{"id":38633,"date":"2024-03-21T11:00:50","date_gmt":"2024-03-21T17:00:50","guid":{"rendered":"https:\/\/encartes.mx\/?p=38633"},"modified":"2024-03-21T11:00:50","modified_gmt":"2024-03-21T17:00:50","slug":"bedoya-visualidad-mareros-periodicos-posguerra-guatemala","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encartes.mx\/fr\/bedoya-visualidad-mareros-periodicos-posguerra-guatemala\/","title":{"rendered":"R\u00e9gimes scopiques d'une nouvelle guerre : photographies de mareros dans la note rouge de l'apr\u00e8s-guerre au Guatemala."},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Resumen<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Desde mediados de la d\u00e9cada de 1990, los peri\u00f3dicos guatemaltecos han publicado fotograf\u00edas de hombres con el cuerpo tatuado a quienes identifican como mareros. La movilizaci\u00f3n de estas fotograf\u00edas juega un rol clave en la socializaci\u00f3n de ideas acerca de qui\u00e9nes son estos sujetos y qu\u00e9 hacen, lo que da pie a la formaci\u00f3n de una mirada p\u00fablica del crimen como fen\u00f3meno concomitante a la posguerra. La formaci\u00f3n de la referida mirada p\u00fablica, a su vez, devino en un componente nodal de una nueva contrainsurgencia en la forma de lucha contra el crimen, de la cual la nota roja oper\u00f3 como uno de sus dispositivos ret\u00f3ricos. La discusi\u00f3n que ofrezco se centra en el desempe\u00f1o de los dos peri\u00f3dicos representativos del g\u00e9nero: <em>Al D\u00eda<\/em> y <em>Nuestro Diario<\/em>, y se acota al decenio 1996-2005.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Palabras claves: <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/guatemala\/\" rel=\"tag\">Guatemala<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/mareros\/\" rel=\"tag\">mareros<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/nota-roja\/\" rel=\"tag\">nota roja<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/nueva-contrainsurgencia\/\" rel=\"tag\">nueva contrainsurgencia<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/posguerra\/\" rel=\"tag\">posguerra<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/visualidad\/\" rel=\"tag\">visualidad<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"en-title\">visualities of a new war: photographs of mareros in sensational journalism in post-civil war guatemala<\/p>\n\n\n\n<p class=\"en-text abstract\">Since the mid-1990s, Guatemalan newspapers have run pictures of tattooed men identified as <em>mareros<\/em> (gang members). The deployment of these photographs served to spread ideas about who these subjects are and what they do, forging a public vision of crime as a phenomenon linked to the post-war period. Shaping this public perspective, in turn, became a new form of counterinsurgency against crime, and sensationalism has proved a critical rhetorical device. The discussion centers on two sensationalist papers, <em>Al D\u00eda and Nuestro Diario<\/em>, and covers the period from 1996-2005.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Keywords: <em>mareros<\/em>, gang members, visuality, sensational journalism, post-civil war, new counterinsurgency, Guatemala.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap abstract\">Las fotograf\u00edas de mareros en los peri\u00f3dicos guatemaltecos aparecieron enmarcadas en un giro noticioso espec\u00edfico: las noticias de maras, noticias que informan de hechos violentos y comportamientos criminales protagonizados por mareros. Los dos peri\u00f3dicos que con m\u00e1s consistencia han publicitado a los mareros son <em>Al D\u00eda<\/em> y<em> Nuestro Diario.<\/em> El primero apareci\u00f3 en 1996 y el otro, en 1998. <em>Al D\u00eda<\/em> sali\u00f3 de circulaci\u00f3n en 2013; <em>Nuestro Diario<\/em> se mantiene vigente. Ambos se especializan en nota roja y deportes, temas que los posicionaron como los preferidos de lectores de clase baja y de poca escolaridad.<\/p>\n\n\n\n<p>El estilo de fotograf\u00edas de mareros no es exclusivo de Guatemala, por lo que ser\u00eda errado atribuir su creaci\u00f3n a los peri\u00f3dicos. Dado que los mareros han sido desde el principio un fen\u00f3meno de criminalidad transnacional, el estilo de fotograf\u00eda debe ser situado en campos de visualidad igualmente transnacionalizados, alimentados por las ret\u00f3ricas sobre pandilleros en el sistema carcelario californiano, la ficci\u00f3n cinematogr\u00e1fica, los sistemas de vigilancia migratoria, etc. Si bien reconstruir estos campos de visualidad p\u00fablica transnacionalizados es una tarea anal\u00edticamente estimulante, en esta ocasi\u00f3n mi objetivo es poner en relieve sus configuraciones locales, estudiando la emergencia y consolidaci\u00f3n de los mareros en la nota roja guatemalteca durante la d\u00e9cada posterior a la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>El acondicionamiento de lo que he denominado noticias de maras en los peri\u00f3dicos de nota roja puede ser interpretado, en primer t\u00e9rmino, como efecto de la evoluci\u00f3n ordinaria de la publicidad del crimen. Es decir, result\u00f3 de la b\u00fasqueda de alicientes comerciales; los peri\u00f3dicos, seg\u00fan Picatto (2001 y 2017), existen tambi\u00e9n para generar r\u00e9ditos, adem\u00e1s de para transmitir noticias. De igual forma, podr\u00e1 argumentarse que el arribo de los mareros a las noticias result\u00f3 de la dependencia de los peri\u00f3dicos respecto a la fuente policial. Desde este punto de vista se dir\u00e1 que si los peri\u00f3dicos publican noticias de maras, es porque los protagonistas de hechos que la polic\u00eda registra son mareros.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, si inquirimos en los efectos pol\u00edticos producidos por la publicidad noticiosa, tendremos una respuesta de m\u00e1s complejidad anal\u00edtica. En este art\u00edculo me aproximo a la publicad noticiosa de los mareros con el prop\u00f3sito de explicar c\u00f3mo la movilizaci\u00f3n de fotograf\u00edas de hombres tatuados en los peri\u00f3dicos y su utilizaci\u00f3n para referenciar filiaci\u00f3n criminal influyeron decisivamente en los procesos de selecci\u00f3n preventiva de conjuntos poblacionales, a los que se encapsul\u00f3 en un tipo social cognoscible a trav\u00e9s de una sem\u00e1ntica corporal fincada en la portaci\u00f3n de tatuajes.<\/p>\n\n\n\n<p>En Guatemala, la polic\u00eda fue la que primero fij\u00f3 la mirada en los cuerpos tatuados y los utiliz\u00f3 para referenciar comportamientos delincuenciales. Comenz\u00f3 a hacerlo a partir de 1997 y 1998 en el contexto del endurecimiento de las pol\u00edticas de control de la criminalidad urbana de baja monta. As\u00ed que, en el principio, las fotograf\u00edas aparecieron para cumplir prop\u00f3sitos de control y vigilancia policial (Sekula, 1986). A partir de entonces, la polic\u00eda interpret\u00f3 sus encuentros con mareros acudiendo a los flujos de informaci\u00f3n que actualizaban el estado de las pandillas en California y otros sitios de Centroam\u00e9rica, donde, se afirmaba, estos generaban altos niveles de violencia. A partir de all\u00ed, el control policial pas\u00f3 a apoyarse en el requisamiento de los cuerpos, como si estos contuvieran las claves para el desciframiento de la malignidad social que se espera localizar y desvelar. Surgi\u00f3 as\u00ed el archivo policial antimaras propiamente dicho, cuya singularidad con respecto a versiones pasadas radica en una mayor dependencia de la gram\u00e1tica corporal. Con estos elementos se fund\u00f3 una nueva epistemolog\u00eda del crimen y la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La irrupci\u00f3n p\u00fablica de los mareros tom\u00f3 lugar en un contexto de agudizaci\u00f3n de ansiedades de seguridad, exacerbadas en buena medida por la reconversi\u00f3n de los aparatos de violencia estatal luego del fin de la guerra antiguerrillas. Mi posici\u00f3n al respecto es que, en aquel contexto,la criminalidad se suplant\u00f3 a anteriores im\u00e1genes del desorden. Los criminales, incluidos los mareros, fueron situados en la posici\u00f3n de nuevos enemigos de la sociedad a quienes el Estado deb\u00eda hacerles la guerra. Apreciado as\u00ed el problema, es factible arg\u00fcir que el archivo policial de mareros, del que la nota roja abreva, se desarroll\u00f3 en di\u00e1logo con las tecnolog\u00edas de la nueva contrainsurgencia, que M\u00fcller (2015) denomin\u00f3 \u201ccontrainsurgencia criminal\u201d por estar centrada en el combate a la criminalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En perspectiva comparada, los mareros son el \u00fanico tipo criminal al que se le reconoce empleando una gram\u00e1tica corporal codificada en fotograf\u00edas. La mirada vehiculizada por las fotograf\u00edas regula, organiza y destaca cualidades que, al ser indexadas con el ser social de los individuos retratados, producen im\u00e1genes. La potencia visual de estas fotograf\u00edas radica en que corporiza al nuevo enemigo social.<\/p>\n\n\n\n<p>Para conceptuar la formaci\u00f3n de la mirada p\u00fablica de los mareros acudo al t\u00e9rmino \u201cr\u00e9gimen esc\u00f3pico\u201d, propuesto por Martin Jay (1993 y 2011). Para Jay, los reg\u00edmenes esc\u00f3picos hacen posible la existencia de determinadas pr\u00e1cticas visuales en circunstancias hist\u00f3ricas espec\u00edficas. El r\u00e9gimen esc\u00f3pico de los mareros otorga veracidad a su existencia, permite el escrutinio de determinados cuerpos y hace posible la fijaci\u00f3n de relaciones de indexicalidad con nociones de crimen, violencia y desorden social.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00e9gimen esc\u00f3pico es una herramienta de an\u00e1lisis cr\u00edtico de la cultura visual de amplias aplicaciones en t\u00e9rminos de escala, m\u00e1s all\u00e1 de su conceptualizaci\u00f3n original (Metz, 1982). Estos usos, apunta Jay (2011), permiten pensar en reg\u00edmenes macros y reg\u00edmenes micros. En un extremo se ubican los esfuerzos de caracterizar configuraciones epocales, por ejemplo, los reg\u00edmenes esc\u00f3picos de la modernidad; mientras que en el otro encontramos pr\u00e1cticas visuales m\u00e1s estrechas, circunscritas a tiempos y espacios acotados. A esta categor\u00eda corresponde la mirada p\u00fablica de los mareros en la posguerra guatemalteca.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes que discutir cuestiones de escala, me interesa reflexionar sobre la mixtura entre tecnolog\u00edas fotogr\u00e1ficas, moldeamiento de formas de ver y dominaci\u00f3n social, al interior de campos de fuerza hist\u00f3ricamente configurados. En este sentido, la tesis de un r\u00e9gimen esc\u00f3pico de mareros recupera la afirmaci\u00f3n hecha por Feldman (1991) respecto a que los Estados y sus aliados suelen actuar para ofrecerles a sus p\u00fablicos im\u00e1genes que proveen acceso visual a las historias detr\u00e1s de las ideas que soportan los proyectos de dominaci\u00f3n con los que se han comprometido.<\/p>\n\n\n\n<p>En la misma l\u00ednea de ideas, mi aproximaci\u00f3n a la visualidad contempor\u00e1nea del crimen encuentra inspiraci\u00f3n en el an\u00e1lisis de Mar\u00eda Torres (2014) y su estudio de las est\u00e9ticas y narrativas elaboradas por los fotoperiodistas que cubrieron la violencia pol\u00edtica guatemalteca del pasado. Seg\u00fan Torres, la nota roja guatemalteca aport\u00f3 significativamente a la edificaci\u00f3n de los reg\u00edmenes esc\u00f3picos del terror propiciados por las dictaduras militares, pero tambi\u00e9n fue una empresa comercial ordinaria y un repositorio visual de enorme val\u00eda para los procesos de memoria. La nota roja contempor\u00e1nea es, del mismo modo que en el pasado, a la vez aparato ret\u00f3rico de contrainsurgencia, negocio editorial y deponente de las nuevas violencias.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La nueva guerra<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En Guatemala, los incrementos de las estad\u00edsticas de criminalidad y de muertes violentas y sus concomitantes sentidos de inseguridad p\u00fablica se erigieron en instancias privilegiadas para constatar los menguados avances de las transiciones de la guerra a la paz y del autoritarismo a la democracia formal (Bateson, 2013; L\u00f3pez <em>et al<\/em>., 2009; Camus <em>et al<\/em>., 2015; Mendoza, 2007).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 aumentaron la violencia y el crimen en tiempos de paz? No existe una, sino varias respuestas posibles, cada una con los matices respectivos, teniendo en com\u00fan la premisa que la realidad observada representa una irregularidad sociol\u00f3gica: la transici\u00f3n debi\u00f3 traer paz, no m\u00e1s violencia y crimen, como sucedi\u00f3. No es de mi inter\u00e9s establecer balances del estado del arte de las violencias y el crimen de las posguerras, tampoco contrariar a los entusiastas de la pacificaci\u00f3n. Simplemente, encuentro que la relevancia pol\u00edtica que el crimen y la violencia alcanzaron durante la posguerra no se acota al crecimiento num\u00e9rico de los robos, los secuestros, los homicidios y dem\u00e1s hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para comprender de mejor manera la colocaci\u00f3n del crimen y la violencia como temas de alta sensibilidad p\u00fablica en el contexto del recambio de los modos de mando autoritarios por otros formalmente democr\u00e1ticos, es oportuno prestar atenci\u00f3n a los movimientos semi\u00f3ticos de sustituci\u00f3n y desplazamiento de lo nacionalmente amenazante al interior de la imaginer\u00eda dominante del orden y el desorden. A la vez que en los hechos registrados en estad\u00edsticas, el crimen es una realidad contenciosa que pone en vilo la continuidad de los m\u00e9todos de la dominaci\u00f3n violenta hist\u00f3ricamente configurada.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta apuesta anal\u00edtica, que delineo con brevedad, reposa en la siguiente formulaci\u00f3n: las \u00e9lites guatemaltecas y los agentes del Estado que act\u00faan con arreglo a sus intereses albergan la sospecha de que los mecanismos civiles de los que disponen para perpetuar la dominaci\u00f3n social son fr\u00e1giles. Hist\u00f3ricamente, las \u00e9lites econ\u00f3micas han renunciado a expandir la base de la hegemon\u00eda a trav\u00e9s de la distribuci\u00f3n de la riqueza y la edificaci\u00f3n de una cultura nacional capaz de abordar las diferencias internas de modo positivo. En momentos de crisis y cuando presienten que la dominaci\u00f3n social se debilita, frecuentemente acuden a la agitaci\u00f3n de figuras de peligrosidad social, a las que el Estado debe controlar o extirpar a trav\u00e9s de m\u00e9todos violentos. Es llamativo que, en la experiencia guatemalteca, las amenazas al orden social provengan del interior del cuerpo de la naci\u00f3n, no del exterior. De all\u00ed que, la mayor\u00eda de las veces, la continuidad de la autoridad del Estado ha dependido de que exista algo o alguien a quien combatir en nombre de la defensa de la sociedad nacional. De hecho, en buena medida, el Estado existe para desempe\u00f1ar tal labor.<\/p>\n\n\n\n<p>Renovar las creencias respecto a que la naci\u00f3n est\u00e1 permanentemente amenazada por figuras surgidas del interior forma parte de los juegos de afirmaci\u00f3n de la dominaci\u00f3n social a la que estoy aludiendo. Ello conlleva el desarrollo de capacidades para controlar los recursos f\u00edsicos de la violencia depositados en el Estado, arrogarse el derecho de autorizar su uso defensivo en nombre de algo m\u00e1s amplio que la defensa personal. As\u00ed, en este pa\u00eds, la guerra contra los enemigos de la sociedad ha sido siempre violencia contra otros guatemaltecos, nunca o solo en raras ocasiones violencia en contra de extranjeros.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien es acertado ligar las representaciones de la naci\u00f3n ideada como un cuerpo perennemente amenazado desde su interior con la cultura de las clases dominantes, tambi\u00e9n es verdad que la semi\u00f3tica de los enemigos internos y del valor resolutivo de la violencia no es privativo de las \u00e9lites. En distintos tiempos y espacios, las clases populares han sido entusiastas de proyectos de dominaci\u00f3n violenta que se tornan contra s\u00ed mismos o los entornos de intimidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En la posguerra los criminales reemplazaron a los guerrilleros izquierdistas. Mientras que los subversivos amenazaban los privilegios de clase de la \u00e9lite y promet\u00edan un mejor porvenir para las masas empobrecidas, los criminales carecen de proyectos de transformaci\u00f3n social, sencillamente son depredadores de vidas y patrimonios. Se trata de desplazamientos con modificaciones, de rupturas con continuidades, no de relevos lineales.<\/p>\n\n\n\n<p>En el presente, que todos seamos v\u00edctimas en potencia del crimen hace que el temor se difumine por el cuerpo social de la naci\u00f3n con altos grados de agudeza. Por esta raz\u00f3n, la movilizaci\u00f3n del miedo y de los sentidos de inseguridad alcanzaron densidades narrativas no vistas en el pasado, consiguiendo as\u00ed que, personas y grupos separados por fracturas de clase, etnicidad y diferencias urbano-rurales, encuentren que el combate a las amenazas de seguridad es un proyecto com\u00fan al que todos deben aportar.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el encuadre general de la colocaci\u00f3n de los mareros como fuente de desorden y nuevos enemigos del Estado. Con relaci\u00f3n al pasado, la nueva guerra resultar\u00eda novedosa porque transcurrir\u00eda enmarcada en la gubernamentalidad formalmente democr\u00e1tica, estar\u00eda a cargo sobretodo de la polic\u00eda, se pelear\u00eda en las periferias urbanas y contra un enemigo despojado de ideolog\u00edas de cambio social radical.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Manufacturaci\u00f3n de los mareros en la nota roja urbana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Para comprender la formaci\u00f3n de la mirada p\u00fablica de los mareros es necesario prestarles atenci\u00f3n a los desarrollos de la nota roja en general, as\u00ed como del subg\u00e9nero de noticias de maras en particular. El problema de conocimiento al que nos enfrentamos no es la existencia de mareros en el sentido sociol\u00f3gico, sino la producci\u00f3n y movilizaci\u00f3n de ideas e im\u00e1genes acerca de qui\u00e9nes son y qu\u00e9 hacen. Se trata de un objeto de conocimiento al que se le atribuyen unos cualisignos de proximidad con el crimen, cuya aprehensi\u00f3n depende de la activaci\u00f3n de una referencialidad visual basada en marcadores corporales.<\/p>\n\n\n\n<p>Con apego a la convenci\u00f3n de g\u00e9nero, las noticias de maras narran hechos, generalmente delitos, y ofrecen fotograf\u00edas de los protagonistas. Desde un punto de vista semi\u00f3tico, las noticias constituyen proposiciones generales compuestas de elementos ling\u00fc\u00edsticos y visuales (Peirce, 1986). En ellas, las fotograf\u00edas aparecen para cumplir funciones de iconicidad o indexicalidad con relaci\u00f3n al mensaje general. La conceptuaci\u00f3n de la noticia como proposici\u00f3n general no anula la potencia de las fotograf\u00edas period\u00edsticas para significar de manera aut\u00f3noma. En nuestro caso de estudio, reconocer la autonom\u00eda relativa de la fotograf\u00eda con relaci\u00f3n al texto escrito es relevante, debido a la preponderancia que la visualidad ha adquirido en los procesos de cognoscibilidad social del tipo criminal en ellas representado.<\/p>\n\n\n\n<p>El amplio consenso existente respecto al papel que los peri\u00f3dicos han jugado en la formaci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n social y la socializaci\u00f3n de ideas y discursos pol\u00edticos es extensible a su desempe\u00f1o en la producci\u00f3n y movilizaci\u00f3n de nociones respecto al crimen y los criminales (Jusionyte, 2015; Picatto, 2001, 2017; Siegel, 1998). En los diarios, escribe James Siegel, no encontraremos criminales en el sentido sociol\u00f3gico, pero s\u00ed la manufacturaci\u00f3n de im\u00e1genes e ideas acerca de su g\u00e9nesis y existencia (1998: 30). Las narrativas del crimen surgen de procesos complejos y descentralizados, extensibles a trav\u00e9s de varios espacios, desde la aparici\u00f3n de la polic\u00eda en las escenas del crimen hasta las salas de redacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El crimen en las noticias es un objeto contencioso que se modula en encuentros y negociaciones entre los individuos e instituciones que trabajan juntos para traducir hechos en explicaciones autorizadas y semi\u00f3ticamente orientadas, a trav\u00e9s de las que un suceso en particular es convertido en noticia. A decir de Jusionyte (2015), la producci\u00f3n de noticias conlleva un tipo particular de trabajo consistente en la manipulaci\u00f3n de signos y significados que la autora aprehende con el t\u00e9rmino <em>crimecraft <\/em>(manufacturaci\u00f3n discursiva del crimen)<em>. <\/em>El concepto es \u00fatil para estudiar el trabajo de composici\u00f3n narrativa de las noticias realizado por los periodistas a partir de la fuente policial. Aqu\u00ed lo empleo con dos prop\u00f3sitos: para destacar la fuerza creadora de la enunciaci\u00f3n period\u00edstica y para acentuar el protagonismo de la prensa en la producci\u00f3n de la cognoscibilidad social de tipos sociales y de los criminales en singular.<\/p>\n\n\n\n<p>En las noticias guatemaltecas, los mareros comenzaron a aparecer de forma espor\u00e1dica a finales de la d\u00e9cada de los ochenta (<span class=\"small-caps\">avancso<\/span>, 1998; Res\u00e9ndiz, 2018). En los a\u00f1os posteriores, los reportes period\u00edsticos de actividades pandilleriles aumentaron, pero solo afianzaron un espacio por derecho propio hasta despu\u00e9s de 1994. Desde entonces, maras y mareros constituyen categor\u00edas ling\u00fc\u00edsticas de referencialidad de grupos y actores criminales f\u00e1cilmente delimitables. Puesto que en aquel momento los radios de operaciones de los mareros se acotaban a los barrios pobres de la periferia y al populoso centro de la capital, su aparici\u00f3n en las noticias surc\u00f3 entre las l\u00edneas de la criminalidad de pobres. Es decir, se les represent\u00f3 como pobres victimizando a otros pobres (Misse, 2018). No obstante, desde el principio fueron cargados con signos de malignidad social y desorden social.<\/p>\n\n\n\n<p>Mantengamos presente que, para principios de los a\u00f1os noventa, los sentidos de inseguridad y la atracci\u00f3n p\u00fablica hacia el crimen se hab\u00edan difuminado, tanto por el crecimiento cuantitativo de hechos violentos, como por la agudizaci\u00f3n de las ansiedades p\u00fablicas venidas de la sospecha de que con la retirada del poder militar surg\u00edan vac\u00edos de autoridad que estaban siendo colonizados por los criminales. Los secuestros, delitos que victimizaban a las clases medias y altas, constitu\u00edan el principal foco de la atenci\u00f3n p\u00fablica. Desde diversos flancos se emit\u00edan discursos dirigidoshacia el Estado demandando protecci\u00f3n violenta, que eran respondidos con promesas de m\u00e1s acci\u00f3n policial en las calles e incremento en los castigos penales. Fue en aquel periodo cuando se emiti\u00f3 la cantidad m\u00e1s alta de condenas a muerte. En este contexto, los di\u00e1logos entre gobernados y gobernantes, en buena medida mediados por la prensa, modulaban la realidad del crimen, produciendo significados comunes y consensos. De all\u00ed brot\u00f3 la certeza de que tambi\u00e9n los mareros constitu\u00edan una amenaza social a tomar en cuenta.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"image-slider\">\n                <div class=\"frame\">\n                    <div class=\"picture\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageGallery\">\n                        <figure itemprop=\"associatedMedia\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageObject\" class=\"slider-element\">\n                              <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-1.jpg\" itemprop=\"contentUrl\" data-size=\"1992x1265\" data-index=\"0\" data-caption=\"Imagen 1. El Gr\u00e1fico, 2 de octubre de 1993. Fotograf\u00eda del autor.\" >\n                                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-1.jpg\" itemprop=\"thumbnail\">\n                                <i class=\"fa fa-expand expand\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\n                            <\/a>\n                            <\/figure>                    <\/div>    \n                <\/div>\n                    <div class=\"caption\">Imagen 1. El Gr\u00e1fico, 2 de octubre de 1993. Fotograf\u00eda del autor.<\/div><div class=\"image-analysis\"><\/div>                <div class=\"bullets\"><\/div>\n            <\/div>\n\n\n\n<p>Si bien para 1996 las categor\u00edas maras y mareros se hab\u00edan sedimentado en el habla p\u00fablica, no ocurr\u00eda lo mismo con las representaciones visuales. Los mareros eran reconocibles cuando los individuos se identificaban como tales, cuando alguien dec\u00eda \u201ceste es un marero\u201d y cuando aparec\u00edan aglomerados en pandillas. El uso de fotograf\u00edas como recursos de cognoscibilidad del tipo criminal surgi\u00f3 despu\u00e9s. La ausencia de la mirada p\u00fablica centrada en los cuerpos en aquel momento hist\u00f3rico puede ilustrarse con el siguiente caso: en octubre de 1993, el diario <em>El Gr\u00e1fico<\/em>, present\u00f3 una noticia sobre una mara que, conformada por \u201cj\u00f3venes que visten de negro y andan armados de bates de beisbol\u201d, hab\u00eda hecho de una avenida comercial de la capital su centro de operaciones delictivas (Hermosilla, 1993:10). La noticia contiene una fotograf\u00eda de la mencionada avenida, pero no de los mareros sobre los que informa. En la posici\u00f3n que tiempo despu\u00e9s fue ocupada por las fotograf\u00edas de cuerpos tatuados aparece una gr\u00e1fica que visualiza las calles aleda\u00f1as a la avenida referida, e inserto en ella est\u00e1 un avatar que representa a los mareros. El avatar cumple el prop\u00f3sito de mostrar el estilo de vestimenta \u201cfloja\u201d de los mareros y la ostentaci\u00f3n de bates descritos en las noticias.<\/p>\n\n\n\n<p>La noticia que incluye el avatar es representativa del universo narrativo de las maras de aquel momento. Si las fotograf\u00edas est\u00e1n ausentes es porque los cuerpos de los mareros a\u00fan no hab\u00edan sido destacados como textos para interpretar. La ausencia de \u00edndices corporales que establecieran la pertenencia a maras llevaba a que, en muchas ocasiones, los mareros fueran presentados como delincuentes ordinarios. Esta situaci\u00f3n se refleja de buen modo en los partes policiales a partir de los que se redactaron las noticias. En ellos, muchas veces, los capturados son identificados seg\u00fan el tipo de il\u00edcito cometido. Los que robaban carteras eran carteristas; aquellos que asaltaban eran asaltantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Previo a que los operativos antimaras ganaran habitualidad, la atenci\u00f3n policial en la criminalidad de pobres se enfocaba en los ladrones que asaltaban y robaban a compradores y transe\u00fantes en el centro de la ciudad. La polic\u00eda sol\u00eda preparar planes de seguridad especiales para fechas en que el comercio popular se incrementaba, como Navidad y otras festividades importantes. El objetivo prioritario de los planes de seguridad era capturar delincuentes en flagrancia. Antes, durante y despu\u00e9s de su implementaci\u00f3n, la prensa de nota roja ofrec\u00eda una amplia cobertura del accionar policial. De lo sucedido, las cifras de capturas y las escenas de notoria espectacularidad (persecuciones, ri\u00f1as, etc.) sol\u00edan ir a las primeras planas. La mayor\u00eda de las detenciones efectuadas por la polic\u00eda en el marco de los operativos eran presentados seg\u00fan la flagrancia del caso: ladr\u00f3n, carterista, asaltante, ratero, etc. Esta situaci\u00f3n comenz\u00f3 a variar despu\u00e9s de 1996.<\/p>\n\n\n\n<p>El plan de seguridad navide\u00f1o de 1997 supone una inflexi\u00f3n relevante para la historia que estamos revisando. Las cifras de capturas reportadas por la polic\u00eda en aquella ocasi\u00f3n fueron particularmente altas. En la mayor\u00eda de los partes policiales retomados por las noticias los detenidos aparecen identificados como asaltantes o ladrones. Solo en pocas ocasiones aparecen alusiones a que algunos pertenec\u00edan a las maras. Aun as\u00ed, losperiodistas extendieron la interpretaci\u00f3n de los partes aseverando que los ladrones detenidos por la polic\u00eda tambi\u00e9n eran mareros. Este fue el primer episodio de seguridad en el que la prensa se esforz\u00f3 para situar a los mareros en el papel de actores criminales de alta peligrosidad social, inclusive yendo m\u00e1s all\u00e1 que la misma polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La impresi\u00f3n resultante de la lectura de las noticias es que, para los periodistas, la filiaci\u00f3n pandilleril de algunos detenidos pose\u00eda mayor valor noticioso que la simple identificaci\u00f3n de ladrones. Esta actitud denota que, como observaremos m\u00e1s adelante, la nota roja guatemalteca se manten\u00eda expectante de la temprana implantaci\u00f3n de las pandillas de procedencia californiana en Centroam\u00e9rica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Guerra a las maras<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">El plan de seguridad navide\u00f1o de 1997, que deb\u00eda concluir despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n del a\u00f1o nuevo de 1998, fue extendido durante los meses siguientes hasta casi ser convertido en estado de excepci\u00f3n permanente, con inclinaci\u00f3n hacia la vigilancia de los mareros. A partir del segundo trimestre del a\u00f1o, los operativos antidelincuenciales en el centro y las periferias de la capital pasaron a ser denominados por la propia polic\u00eda como \u201cguerra a las maras\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La evidencia hemerogr\u00e1fica disponible permite constatar que fue tambi\u00e9n en aquel momento cuando la polic\u00eda empez\u00f3 a cometer ejecuciones extrajudiciales de manera sistem\u00e1tica en contra de presuntos mareros. Solo entre febrero y marzo de aquel a\u00f1o, m\u00e1s de una decena de j\u00f3venes identificados como integrantes de las maras fueron ejecutados en circunstancias que adjudican la autor\u00eda de la muerte a la polic\u00eda (Avenda\u00f1o y Salazar, 1998: 8). Propiamente dicho, la cristalizaci\u00f3n de los mareros como un nuevo tipo criminal reconocible a trav\u00e9s de la mirada se dio en los operativos policiales del fin de a\u00f1o de 1997 y los primeros meses de 1998. Con esta afirmaci\u00f3n no estoy negando la existencia de iniciativas de cognoscibilidad previas. Subrayo, m\u00e1s bien, la operatividad de un salto cualitativo en la conceptualizaci\u00f3n estatal de una categor\u00eda de peligrosidad social y su traslaci\u00f3n al dominio de la violencia policial y, m\u00e1s relevante a\u00fan: la edificaci\u00f3n de una visualidad propia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la inauguraci\u00f3n de la guerra contra las maras la polic\u00eda descubri\u00f3 los cuerpos tatuados de los mareros y se\u00f1al\u00f3 que estos tatuajes eran \u00fatiles para referenciar de manera visual al nuevo tipo criminal. Lo hizo a partir de sus encuentros con integrantes de la Mara Salvatrucha. Veamos c\u00f3mo sucedi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Para 1998, el universo de las maras estaba conformado por un sinf\u00edn de pandillas con nombres propios que, para efectos de exposici\u00f3n, podemos agruparlas en dos modalidades seg\u00fan su origen: oriundas y transnacionales. Las primeras se asemejaban a grupos de arraigo barrial identificados con un l\u00edder carism\u00e1tico, no se tatuaban y sus perfiles criminales eran rudimentarios.<\/p>\n\n\n\n<p>El adjetivo \u201ctransnacionales\u201d resulta \u00fatil para denotar a la Mara Salvatrucha (<span class=\"small-caps\">ms<\/span>) y al Barrio 18 (B18). Seg\u00fan las propias ficciones fundacionales de estas organizaciones, ambas surgieron en Estados Unidos para cristalizar las l\u00f3gicas raciales del pandillerismo californiano que segregaba a los centroamericanos de chicanos, negros y otros. La literatura especializada ha explicado el afianzamiento de la <span class=\"small-caps\">ms<\/span> y el B18 en Centroam\u00e9rica como efecto de las deportaciones masivas que el gobierno norteamericano realiz\u00f3 a principios de la d\u00e9cada de 1990. Entre los deportados se contaba a pandilleros, quienes a su arribo se dieron a la tarea de recrear las organizaciones californianas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la polic\u00eda guatemalteca inici\u00f3 su guerra contra las maras, entre 1997 y 1998, la actividad pandilleril en el pa\u00eds se presentaba diversificada. Mientras que las maras oriundas vacilaban entre ser pandillas juveniles inofensivas y ser agrupaciones de asaltantes y ladrones de baja monta, las maras transnacionales mostraban estar capacitadas para el ejerciciode la violencia y el desarrollo de perfiles criminales m\u00e1s complejos. Se hizo com\u00fan que, al presentar a la <span class=\"small-caps\">ms<\/span>, se estableciera que proven\u00eda de Estados Unidos, que hab\u00eda sido creada por salvadore\u00f1os, que era m\u00e1s violenta que las dem\u00e1s y que sus integrantes se tatuaban. La recurrencia de menciones como estas transmite la certeza de que, de cierta manera, los encuentros de la polic\u00eda guatemalteca con los salvatruchas estuvieron precedidos por la anticipaci\u00f3n del flujo de informaci\u00f3n sobre la situaci\u00f3n del pandillerismo californiano y la realidad salvadore\u00f1a. Dicho de otra manera, en la experiencia guatemalteca el concepto de qu\u00e9 o qui\u00e9n era un salvatrucha anticip\u00f3 la presencia f\u00edsica de individuos identificados con tal categor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La inclusi\u00f3n de los salvatruchas en la taxonom\u00eda nacional de las maras llev\u00f3 a que cada vez que la polic\u00eda capturaba a sospechosos de ser mareros los auscultaba en busca de tatuajes. Aquellos que los portaban eran presentados como salvatruchas (mantengamos presente que los integrantes de las maras oriundas no se tatuaban). La presencia de tatuajes motiv\u00f3 que a los detenidos se les desvistiera el torso y se les expusiera as\u00ed ante los fotoperiodistas, quienes se encargaban de llevarlos a las noticias. Por esta raz\u00f3n, durante varios a\u00f1os, en las fotograf\u00edas unos individuos aparecen parcialmente desnudos y otros vestidos. Vistas en retrospectiva, y utilizandola mirada policial subyacente en ellas, se puede anticipar la filiaci\u00f3n de los individuos retratados: aquellos que conservan la ropa pertenec\u00edan a maras oriundas; los que aparecen con el torso desnudo puede afirmarse casi con seguridad que eran salvatruchas. Fue de este modo que los peri\u00f3dicos comenzaron a exponer fotograf\u00edas de hombres tatuados identific\u00e1ndolos como correspondientes a miembros de la Mara Salvatrucha.<\/p>\n\n\n\n<p>La aparici\u00f3n de fotograf\u00edas de cuerpos tatuados en los peri\u00f3dicos y su uso para indexar pertenencia a la <span class=\"small-caps\">ms<\/span> tom\u00f3 lugar en el contexto de la implementaci\u00f3n de operativos antidelincuenciales que arrojaban cifras altas de mareros capturados entre 1997 y 1998, y est\u00e1 estrechamente vinculado a <em>Al D\u00eda<\/em> y <em>Nuestro Diario<\/em>. El tratamiento de las maras y los mareros en estos diarios es bastante similar; no obstante, es oportuno considerarlos por separado.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"image-slider\">\n                <div class=\"frame\">\n                    <div class=\"picture\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageGallery\">\n                        <figure itemprop=\"associatedMedia\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageObject\" class=\"slider-element\">\n                              <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-2.jpg\" itemprop=\"contentUrl\" data-size=\"308x320\" data-index=\"0\" data-caption=\"Imagen 2. Al D\u00eda, 19 de febrero de 1998. Fotograf\u00eda del autor.\" >\n                                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-2.jpg\" itemprop=\"thumbnail\">\n                                <i class=\"fa fa-expand expand\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\n                            <\/a>\n                            <\/figure>                    <\/div>    \n                <\/div>\n                    <div class=\"caption\">Imagen 2. Al D\u00eda, 19 de febrero de 1998. Fotograf\u00eda del autor.<\/div><div class=\"image-analysis\"><\/div>                <div class=\"bullets\"><\/div>\n            <\/div>\n\n\n\n<p><em>Al D\u00eda<\/em> comenz\u00f3 a circular en noviembre de 1996. Si bien desde el principio present\u00f3 noticias de maras, estas solo llegaron a las portadas durante la cobertura de la guerra a las maras. En la edici\u00f3n del d\u00eda 19 de febrero de 1998, el diario inform\u00f3 de un \u201ctiroteo entre maras\u201d acaecido en una barriada popular en el norte de la capital. La fotograf\u00eda de la portada muestra a un hombre recostado en una camilla de hospital con el torso descubierto, en cuyo vientre se aprecia lo que parece ser el del n\u00famero 18 tatuado, pero ni la polic\u00eda ni los periodistas advierten la existencia de la marca. Tampoco sabemos qui\u00e9n le retir\u00f3 la camisa, si lo hicieron los polic\u00edas que lo detuvieron o los param\u00e9dicos que atendieron la emergencia (<em>Al D\u00eda<\/em>, 1998a).<\/p>\n\n\n\n<p>Un mes despu\u00e9s, el 23 de marzo, <em>Al D\u00eda<\/em> nombr\u00f3 la \u201cguerra a las maras\u201d en una noticia que ofrece los saldos de los operativos policiales antimaras. La fotograf\u00eda que acompa\u00f1a la noticia ofrece una vista panor\u00e1mica a un asentamiento irregular con casas de hojalata desparramadas sobre un cerro est\u00e9ril. El objeto de la c\u00e1mara no fueron los mareros, sino el entorno social del que proced\u00edan: la precariedad de la periferia capitalina (Flores, 1998: 3).<\/p>\n\n\n\n<p>La primera menci\u00f3n a tatuajes como \u00edndice de pertenencia a maras en este peri\u00f3dico apareci\u00f3 con fecha del 29 de marzo de 1998. La noticia informa el hallazgo de dos cad\u00e1veres no identificados, \u201cdejados\u201d en una carretera en las afueras de la capital. Seg\u00fan los polic\u00edas citados por el periodista, los cad\u00e1veres \u201ceran de pandilleros por la cantidad de tatuajes que tienen pintados en el t\u00f3rax, brazos y espalda\u201d (Salazar, 1998: 8). As\u00ed la descripci\u00f3n del cuadro impreso en la piel de una de los mareros ejecutados:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\"><em>Donde la muerte me sorprenda, bienvenida sea<\/em>. La oraci\u00f3n anterior est\u00e1 tatuada en el brazo izquierdo y es parte de varias figuras aladas con afiladas garras, cachos y expresiones demoniacas que fueron pintadas en otras partes del cuerpo de la v\u00edctima. El investigador policiaco toma nota y dice que \u201ceste muchacho es de los pandilleros que adoran a Satan\u00e1s. Ya hemos capturado a algunos y tienen la misma caracter\u00edstica: muchos tatuajes y una cruz en el dedo medio de la mano izquierda\u201d (Salazar, 1998: 8; cursivas y comillas internas pertenecen al original).<\/p>\n\n\n\n<p>La fotograf\u00eda incluida en la noticia no permite apreciar los tatuajes. En ella se observa a un agente de polic\u00eda en el instante en que fotograf\u00eda los cuerpos y a la muchedumbre de curiosos que circunvalan la escena. El peri\u00f3dico destaca la indexicalidad que la presencia de tatuajes permite establecer por encima del hallazgo de los dos cad\u00e1veres que, por cierto, es bastante posible que hayan sido ejecutados por la propia polic\u00eda. La relevancia de esta noticia est\u00e1 en la declaraci\u00f3n del investigador, quien pausadamente alecciona al periodista desde la posici\u00f3n autoritativa que la guerra a las maras le proporcionaba. El uso del plural impl\u00edcito \u201chemos\u201d es clave en este sentido, pues alude a un nosotros incorporado por la polic\u00eda; nosotros que hemos capturado mareros; <em>nosotros que<\/em> <em>hemos<\/em> aprendido a reconocerlos; <em>nosotros que hemos<\/em> ganado dominio para educar a otros para que hagan lo suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera ocasi\u00f3n que <em>Al D\u00eda<\/em> utiliz\u00f3 fotograf\u00edas de un cuerpo tatuado para referenciar la visualidad de los mareros fue el 13 de mayo de 1998. En la portada de aquella edici\u00f3n se observa a un hombre sin camisa, fotografiado de espalda, con los brazos alzados. En la espalda y los brazos exhibe varios tatuajes, sobresaliendo las siglas <span class=\"small-caps\">ms<\/span>, colocadas sobre los om\u00f3platos. La fotograf\u00eda est\u00e1 calzada con el t\u00edtulo \u201cCapturan a salvatruchas\u201d (<em>Al D\u00eda<\/em>, 1998b: 1).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"image-slider\">\n                <div class=\"frame\">\n                    <div class=\"picture\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageGallery\">\n                        <figure itemprop=\"associatedMedia\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageObject\" class=\"slider-element\">\n                              <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-3.jpg\" itemprop=\"contentUrl\" data-size=\"1160x1280\" data-index=\"0\" data-caption=\"Imagen 3. Al D\u00eda, 13 de mayo de 1998 (portada). Fotograf\u00eda del autor.\" >\n                                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-3.jpg\" itemprop=\"thumbnail\">\n                                <i class=\"fa fa-expand expand\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\n                            <\/a>\n                            <\/figure>                    <\/div>    \n                <\/div>\n                    <div class=\"caption\">Imagen 3. Al D\u00eda, 13 de mayo de 1998 (portada). Fotograf\u00eda del autor.<\/div><div class=\"image-analysis\"><\/div>                <div class=\"bullets\"><\/div>\n            <\/div>\n\n\n\n<p>Notar\u00e1 el lector que se trata de una imagen trucada. El objeto fue aislado y colocado en un fondo blanco, posiblemente con el prop\u00f3sito de limitar los factores que distraen la mirada. La composici\u00f3n habla por s\u00ed sola, o esa parece ser la aspiraci\u00f3n subyacente. El montaje que representa al salvatrucha acude a la tesis de que los mareros son visualmente reductibles a cuerpos tatuados.<\/p>\n\n\n\n<p>La noticia de la captura de los salvatruchas comparte la portada con tres noticias secundarias. De estas, dos incluyen fotograf\u00edas convencionales. La otra, que informa del arribo de la Virgen de F\u00e1tima al pa\u00eds, tambi\u00e9n presenta una imagen trucada. A su modo, ambas im\u00e1genes desempe\u00f1an el mismo trabajo: son \u00edconos. Una de la virgen, la otra de los mareros. All\u00ed radica su relevancia representacional. De este modo, tenemos que los primeros cuerpos tatuados expuestos por la polic\u00eda con el prop\u00f3sito de significar la filiaci\u00f3n con maras pertenec\u00edan a salvatruchas. Consecuentemente, la visualidad p\u00fablica del tipo social marero se acomod\u00f3 con arreglos a la imaginer\u00eda acondicionada a partir de los cuerpos de los integrantes de dicha mara.<\/p>\n\n\n\n<p>La cantidad de publicaciones de <em>Al D\u00eda<\/em> dedicadas a la guerra contra las maras continu\u00f3 creciendo durante 1998. La recurrencia tem\u00e1tica permite observar c\u00f3mo oper\u00f3 la transferencia de conceptos e ideas desde el campo policial hacia la narrativa period\u00edstica. La polic\u00eda presentaba a individuos, vivos o muertos, a los que incriminaba de ser mareros y los expon\u00eda para que los periodistas los fotografiaran, ofrec\u00eda caracterizaciones y explicaba la labor de control que ejerc\u00eda sobre ellos, adem\u00e1s de que proporcionaba las claves interpretativas para que los lectores los localizaran en el paisaje figurativo del crimen urbano. El mensaje que intentaba transmitir parece ser claro: para reconocer a los mareros no era necesario escucharlos decir \u201cyo soy un marero\u201d, bastaba con ver fotograf\u00edas, cuyas notas al pie establec\u00edan que el objeto representado era un marero.<\/p>\n\n\n\n<p>La narrativa de mareros de <em>Nuestro Diario<\/em> dista poco de la de <em>Al D\u00eda<\/em>, ano ser por una ret\u00f3rica de mayor incriminaci\u00f3n. <em>Nuestro Diario<\/em> comenz\u00f3 a circular en enero de 1998. Como <em>Al D\u00eda,<\/em> se especializ\u00f3 en nota roja y noticias de f\u00fatbol. La aparici\u00f3n de <em>Nuestro Diario<\/em> coincidi\u00f3 con el primer episodio de la guerra policial antimaras. Posiblemente por esta raz\u00f3n los mareros adquirieron centralidad noticiosa desde las primeras ediciones. En este peri\u00f3dico, las relaciones entre cuerpos tatuados y mareros fueron entretejidas a partir de los encuentros de la polic\u00eda con los salvatruchas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Nuestro Diario <\/em>aludi\u00f3 al valor interpretativo de los tatuajes de los mareros por primera vez el 13 de mayo de 1998 cuando inform\u00f3 que la polic\u00eda hab\u00eda capturado a dos hermanos, a quienes imput\u00f3 delitos de asesinato. La noticia incluye una fotograf\u00eda de los detenidos. Uno viste una camiseta sin mangas, que deja al descubierto los tatuajes que porta en el antebrazo derecho. Pero es el pie de la foto el que teje la correspondencia entre imagen y narraci\u00f3n. All\u00ed se lee: \u201cEl tradicional tatuaje <span class=\"small-caps\">ms<\/span> en su cuerpo los identifica como miembros de la mara \u201c\u2018Salvatrucha\u2019\u201d (Revolorio, 1998: 4).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"image-slider\">\n                <div class=\"frame\">\n                    <div class=\"picture\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageGallery\">\n                        <figure itemprop=\"associatedMedia\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageObject\" class=\"slider-element\">\n                              <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-4.jpg\" itemprop=\"contentUrl\" data-size=\"320x258\" data-index=\"0\" data-caption=\"Imagen 4. Nuestro Diario, 15 de marzo de 1998: 4. Fotograf\u00eda del autor.\" >\n                                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-4.jpg\" itemprop=\"thumbnail\">\n                                <i class=\"fa fa-expand expand\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\n                            <\/a>\n                            <\/figure>                    <\/div>    \n                <\/div>\n                    <div class=\"caption\">Imagen 4. Nuestro Diario, 15 de marzo de 1998: 4. Fotograf\u00eda del autor.<\/div><div class=\"image-analysis\"><\/div>                <div class=\"bullets\"><\/div>\n            <\/div>\n\n\n\n<p>En <em>Nuestro Diario<\/em>, el primer cuerpo tatuado desvestido para ser fotografiado con el prop\u00f3sito expreso de exponerlo apareci\u00f3 el 23 de agosto de 1998. Aquella ocasi\u00f3n el peri\u00f3dico inform\u00f3 de una requisa policial en prost\u00edbulos de la capital. La noticia estableci\u00f3 que seis mareros acusados de robar y re\u00f1ir en el centro de la ciudad hab\u00edan sido capturados. Aunque el t\u00edtulo sintetiza el parte policial de la requisa, la fotograf\u00eda de mayor extensi\u00f3n incluida en la noticia retrata a un hombre sin camisa con la parte superior del cuerpo cubierta de tatuajes, sometida a la misma t\u00e9cnica de manipulaci\u00f3n que la fotograf\u00eda de la portada de <em>Al D\u00eda<\/em> del 13 de mayo. En la nota al pie se establece que: \u201clos \u2018Salvatruchas\u2019 tienen el cuerpo lleno de tatuajes diab\u00f3licos\u201d (Cortez, 1998: 5).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"image-slider\">\n                <div class=\"frame\">\n                    <div class=\"picture\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageGallery\">\n                        <figure itemprop=\"associatedMedia\" itemscope itemtype=\"http:\/\/schema.org\/ImageObject\" class=\"slider-element\">\n                              <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-5.jpg\" itemprop=\"contentUrl\" data-size=\"317x320\" data-index=\"0\" data-caption=\"Imagen 5. Nuestro Diario, 31 de agosto de 1998: 5. Fotograf\u00eda del autor.\" >\n                                <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/encartes.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Imagen-5.jpg\" itemprop=\"thumbnail\">\n                                <i class=\"fa fa-expand expand\" aria-hidden=\"true\"><\/i>\n                            <\/a>\n                            <\/figure>                    <\/div>    \n                <\/div>\n                    <div class=\"caption\">Imagen 5. Nuestro Diario, 31 de agosto de 1998: 5. Fotograf\u00eda del autor.<\/div><div class=\"image-analysis\"><\/div>                <div class=\"bullets\"><\/div>\n            <\/div>\n\n\n\n<p>La discordancia entre el t\u00edtulo de la noticia, la fotograf\u00eda y la nota al pie que la acompa\u00f1an es m\u00e1s que azarosa. El peri\u00f3dico omiti\u00f3 establecer la identidad personal del individuo fotografiado, as\u00ed como la autor\u00eda, procedencia y dataci\u00f3n de la fotograf\u00eda. \u00bfQui\u00e9n era este personaje? \u00bfEra uno de los capturados durante la requisa en los prost\u00edbulos? No lo sabemos. La identidad personal parece ser poco relevante para la empresa de pedagog\u00eda visual en juego. La composici\u00f3n aspira a producir iguales efectos pragm\u00e1ticos que la imagen trucada de <em>Al<\/em> <em>D\u00eda<\/em>: advertir a los lectores que los salvatruchas son mareros y que puede reconoc\u00e9rseles por los tatuajes que portan.<\/p>\n\n\n\n<p>No deja de resultar llamativo constatar que la primera ocasi\u00f3n en que ambos diarios expusieron un cuerpo tatuado con el prop\u00f3sito de referenciar la visualidad de los mareros recurrieron a fotograf\u00edas trucadas que a\u00edslan al objeto del entorno de la toma. Ambas im\u00e1genes sacan al objeto del contexto de la toma en un claro esfuerzo de fijar la mirada en el cuerpo tatuado, suprimiendo los distractores.<\/p>\n\n\n\n<p>La evidencia expuesta muestra que cuando los salvatruchas aparecieron en las calles la polic\u00eda estaba preparada para reconocerlos. Estos encuentros se sintetizan en la alocuci\u00f3n \u201cguerra a las maras\u201d, acu\u00f1ada en 1998, en un escenario marcado por agudizados sentidos de inseguridad que potenciaban la anticipaci\u00f3n de figuras de peligrosidad social. Es claro, tambi\u00e9n, que el conocimiento de que los mareros se tatuaban estaba instalado con antelaci\u00f3n, favorecido por los flujos de informaci\u00f3n relativos a la criollizaci\u00f3n del pandillerismo californiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Bas\u00e1ndonos en lo expuesto acordemos que la incorporaci\u00f3n de los tatuajes a la caja de herramientas de la inteligencia criminal\u00edstica cristaliz\u00f3 durante la instauraci\u00f3n de la guerra a las maras, entre 1997 y 1998, y que su arribo a las p\u00e1ginas de los peri\u00f3dicos de nota roja fue simult\u00e1neo. Como apunta Jusionyte (2015), al transmitir noticias sobre las maras los peri\u00f3dicos hicieron m\u00e1s que solo informar de hechos protagonizados por mareros y polic\u00edas: al seguir la pauta de los partes policiales y sincronizar sus lentes con la \u00f3ptica policial, los peri\u00f3dicos de nota roja modelaron una narrativa de criminalidad urbana y delimitaron los bordes de la mirada p\u00fablica entrenada para ver a los mareros.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Iconicidad y rematizaci\u00f3n fotogr\u00e1fica<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Sabemos ya que uno de los aprendizajes que la guerra a las maras dej\u00f3 a la inteligencia policial guatemalteca fue que ser marero y estar tatuado presupon\u00eda pertenencia a la <span class=\"small-caps\">ms<\/span>. Dado que la membres\u00eda de esta mara era acotada, la disponibilidad de fotograf\u00edas de cuerpos tatuados a los que exponer en las noticias era limitada. La disyuntiva se solvent\u00f3 reutilizando fotograf\u00edas que, seg\u00fan la \u00f3ptica period\u00edstica, encapsulan los cualisignos visuales del nuevo tipo criminal. Fueron estas fotograf\u00edas las que dieron forma a la iconicidad visual de los mareros.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed sucedi\u00f3 con el marero retratado en la fotograf\u00eda trucada presentada por <em>Nuestro Diario<\/em> en la noticia sobre la requisa en prost\u00edbulos de la capital, cuya imagen fue incorporada en noticias de t\u00f3picos gen\u00e9ricos. En su primera aparici\u00f3n la fotograf\u00eda devino en un s\u00edmbolo de existencia individual a raz\u00f3n de representar a un marero realmente existente: el propietario del cuerpo retratado. Extra\u00edda de su contexto original, no represent\u00f3 m\u00e1s a este individuo. En sus siguientes apariciones la fotograf\u00eda fue signo ic\u00f3nico de una categor\u00eda sociol\u00f3gica general: los mareros.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan la teor\u00eda semi\u00f3tica, los \u00edconos son signos tomados <em>como<\/em> el objeto al que representan en virtud de semejanzas cualitativas compartidas;esto es: el retrato aparecido en los peri\u00f3dicos es <em>como <\/em>los mareros que acechaban en las calles. Mas las fotograf\u00edas ic\u00f3nicas evolucionaron para convertirse en representaciones rem\u00e1ticas. Los remas son signos de mayor complejidad. Se caracterizan por estar conectados por los objetos a los que representan por medio de asociaciones de ideas generales. De esta manera, con cada nueva aparici\u00f3n, las fotograf\u00edas actualizan en la mente del observador un v\u00ednculo de significaci\u00f3n entre la imagen y su correspondiente categor\u00eda sociol\u00f3gica (Peirce, 1986: 35). La rematizaci\u00f3n de los signos fotogr\u00e1ficos en los peri\u00f3dicos contribuy\u00f3 a galvanizar la visualidad p\u00fablica de los mareros.<\/p>\n\n\n\n<p>La singularidad corporal de los salvatruchas se disip\u00f3 pronto. Para el a\u00f1o 2002, los tatuajes hab\u00edan adquirido valores epist\u00e9micos suficientes para establecer conexiones existenciales con todos los mareros. Entonces no hubo m\u00e1s distinciones entre salvatruchas y otros mareros. Para la polic\u00eda, los tatuajes devinieron en moneda de uso corriente para identificarlos sin que la filiaci\u00f3n importara mucho. A partir de all\u00ed, la nota roja se colm\u00f3 de noticias de maras que inclu\u00edan fotograf\u00edas de cuerpos tatuados. La materialidad del r\u00e9gimen esc\u00f3pico de los mareros reposa sobre este c\u00famulo de im\u00e1genes que repiten patrones de visualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco los proyectos de desciframiento de la malignidad se detuvieron all\u00ed. En la medida en que ganaba terreno, la mirada policial tom\u00f3 conciencia respecto a que los tatuajes constitu\u00edan un sistema de signos interconectado con otros sistemas de signos perfectamente legible para aquellos que lo compart\u00edan. Siguiendo sus trazos, la nota roja transmiti\u00f3 los hallazgos de la pericia semi\u00f3tica policial: las maras poseen un lenguaje propio que comunica un universo particular. Por ejemplo, en una noticia de 2004, en la que informa que las polic\u00edas centroamericanas buscaban unificar sus estrategias de combate a las maras, <em>Nuestro Diario<\/em> realiz\u00f3 la siguiente aseveraci\u00f3n: \u201cComo en todas las culturas marginales, las maras han desarrollado un lenguaje propio que va m\u00e1s all\u00e1 de las palabras. Tienen un lenguaje manual y los tatuajes, que reflejan cu\u00e1nto se ha escalado dentro de la pandilla\u201d (Redacci\u00f3n, 2004: 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Para 2004 \u201clas maras\u201d era una categor\u00eda general con la potencia semi\u00f3tica para cobijar las diferenciaciones que en el pasado fue preciso puntualizar. La posesi\u00f3n de un lenguaje com\u00fan pulverizaba la multiplicidad de identidades existentes una d\u00e9cada atr\u00e1s. No es que las diferencias se inutilizaran, antes bien, las capacidades interpretativas ganaron amplitud denotativa, conectando y entretejiendo v\u00ednculos, ideando semejanzas e insertando historias particulares en una historia com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el reportaje arriba citado fue publicado, los mareros hab\u00edan sido situados en el centro de los programas de cooperaci\u00f3n en seguridad regional auspiciados por Estados Unidos (M\u00fcller, 2015; Hochmu\u0308ller y Mu\u0308ller, 2016 y 2017). No eran m\u00e1s simples figuras de delictividad de poca monta localizadas en las periferias urbanas, sino redes de criminalidad transnacional homologables y capacitadas para trasladar su peligrosidad al m\u00edtico punto de su origen.<\/p>\n\n\n\n<p>En un reportaje posterior, el \u201clenguaje propio\u201d de las maras fue ampliado a gestos y grafitis:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Las maras o pandillas juveniles, integradas por unos 15 mil guatemaltecos, tienen un nivel de organizaci\u00f3n, como en las mafias, donde \u201cel que entra no sale, solo muerto\u201d. [De su lenguaje] destacan las se\u00f1as con manos, las pintas en paredes y los tatuajes en sus cuerpos. Todos con un significado especial. \u201cEs un c\u00f3digo \u00fanico de expresarse, un abecedario muy complejo con el cual nos comunicamos, saludamos o hasta nos insultamos\u201d, explica un jefe marero quien se neg\u00f3 a dar su nombre o apodo [\u2026] Cada se\u00f1al con las manos, grafitis o tatuajes tienen un mensaje. \u201cLas pintas y tatuajes cuentan nuestra historia, pensamientos y sentimientos, describen lo que hacemos\u201d, agrega otro pandillero. Adem\u00e1s, existen mensajes secretos que usan s\u00f3lo entre ellos y su divulgaci\u00f3n puede llevarlos a la muerte (Salazar y del Cid, 2005: 2; puntuaci\u00f3n corresponde al original).<\/p>\n\n\n\n<p>La impresi\u00f3n resultante de la cita es que, efectivamente, como sostuvo el primer marero que intervino en la entrevista, las maras se asemejan a sociedades secretas y que su membres\u00eda pose\u00eda c\u00f3digos ling\u00fc\u00edsticos accesibles solo para los iniciados; los tatuajes eran uno de estos c\u00f3digos. Al ser as\u00ed, seg\u00fan el peri\u00f3dico, el proyecto policial deb\u00eda expandirse m\u00e1s all\u00e1 del control f\u00edsico de los individuos hacia la gram\u00e1tica del espacio hasta poseer su lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cierre<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">La finalizaci\u00f3n de la guerra antiguerrillas, a mediados de la d\u00e9cada de 1990, impuso el desaf\u00edo de encontrar nuevas razones para la continuaci\u00f3n de la violencia estatal. En el lugar de los antiguos revolucionarios brotaron criminales de una fenomenolog\u00eda variada. Entre ellos estuvieron los mareros, conglomerados de j\u00f3venes urbanos, precarizados, poblaciones flotantes, poseedores de una sociolog\u00eda colmada de amenazas venidas del exterior, moralidades disruptivas, etc. Estas caracter\u00edsticas los situaron en los bordes del desorden social. Los actos de nombrar, de afirmar <em>estos<\/em> son mareros, allanaron la consolidaci\u00f3n del nuevo tipo criminal, constituyendo el punto de partida para los subsecuentes procesos de sujeci\u00f3n y etiquetamiento anticipatorio.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra a las maras, iniciada entre 1997 y 1998, hizo que ser marero supusiera <em>algo m\u00e1s<\/em> que solo robar o re\u00f1ir. Ese <em>algo m\u00e1s <\/em>result\u00f3 esquivo a las palabras. Para aprehenderlo hubo que acudir a m\u00e1s recursos que el discurso escrito y escudri\u00f1ar en los cuerpos como si estos portaran las coordenadas interpretativas de la malignidad social en ciernes. El realismo representacional que se buscaba transmitir fue prove\u00eddo por la fotograf\u00eda, cuya relaci\u00f3n con el archivo policial es de una enorme profundidad hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>La aparici\u00f3n de las fotograf\u00edas de hombres tatuados con indicaciones de ser le\u00eddos como \u00edconos de peligrosidad social fue clave para la consolidaci\u00f3n de una nueva forma de mirar. Para que esta mirada surtiera efectos p\u00fablicos deb\u00eda ser puesta a consideraci\u00f3n de la audiencia nacional del crimen, siendo la nota roja su infraestructura comunicacional predilecta. Afirmar que la cognoscibilidad de los mareros se le ha confiado a la mirada es otro modo de designar la existencia de un r\u00e9gimen esc\u00f3pico espec\u00edfico para este tipo criminal.<\/p>\n\n\n\n<p>Observamos aqu\u00ed que el r\u00e9gimen esc\u00f3pico de los mareros expone los cuerpos de los mareros, vivos o muertos, utilizando los tatuajes como signos de referencialidad visual de la sociolog\u00eda criminal de los individuos retratados. Al retomar la \u00f3ptica policial de los mareros, peri\u00f3dicos como <em>Al D\u00eda<\/em> y <em>Nuestro Diario<\/em> se acoplaron a la nueva contrainsurgencia estatal. Ellos trasladaron las narrativas autorizadas en los partes policiales a la opini\u00f3n p\u00fablica e invirtieron ingentes dosis de est\u00e9tica gr\u00e1fica para reproducir fotograf\u00edas que repet\u00edan patrones de representaci\u00f3n visual, cuyas notas al pie establec\u00edan que el o los retratados eran mareros.<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida en que la nota roja de la posguerra acogi\u00f3 con entusiasmo la guerra contra las maras y aport\u00f3 al moldeamiento de su narraci\u00f3n, oper\u00f3 como aparato ret\u00f3rico de la nueva contrainsurgencia. Hist\u00f3ricamente dados a depender de la voz autoritaria de la fuente policial, los peri\u00f3dicos asumieron este papel a la vez como parte regular de la b\u00fasqueda de novedades que atrajeran la atenci\u00f3n de los lectores, aumentando el caudal de ventas. Ciertamente la nota roja urbana de la posguerra calibr\u00f3 la ret\u00f3rica de la nueva contrainsurgencia, pero ser\u00eda errado reducirla a simples cajas de resonancia de la voz policial. Como en otros contextos y momentos hist\u00f3ricos, la prensa escrita desempe\u00f1a m\u00e1s de un rol a la vez. Si la publicidad noticiosa de las maras prosper\u00f3 fue porque exist\u00edan lectores que consum\u00edan las noticias que ellos presentaban. En este sentido, al presentar noticias de crimen <em>Al D\u00eda <\/em>y<em> Nuestro Diario<\/em> estaban satisfaciendo las demandas de lectores deseosos de mirar a los criminales. Y, de un modo similar a como sucedi\u00f3 con la violencia pol\u00edtica del pasado, la nota roja nos provee el repositorio mejor detallado del crimen y la violencia contempor\u00e1neas del que ahora disponemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para terminar, es adecuado indicar que, en el presente, la ret\u00f3rica de peligrosidad social de los mareros paulatinamente ha ido dando lugar a un discurso de criminalidad ortodoxa centrado en publicitar la criminalidad extorsiva. Aun as\u00ed, la visualidad, que para efectos de acotaci\u00f3n ahora llamar\u00e9 cl\u00e1sica, mantiene vigencia y es claro que gan\u00f3 autonom\u00eda respecto a su fuente original. Las fotograf\u00edas de cuerpos tatuados hechos pasar por mareros contin\u00faan apareciendo en los peri\u00f3dicos, mas la did\u00e1ctica de los pies de fotos que establecen \u201c<em>este<\/em> es un marero\u201d se torn\u00f3 obsoleta. En el presente, los signos visuales aparecen para significar conceptos generales sin el requerimiento de demostrar la existencia real de sus objetos, puesto que la econom\u00eda visual de las maras se ha globalizado.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Agradecimientos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">El art\u00edculo ofrece resultados parciales de un proyecto financiado por la <span class=\"small-caps\">digi-usac<\/span> (Proyecto B-6 2020). La investigaci\u00f3n fue coordinada por Felipe Gir\u00f3n y cont\u00f3 con la participaci\u00f3n de F\u00e1tima D\u00edaz y Fernando Orozco. A ellos mis agradecimientos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\"><em>Al D\u00eda<\/em> (19 de febrero de 1998a). \u201cTiroteo entre maras\u201d, p. 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\"><em>Al D\u00eda<\/em> (13 de mayo de 1998b). \u201cCapturan a Salvatruchas\u201d, p. 1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Avenda\u00f1o, Mario y Edwin Salazar (6 de abril de 1998). \u201cDenuncian limpieza social\u201d. <em>Al D\u00eda<\/em>, p. 8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Asociaci\u00f3n para el Avance de las Ciencias Sociales (<span class=\"small-caps\">avancso<\/span>) (1998). <em>Por s\u00ed mismos. Un estudio preliminar de las maras en la ciudad de Guatemala.<\/em> Guatemala: <span class=\"small-caps\">avancso<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Bateson, Regina (2013). \u201cOrder and Violence in Postwar Guatemala\u201d. Tesis de doctorado, Yale University.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Camus, Manuela <em>et al<\/em>. (2015). <em>Dinosaurio Reloaded, violencias actuales en Guatemala<\/em>. Guatemala: <span class=\"small-caps\">flacso<\/span>\/Fundaci\u00f3n Constelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Cort\u00e9s, Mynor (31 de agosto de 1998). \u201cPongan las manos arriba. \u2018Peinan\u2019 bares y barras show\u201d, <em>Nuestro Diario,<\/em> p. 5.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Feldman, Allen (1991). <em>Formations on Violence. The Narrative of the Body and Political Terror in Northern Ireland<\/em>. Chicago: Chicago University Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Flores, David (23 de marzo de 1998). \u201c<span class=\"small-caps\">pnc<\/span>: guerra a las maras\u201d, <em>Al D\u00eda<\/em>, p. 3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Hermosilla, Walter (2 de octubre de 1993). \u201cMaras atacan en plena 6ta. Avenida\u201d, <em>El Gr\u00e1fico,<\/em> p. 10.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Hochmu\u0308ller, Markus y Markus-Michael M\u00fcller (2017). \u201cCountering Criminal Insurgencies: Fighting Gangs and Building Resilient Communities in Post-War Guatemala\u201d, en Louise Moe y Markus M\u00fcller (eds.). <em>Reconfiguring Intervention: Complexity, Resilience and the \u201cLocal Turn\u201d in Counterinsurgent Warfare. <\/em>Nueva York: Palgrave Macmillan, pp. 163-186.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2016). \u201cLocating Guatemala in Global Counterinsurgency\u201d, <em>Globalizations, <\/em>vol. 13, n\u00fam. 1, pp. 94\u2013109. <span class=\"small-caps\">doi<\/span>: https:\/\/doi.org\/10.1080\/14747731.2015.1050850<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Jay, Martin (2011). <em>Essays from the Edge<\/em>. Charlottesville: University of Virginia Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (1993). <em>Force Fields. 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La mobilisation de ces photographies joue un r\u00f4le cl\u00e9 dans la socialisation des id\u00e9es sur l'identit\u00e9 et les activit\u00e9s de ces individus, conduisant \u00e0 la formation d'un regard public sur la criminalit\u00e9 comme ph\u00e9nom\u00e8ne concomitant de l'apr\u00e8s-guerre. La formation de ce regard public, \u00e0 son tour, est devenue un \u00e9l\u00e9ment nodal d'une nouvelle contre-insurrection sous la forme de la lutte contre la criminalit\u00e9, dont la nota roja a \u00e9t\u00e9 l'un des dispositifs rh\u00e9toriques. L'analyse que je propose se concentre sur les performances des deux journaux repr\u00e9sentatifs du genre : Al D\u00eda et Nuestro Diario, et se limite \u00e0 la d\u00e9cennie 1996-2005.<\/p>","protected":false},"author":4,"featured_media":38637,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[388,1229,1230,1231,894,1232],"coauthors":[551],"class_list":["post-38633","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-9","tag-guatemala","tag-mareros","tag-nota-roja","tag-nueva-contrainsurgencia","tag-posguerra","tag-visualidad","personas-bedoya-luis","numeros-1187"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.2 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Las fotograf\u00edas de mareros en la nota roja guatemalteca &#8211; Encartes<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Desde los 90s, los peri\u00f3dicos guatemaltecos han publicado fotograf\u00edas de hombres con el cuerpo tatuado a quienes identifican como mareros.\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/bedoya-visualidad-mareros-periodicos-posguerra-guatemala\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"fr_FR\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Las fotograf\u00edas de mareros en la nota roja guatemalteca &#8211; 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