{"id":36067,"date":"2022-09-21T05:54:10","date_gmt":"2022-09-21T05:54:10","guid":{"rendered":"https:\/\/encartes.mx\/?p=36067"},"modified":"2023-11-17T17:47:13","modified_gmt":"2023-11-17T23:47:13","slug":"bertoni-estrategias-securitarias-sectores-populares-mujeres-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encartes.mx\/pt\/bertoni-estrategias-securitarias-sectores-populares-mujeres-argentina\/","title":{"rendered":"Estrat\u00e9gias de seguran\u00e7a das mulheres em setores populares da periferia urbana da cidade de La Plata"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Resumen<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Este art\u00edculo se propone como objetivo analizar las estrategias securitarias de mujeres de sectores populares de La Plata, Argentina. La hip\u00f3tesis que lo gu\u00eda es que la innovaci\u00f3n y rutinizaci\u00f3n de estrategias, entendidas como rituales de la vida cotidiana que posibilitan seguir adelante y proyectar una dimensi\u00f3n de futuro, se tornan fundamentales para la autonom\u00eda de las mujeres. El an\u00e1lisis se basa en informaci\u00f3n recolectada mediante observaciones y entrevistas semiestructuradas a mujeres de dos asentamientos perif\u00e9ricos del municipio de La Plata. Los resultados muestran que las estrategias logran dotar la vida cotidiana de cierta certidumbre y colonizaci\u00f3n del futuro, pero que principalmente despliegan pr\u00e1cticas de evitaci\u00f3n y autorrestricci\u00f3n en el uso del espacio urbano. Adem\u00e1s, dichas estrategias est\u00e1n mediadas por experiencias sedimentadas previas, tanto propias como ajenas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Palabras claves: <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/pt\/tag\/incertidumbre\/\" rel=\"tag\">incertidumbre<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/pt\/tag\/la-plata\/\" rel=\"tag\">La Plata<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/pt\/tag\/miedo-al-delito\/\" rel=\"tag\">miedo al delito<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/pt\/tag\/practicas-securitarias\/\" rel=\"tag\">pr\u00e1cticas securitarias<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/pt\/tag\/sentimiento-de-inseguridad\/\" rel=\"tag\">sentimiento de inseguridad<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"en-title\">security strategies by women from working-class sectors in the urban periphery of la plata<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">The aim of this article is to analyze the security strategies of working-class women in La Plata, Argentina. The hypothesis guiding it is that the innovation and routinization of strategies, understood as rituals of everyday life that make it possible to continue and to project a dimension of the future, become crucial for the autonomy of women. The analysis is based on information gathered through observation and semi-structured interviews from women from peripheral settlements of the municipal area of La Plata. Results show that the strategies give everyday life a particular dose of certainty and colonization of the future, but which mainly deploy practices of avoidance and self-restriction in the use of the urban space. In addition, these strategies are mediated by their own and other women\u2019s previous experiences.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">Keywords: feeling of insecurity, fear of crime, uncertainty, security practices, La Plata.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap abstract\">Este art\u00edculo se propone analizar las estrategias securitarias individuales que despliega un grupo de mujeres de sectores populares para afrontar la problem\u00e1tica de la inseguridad ciudadana de la localidad<a class=\"anota\" id=\"anota2\" data-footnote=2>2<\/a> de Los Hornos, municipio de La Plata, Argentina. Para ello se desarrolla una estrategia cualitativa en dos asentamientos de esa localidad, donde se realizaron entrevistas semiestructuradas a mujeres que all\u00ed viven con la intenci\u00f3n de analizar a trav\u00e9s de sus relatos c\u00f3mo definen y redefinen esas estrategias. Asimismo, se mantuvieron charlas informales y se realizaron observaciones en los barrios, con el objetivo de explorar situaciones, actividades y espacios f\u00edsicos relevantes que contribuyen a la explicaci\u00f3n de la problem\u00e1tica propuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la premisa es que las mujeres de sectores populares argentinos viven un proceso de aguda desigualdad y vulnerabilidad social, observamos que asimismo est\u00e1n en un entorno permeado por la incertidumbre y la falta de previsibilidad. Es en este marco en el que sostenemos que desarrollan las estrategias securitarias. Parte de este ambiente inseguro se debe a distintos tipos de violencias y situaciones conflictivas que se han vuelto recurrentes en la vida cotidiana de las mujeres en particular, y de los sectores populares en general. Siguiendo a Giddens (1997), este tipo de contextos en permanente cambio generan en los actores diversas preocupaciones por los peligros a los que sienten estar expuestos. \u00c9stos, sean reales o potenciales, originan una falta de estabilidad en la seguridad ontol\u00f3gica y en los par\u00e1metros que organizan, dan sentido, coherencia y certidumbre a las actividades de la vida cotidiana. Esa imposibilidad de colonizar el futuro en ambientes caracterizados como riesgosos provoca tanto una p\u00e9rdida de confianza en la seguridad cotidiana como numerosos miedos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por cuestiones de espacio y para ordenar el presente trabajo, las estrategias securitarias que ser\u00e1n retomadas son de dos tipos: las de evitaci\u00f3n y las de autoprotecci\u00f3n, que implican, respectivamente, dejar de hacer o hacer algo para sentirse o estar m\u00e1s seguras (Sozzo, 2008). Es importante marcar que no s\u00f3lo la inseguridad ciudadana degrada la autonom\u00eda y seguridad ontol\u00f3gica de las mujeres; otras inseguridades vinculadas con lo ambiental, lo alimentario y lo laboral, por citar s\u00f3lo algunas, afectan a las mujeres de los sectores populares.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo anterior, el art\u00edculo se estructura de tal manera que, en un primer momento, se aborda la problem\u00e1tica del sentimiento de inseguridad y el espacio p\u00fablico para el caso de las mujeres, seguidamente se plantea el abordaje te\u00f3rico de las estrategias securitarias utilizadas para el an\u00e1lisis en el art\u00edculo, y en tercer lugar se presenta un apartado metodol\u00f3gico, en el cual se explicitan la estrategia y las t\u00e9cnicas de investigaci\u00f3n utilizadas y asimismo se describen y analizan los casos en t\u00e9rminos sociodemogr\u00e1ficos y subjetivos. Luego se analizan las estrategias securitarias de las mujeres a la luz de la propuesta te\u00f3rica y sus alcances. Finalmente, y a modo de cierre, se muestran las principales reflexiones que surgieron a partir del an\u00e1lisis de las entrevistas, charlas informales y observaciones, tomando como punto de partida las potencialidades de un an\u00e1lisis interaccionista para ver en dichas estrategias tanto la dimensi\u00f3n creativa como la rutinaria.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mujeres, sentimiento de inseguridad y espacio p\u00fablico<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En primer lugar, el inter\u00e9s por centrar el an\u00e1lisis en mujeres de sectores populares se debe principalmente a dos cuestiones: por un lado, algunos estudios recientes han mostrado a trav\u00e9s de an\u00e1lisis cuantitativos y cualitativos que son los sectores m\u00e1s desfavorecidos de la sociedad argentina quienes sufren en mayor grado tanto la victimizaci\u00f3n real como el temor al delito, dado que experimentan de manera m\u00e1s extrema la inconsistencia institucional, la desigualdad y la fragmentaci\u00f3n y vulnerabilidad social<a class=\"anota\" id=\"anota3\" data-footnote=3>3<\/a> (Castel, 2004, 2010; Corral, 2010; Kessler, 2011; M\u00edguez e Isla, 2010; McIlwaine y Moser, 2007). Kessler (2011) y Dammert (2007a, 2007b) dan cuenta de que en el seno de los sectores populares argentinos, las mujeres son quienes experimentan en mayores niveles el sentimiento de inseguridad, y no as\u00ed las victimizaciones en t\u00e9rminos agregados, hecho que se repite en toda la regi\u00f3n y que reafirma la relativa autonom\u00eda del sentimiento de inseguridad con respecto a las tasas delictivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta paradoja del miedo (Warr, 1984) ha sido explicada desde distintas interpretaciones: desde una supuesta irracionalidad hasta perspectivas feministas que resaltan distintos elementos estructuradores de la vida social: la cultura patriarcal, la socializaci\u00f3n diferenciada, los papeles esperados, la posici\u00f3n social desigual de mujeres y varones por las estructuras de poder y dominaci\u00f3n de g\u00e9nero (Koskela, 1999; Lind\u00f3n, 2006a, 2006b; Madriz, 2001; Mehta y Bondi, 2010; Pain, 2001; Snedker, 2015; Soto Villagr\u00e1n, 2012). En este sentido, la justificaci\u00f3n de realizar el estudio en mujeres se debe a que el sentimiento de inseguridad (Kessler, 2011) o inseguridad subjetiva (Gonz\u00e1lez Placencia y Kala, 2007) en las mujeres, adem\u00e1s de ser significativamente alto, es diferenciable del temor en los varones.<\/p>\n\n\n\n<p>Variadas investigaciones cuantitativas muestran que el temor a las agresiones sexuales y al acoso callejero son las variables que, agregadas en las encuestas de victimizaci\u00f3n y percepci\u00f3n, trastocan y disparan los niveles del miedo femenino (Dammert, 2007a; Ferraro, 1995, 1996; Lane, 2013; \u00d6zascilar, 2013; Warr, 1985). Los trabajos de Warr y Ferraro son elocuentes en este sentido. Warr evidenci\u00f3, a trav\u00e9s del an\u00e1lisis de dichas encuestas, que para las mujeres menores de 35 a\u00f1os el miedo a la violaci\u00f3n y los abusos sexuales por parte de desconocidos alcanza a m\u00e1s de dos tercios de ellas, lo que las ubica en la parte superior de su escala del miedo, y este miedo espec\u00edfico tiene un efecto: la tesis de la sombra. Esta tesis implica que el miedo a las agresiones sexuales tiene un efecto amplificador sobre el miedo a otros tipos de delitos y oscurece las especificidades sobre la percepci\u00f3n de inseguridades de las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s recientemente y con datos de Sudam\u00e9rica, Dammert (2007a) sistematiz\u00f3 y analiz\u00f3 la informaci\u00f3n registrada a trav\u00e9s de estos mismos instrumentos de cuatro megal\u00f3polis. All\u00ed observa la misma diferenciaci\u00f3n de la percepci\u00f3n de la inseguridad entre los g\u00e9neros: con distinta variabilidad seg\u00fan el caso, las mujeres reportan en todos ellos sentirse m\u00e1s inseguras. Sostiene que es importante se\u00f1alar que aunque sobre ciertos tipos de delitos, como los perpetrados con violencia f\u00edsica, son menos victimizadas; otros son subdeclarados por las mujeres. \u00c9stos son los que t\u00edpicamente se hallan dirigidos contra ellas y sus cuerpos, es decir, agresiones verbales en el espacio p\u00fablico o la violencia m\u00e1s expl\u00edcita como puede ser una agresi\u00f3n sexual, desde un roce corporal hasta un abuso. Esto se debe tanto a las falencias de las encuestas de victimizaci\u00f3n para captar la problem\u00e1tica como al hecho de que variadas hostilidades de las que son v\u00edctimas no est\u00e1n tipificadas como delito. Por ello, Dammert concluye que una visi\u00f3n androc\u00e9ntrica se manifiesta, incluso, en los dise\u00f1os de los instrumentos p\u00fablicos de recolecci\u00f3n de informaci\u00f3n vinculados con esa problem\u00e1tica. Asimismo, muestra que la dimensi\u00f3n temporal tiene un gran efecto en la variaci\u00f3n entre los hombres y las mujeres, pues \u00e9stas reportan en mayor medida sentirse \u201cmuy inseguras\u201d al caminar en su barrio durante la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>El sentimiento de creciente vulnerabilidad, tanto f\u00edsica como social, y la impotencia que ello genera tambi\u00e9n explican en parte el mayor temor de las mujeres, que a su vez refuerza la masculinizaci\u00f3n del espacio p\u00fablico y sus usos y contribuye a que persistan las relaciones desiguales entre los g\u00e9neros (Pain, 1991). El temor a transitar por la ciudad, adem\u00e1s de fortalecer las dependencias de otras personas, degrada su condici\u00f3n de ciudadanas portadoras de derechos al cercenar sus libertades. De igual manera, otro elemento que ata\u00f1e a la explicaci\u00f3n del sentimiento de inseguridad en las mujeres, sus representaciones y percepciones es el hecho de sufrir o haber sufrido violencia familiar o violencia ejercida por parte de un var\u00f3n de su entorno (Kessler, 2011; Madriz, 2001; Stanko, 1995). Tales situaciones conflictivas agravan significativamente la idea dominante de vulnerabilidad de las mujeres y la preocupaci\u00f3n por su integridad f\u00edsica y sexual. Asimismo, complejizan los supuestos que han acompa\u00f1ado a gran parte de la criminolog\u00eda y la sociolog\u00eda del delito del siglo xx, que asum\u00eda de manera frecuente que las diversas agresiones y violencias se espacializan principalmente en el \u00e1mbito p\u00fablico y se ejercen por personas desconocidas (Hale, 1996).<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, la fragmentaci\u00f3n espacial urbana segrega las heterogeneidades: de clase, de nivel socioecon\u00f3mico, de g\u00e9nero, \u00e9tnicas y etarias, dando lugar al nacimiento de un nuevo modelo de espacialidad. En este sentido la fragmentaci\u00f3n se entiende aqu\u00ed como un<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">fen\u00f3meno espacial que resulta de la ruptura, separaci\u00f3n o desconexi\u00f3n de la forma y estructura preexistente de la ciudad [\u2026] Implica el abandono de la idea de la ciudad como lugar de encuentro, intercambio democr\u00e1tico y provisi\u00f3n de servicios universales [\u2026] La relaci\u00f3n entre segregaci\u00f3n socioespacial y fragmentaci\u00f3n urbana puede ser concebida en t\u00e9rminos de una relaci\u00f3n entre distancia social y espacial (Burguess, 2009: 101, 116, 120).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En consecuencia, para los casos que aqu\u00ed se estudian, la fragmentaci\u00f3n se entrelaza y complejiza con la existente divisi\u00f3n sexual del espacio, que tambi\u00e9n jerarquiza los territorios, al moldear los lugares a trav\u00e9s de las expectativas generizadas y los papeles esperados. As\u00ed, la experimentaci\u00f3n de las ciudades no es la misma para las mujeres que para los varones, ni tampoco para quienes viven en situaciones de marginalidad. De este modo, las experiencias de las mujeres que se analizan sufren una doble vulnerabilidad o una intersecci\u00f3n de exclusiones, las de g\u00e9nero y las de clase, que tienen implicaciones en las vivencias, el disfrute de la ciudad y los espacios p\u00fablicos en general.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, se parte de la idea de que el espacio se construye intersubjetivamente y que es resultado de una producci\u00f3n vinculada con las relaciones de poder desigual. Reconocemos de esta forma la existencia de limitaciones y demarcaciones no s\u00f3lo de lugares sino tambi\u00e9n de horarios que est\u00e1n restringidos para transitar libremente para las mujeres, asignando papeles y autorizaciones diferentes, y que se dan a partir de las construcciones sociales del \u201cser mujer\u201d (Lind\u00f3n, 2006a; 2006b; Fal\u00fa, 2009). Estos \u201cespacios que nos negamos\u201d (del Valle, 2006) para transitar son aquellos a los que las mujeres renuncian o por los que circulan porque forman parte de su vida cotidiana, pero que b\u00e1sicamente est\u00e1n mediatizados por miedos. En t\u00e9rminos generales, es decir excediendo lo referente al espacio p\u00fablico, existen ciertas autorizaciones sociales respecto de las conductas esperadas y aceptadas para cada uno de los g\u00e9neros que est\u00e1n apoyadas en valores y construcciones culturales dominantes (Rainero, 2009).<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, puesto que el sentimiento de inseguridad se experimenta individualmente, la interpretaci\u00f3n y el uso de los espacios se produce desde una situaci\u00f3n y posici\u00f3n social particular en la estructura. Esto responde a que el espacio p\u00fablico o ciertos lugares en particular, en tanto construcciones sociohist\u00f3ricas, representan peligrosidad e inseguridad s\u00f3lo para ciertos grupos que se encuentran en posiciones sociales definidas (Koskela, 1999; Lind\u00f3n, 2006a, 2006b; Mehta y Bondi, 2010; Snedker, 2015; Soto Villagr\u00e1n, 2012). Esta restricci\u00f3n, que condiciona de forma m\u00e1s aguda los movimientos de las mujeres, se aplica a buena parte de las calles y los lugares p\u00fablicos considerados peligrosos, as\u00ed como tambi\u00e9n a lugares deshabitados y sin iluminaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta l\u00ednea, sin duda los aportes de las geograf\u00edas feministas son claves para el an\u00e1lisis de los cuerpos de las mujeres situados en el espacio p\u00fablico. La problematizaci\u00f3n de los cuerpos como primera escala geogr\u00e1fica y dar cuenta de c\u00f3mo la estructuraci\u00f3n generizada de los espacios y lugares tiene efectos en las formas de habitar y transitar la ciudad han sido parte de los grandes aportes de estas investigadoras (Massey, 2001; McDowell y Sharp, 1999; McDowell, 2000). Aun cuando la geograf\u00eda humanista hab\u00eda nombrado los cuerpos al traer al centro de an\u00e1lisis espacial la dimensi\u00f3n subjetiva, \u00e9stos no fueron tomados como categor\u00edas de an\u00e1lisis o explicaci\u00f3n. As\u00ed, pues, las autoras no s\u00f3lo marcaron un quiebre dentro de la disciplina geogr\u00e1fica sino que tambi\u00e9n abrieron un camino para el estudio de los cuerpos como lugares de creaci\u00f3n y recepci\u00f3n de emociones, significados, pr\u00e1cticas y experiencias.<\/p>\n\n\n\n<p>La privaci\u00f3n relativa del espacio p\u00fablico en tanto consecuencia del sentimiento de inseguridad de muchas mujeres a menudo lleva al aislamiento o a una reclusi\u00f3n parcial, pero creciente, en la esfera privada. Esto se vuelve particularmente problem\u00e1tico, ya que restringe la posibilidad de la construcci\u00f3n de la alteridad a trav\u00e9s del encuentro con el otro en las experiencias cotidianas que son propias del \u00e1mbito urbano (Lind\u00f3n, 2006a; Soto Villagr\u00e1n, 2012). Este retraimiento o extra\u00f1amiento que experimentan muchas mujeres contribuye a<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">debilitar la autoestima femenina y ahondar los sentimientos de inseguridad [\u2026], [y favorece] un proceso circular y de retrocesos, de producci\u00f3n y reproducci\u00f3n de viejas y nuevas subjetividades femeninas en las cuales se expresa el temor y las mujeres se vinculan a \u00e9l (Fal\u00fa, 2009:23).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Estrategias securitarias individuales para afrontar la incertidumbre del entorno<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">La din\u00e1mica de reindividualizaci\u00f3n que atraviesa las sociedades contempor\u00e1neas reconfigur\u00f3 los soportes colectivos que proteg\u00edan a los individuos y que les permit\u00edan proyectarse y afirmar un m\u00ednimo de independencia social para \u201cdominar los avatares del porvenir\u201d (Castel, 2010: 78), siendo los m\u00e1s afectados quienes no disponen de capitales econ\u00f3micos, sociales y culturales para afrontar las nuevas exigencias de responsabilizaci\u00f3n individual (Castel, 2004). As\u00ed, las rutinas y los h\u00e1bitos que las personas van desarrollando en estos espacios cobran una centralidad fundamental para la organizaci\u00f3n de la cotidianeidad, principalmente para afrontar las ambivalencias que se les presentan y reducir al m\u00ednimo o lograr evitar los peligros (Giddens, 1997; Goffman, 1970).<\/p>\n\n\n\n<p>De esta forma, el intento de espacializaci\u00f3n del miedo y de la inseguridad por parte de los actores procura establecer demarcaciones entre espacios seguros e inseguros, aun cuando las transformaciones en el espacio urbano y las experiencias vividas en \u00e9ste han deslocalizado o desterritorializado la inseguridad (Kessler, 2011; Reguillo, 2008). La ubicuidad de la inseguridad y la incertidumbre que genera intentar\u00e1n ser paliadas por los actores mediante la identificaci\u00f3n de sujetos, objetos y espacios seguros e inseguros, atribuy\u00e9ndoles propiedades fijas para procurar encontrar estabilidad y certeza en el quehacer de la vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero de la misma manera, en ese contexto de desafiliaci\u00f3n y de diversas formas de vulnerabilidad social las estrategias que despliegan las mujeres para afrontar cotidianamente la inseguridad son parte de la creatividad desarrollada por los sujetos, entendida como las formas innovadoras de actuar frente a experiencias y situaciones nuevas (Castel, 2010; Giddens, 1997). As\u00ed, las estrategias securitarias ser\u00e1n entendidas aqu\u00ed como las pr\u00e1cticas desarrolladas por los sujetos que se orientan a la evitaci\u00f3n o resoluci\u00f3n de conflictos o potenciales amenazas. Unas y otras se hallan delineadas por la rutina y la creatividad, las cuales condensan una reflexividad alrededor de experiencias previas propias y de otros. Adem\u00e1s, dichas estrategias pueden tomar dos formas, las que se realizan de manera individual y las que se desarrollan o piensan de forma colectiva y grupal; en el presente art\u00edculo ser\u00e1n descritas y analizadas solo las primeras.<\/p>\n\n\n\n<p>La falta de previsibilidad, sumada a la p\u00e9rdida de credibilidad de las instituciones y de los agentes del Estado, traen aparejadas transformaciones en los modos de sociabilidad urbana, en t\u00e9rminos de que los actores van al encuentro de la diversidad de otredades provistos de sus propios temores, prescribiendo y proscribiendo ciertas pr\u00e1cticas en el espacio p\u00fablico (Reguillo, 2008). En este sentido, tambi\u00e9n podemos concebir estas pr\u00e1cticas como una manera en que los sujetos que se hallan en zonas donde el Estado se retir\u00f3 o est\u00e1 en retirada comienzan a generar formas de gestionar y procurar garantizar su seguridad (Walklate, 2001).<\/p>\n\n\n\n<p>Para el caso argentino, las fuertes transformaciones en las condiciones de reproducci\u00f3n material y sociabilidad de los sectores populares durante el ordenamiento neoliberal no significaron que el Estado est\u00e9 ausente, sino que se trata \u201cde una forma cualitativamente diferente de gobernamentabilidad estatal [\u2026] que demuestra simb\u00f3licamente el poder arbitrario del Estado y que refuerza la separaci\u00f3n entre poblaciones v\u00e1lidas e inv\u00e1lidas\u201d (Auyero y Berti, 2013: 122). Las pol\u00edticas econ\u00f3micas y sociales implementadas significaron para los sectores medios y populares que el Estado dej\u00f3 de ser productor y garante de variados derechos sociales. As\u00ed, m\u00e1s que retirada parcial o total, nos encontramos con una presencia estatal contradictoria, selectiva e intermitente y a menudo violenta, que se hace presente a trav\u00e9s de su brazo represivo o punitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este tipo de contextos externos inseguros, la rutinizaci\u00f3n de estas estrategias y la \u201cconciencia pr\u00e1ctica\u201d se tornan fundamentales para la b\u00fasqueda de la autonom\u00eda de los individuos, como rituales de la vida cotidiana que posibilitan seguir adelante y proyectar una dimensi\u00f3n de futuro (Giddens, 1997). Las distintas pr\u00e1cticas desplegadas pueden ser pensadas como capacidades adquiridas a partir de la experiencia individual y colectiva acumuladas, que intentan encontrar, aunque no siempre con \u00e9xito, distintas soluciones a las situaciones conflictivas con las que se miden diariamente en los territorios que habitan o transitan (Rodr\u00edguez Alzueta, 2011). Ahora bien, ello no supone que consideremos que esta cotidianeidad deba ser concebida en t\u00e9rminos de una naturalizaci\u00f3n de las violencias y el delito, o que conlleve una suerte de inmovilismo de los actores. Por el contrario, en cada situaci\u00f3n y encuentro cara a cara los sujetos interact\u00faan de acuerdo con ciertas reglas en el marco de un escenario donde se hacen presentes motivos, imputaciones e intenciones situadas en una dimensi\u00f3n espacio-temporal espec\u00edfica (Goffman, 1970). En consonancia con lo anterior, el uso y manejo del \u201cc\u00f3digo de la calle\u201d supone la apropiaci\u00f3n de ciertas reglas informales y comportamientos organizados en el marco de una interacci\u00f3n social, lo que contribuye al mantenimiento de las relaciones interpersonales en el espacio p\u00fablico de los barrios de sectores populares<a class=\"anota\" id=\"anota4\" data-footnote=4>4<\/a> (Anderson, 1999).<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, es importante resaltar y tener en consideraci\u00f3n que las mujeres, al experimentar un mayor sentimiento de inseguridad, son m\u00e1s proclives a transformar sus rutinas, sus pr\u00e1cticas y sus comportamientos por temor a ser victimizadas (Madriz, 2001; Rainero, 2009). Esto ser\u00eda particularmente visible en el caso de las mujeres de sectores populares ya que, dada la escasez de recursos, no poseen ciertas comodidades \u2013tales como un autom\u00f3vil propio\u2013, lo que lleva a muchas de ellas a autoimponerse restricciones espacio-temporales que las recluyen y les producen desasosiego.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Consideraciones metodol\u00f3gicas y contextuales<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Como se dijo, la metodolog\u00eda del art\u00edculo es de corte cualitativo. La recolecci\u00f3n de la informaci\u00f3n se realiz\u00f3 entre agosto y septiembre de 2016 en los asentamientos El Arroyito y El Zanj\u00f3n de Los Hornos, al suroeste del partido de La Plata, en la provincia de Buenos Aires. El muestreo fue no probabil\u00edstico y por bola de nieve. Se realizaron 22 entrevistas semiestructuradas, donde se busc\u00f3 que las preguntas iniciales fuesen amplias, para posibilitar el surgimiento de temores e inseguridades no directamente relacionados con el delito, el crimen o la seguridad ciudadana; como as\u00ed tambi\u00e9n para observar el propio hilo temporal construido en las narrativas de las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, se tuvo en consideraci\u00f3n que la cantidad de entrevistas permitiera una representatividad de la pluralidad de voces de las mujeres que habitan cada asentamiento, seg\u00fan su nacionalidad y edades, dado que la interseccionalidad da lugar a observar que cada uno de estos grupos experimenta de modos distintos el sentimiento de inseguridad dentro y fuera de sus barrios (ver tabla 1 en Anexo). Las entrevistas permitieron acceder a las experiencias de las entrevistadas, lo que perciben y c\u00f3mo lo interpretan, informando sobre la naturaleza de la vida social de las mujeres en su propia situaci\u00f3n, posici\u00f3n y en su conjunto de relaciones (Geertz, 2003; Weiss, 1995). De esta manera, las estrategias securitarias que se presentan fueron identificadas y recuperadas de los relatos a partir de lo que reconocieron para lidiar con las distintas expresiones de la inseguridad. En segundo lugar, se combinaron la observaci\u00f3n selectiva y observaci\u00f3n enfocada (Werner y Schoepfle, 1987) para de esta manera explorar situaciones, actividades y espacios que se consideraron relevantes y que contribuyeron a la explicaci\u00f3n del problema, y tambi\u00e9n para retomar elementos que no hab\u00edan sido contemplados en un principio.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Caracterizaci\u00f3n sociodemogr\u00e1fica de los asentamientos<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Las viviendas que se hallan en los asentamientos El Arroyito y El Zanj\u00f3n son principalmente casillas de madera y algunas otras construcciones precarias de cemento o ladrillo aparente. En cuanto al acceso, solo dos l\u00edneas de transporte colectivo, concesionadas a una empresa privada, comunican los barrios con la localidad de Los Hornos y con el partido de Berisso, contiguo al de La Plata. Ambas atraviesan el centro de la ciudad de La Plata y su recorrido finaliza a escasas cuadras de ambos asentamientos. Estos transportes son los \u00fanicos que pasan por all\u00ed, con una periodicidad de veinte minutos de lunes a viernes, y de unos cuarenta minutos los fines de semana. Ya que ambas l\u00edneas poseen recorridos muy similares, podr\u00edamos decir que la comunicaci\u00f3n de los dos barrios es limitada. Los vecinos, para trasladarse a otras zonas del partido de La Plata, deben desplazarse hacia las avenidas principales para utilizar o combinar otras l\u00edneas de la red de servicio p\u00fablico. Esto, adem\u00e1s de encarecer el costo de la vida, da cuenta de la segregaci\u00f3n de los espacios en que viven. Por su parte, el paso obligado por la zona c\u00e9ntrica implica extensos tiempos de viaje en la vida cotidiana de estas personas.<\/p>\n\n\n\n<p>El acceso a los servicios es deficiente. Exceptuando las avenidas, los barrios poseen escaso alumbrado p\u00fablico y asfalto. Tampoco cuentan con conexiones de gas natural, ni redes de drenaje o de agua potable. La recolecci\u00f3n p\u00fablica de residuos es espaciada, y tanto el Arroyito como el Zanj\u00f3n se saturan de basura y roedores, lo cual hace de los asentamientos lugares particularmente insalubres. La falta de aceras y de asfalto dificulta la circulaci\u00f3n de las\/os vecinas\/os e imposibilita el paso de ambulancias, polic\u00edas y camiones que recolectan los desechos de un n\u00famero importante de familias. Esta carencia es particularmente problem\u00e1tica en \u00e9pocas de lluvia y da lugar a posibles accidentes tales como ca\u00eddas o tropiezos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un elemento sociodemogr\u00e1fico m\u00e1s es que en la localidad de Los Hornos podemos identificar dos flujos migratorios importantes. En el primero, durante la d\u00e9cada de 1950 arribaron migrantes internos provenientes de provincias del norte y noreste del pa\u00eds en busca de trabajo; en el segundo, que ocurre con mayor intensidad desde 1990, llegaron migrantes de pa\u00edses lim\u00edtrofes, principalmente de Bolivia y Paraguay, tambi\u00e9n en busca de empleo y de la posibilidad de tener derechos b\u00e1sicos garantizados por el Estado, tales como la gratuidad de la salud y la educaci\u00f3n. Mediante observaciones y encuentros informales se pudo constatar que los nuevos pobladores com\u00fanmente se asientan cerca de los parientes ya radicados, y as\u00ed se han ido configurando zonas espacialmente diferenciadas de argentinos, bolivianos y paraguayos, que se vinculan entre s\u00ed con mayores o menores grados de conflictividad. Para los casos aqu\u00ed analizados,<em> El Arroyito <\/em>y<em> El Zanj\u00f3n<\/em> est\u00e1n mayoritariamente poblados por argentinos, paraguayos e hijos y nietos argentinos de paraguayos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El Arroyito y El Zanj\u00f3n como espacios vividos<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En lo que respecta a la din\u00e1mica barrial, se\u00f1alaremos algunas rutinas que pudieron ser reconocidas a trav\u00e9s de las observaciones en ambos asentamientos. Mi llegada a los barrios variaba, dependiendo de los horarios en que pactaba las entrevistas, pero siempre usando el transporte colectivo, alrededor de una hora y media o dos antes de la primera cita y hasta ca\u00edda la noche. Dadas las condiciones habitacionales y los escasos metros cuadrados que tienen las viviendas, gran parte de la vida del vecindario transcurre en las calles, por lo que el espacio p\u00fablico en los sectores populares se vuelve un lugar de sociabilidad forzosa (Rodr\u00edguez Alzueta, 2011). Esto supone que los lugares de encuentro de ni\u00f1os y j\u00f3venes, principalmente varones, suponen un habitar y no un mero transitar por la v\u00eda p\u00fablica, pues las posibilidades de recreaci\u00f3n y consumo en lugares privados y cerrados son escasas. Lo anterior implica, adem\u00e1s, la imbricaci\u00f3n de condiciones y procesos urbanos, econ\u00f3micos y culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Los varones adultos suelen salir del barrio en la ma\u00f1ana, debido a que la mayor parte de ellos trabaja en obras de construcci\u00f3n en otras zonas y las jornadas laborales en este sector comienzan muy temprano. Esos empleos son especialmente vol\u00e1tiles cuando se prolongan los d\u00edas de lluvias intensas y se interrumpe el trabajo. La cercan\u00eda al R\u00edo de la Plata y a humedales hace que esta situaci\u00f3n sea frecuente, por lo que varias de las familias en las que el ingreso principal es el del var\u00f3n-alba\u00f1il viven en una situaci\u00f3n de preocupaci\u00f3n e incertidumbre permanentes. El lugar de encuentro de los j\u00f3venes, principalmente de los varones, durante el d\u00eda y la noche, son las esquinas del barrio. All\u00ed se re\u00fanen para conversar, jugar, consumir alcohol o estupefacientes. Supimos de antemano, mediante las charlas informales previas con las mujeres, que m\u00e1s all\u00e1 de que los hostiguen o no, estas reuniones suelen molestar a los vecinos. En la medida de lo posible tratan de evitar pasar por esas zonas tomando rutas alternativas para llegar al destino, ya sea porque hagan ruidos molestos o porque los consideren una potencial amenaza.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de lo anterior, no todas las jornadas son iguales en los asentamientos. Los d\u00edas de la semana, horarios y estaciones del a\u00f1o contribuyen a delinear las din\u00e1micas barriales y familiares. Durante los fines de semana es cuando hay m\u00e1s movimiento de personas, sobre todo en los escasos d\u00edas soleados y antes del atardecer. Los ni\u00f1os corren fuera, jugando entre s\u00ed o montando bicicletas bajo la mirada de sus familias, apostadas en las puertas de sus casas tomando mate. Adem\u00e1s, a los j\u00f3venes varones tambi\u00e9n se los puede ver por las calles yendo a comprar cerveza o montando motocicletas de forma muy r\u00e1pida y ruidosa, hecho que despierta malestar entre los vecinos sea por lo fastidioso que resulta en t\u00e9rminos de sensorialidad auditiva o por los accidentes viales que puedan llegar a generar. En estos grupos de varones nunca vimos a una mujer. La mayor parte de las veces, las j\u00f3venes tambi\u00e9n habitan grupalmente el espacio barrial, pero las actividades m\u00e1s frecuentes son las caminatas como modo de ocio y recreaci\u00f3n y no una mera forma de tr\u00e1nsito, en repetidas ocasiones, con ni\u00f1os\/as en carriolas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, algo que se ha podido observar es la poca circulaci\u00f3n de personas, el cierre de los comercios y el cese de las actividades en las calles y plazas cuando comienza a anochecer. Las calles se vac\u00edan y las familias se recluyen, esto implica que las rutinas y la cotidianeidad en los hogares est\u00e1 organizada de tal forma que se procura no circular por el barrio cuando est\u00e1 oscuro y desolado. Es en el contexto descrito para El Arroyito y El Zanj\u00f3n que se sit\u00faan espacial y biogr\u00e1ficamente las reflexiones de las entrevistadas sobre sus estrategias securitarias.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Estrategias difusas en la b\u00fasqueda por la colonizaci\u00f3n del futuro: la sociedad de las esquinas con mirada de mujer<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Para las mujeres, el derecho al uso del espacio p\u00fablico est\u00e1 limitado (Madriz, 2001). Rutinas y h\u00e1bitos tales como no pasar por ciertos lugares caracterizados como amenazantes o peligrosos, no ir a parques o plazas \u2013principalmente de noche\u2013 o no esperar el transporte solas son parte de las diversas formas que toma la restricci\u00f3n de los movimientos de las mujeres entrevistadas. Lo anterior supone que el desarrollo de ciertas pr\u00e1cticas que realizan para intentar evitar enfrentarse con una situaci\u00f3n conflictiva, especialmente eludiendo ciertos espacios, es parte constitutiva de la experiencia de la vida cotidiana de las vecinas.<\/p>\n\n\n\n<p>La principal alteridad amenazante identificada por las entrevistadas son los j\u00f3venes varones, epecialmente los que se encuentran en las esquinas o circulan en motocicletas. Sobre las estrategias que aplican alrededor de esta identificaci\u00f3n se centra el an\u00e1lisis de este art\u00edculo.<a class=\"anota\" id=\"anota5\" data-footnote=5>5<\/a> Wilma comenta que ya casi no visita a su hermana en un barrio cercano a El Arroyito porque considera que es peligroso y que con seguridad all\u00ed podr\u00eda ser v\u00edctima de un delito. Seg\u00fan ella, la peligrosidad de aquella zona se caracteriza por la oscuridad e inaccesibilidad del espacio, pues no hay calles asfaltadas y se apostan en el espacio m\u00faltiples grupos de j\u00f3venes varones a los cuales no conoce.<\/p>\n\n\n\n<p>La relevancia del conocimiento del otro se ve en que muchas mujeres afirmaron establecer siempre un saludo cordial con los j\u00f3venes de las esquinas de su barrio. \u00c9stas se mostraron tranquilas al hablar de ellos, sosteniendo que como los respetan, no las molestan, o porque las conocen a ellas, conf\u00edan en que ellos no les har\u00e1n nada. Estas estrategias preventivas manifiestan cercan\u00eda y las adoptan con el objetivo de reducir la distancia (Simmel, 2018) que las separa de los j\u00f3venes, para que no las vean como extra\u00f1as. Estas vecinas comentan:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Ah\u00ed se juntan todos [frente a su casa]. Ac\u00e1 en la esquina tambi\u00e9n, pero como te ven pasar todos los d\u00edas es como que\u2026 Si sos m\u00e1s conocida, te tienen un poco m\u00e1s de respeto. Pero pas\u00e1s la [avenida] 66, o vas para el lado del parque, de noche no pases (Nancy, 49 a\u00f1os).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">No, yo no me meto con nadie&#8230; Porque ante todo, respeto. Vos me respet\u00e1s, yo te respeto y no molestes. Saludo y segu\u00eds\u2026 (Silvana, 29 a\u00f1os).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Si pasan por ac\u00e1, me piden un cigarrillo y yo tengo se lo doy\u2026 o les paso agua o una botella. Me piden, se lo doy. No trato de ponerme en contra de ellos, trato de llevarme bien [\u2026] Nunca fui una mujer de tenerle miedo a ellos, al contrario, ellos me gritaban y yo tambi\u00e9n les gritaba\u2026 yo me levantaba a la ma\u00f1ana [y me dec\u00edan] \u201chola \u00bfc\u00f3mo anda?\u201d, \u201cTraigan la factura pa\u2019 tomar mate\u201d, les gritaba yo, entonces trato de llevarme bien (Nadina, 58 a\u00f1os).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Lo anterior ilustra tambi\u00e9n el manejo del \u201cc\u00f3digo de la calle\u201d y el <em>code-switching <\/em>(Anderson, 1999). Esto significa que las mujeres, dependiendo de la situaci\u00f3n, cambian el registro con que se manejan cotidianamente para lograr lidiar con los distintos encuentros que puedan present\u00e1rseles en el exterior. Las mujeres que reconocen el entendimiento y la posibilidad del manejo del c\u00f3digo del otro y de desenvolverse a partir de \u00e9ste, son principalmente las que pasan m\u00e1s tiempo en el espacio p\u00fablico barrial. As\u00ed, y poniendo el centro de atenci\u00f3n en la situaci\u00f3n, comprenden dichos s\u00edmbolos y significados a trav\u00e9s de la interacci\u00f3n que luego contribuye a la interpretaci\u00f3n de las situaciones cuando se encuentran con el otro. La posibilidad de desenvolverse en el espacio p\u00fablico de esta forma permite la alteraci\u00f3n de los c\u00f3digos y, en consecuencia, de ciertos tipos de comportamientos circunstanciales mediante la evaluaci\u00f3n previa de los posibles cursos de acci\u00f3n (Goffman, 1974). Este acercamiento y puesta en suspenso parcial de la distancia social y espacial les otorga confianza y previsibilidad; con menor frecuencia, dichos j\u00f3venes han roto las expectativas de la interacci\u00f3n con agresiones verbales o invadiendo su espacio personal.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, podr\u00eda aventurarse la hip\u00f3tesis<a class=\"anota\" id=\"anota6\" data-footnote=6>6<\/a> de que este comportamiento de los varones en su barrio y hacia mujeres conocidas se debe a los costos de la interacci\u00f3n, pues que las vecinas sepan qui\u00e9nes son, d\u00f3nde viven y conozcan a miembros de sus familias aumenta las posibilidades de que ellas puedan ejercer sanciones hacia los j\u00f3venes. Aun cuando no sean agredidas o receptoras de miradas lascivas, las mujeres contin\u00faan percibiendo ese encuentro e interacci\u00f3n en t\u00e9rminos asim\u00e9tricos, pues en su experiencia cognitiva y a trav\u00e9s de las cadenas de interacci\u00f3n, estos sujetos son capaces de no ajustarse a las expectativas y formas del encuentro barrial.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, podemos reconocer que varias de las mujeres expresaron que en las horas de la noche usualmente no circulan por las calles y que de todas formas no deber\u00edan tener necesidad de salir. Para algunas de las entrevistadas esto se debe a que tienen temor a ser victimizadas u hostigadas verbalmente por los j\u00f3venes. Pero para otras se debe a los c\u00f3digos de honorabilidad que regulan las relaciones y que se ponen en juego en estos asentamientos, en t\u00e9rminos de diferenciar la propia posici\u00f3n en que se encuentran en el barrio en comparaci\u00f3n con otras vecinas y familias. El respeto \u2013aunque no s\u00f3lo para las mujeres\u2013 es un rasgo central en este tipo de contextos y es a la vez un elemento clave de la negociaci\u00f3n en la interacci\u00f3n del c\u00f3digo de la calle. De forma similar, gran parte de las madres relataron que luego de la llegada de los ni\u00f1os de la escuela deb\u00edan quedarse con ellos haciendo las tareas de cuidado. Por ello tampoco tendr\u00edan qu\u00e9 hacer durante la noche en las calles, argumentando la restricci\u00f3n de los horarios en los que deber\u00edan dejar de transitar por los barrios y el retraimiento en los hogares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">A la tardecita ya es dif\u00edcil para m\u00ed [salir de casa]\u2026 es la hora en que viene mi marido ya\u2026 \u00e9l viene a las seis [de la tarde] de trabajar, y a esa hora yo ya estoy ac\u00e1 adentro, cocinando y\u2026 haciendo cosas [\u2026] S\u00ed\u2026 hago ac\u00e1 la limpieza, cuido a mi hija, cuido a mi mam\u00e1 que est\u00e1 muy enferma (Wilma, 47 a\u00f1os).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Sobre lo anterior podemos reconocer que la maternidad en las mujeres y las expectativas sociales y responsabilidades que pesan sobre ellas marcan tambi\u00e9n su experiencia acerca de la inseguridad. El peso del mandato maternalista sobre la crianza y los cuidados y el sentido de responsabilidad hacen que muchas hayan remarcado que sus mayores preocupaciones y temores est\u00e1n referidos a las amenazas que puedan llegar a padecer sus familias m\u00e1s que su persona. La totalidad de las mujeres madres solteras sostuvo que cuando comienza a oscurecer evita circular por el barrio. Argumentan que ello se debe principalmente a que sus hijos son peque\u00f1os y siempre est\u00e1n con ellas, por lo que el temor a que puedan ser hostigadas cuando est\u00e1n con los ni\u00f1os provoca que declaren estar m\u00e1s precavidas cuando se mueven con ellos que cuando lo hacen solas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Yo mucho no me manejo con el tema de los chicos. Voy y vengo con los chicos as\u00ed que no\u2026 no ando mucho de noche. Lo m\u00e1s que ando es despu\u00e9s de las ocho [de la noche] que vengo de all\u00e1 del club con ellos, nada m\u00e1s. Despu\u00e9s no\u2026 venir caminando apuradita. Y fijarse que haya siempre gente. [\u2026] m\u00e1s cuando vengo con ellos (Karla, 34 a\u00f1os).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Karla s\u00f3lo circula por el barrio en la noche cuando vuelve de buscar a sus ni\u00f1os de las actividades deportivas que realizan en el club barrial. En este caso, la \u00fanica circunstancia semanal en la que no puede evitar circular por la noche y con sus hijos, camina a un ritmo apresurado y por lugares transitados las escasas cuadras que separan su hogar de dicho club. As\u00ed, lo que podemos observar es el hecho de que, dependiendo del contexto no s\u00f3lo espacial sino tambi\u00e9n qui\u00e9n la acompa\u00f1e, las estrategias a desarrollar var\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminar apresuradamente, pensar con anticipaci\u00f3n los trayectos, mirar atentamente y vigilar todos los movimientos de las personas que circulan cerca es parte de la cotidianeidad de la vida de las entrevistadas. Es decir, el \u201cestar alerta\u201d de lo que ocurre a su alrededor, lograr \u201cdetectar el comportamiento inadecuado del otro\u201d (Soto, 2012: 58) \u2013siempre varones\u2013 es algo muy recurrente en los testimonios y se vuelve una estrategia m\u00e1s que busca dotar de certidumbre las interacciones en el espacio p\u00fablico. Estar alerta supone una carga cognitiva y emocional negativa, que dificulta el disfrute o apropiaci\u00f3n del exterior dependiendo del contexto espacio temporal. En t\u00e9rminos de proxemia, si durante las horas del d\u00eda es evaluada positivamente la concurrencia y cercan\u00eda de otros al elegir tomar calles transitadas, durante las horas de oscuridad lo anterior se convierte en una fuente de temor.<\/p>\n\n\n\n<p>En los distintos grupos etarios, los hostigamientos vinculados con el acoso sexual en el espacio p\u00fablico aparecieron expl\u00edcitamente s\u00f3lo de manera secundaria en relaci\u00f3n con otras experiencias evaluadas como inseguras, pero subyacen en las narrativas. Las experiencias de acoso registradas se vincularon a comentarios y miradas obscenos. Frente a ello, las estrategias fueron evasivas, eligiendo no confrontar a los varones que las acosaron para que no escalara el conflicto a una agresi\u00f3n mayor, que implicara contacto f\u00edsico o la continuaci\u00f3n del hostigamiento. Ninguna de las entrevistadas relat\u00f3 haber vivido alg\u00fan tipo de invasi\u00f3n sobre el cuerpo, pero dicha posibilidad se vive como una amenaza latente. Lo anterior abona la tesis de la sombra e influye en la prevalencia de transitar m\u00e1s que habitar el espacio p\u00fablico. En todos los casos, se deslizan ideas vinculadas con la localizaci\u00f3n correcta del cuerpo femenino, significado y sexuado por los otros. Todas ellas parecen saber <em>cu\u00e1l es su lugar<\/em> asignado como mujeres, lo que dificulta su integraci\u00f3n en el exterior, pues las relaciones sociales y los procesos espaciales se refuerzan mutuamente (McDowell, 2000).<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres entrevistadas no s\u00f3lo limitan sus actividades sino que tambi\u00e9n, en su papel de madres, restringen las actividades de sus hijos por temor a que algo pudiera ocurrirles. En particular esto podemos observarlo en los relatos de las dos mujeres que tienen hijos adolescentes. Priscila tiene un hijo de 14 a\u00f1os y al contar los cuidados que ten\u00eda para que no est\u00e9 expuesto a ninguna posible situaci\u00f3n de victimizaci\u00f3n en la v\u00eda p\u00fablica o que realice actividades que considera que no son apropiadas para un chico de esa edad, resalt\u00f3 en su relato que ella s\u00ed confiaba en su hijo, pero no en los j\u00f3venes que lo rodeaban:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Lo que no me gustar\u00eda es que le pasara algo a mi hijo. Creo que no sabr\u00eda c\u00f3mo enfrentar o c\u00f3mo actuar\u00eda ante un hecho <em>x<\/em>. \u00c9l va a la escuela conmigo, va a trompeta, lo llevo yo y lo voy a buscar yo\u2026 por una cuesti\u00f3n de cuidar su integridad f\u00edsica. Yo conf\u00edo en \u00e9l, yo s\u00e9 lo que es \u00e9l, pero no conf\u00edo en el resto. Es lo que le pasa cualquier madre. [Simula conversaci\u00f3n] \u201ca m\u00ed no me molesta levantarme a cualquier hora e irte a buscar, sos mi hijo. Y si yo no te cuido, no te cuida nadie\u201d. Es as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Wilma, que es madre de una ni\u00f1a de 12 a\u00f1os, tambi\u00e9n se muestra preocupada porque est\u00e9 sola en la calle \u2013sea de d\u00eda o de noche\u2013 y se relacione con los j\u00f3venes de las esquinas. Ella resalta el hecho de mantener reiteradas charlas sobre las precauciones que debe tener en la v\u00eda p\u00fablica. Dada la socializaci\u00f3n generizada, es m\u00e1s com\u00fan que a las ni\u00f1as desde peque\u00f1as se les ense\u00f1en en las familias distintos consejos e imposiciones, que siempre deben tener cuidados y comportamientos adecuados. Los consejos giran en torno a un estar alertas a eventuales agresiones sexuales, pero tambi\u00e9n sobre c\u00f3mo caminar, c\u00f3mo vestir, c\u00f3mo sentarse, sobre c\u00f3mo ser femenina y respetada; lo cual, simult\u00e1neamente, distingue y distancia de los otros. Wilma sostuvo que:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Yo siempre le hablo a ella de esas cosas&#8230; que no pase por donde est\u00e1n los chicos, que no hable con los chicos\u2026 que no ande por lugares oscuros&#8230; Igual ella no&#8230; Cuando es de noche no sale de ac\u00e1. No, porque su pap\u00e1 ya est\u00e1 ac\u00e1 y la queremos ver ac\u00e1 adentro&#8230; \u00c9l la quiere ver ac\u00e1 adentro. Yo le compr\u00e9 a ella la <em>tablet<\/em> y est\u00e1 ah\u00ed en su pieza, adentro. No, ella no sale. Ah\u00ed tiene la amiguita [se\u00f1ala una casa vecina]. Sobre esta cuadra, ah\u00ed nom\u00e1s va ella. Despu\u00e9s, antes de que venga su pap\u00e1 yo le llamo. Por ac\u00e1 nom\u00e1s, ella no sale a la calle sola, \u00bfeh? (Wilma, 47 a\u00f1os).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">A trav\u00e9s de estos dos casos vemos el intento de que los j\u00f3venes se mantengan fuera de \u201cla calle\u201d. Las madres que se consideran a s\u00ed mismas \u201cdecentes\u201d, declaran adem\u00e1s ser estrictas con la crianza, procurando que incorporen el sentido de la responsabilidad, el trabajo y los principios morales \u201ccorrectos\u201d. Estas estrategias para evitar que los hijos se relacionen con gente que consideran que no son como ellos, por compartir unos supuestos valores diferentes, restringen las experiencias de los m\u00e1s j\u00f3venes a partir de imaginarios construidos sobre el otro. As\u00ed tambi\u00e9n, en la percepci\u00f3n de estas dos entrevistadas, el control sobre sus hijos evitar\u00e1 problemas tanto en el espacio p\u00fablico como en el privado, coproduciendo seguridad a partir de estas pr\u00e1cticas restrictivas (Agudo, 2016).<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo a Skeggs (2019), desde una perspectiva macroestructural, las mujeres de clases populares han sido consideradas tanto el problema como la soluci\u00f3n del orden social. El ideal dom\u00e9stico de mujeres-madres-cuidadoras que opera en ambas entrevistadas es similar, pero resulta m\u00e1s significativo porque la segunda est\u00e1 en pareja y la primera no. Es decir, aunque Wilma no sea la \u00fanica progenitora presente, manifiesta el mismo peso y sentir del mandato de la buena crianza, aun cuando est\u00e1 en pareja y la otra entrevistada no (Palomar Verea y Su\u00e1rez de Garay, 2007; Skeggs, 2019). La internalizaci\u00f3n de este mandato, el imaginario maternal y el cuidado sobre sus hijos, no ocurren sin mediaci\u00f3n. Se ve reforzado en las interacciones con conocidos y desconocidos y las sanciones que aplican sobre las mujeres madres. Dichas sanciones tienen gradaciones, pudiendo ser m\u00e1s o menos simb\u00f3licas, como, por ejemplo, la divulgaci\u00f3n de chismes en los barrios como forma de disciplinamiento dadas las relaciones de cercan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reflexiones finales<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En este art\u00edculo se describi\u00f3 y analiz\u00f3 c\u00f3mo se definen y redefinen en el marco de las interacciones cara a cara las estrategias securitarias individuales para afrontar la problem\u00e1tica de la inseguridad ciudadana de un grupo de mujeres de sectores populares de la localidad de Los Hornos. Se coloc\u00f3 la mirada en el proceso mismo de interacci\u00f3n, atendiendo a conversaciones e intercambios a fin de percibir c\u00f3mo en la negociaci\u00f3n microsocial se van configurando y modificando las estrategias y el sentimiento mismo es uno de los aportes de este art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p>El intento por cartografiar las condiciones precarias en que viven y las vulnerabilidades que atraviesan las mujeres y sus familias procur\u00f3 ir m\u00e1s all\u00e1 de una mera exposici\u00f3n del espacio material para entenderlo en t\u00e9rminos de un espacio vivo, que al escuchar las voces de quienes ah\u00ed viven adquiere un sentido particular. El lugar que ocupa en este trabajo el an\u00e1lisis del contexto barrial permiti\u00f3 ver d\u00f3nde se inscriben las estrategias frente a la inseguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>La percepci\u00f3n de inseguridad e intranquilidad manifestada en el propio barrio no deja de ser un hallazgo, aun cuando el sentimiento sea bastante generalizado. Gran parte de los estudios del miedo al crimen del siglo xx mostraban como resultado que las proximidades del lugar de residencia y la residencia misma eran considerados lugares seguros, pues los hogares se han presupuesto como el refugio frente al peligro externo. Elementos como conocer m\u00e1s gente, saber qui\u00e9nes son y d\u00f3nde viven para un eventual pedido de ayuda; saber sobre las calles y las aceras, la ubicaci\u00f3n de la iluminaci\u00f3n, entre otros, contin\u00faan teniendo lugar en las evaluaciones, pero no son suficientes para construir una percepci\u00f3n de seguridad en sus zonas de residencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las estrategias de evitaci\u00f3n y autoprotecci\u00f3n analizadas se hallaron cargadas de creatividad. Unas y otras est\u00e1n atravesadas por la evaluaci\u00f3n del contexto espacio-temporal y de los movimientos corporales a desplegar, resultando de ello la acci\u00f3n a ejecutar en el encuentro cara a cara con los otros. Y a medida que resultan efectivas, en el sentido de sortear situaciones amenazantes, las estrategias se rutinizan. La creatividad y la diversidad de estrategias pueden ser clarificadas desde la perspectiva propuesta, ya que al colocar el inter\u00e9s en los encuentros cara a cara y recuperar herramientas conceptuales del interaccionismo simb\u00f3lico, las negociaciones, las evaluaciones y los intercambios toman centralidad explicativa. Los an\u00e1lisis estructurales han hecho grandes aportes al subcampo de estudios que refieren a las experiencias de las mujeres en el espacio p\u00fablico atravesadas por la (in)seguridad, pero no permiten acercarnos a explicaciones que den cuenta de c\u00f3mo opera la agencia que da paso a la variabilidad de las pr\u00e1cticas de mujeres al transitar el espacio p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, se ha mostrado c\u00f3mo las normas de respetabilidad y las pautas e imputaciones configuran las estrategias securitarias de las vecinas y los comportamientos y pr\u00e1cticas esperados que deber\u00edan mantener por su posici\u00f3n de mujeres en el espacio p\u00fablico. La asignaci\u00f3n de espacios por g\u00e9nero, los lugares que se niegan, los horarios restringidos, las precauciones tomadas al realizar ciertos trayectos y la consecuente limitaci\u00f3n de su circulaci\u00f3n degradan las posibilidades de su experimentaci\u00f3n de la vida urbana y su calidad de ciudadanas en tanto que cercenan sus derechos y libertades, y a la vez prolongan en el espacio p\u00fablico el papel de mujer-madre-cuidadora. Tal como se mostr\u00f3, los desplazamientos y usos de la calle tra\u00eddos a colaci\u00f3n por parte de las mujeres estaban principalmente moldeados por actividades cotidianas vinculadas con el trabajo reproductivo y no al productivo, aun cuando fueran trabajadoras.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, la variabilidad de las estrategias securitarias est\u00e1 marcada por las expectativas, pero tambi\u00e9n por la evaluaci\u00f3n de los encuentros cara a cara situados en un espacio-tiempo. La construcci\u00f3n del otro a partir de las narrativas mostr\u00f3 c\u00f3mo se trazan y asignan motivos sobre un \u201cnosotros\u201d y un \u201cellos\u201d construido frente a otros habitantes de los asentamientos. Las relaciones sociales que mantienen las mujeres cotidianamente con algunos miembros del barrio se encuentran atravesadas por estrategias de distancia social y defensa personal, considerando que un episodio violento, incivil o amenazante pueda ocurrir en cualquier momento. En consecuencia, las atribuciones de sentido establecidas sobre esos otros manifiestan y trazan no s\u00f3lo una distancia social sino tambi\u00e9n una distancia espacial en el mismo asentamiento. La fragmentaci\u00f3n urbana, en su dimensi\u00f3n espacial y social, se encarna en la vida cotidiana de estas mujeres a partir de las l\u00f3gicas excluyentes descritas, tales como las dificultades infraestructurales o de movilidad e inmovilidad. Se observ\u00f3, tambi\u00e9n, c\u00f3mo el sentimiento de inseguridad se produce de manera particular en un entorno de deterioro de lo p\u00fablico, volviendo la mirada a la presencia del Estado como productor de espacios de convivencia y habitabilidad. Asimismo, eso se interseca con el g\u00e9nero, pues las expectativas de interacciones no amenazantes en el espacio p\u00fablico son muy bajas para las mujeres, lo que agudiza las din\u00e1micas expulsivas de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se dijo, ninguna de las entrevistadas mencion\u00f3 expl\u00edcitamente el miedo a la violaci\u00f3n y las agresiones sexuales f\u00edsicas, pero se constat\u00f3 que, para el caso analizado, tambi\u00e9n opera como la \u201csombra\u201d, influyendo en otros temores de victimizaci\u00f3n. Adem\u00e1s de los relatos mostrados, lo anterior puede sostenerse en que el otro temor recurrente siempre es un cuerpo joven y masculino. En los pocos casos en que se manifest\u00f3 temor hacia mujeres, siempre hab\u00eda un previo conocimiento y conflicto interpersonal entre la entrevistada y la otra. En uno y otro caso, la mayor probabilidad de riesgo evaluada se evidenciaba en aquellos delitos u hostilidades que implicaban contacto cara a cara y la cercan\u00eda de los cuerpos; es decir, la posibilidad de recibir alg\u00fan tipo de agresi\u00f3n f\u00edsica.<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos generales y a trav\u00e9s de lo se\u00f1alado podemos sostener que las diversas estrategias contribuyen a que estas mujeres se sientan m\u00e1s seguras. Por ello tambi\u00e9n dotan de cierta certidumbre sus experiencias de la vida cotidiana, que se encuentran atravesadas por un contexto de precariedad, pobreza y desprotecci\u00f3n del Estado y frente a \u00e9l. Recuperar la dimensi\u00f3n subjetiva de la vulnerabilidad social es otro de los aportes realizados, dada la mayor importancia de los trabajos acad\u00e9micos, a lo estructural u objetivo, a la vulnerabilidad social en su doble proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo, dadas la evaluaci\u00f3n que hacen del presente y la percepci\u00f3n de que el Estado no brindar\u00e1 seguridades ni certezas, consideramos que se multiplican las estrategias de autoprotecci\u00f3n para evitar situaciones amenazantes o adelantarse a ellas para minimizar las posibles consecuencias. Finalmente, profundizar en la dimensi\u00f3n de la agencia de las mujeres y sus pr\u00e1cticas en la ciudad permite problematizar postulados que sostienen que el espacio p\u00fablico est\u00e1 vetado para ellas, as\u00ed como tambi\u00e9n la posibilidad de pensar que no son meras reproductoras de estructuras y mandatos sociales. Sin duda ello contribuye a problematizar y comprender las experiencias de las urbanitas en toda su complejidad y as\u00ed construir pol\u00edticas p\u00fablicas para democratizar el acceso y el disfrute de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, en una pr\u00f3xima investigaci\u00f3n se espera trabajar las estrategias y la espacialidad y la forma en que se construyen en funci\u00f3n de los papeles de g\u00e9nero. Ser\u00e1 relevante, en tanto aporte, realizar un an\u00e1lisis comparativo que aborde la construcci\u00f3n del sentimiento de inseguridad y el desarrollo de estrategias en varones, personas <span class=\"small-caps\">lgbttti+<\/span> y una mayor diversidad de mujeres con distintas trayectorias de vida y que no sea necesariamente su condici\u00f3n de clase lo que las acerca.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Agudo, Alejandro (2016). \u201cEncuentros ciudadanos con la polic\u00eda y coproducci\u00f3n de seguridad entre el Estado y la familia\u201d, en Mar\u00eda E. Su\u00e1rez de Garay y Nelson Arteaga Botello (ed.), <em>Violencia, inseguridad y sociedad en M\u00e9xico<\/em>. 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Los Polvorines: <span class=\"small-caps\">ungs<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Snedker, Karen (2015). \u201cNeighborhood Conditions and Fear of Crime: A Reconsideration of Sex Differences\u201d. <em>Crime &amp; Delinquency<\/em>, vol. 61, n\u00fam. 1, pp. 45-70. https:\/\/doi.org\/10.1177\/0011128710389587<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Soto Villagr\u00e1n, Paula (2012). \u201cEl miedo de las mujeres a la violencia en la Ciudad de M\u00e9xico: Una cuesti\u00f3n de justicia espacial\u201d. <em>Revista invi<\/em>, vol. 27, n\u00fam. 75, pp. 145-169. https:\/\/doi.org\/10.4067\/S0718-83582012000200005<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Sozzo, M\u00e1ximo (2008). <em>Inseguridad, prevenci\u00f3n y polic\u00eda<\/em>. 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Es integrante del Grupo de Estudios sobre Violencia, Justicia y Derechos Humanos del Centro de Estudios Sociales y Pol\u00edticos de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina; y participante del Proyecto \u201cFuerzas de seguridad, vulnerabilidad y violencias en contexto de pandemia de <span class=\"small-caps\">covid<\/span>-19\u201d de la Agencia Nacional de Promoci\u00f3n de la Investigaci\u00f3n, el Desarrollo Tecnol\u00f3gico y la Innovaci\u00f3n de Argentina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>O objetivo deste artigo \u00e9 analisar as estrat\u00e9gias de seguran\u00e7a das mulheres de setores populares de La Plata, Argentina. A hip\u00f3tese orientadora \u00e9 que a inova\u00e7\u00e3o e a rotinas de estrat\u00e9gias, entendidas como rituais do cotidiano que permitem avan\u00e7ar e projetar uma dimens\u00e3o do futuro, s\u00e3o fundamentais para a autonomia da mulher. A an\u00e1lise \u00e9 baseada em informa\u00e7\u00f5es coletadas atrav\u00e9s de observa\u00e7\u00f5es e entrevistas semi-estruturadas com mulheres de dois assentamentos perif\u00e9ricos no munic\u00edpio de La Plata. Os resultados mostram que as estrat\u00e9gias conseguem dotar a vida cotidiana de uma certa certeza e coloniza\u00e7\u00e3o do futuro, mas que elas empregam principalmente pr\u00e1ticas de evas\u00e3o e auto-restri\u00e7\u00e3o no uso do espa\u00e7o urbano. 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