas en lugares especiales para que las fotografiáramos. Al tiempo, nos explicaron por qué aprecian esas prendas, cómo fue la manera en que las encontraron o cuál fue el proceso de modificación que siguieron para lograr el estilo que buscaban.

Marco conceptual

En este artículo partimos de una perspectiva de cultura material, por lo que asumimos que el significado de los objetos es una construcción social (Miller, 1987) en el sentido de que el objeto, en cuanto que material, puede aparecer para quien lo posee o quien lo identifica como el resultado de una red de significados, de relaciones y de experiencias (Csikszenthmihalyi y Rochberg-Halton, 1992: 16). Desde la cultura material partimos del supuesto de que la materialidad del objeto sirve como contenedor de significados e identidad personal o colectiva (Parsons, 2005: 190), independientemente de si se encuentra en su estado de posesión o de mercancía (Appadurai, 1991). Al mismo tiempo, consideramos que el significado del objeto no se encuentra separado de su materialidad como si de un mero fetiche se tratara, sino que, más bien, el tipo de material, la textura, los colores y la sensación resultante al tacto, por ejemplo, son parte componente de lo que el objeto es ante los individuos. En este sentido, la relación que nuestros sujetos de estudio establecen con sus posesiones cuestiona la supuesta separación entre “individuo” y “posesiones” que se encuentra en la base de la idea del fetichismo de la mercancía. La ropa thrift no puede ser o significar lo que es y significa para la colectividad thrift sin su materialidad objetivada en tipos de telas, colores y combinaciones.9

El proceso de dar significado a un objeto puede suceder de muy diversas maneras, pero al ser mucha de la ropa thrift un objeto de reúso (también lo son muchos zapatos y accesorios), resulta de particular interés aquello que McCracken (1986: 79) define como rituales de posesión, es decir, aquellas prácticas relativas al cuidado, el arreglo, la comparación, la exhibición e incluso la toma de fotografías de los objetos. Mediante todas estas prácticas,10 las revendedoras de ropa thrift aparecen como actores principales de un proceso de creación de valor, de significados y de estilos (Parsons, 2005: 189), los cuales dan como resultado el objeto presentado, exhibido, descrito o actuado (portado, vestido, fotografiado) como parte de un estilo igualmente creado y presentado en la forma de marca (el estilo de un bazar de ropa thrift). A este proceso de creación se adhieren también las consumidoras cuando buscan, encuentran, confeccionan y exhiben (portan, toman fotografías) las prendas que han encontrado (sobre todo en el sentido de descubrir).

Revendedoras y consumidoras, a través de rituales de posesión, participan colectivamente en la creación de valor, de significado y de estilo en torno a la ropa thrift. En ello, el gusto y la experiencia juegan un papel importante para detectar y confeccionar las prendas en términos coherentes con el estilo personal. Así, para revendedoras y consumidoras, por ejemplo, a la búsqueda de ropa en tianguis o locales establecidos se suma la exploración en sitios de internet, donde se pueden seguir las propuestas originadas en muchas partes del mundo. Al realizar estas búsquedas reales o virtuales, está en práctica la estética personal sobre todo en el sentido en que Reiley y DeLong (2011: 79) la conciben, es decir, el de la coexistencia de muchos estilos diferentes que son elegidos individualmente. Al buscar y elegir se está ya diseñando, y el buen diseño consiste principalmente, tal y como lo dicen DeLong et al. (2005: 24) y Palmer y Clark (2005) en relación con la moda vintage, en ayudar a los individuos a construir su propia identidad personal. Y es que, al final, la adscripción de valores y significados a la ropa, así como el desarrollo de un estilo, tiene que ver con la creación de alternativas (Reiley y DeLong, 2011: 64) para expresar individualidad; y la práctica de crear es a su vez un acto emocional tanto social como individual que no responde a la necesidad de cubrir el cuerpo sino al anhelo de exhibición a través del cuerpo (Catalani y Chung, 2015: 3). Cuando se exhibe una prenda, y cuando se le otorgan características, valores o significados,11 estamos expresando nuestra individualidad (aunque en el marco de nuestras relaciones sociales), de ahí el carácter personalista de la descripción, la narración y la exhibición de la ropa.

El proceso de elaboración de rituales de posesión y de creación de estilo puede ser documentado a través de imágenes, pero también puede ser rescatado por medio de las narrativas que los actores hacen sobre las prendas. A través de relatos o descripciones se puede retratar, en el sentido de retratos etnográficos (Abélès, 2011),12 la manera en que las prendas son investidas de significado (Boticello, 2012; Hansen, 2000; Appadurai, 1991) a partir de actos de “intimidad” y “compromiso” con el objeto, los cuales son expresados frecuentemente, como se verá más adelante, mediante términos que aluden a relaciones personalizadas (Parsons, 2005: 190-191). Según Boticello (2012), esos significados, esa intimidad y esos compromisos no sólo son el resultado de la implementación de categorías establecidas más allá de los sujetos mismos (como por ejemplo aquéllas propuestas o impuestas por la industria de la moda o publicitaria) sino que incluso las subvierten usando sus propias categorías a partir de su experiencia, es decir, las personas utilizan su propio sistema de discernimiento, el cual muchas veces comparten con otras con las cuales se identifican. A partir de esto, juzgan las cualidades de una prenda y le asignan categorías (bonita, fea, buena, mala, aceptable, fina, inapropiada). El uso de estas categorías sucede al momento del “encuentro” físico, táctil y hasta “sensual” con los materiales textiles (lo cual incluye texturas y hasta olores), con los colores y con las formas. En ese “encuentro” suceden “negociaciones subjetivas y concretas” entre la persona, la prenda, el lugar en donde se encuentran (un bazar, una boutique, un lujoso almacén, un tianguis), la moda, o la identidad individual o colectiva, por ejemplo.

Tomando en cuenta lo anterior, podemos decir que, al ser descrita o captada en una imagen, la ropa es, tiene, e incluso hace, como si se tratase ya no de un objeto sino de un ente vivo (Appadurai, 1991). La ropa pasa a tener una retórica, sea literal o visual, y con ella una connotación asimilable, como lo diría Barthes (1989: 19), a un estilo. Por medio de las imágenes que tomamos a la ropa, del trato que le damos (rituales de posesión) o de la manera en que la portamos, estamos dialogando con ella, pero también con otros.

La ropa thrift. Motivo de cariño, memoria, creación y búsqueda

Esta sección está dividida en tres subsecciones que utilizamos para presentar tres principales vertientes de la descripción y de la relación emotiva con las prendas. Así, en una primera subsección destacamos los términos que parecen adjudicar a la ropa una existencia como si fuera un ser vivo. Después, nos enfocamos en la interacción con la ropa a través de lo que pueden ser rituales de posesión. Finalmente, subrayamos el aspecto de la autenticidad otorgada a la ropa, al grado de ser considerada un tesoro o un objeto preciado que se persigue hasta encontrarlo y poseerlo.

La ropa como ente vivo

Por medio de esta blusa, Tania (20 años), nos enseña que a la ropa se le “quiere mucho” a tal grado que, cuando “se va”, se puede “sentir feo”. También, nos explica que esta blusa puede representar el entendimiento entre dos personas que pueden no tener una buena relación, pero que encuentran en la prenda de vestir un puente comunicativo tal vez imposible de construir a través de las palabras.

Figura 1: La blusa de Tania (de cerca). Fotografías de Kat Azul
Figura 2: La blusa de Tania. Fotografías de Kat Azul.

Tania sacó de un rack esta blusa que, a diferencia de otras que nos había mostrado con anterioridad, parecía mucho más sencilla. Nos pareció extraño que, después de solicitarle que escogiera una prenda de la cual quisiera hablar y que nos contara por qué le llamaba la atención, ella escogió esta blusa y no otra prenda con colores o corte del estilo que ella decía preferir: “llamativo”.

Esta prenda la quiero mucho porque me la dio mi papá. Yo casi no lo veo, y tampoco tenemos una excelente relación, pero fue de las primeras prendas que tuve que era usada o vintage. Me la dio cuando estaba más pequeña, tenía como 16 años, y la verdad es que le saqué mucho provecho, la usé mucho. Me gustó mucho que cuando me la regaló, sentí que sí entendía más o menos qué tipo de cosas o prendas me gustaban. La verdad, varias veces hice limpia de clóset y no la sacaba, incluso cuando la dejé de usar mucho, no me era fácil deshacerme de ella. Incluso ahora que está en el rack, a veces la veo y me acuerdo de mi papá, pero creo que es bueno que alguien más la pueda utilizar tanto como yo la usé o más. Sobre lo que más me gustaba, creo que la tela, es suave y fresca pero tampoco te da frío, parece como una mezcla de mezclilla y algodón, también me gusta que los botones son de clip.

Figura 4: Cuello. Fotografías de Kat Azul.
Figura 3: El vestido de Tania. Fotografías de Kat Azul.

Cuando concluyó la sesión de fotografías con la ropa de Tania, ella colgó la blusa en el rack, y mientras lo hacía, volvió a decir “sí siento feo verla, voy a sentir feo cuando se la lleven”.

Después le pedimos a Tania que escogiera otra prenda, y en esta ocasión sí nos mostró un vestido que corresponde con su gusto “llamativo”. Hacia este vestido de flores bordadas e impresas, y con una cola estilo “sirena”, Tania siente “dolor en su corazón” por ponerlo en venta, y de igual forma que la blusa, el vestido es algo que no se vende, se va, como si tomara decisiones; por lo mismo, también el vestido tiene “suerte”.

Éste es de mis favoritos, lo encontré en McAllen (Texas). Ese día fue muy especial porque encontré muchos vestidos de los años setenta… cuando encontré ese lote de vestidos, eran alrededor de diez, fue difícil desprenderme de ellos, todos me gustaban mucho, sin embargo tenía que ponerlos en venta. Este vestido en específico fue mi favorito, y a mi parecer el más bonito. La verdad es que lo utilicé un par de veces antes de ponerlo en venta.

Después de utilizarlo, con mucho dolor de mi corazón lo volví a poner en venta. Pensé que se iría muy rápido, pero creo que aún no ha llegado la persona indicada. Incluso ya lo he puesto en rebaja, originalmente estaba en $500 y ahorita está en $300.

Te mencionaba antes que luego las prendas que más me gustan no tienen tanta suerte, y la gente pregunta mucho por ellas, pero finalmente no se las llevan, creo que es porque tienen miedo, muchas veces la prenda es muy bonita pero muy llamativa o se ve muy antigua, creo que deberían de darle una oportunidad a aquello que les gusta sin importar el qué dirán.

Lo que más me gusta de esta prenda es que parece como vaquera, como un vestido vaquero pero al mismo tiempo tiene florecitas, es extraño, me gusta mucho el corte de sirena y los holanes al final.

Por su parte, Male (28 años), en relación con un vestido de algodón y poliéster color azul, con flores rosas y azules, con botones dorados y una perla al centro, nos dijo lo siguiente:

es de las prendas que más uso, cuando uno usa ropa vintage se apega mucho a la ropa, es distinto cuando vas y compras en una tienda y hay muchas blusas del mismo tipo; con la ropa vintage es como si la prenda tuviera vida propia, una historia que contar, y creas un lazo con ella, porque es toda una aventura, desde el momento en que la encuentras te emocionas mucho, luego planeas cómo ponértela, cómo arreglarla, te emociona lo barato que has conseguido algo tan bonito etc., que bueno, después es difícil desprenderse de ellas, también las lavas y cuidas distinto de otras prendas, porque solo tienes una oportunidad con esa prenda, si la quemas o la dañas, ya no hay otra.

Figura 5: El vestido modificado de Male. Fotografía de Kat Azul.

Así, Male, además de atribuir una especie de existencia al vestido, más que tratarlo de una determinada manera, le da cuidados, como si de un ser dependiente se tratara. Por lo mismo, se reconoce en él una autenticidad, pues como esa prenda “ya no hay otra”. Los cuidados, entendidos como rituales de posesión, se concretan en las labores de modificación o confección de la ropa, pero también en el modelaje que se hace de ella. Sobre esto hablaremos en la siguiente subsección.

Rituales de posesión: la ropa se modifica, y se modela

Para las propietarias de bazares o tiendas thrift es muy importante mostrar sus prendas a través de fotografías que publican en sus redes sociales. Estas fotografías pueden ser de prendas individuales u outfits que colocan sobre una mesa o que cuelgan de algún aditamento, pero lo mejor es modelar las prendas. Para esto, se valen de modelos que pueden o no ser profesionales, pero que principalmente son clientes o amigas que comparten con la propietaria del bazar el gusto por la ropa thrift. Mientras modelaban la ropa de su bazar, Liliana nos dijo lo que veía en aquellas prendas, principalmente en un par de faldas. Al hacerlo, parecía estar apreciando el hecho de que ambas faldas habían sido modificadas y por tanto tratadas como en un ritual de posesión. Al mismo tiempo, podemos ver que Liliana, más que ser una revendedora, es una creadora de estilo, el cual está ya en su mente desde que selecciona las prendas, y luego se ve cristalizado en el outfit presentado por la modelo.

Figura 6: Falda de cuadros verdes. Fotografías de Kat Azul.
Figura 7: Falda de cuadros rojos. Fotografías de Kat Azul.

Siempre me han gustado mucho las faldas de cuadros, siento que es una prenda que nunca pasa de moda y que es fácil de conseguir; también la puedes usar en muchas ocasiones, de día, de noche, en algo formal o informal. Yo tengo una muy parecida a ésta, y de verdad no tienes una idea de cuánto me han preguntado por ella e incluso me han pedido que se las venda, pero no lo haría, al menos no ahorita, es de mis prendas favoritas… cuando realicé la primera venta [en el bazar], había faldas de cuadros y fueron de las primeras que se vendieron, siempre son de las primeras que se venden. Ahora para esta colección encontré esta verde, una roja, que ahorita también le tomaremos fotos, estaban en una mesa de un mercado, juntas, y ambas tienen detalles similares, bueno, como modificaciones, tienen la costura del lado derecho descosida, y con barbitas, pero el tipo de descosida que haces a propósito, que uno le puede hacer a sus prendas. La falda roja también lo tiene, e incluso tiene un segurito que ahorita verás. Me pareció raro encontrarlas juntas, no son de la misma marca, pero están modificadas igual, me hace pensar que tal vez fueron de la misma persona, y que esta persona las modificó, pero si es así, no sé cómo pudieron llegar juntas.

La blusa me gusta porque es vaporosa y ligeramente traslúcida, es un poco calurosa, pero cuando entre el invierno no será problema; también me gusta que no es ni blanca ni beige, me gusta todo el outfit porque aunque se ve retro, también se ve rudo, como grunge.

Ésta es la otra falda que encontré, me gusta que se ve grunge, esa moda en particular me gusta mucho, y también se está poniendo muy de moda, ya que el grunge es algo muy de los 90, puedes verte muy femenina y ruda al mismo tiempo. Me gusta mucho la falda, que está muy bien cuidada, y el detalle del seguro; yo no se lo puse, ya lo traía, y es un seguro antiguo. Me parece extraño que tenga el mismo detalle de estar descosida del mismo lado que la otra falda, y que parece ser a propósito. La blusa negra me gusta porque es de mangas largas pero no es caliente, pero tampoco es muy fresca, es lo que uno debe buscar para las prendas de otoño… todo el outfit me gusta y me gusta haber escogido a Michelle [modelo] para este outfit, porque me hace sentir que es como una bruja, queda completamente con la idea que tenía para esta colección.

Por su parte, Janeth (34 años) nos explicó sobre las modificaciones que hizo a un vestido y la creación de un outfit a partir de ello:

Este vestido era largo, lo modificamos, es una lástima cortarlo porque es muy bonito, pero más gente puede comprarlo si está corto. Creo que este vestido es ideal para el clima de Monterrey porque es de una tela muy fresca y de color blanco, siento que parece vestido de novia, parecía aún más cuando estaba largo; también le agregamos un botón atrás que no tenía, los zapatos son de gamuza, tienen una manchita que es difícil de quitar pero están en muy buen estado; muchas veces los zapatos o las prendas están en buen estado, pero cuando llegan a las bodegas o pacas se ensucian, la gente las agarra, las mueve de lugar, se las mide etc., y terminan dañándose.

Figura 8: Vestido blanco. Fotografía de Kat Azul.

Cuando Janeth modifica una prenda, tiene en mente los zapatos y accesorios con los que puede combinarlos para crear un outfit que luego propondrá a sus clientas. Frecuentemente, cuando compra una prenda lo hace pensando en las combinaciones que puede hacer con los accesorios o zapatos que ya tiene, o puede buscar algún artículo en particular para lograr el outfit en el que está pensando. Así, como ya habíamos explicado, el acto de buscar es parte del acto de diseñar y de crear.

La misma Janeth, junto con su hermano, nos explicó sobre otro outfit que fotografiaron en la misma sesión a la que asistimos. Al hacerlo, abunda en detalles y muestra sus conocimientos y el gusto por lo que hace. El resultado es su creación.

Este es un jumpsuit, originalmente era largo, como un pantalón, pero lo cortamos. Un día a la semana Danny y yo nos juntamos a modificar las prendas, la verdad es que muchas veces hay prendas muy bonitas, pero siendo realistas, la gente no las compra porque resultan muy extravagantes, o no muy funcionales para andar en la calle y menos en el calor de Monterrey, por eso procuramos traer prendas de telas frescas, y aquéllas que no, como vestidos, faldas o jumpsuits, solemos modificarlas de las piernas o mangas, para que sean aún más frescos, esto nos ha ayudado a que las prendas se vendan con mayor facilidad. Este vestido me gustó mucho por el patrón y los colores blanco y negro, muchas veces se asocia a que las flores son para primavera o verano, pero como éste tiene colores neutrales, pueden utilizarse en otoño. Los zapatos combinan muy bien con los toques blancos del vestido. Algo que nos gusta mucho de traer zapatos de las bodegas [de McAllen, Texas] es que son muy duraderos; los zapatos hoy en día no suelen durar mucho, a menos que los compres de muy buena marca, pero los zapatos vintage todos son de piel, cosidos, con remaches, ya aguantaron una vida con un dueño, lo más seguro es que aguanten una más [risas]; si tienen detalles, también los arreglamos, si es algo grande vamos con un zapatero, si es algo pequeño como bolearlos o limpiarlos, lo hacemos nosotros mismos.

Figura 9: Vestido negro. Fotografías de Kat Azul.
Figura 10: Tomando foto al vestido. Fotografías de Kat Azul.

Pero la creación no es solo una cuestión comercial, es decir, no se diseñan outfits sólo para vender, sino para crear y para lograr un estilo coherente con una estética considerada no sólo auténtica sino propia. Por ello las consumidoras también son creadoras y modifican las prendas para convertirlas en aquello que realmente se ajuste a sus gustos, logrando la autenticidad que una prenda necesita para que, finalmente, sea usada “muchísimo más”:

Este vestido lo encontré en el Mesón Estrella… Me gustó mucho y lo compré, pero no me sentía del todo cómoda, no era que no me gustara, me gustaba mucho, pero no me explicaba por qué no me lo ponía tanto, así que hace poco me compré mi máquina de coser, hace tiempo que quería una porque ya pensaba en modificar prendas, entonces decidí experimentar con este vestido, cortarlo y crear dos piezas, sentí que podría ponérmelo más si tenía una blusa y una falda así de alguna manera se vería más actual. Cuando lo hice, cuando modifiqué este vestido, realmente no sabía nada de costura, y pues sentía el miedo que sueles sentir con estas prendas, si las arruinas no vas a encontrar otra igual, pero bueno, me animé y no salió tan mal, tiene uno que otro hilo suelto, pero están bien, se ve bien ¡y funcionó, ahora me lo pongo muchísimo más!

Figura 11: Conjunto en bicicleta. Fotografías de Kat Azul.
Figura 12 Blusa en bicicleta. Fotografías de Kat Azul.

La ropa como un auténtico tesoro

La autenticidad de las prendas es un rasgo característico de la ropa vintage, pero en el caso de la ropa thrift, esta autenticidad no está relacionada con una época sino con estilos propios o diferentes que tanto revendedoras como consumidoras crean desde el momento en que encuentran la prenda, sea en un bazar o en un local de ropa usada en un tianguis. Aunque la relevancia y el aprecio por la autenticidad de las prendas ya fue expresada en algunos de los testimonios presentados en las subsecciones anteriores, la experiencia de Carolina siguiendo una blusa hasta que logra comprarla nos enseña lo implicada que una persona puede estar en la consecución de las prendas de vestir que se valoran muy personalmente.

En su narración, Carolina evidencia su amplia familiaridad con los bazares o tiendas en línea de venta de ropa thrift. De paso, nos muestra el modo en que las prendas suelen ser ofrecidas y adquiridas en el ambiente de las redes sociales, en una dinámica en la que parece competirse por conseguir las prendas que tanto se desean o aprecian, no tanto por un afán pretencioso o caprichoso sino más bien por el deseo de lograr una presentación personal auténtica y coherente con el estilo diseñado en términos propios.

Originalmente esta blusa fue subida por Yessi Bazar a su página de ventas. Su precio era de $90. En cuanto la vi me encantó y quise comprarla, pero Liliana, de Bremur [otro bazar], la compró antes que yo. Cuando estaba en venta con Yessi Bazar, no comenté nada en la imagen de venta, pero debo aceptar que varios días pensé en lo mucho que me gustaba y que sería imposible encontrar una así; cuando ves una pieza única, si te gusta y no la compras, es muy difícil conseguir una igual. Esto es lo que hace que las compradoras nos enamoremos de ciertas prendas, por eso hay que comprarlas rápidamente, antes de que alguien más lo haga.

Después, Liliana [propietaria del bazar Bremur] publicó la blusa en agosto, en la colección que realizó con temática vaquera. La blusa estaba ahora en $140, pero no pude comprarla porque en ese momento no tenía dinero. Me dio lástima que de nuevo no la pude comprar.

En septiembre, Liliana publicó las rebajas de su bazar. Todo estaba en $50, o dos prendas por $80. Esta vez ¡sí logré separar la blusa!

Figura 13: Blusa roja en Yesi Bzr. Fotografías de Kat Azul.
Figura 14: Blusa roja en Bremurmx. Fotografías de Kat Azul.
Figura 15: Blusa roja en remate. Fotografías de Kat Azul.
Figura 16: Blusa roja con Carolina. Fotografías de Kat Azul.

Conclusión

A partir del caso de la tendencia thrift, en este artículo nos hemos interesado en comprender y describir la adjudicación de valores y significados hacia las prendas de vestir. Para tal efecto, dialogamos, entrevistamos y observamos a revendedoras y consumidoras de ropa thrift, quienes a través de narraciones, de descripciones, de imágenes y del trato directo que tienen con las prendas (es decir, la manera de tocarlas, de mostrarlas, de moverlas), nos expresaron sus sentimientos hacia la ropa. Lo anterior puede ser entendido como actos altamente personalizados, pero aquí los hemos interpretado como parte de un proceso netamente social de creación de estilo y de construcción de una identidad tanto individual como colectiva, que gira en torno a la idea de la autenticidad aun cuando sucede dentro de los límites establecidos por estructuras tan potentes como el mercado, el consumo o la construcción social de los géneros.

La identidad thrift gira en torno de la producción y el consumo de prendas de vestir (entre otros objetos). Que la construcción de la identidad individual y colectiva, así como otras prácticas sociales, para reproducirse, requieran de la adquisición y el intercambio de mercancías y servicios (Harvey, 2013: 93) no es ninguna novedad en las sociedades urbanas actuales. Pero que tal producción y consumo sucedan como actos de apropiación y personalización de los artículos en cuestión ubica a la colectividad thrift junto a otras que buscan en ello la autenticidad, la distinción y por tanto la identidad. En este sentido, el objetivo al presentar las narrativas e imágenes en la sección empírica de este artículo fue mostrar la relación personalizada de la gente con las prendas y, con ello, el aspecto peculiar y central de la tendencia thrift. Si esta identidad gira en torno a la producción y el consumo de mercancías, al mismo tiempo éstas son concebidas como algo más que meras mercancías por los miembros de la colectividad. Esto implica un esfuerzo, el cual se observa en la búsqueda (casi persecución como vimos en el último caso) de la ropa en bazares, tianguis, sitios de internet o almacenes de ropa usada; en la “modificación”, confección y creación de outfits; y en el vínculo sentimental al que se apela en la relación con la ropa. Por ello, para las seguidoras de la tendencia thrift, es importante decir y evidenciar mediante el trato (rituales de posesión) que a la ropa se le quiere mucho, que con ella se tiene un lazo, que genera emoción y apego, que “te enamoras” de ella, que se le cuida y se le trata con delicadeza. Por ello también, distinguen entre vender y “dejar ir”, “llevar” o “irse”; y adjudican a la ropa cualidades como la suavidad y la frescura, o capacidades (fuerzas, debilidades) como la suerte o el miedo. La ropa por ello tiene “vida propia”, “una historia”, es “única” y tiene “detalles”. No obstante todo esto, se vende (“tenía que ponerla en venta”), es decir, se le coloca como mercancía aunque con toda un aura de valoraciones que la hacen aparecer como diferente: se valoran su materialidad, su textura, sus colores, sus formas, como si se tratara de impedir su conversión en ese fetiche cuya materialidad se “evapora” (Stallybrass, 1988: 185) al ser una mercancía en el mercado.

En la tendencia thrift sí se vende, sí se busca ganar dinero, sí se compra, pero el carácter de mercancía del objeto (Appadurai, 1991) debe aparecer como secundario justamente porque antes que ser mercancía es un objeto que tiene una función (sin negar su función de mercancía) reproductora de vínculos, de lazos sociales y de identidad personal. Así, lo thrift es una tendencia, es una identidad, pero antes que eso es una práctica social (Giddens, 1991) a través de la cual se recrean el yo, el colectivo y la relación de ambos con el mundo, uno atravesado por la impersonalidad del consumo y la imagen estereotipada del consumidor. Lo thrift, en este sentido, es también una reacción que, justamente por ello, se esfuerza por hacer de la relación con los objetos, un asunto sentimental.

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Efrén Sandoval Hernández es doctor en Antropología Social por el ciesas. Es profesor investigador en la Unidad Noreste del ciesas. A partir de una investigación sobre el contrabando y comercio de “fayuca”, se ha interesado en el estudio de las economías informales, ilícitas y de frontera. En 2019 fue coeditor, junto con Martin Rosenfeld y Michel Peraldi, del libro La fripe du Nord au Sud. Production globale, commerce transfrontalier et marchés informels de vêtements usagés (Éditions Pétra, París), y en 2018 coordinó el libro Violentar la vida en el norte de México. Estado, violencias y migraciones en la frontera con Texas (ciesas, Plaza y Valdés, México). Actualmente se interesa en el estudio del comercio y consumo de la ropa usada en la ciudad de Monterrey.

Carolina González Castañeda (Kat Azul) es artista visual. Pasante de la licenciatura en Artes Visuales de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente es becaria del Subprograma de Becas para Tesis Externas (promoción 2020) del ciesas, con el proyecto de tesis “Moda, identidad y economía thrift. Confección, diseño y reventa de ropa usada tipo vintage”. En 2019 fue ganadora de la residencia artística “Espacios en Colisión”, otorgada por Sitio y el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (conarte). Su proyecto artístico “Topofilia” fue expuesto en 2018 en Galería Aparato, y en 2019 expusos, para conarte y El Móvil, su trabajo “¿Vienes a casa? O ¿Vas a casa?”. De manera colectiva, entre otros, expuso el trabajo “Ucronías”, en la Galería Réplica, en Valdivia, Chile (2019).

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