{"id":33943,"date":"2021-03-19T06:41:28","date_gmt":"2021-03-19T06:41:28","guid":{"rendered":"https:\/\/encartes.mx\/?p=33943"},"modified":"2023-11-17T18:19:03","modified_gmt":"2023-11-18T00:19:03","slug":"perez-roa-pareja-deudas-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encartes.mx\/fr\/perez-roa-pareja-deudas-chile\/","title":{"rendered":"Cong\u00e9nialit\u00e9, r\u00e9silience et ajustement : n\u00e9gocier en tant que couple pour man\u0153uvrer les dettes et joindre les deux bouts"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Resumen <\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">En un contexto de aumento del costo de la vida y estancamiento salarial, el endeudamiento de los hogares chilenos se ha incrementado a niveles sin precedentes. En este marco, el art\u00edculo explora los arreglos econ\u00f3micos de las parejas de adultos j\u00f3venes y profesionales ante la alta presi\u00f3n econ\u00f3mica provocada por las deudas. Entendemos que en las relaciones de pareja se construyen, discuten y negocian la adquisici\u00f3n, los usos y estrategias de pago de deudas. Para ello, a partir del an\u00e1lisis de 34 entrevistas semiestructuradas a parejas jo\u0301venes y deudoras, exploramos tres tipos de negociaciones: (<span class=\"small-caps\">i<\/span>) las que buscan congeniar las herencias o los aprendizajes financieros previos; (<span class=\"small-caps\">ii<\/span>) las estrategias financieras de resistencia que las parejas asumen para poder sostenerse econ\u00f3micamente; (<span class=\"small-caps\">iii<\/span>) los ajustes a los proyectos futuros en funci\u00f3n de la proyecci\u00f3n de pago de sus compromisos asumidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">Palabras claves: <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/endeudamiento\/\" rel=\"tag\">endeudamiento<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/financiarizacion-de-la-vida-cotidiana\/\" rel=\"tag\">financiarizaci\u00f3n de la vida cotidiana<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/jovenes-adultos\/\" rel=\"tag\">jo\u0301venes adultos<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/negociaciones\/\" rel=\"tag\">negociaciones<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/parejas\/\" rel=\"tag\">parejas<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"en-title\">Getting along, Resisting and Adjusting: Negotiations in Couples to Maneuver Through Debts until Payday<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">In a context of rising costs of living and stagnating wages, debt in Chilean households has soared to unprecedented levels. In this context, this article explores the economic arrangements made by young adult couples in a context of high economic pressure caused by debt. We understand that couples build, discuss and negotiate the acquisition, uses and strategies of debt payments. For this purpose, from the analysis of 34 semi-structured interviews to young couples in debt, we explore three types of negotiations: (i) those which attempt to match previous inheritances or financial knowledge; (ii) the financial resistance strategies that couples assume to support themselves economically; (iii) adjustments to future projects that couples make based on the payment projections of the commitments they have assumed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">Keywords: negotiations, debt, young adults, couples, financialization of everyday life.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap no-indent\">Chile est\u00e1 atravesando una de las m\u00e1s profundas crisis sociales en los \u00faltimos 40 a\u00f1os. El descontento social que, desde el estallido del 18 de octubre se ha hecho sentir, ha instalado con fuerza el reclamo por la gran presi\u00f3n econ\u00f3mica que muchos hogares chilenos soportan cotidianamente. \u201cMe sobra mucho mes al final del sueldo\u201d, \u201cviolento es endeudarme para seguir sobreviviendo\u201d, \u201ctoma conciencia de que tu deuda universitaria es para el resto de tu vida\u201d son ejemplos de algunas de las pancartas que se han visto en las marchas masivas del \u00faltimo tiempo. Al parecer, los bajos salarios, el aumento sostenido en el costo de la vida y de los niveles de endeudamiento de los hogares en Chile han comenzado a ser percibidos como injustos. Las altas exigencias econ\u00f3micas que reposan sobre las espaldas de muchos hogares chilenos son el resultado de casi 40 a\u00f1os de reformas neoliberales que cambiaron los principios de protecci\u00f3n social y que extendieron la privatizaci\u00f3n de los servicios sociales restringiendo los servicios p\u00fablicos a los cuales los ciudadanos pueden acceder (Araujo, 2020).<\/p>\n\n\n\n<p>Las principales reformas implementadas por la dictadura militar transformaron el modelo econ\u00f3mico y los principios de regulaci\u00f3n de las relaciones laborales: se privatizaron las empresas productivas y los servicios proveedores de bienestar, situando en el mercado las posibilidades de acceso a sus rendimientos; se desregularizaron y liberalizaron gran parte de las actividades econ\u00f3micas, ampliando con ello el acceso al mercado del cr\u00e9dito; en la esfera laboral-productiva se promulg\u00f3 un nuevo plan que flexibiliz\u00f3 el mercado del trabajo e instal\u00f3 un marco de relaciones laborales basado en la individualizaci\u00f3n, mercantilizaci\u00f3n y descolectivizaci\u00f3n (Stecher y Sisto, 2020; Ru\u00edz y Boccardo, 2015). A partir de ello es posible afirmar que este conjunto de transformaciones ha instalado las relaciones de consumo como el centro de la estructuraci\u00f3n de las relaciones sociales (Moulian, 1997), lo que ha repercutido directamente en la vida econ\u00f3mica de los hogares. Las consecuencias de la instalaci\u00f3n de este modelo son de dos tipos. Por un lado, el crecimiento econ\u00f3mico, la disminuci\u00f3n de la pobreza, el aumento sostenido en el acceso a la educaci\u00f3n superior y una hist\u00f3rica ampliaci\u00f3n del trabajo asalariado (<span class=\"small-caps\">oit<\/span>, 2018) han significado para muchas familias salir de la miseria y alcanzar un nivel de vida menos precario (<span class=\"small-caps\">pnud-Chile<\/span>, 2017). Estas mejoras en las condiciones de vida, sin embargo, han derivado en un aumento de las expectativas de acceso al consumo (Araujo, 2020) a la vez que han instalado el sentimiento de que este modelo implica altas exigencias a las que no todos pueden responder. Es a partir de ello que se evidencian consecuencias negativas del modelo, asociadas a la sensaci\u00f3n extendida de que los hogares se enfrentan actualmente a una sofocaci\u00f3n econ\u00f3mica (Martuccelli, 2020) que se explica por la precariedad del empleo, el aumento del costo de la vida y el incremento sostenido en los niveles de endeudamiento de los hogares.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las variables que pueden explicar esta presi\u00f3n econ\u00f3mica es el aumento transversal del endeudamiento de los hogares chilenos. En una sociedad altamente financiarizada como la chilena, gran parte de las actividades de reproducci\u00f3n de nuestras vidas se integran en los sistemas socioecon\u00f3micos como flujos financieros de efectivos futuros (Dienst, 2011; Pollard, 2013; Gonz\u00e1lez L\u00f3pez, 2018). En efecto, en Chile se ha vuelto normal que las personas vivan endeudadas: el acceso al cr\u00e9dito es para muchas familias una extensi\u00f3n del salario (P\u00e9rez-Roa y G\u00f3mez Contreras, 2019; Marambio-Tapia, 2018); los j\u00f3venes estudiantes se endeudan como medio leg\u00edtimo de acceso a la educaci\u00f3n (P\u00e9rez-Roa, 2014; Gonz\u00e1lez, 2018); las pensiones de vejez se definen en la volatilidad de los mercados financieros (Andrade, 2020). Seg\u00fan el \u00faltimo reporte de la Encuesta Financiera de Hogares (Banco Central de Chile, 2018) 66% de los hogares declar\u00f3 tener, al menos, un compromiso financiero vigente durante el 2017. En efecto, Chile es el pa\u00eds m\u00e1s endeudado en Am\u00e9rica Latina y los montos de deuda son equivalentes a los de pa\u00edses con econom\u00edas m\u00e1s grandes y desarrolladas. Seg\u00fan datos del Fondo Monetario Internacional (<span class=\"small-caps\">fmi<\/span>), el endeudamiento de los hogares como proporci\u00f3n del <span class=\"small-caps\">pib<\/span> lleg\u00f3 a un equivalente de 45% durante el 2018. En este marco, la deuda de consumo es la que tiene mayor prevalencia: 55% de los hogares chilenos declar\u00f3 tener alg\u00fan tipo de deuda de consumo durante el 2017 (Banco Central de Chile, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>Entendiendo que las presiones financieras tensionan las relaciones sociales en las parejas, en este art\u00edculo buscamos explorar las negociaciones que realizan parejas de adultos j\u00f3venes y profesionales en un contexto de alta presi\u00f3n econ\u00f3mica. Buscamos observar las negociaciones econ\u00f3micas de parejas de entre 25 y 40 a\u00f1os en que al menos uno de sus miembros haya accedido a la educaci\u00f3n universitaria y est\u00e9 inserto en el mercado laboral. Nuestro inter\u00e9s es explorar c\u00f3mo estas presiones econ\u00f3micas provocadas por las deudas se articulan en negociaciones concretas y c\u00f3mo, en su andar, reinterpretan los aprendizajes financieros y reajustan los proyectos futuros. Para ello, nos proponemos explorar tres negociaciones recurrentes de nuestro trabajo de campo: primero, las herencias o los comportamientos financieros previos de cada miembro de la pareja que son imputados como elementos relevantes a la hora de justificar sus pr\u00e1cticas financieras. Segundo, la resistencia, o las estrategias financieras que las parejas activan para maniobrar en conjunto su precariedad econ\u00f3mica. Tercero, las negociaciones o ajustes a los proyectos futuros que las parejas deben realizar dada la extensi\u00f3n temporal de pago de las deudas adquiridas. Para lograr este objetivo, el art\u00edculo se estructura a partir de cuatro apartados. En primer lugar, presentaremos la discusi\u00f3n conceptual que gu\u00eda este trabajo, para en segundo lugar presentar brevemente la metodolog\u00eda y luego, en un tercer momento, los resultados. Finalizaremos con un breve apartado de conclusiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe se\u00f1alar que estas entrevistas fueron realizadas un a\u00f1o antes del estallido social de octubre; por ende, no recogen la denuncia p\u00fablica por la opresi\u00f3n econ\u00f3mica del endeudamiento. Sin embargo, estos relatos nos permiten entender parte del estado previo al estallido social, explorando experiencias de vida que, sin necesariamente ser una cr\u00edtica del endeudamiento, se construyeron de la mano de instrumentos financieros. Los cr\u00e9ditos permitieron a estas parejas acceder a un mercado de bienes de consumo impensado para sus familias de origen, muchos accedieron a la educaci\u00f3n universitaria a trav\u00e9s de deudas, mientras otros cuentan con los cr\u00e9ditos como parte de sus activos para llegar a fin de mes. En definitiva, nos permite explorar el amplio espectro de actividades cotidianas que, para una generaci\u00f3n de chilenos, se construy\u00f3 con base en relaciones de endeudamiento.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">De deudas y negociaciones: resituar la vida financiera en las parejas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">Muchos de los puntos de intersecci\u00f3n m\u00e1s intensos entre las finanzas y los espacios de lo cotidiano giran en torno a la deuda. La deuda se ha convertido en una condici\u00f3n omnipresente que opera a distintas escalas: desde flujos financieros globales envueltos en sofisticados instrumentos de mercado, hasta m\u00faltiples mecanismos de acceso al endeudamiento por parte de los hogares (Dienst, 2011). Gran parte de nuestras vidas materiales y subjetivas dependen, en la actualidad, de procesos financieros asociados al endeudamiento (Dienst, 2011; Pollard, 2013; Gonz\u00e1lez L\u00f3pez, 2018). La forma en que estas din\u00e1micas de deuda rompen los medios cotidianos y monetarizan su futuro no tiene precedente (Antoniades, 2018). Esta financiarizaci\u00f3n de los hogares a trav\u00e9s de los instrumentos de deuda ha sido observada desde las Ciencias Sociales principalmente como un medio para favorecer el acceso a los bienes y recursos sociales m\u00ednimos, particularmente para los sectores empobrecidos de la poblaci\u00f3n (Montgomerie y Tepe-Belfrage, 2016; Lewin-Epstein<em> et al<\/em>., 2016; James, 2019). En esta l\u00ednea, Seefeldt (2015) da cuenta de c\u00f3mo las familias acceden al cr\u00e9dito como una estrategia para suavizar el consumo (<em>consumption smoothing) <\/em>que les permite hacer \u201cmalabares\u201d, mantener a los acreedores medianamente satisfechos y sostener un nivel de vida b\u00e1sico. Sin embargo, el uso prolongado de esta estrategia puede implicar que empiecen a acumular nuevas deudas, empeoren su situaci\u00f3n financiera y presenten mayores dificultades para responder a sus compromisos financieros. Al respecto, Montgomerie y Tepe-Belfrage (2016) analizaron c\u00f3mo en el Reino Unido los hogares de bajos ingresos recurren a la deuda para sostener su reproducci\u00f3n material y caracterizan los efectos que esta estrategia tiene en sus relaciones familiares. Su trabajo demuestra c\u00f3mo las deudas interfieren y perturban las intimidades de la vida, y al hacerlo erosionan su propia reivindicaci\u00f3n econ\u00f3mica de pago como una obligaci\u00f3n prioritaria dentro del hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, gestionar la incertidumbre econ\u00f3mica provocada por las deudas y acrecentada por las crisis econ\u00f3micas no se resuelve solo con un c\u00e1lculo econ\u00f3mico racional entre ingresos y egresos, sino que esta\u0301 afectado, en el sentido de lo planteado por Zelizer (2015), por relaciones sociales. Es decir, cuando las parejas deciden movilizar recursos pagar una deuda o dejar de pagar otra, priorizan, jerarquizan y le otorgan un valor a esa decisi\u00f3n, construyendo en esa relaci\u00f3n nuevas distinciones sobre sus realidades econ\u00f3micas y sus proyecciones futuras. Entendidas de esta forma, las movilizaciones de recursos construyen patrones de regulaci\u00f3n de tiempo, configuran espacios sociales y definen los l\u00edmites entre individuos y objetos (M\u00fcller, 2014). Esto significa que la presi\u00f3n econ\u00f3mica que implican las obligaciones financieras no determina las conductas de los sujetos sino, m\u00e1s bien, introduce nuevas pruebas que se deben negociar dentro del hogar. En este sentido, las parejas organizan sus recursos sobre la base de sus propias justificaciones morales, lo que les permite enfrentar la normatividad que imponen las instituciones financieras y gubernamentales, y en algunos casos incluso cuestionar la moral del orden econ\u00f3mico imperante (\u017ditko, 2018).<\/p>\n\n\n\n<p>En Chile, distintas investigaciones han observado c\u00f3mo muchos hogares usan los instrumentos de deuda como un activo, es decir, como una estrategia que les permite maniobrar las diferencias entre el costo de la vida, los ingresos percibidos y sus cargas financieras (Han, 2011; Marambio-Tapia, 2018; P\u00e9rez-Roa y Donoso, 2018; P\u00e9rez-Roa y G\u00f3mez Contreras, 2019; P\u00e9rez-Roa, 2020). Los recursos que se movilizan no son s\u00f3lo dinero, sino tambi\u00e9n instrumentos financieros como cheques y tarjetas de cr\u00e9dito, entre otros. Al respecto, un estudio de Ossando\u0301n <em>et al.<\/em> (2017) describe c\u00f3mo se tejen circuitos de pr\u00e9stamos de tarjetas de cr\u00e9dito entre conocidos. Por su parte P\u00e9rez-Roa y Donoso (2018), en su trabajo con parejas j\u00f3venes deudoras, muestran c\u00f3mo \u00e9stas recurren a sus familias para poder afrontar las situaciones de morosidad. De esta manera, el presente art\u00edculo asume que la manera en que los individuos movilizan los recursos en un contexto de financiarizaci\u00f3n involucra m\u00faltiples dimensiones de la vida cotidiana que son portadoras de diversos universos de sentido y que est\u00e1n sujetas a la influencia de relaciones sociales, culturales y emocionales (Villarreal, 2008).<\/p>\n\n\n\n<p>Pensar la deuda situada en relaciones de pareja implica asumir que las relaciones de endeudamiento son un dominio en disputa en el que se contruyen, se discuten y negocian posibilidades de entendimiento. Los trabajos de Zelizer entienden que en los espacios de intimidad se establecen transacciones econ\u00f3micas donde las personas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">cotidianamente diferencian las relaciones sociales y usan distintos sistemas de pago para crear, definir, afirmar, desafiar o anular dichas distinciones&#8230; en una amplia gama de relaciones \u00edntimas, las personas se las ingenian para integrar las transferencias monetarias en redes m\u00e1s vastas de obligaciones rec\u00edprocas sin destruir los lazos sociales involucrados. El dinero cohabita regularmente con la intimidad, e incluso la sustenta (Zelizer, 2009: 51).<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho de otra manera, las transacciones econ\u00f3micas en las relaciones de intimidad no son neutras ni impersonales (Illouz, 2007; Zelizer, 2011; Belleau, 2017). Sus sentidos est\u00e1n socialmente construidos en funci\u00f3n del espacio social en el cual circulan y en funci\u00f3n del g\u00e9nero y la pertenencia de clase (Salazar, 2014); un espacio social que est\u00e1 a su vez configurado por relaciones de poder en las cuales el g\u00e9nero y la clase operan como categor\u00edas de diferenciaci\u00f3n que se materializan en din\u00e1micas y formas de relaci\u00f3n generizadas concretas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso particular de Chile encontramos una investigaci\u00f3n sobre los modelos de gesti\u00f3n del dinero en parejas mineras y no mineras (Silva-Segovia y Lay-Lisboa, 2017) que dan cuenta de la existencia de conflictos y tensiones en la negociaci\u00f3n del dinero en relaci\u00f3n con la posici\u00f3n de g\u00e9nero. En las parejas mineras las autoras observaron un predominio del discurso tradicional, en el cual las mujeres son responsables de la administraci\u00f3n de la parte del dinero que le provee el hombre. El dinero entregado es exclusivamente para la manutenci\u00f3n del hogar y la mujer no goza de autonom\u00eda para administrar dicho dinero, ni tampoco tiene conocimiento sobre los montos y usos que el hombre le da al suyo. Sin embargo, las esposas de los mineros desarrollan estrategias para evitar que sus maridos gasten su dinero en \u201ccosas de mineros\u201d, como otras mujeres, comida y alcohol; para ello extienden su gasto mensual a trav\u00e9s de tarjetas de cr\u00e9dito, endeud\u00e1ndose para que su pareja aumente su contribuci\u00f3n econ\u00f3mica al hogar. En las parejas no mineras, los autores observan que si bien se mantienen posiciones desiguales y androc\u00e9ntricas de administraci\u00f3n del dinero, coexisten con discursos y pr\u00e1cticas que tienden a la igualdad, impulsados principalmente por las mujeres, quienes buscan mayor autonom\u00eda en la administraci\u00f3n del dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>Las m\u00faltiples dimensiones que cruzan las negociaciones en pareja muestran c\u00f3mo los hogares no son \u201cnaturalmente\u201d equitativos en la distribuci\u00f3n econ\u00f3mica, ni es naturalmente esperable que los dineros individuales sirvan para financiar proyectos colectivos. Abrir la caja negra de la econom\u00eda dom\u00e9stica, implica complejizar la idea de que \u201cnaturalmente\u201d en pareja el dinero no cuenta (Belleau, 2017).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Herramientas metodol\u00f3gicas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">El presente art\u00edculo se enmarca en la fase cualitativa del proyecto \u201cLa odisea de llegar a fin de mes: estrategias de pago de deudas de familias j\u00f3venes de clases medias en Santiago y Concepci\u00f3n\u201d, financiado por el Fondo de Investigaci\u00f3n Cient\u00edfica y Tecnol\u00f3gica de Chile, <span class=\"small-caps\">fondecyt,<\/span> de iniciaci\u00f3n N\u00ba11150161 y aprobado por el Comit\u00e9 de \u00c9tica de la Universidad Alberto Hurtado el 15 de octubre del 2015, cuyo objetivo es analizar las estrategias que las familias j\u00f3venes de clases medias utilizan para responder a una experiencia de endeudamiento problem\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese marco y a partir de una estrategia metodolo\u0301gica cualitativa, se llevaron a cabo 34 entrevistas semiestructuradas a parejas jo\u0301venes profesionales y trabajadoras de Santiago y Concepcio\u0301n. Los criterios de seleccio\u0301n de la muestra fueron: parejas entre 25 y 40 an\u0303os, donde al menos uno de ellos sea profesional, que vivieran bajo el mismo techo, que declararan compartir gastos, que al menos uno de ellos tuviera deudas de consumo y\/o de estudio y declarara sentirse abrumado por ello y, donde al menos uno estuviera trabajando de manera regular. Nos centramos en parejas puesto que nos interesa observar y analizar la din\u00e1mica que se establec\u00eda entre sus miembros respecto a sus estrategias, priorizaciones y decisiones en torno al dinero y las deudas. En ese sentido, asumimos la existencia de diferencias de g\u00e9nero en la gesti\u00f3n del dinero y deudas (Valentine, 1999). La selecci\u00f3n de las parejas se hizo a trav\u00e9s de tres medios principales: 1) se contactaron individuos a partir de la realizaci\u00f3n previa de una encuesta <em>online<\/em>, a quienes se les invit\u00f3 a dejar su contacto si les interesaba participar en las entrevistas; 2) a trav\u00e9s de una invitaci\u00f3n lanzada en redes sociales y 3) a trav\u00e9s de las propias parejas entrevistadas, quienes nos referenciaron a parejas conocidas. Las entrevistas se realizaron a ambos miembros de la pareja de manera simult\u00e1nea, en tanto permite observar las interacciones conyugales, destacar la construcci\u00f3n com\u00fan de la pareja y del discurso que tienen como pareja. Sin embargo, presentan el riesgo de provocar o de presentar conflictos entre los c\u00f3nyuges (Belleau y Henchoz, 2008). Estos riesgos fueron explicados a los participantes en el consentimiento \u00e9tico que cada uno de ellos firm\u00f3 antes de comenzar las entrevistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los fines de este trabajo, nos centraremos en las negociaciones que las parejas realizaban para gestionar sus deudas y maniobrar sus ingresos. La idea es poder analizar las justificaciones que cada pareja moviliza para definir estas negociaciones. Para ello, nos centraremos en tres dimensiones: la herencia, entendida como el aprendizaje familiar que cada miembro de la pareja dice \u201cportar\u201d sobre su relaci\u00f3n con el dinero y las deudas; las estrategias financieras de \u201cresistencia\u201d que las parejas participantes asumen para poder sostener los ajustes econ\u00f3micos en un contexto de endeudamiento y los \u201cajustes\u201d y que las parejas asumen, dada la proyecci\u00f3n temporal indeterminada que para algunas parejas implica pensar el pago total de las deudas que acarrean. Estas dimensiones, lejos de ser \u00fanicas, buscan dar cuenta de c\u00f3mo la gesti\u00f3n de las deudas se negocia en las parejas y en ese proceso convergen experiencias pasadas y concurrentes, as\u00ed como sus consecuencias y objetivos proyectados a futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe precisar que, en virtud del consentimiento informado que cada uno de los participantes suscribi\u00f3 en el momento de la entrevista, y de los c\u00e1nones \u00e9ticos a los cuales esta investigaci\u00f3n se adhiere, los nombres de <br>los participantes fueron cambiados por nombres de fantas\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Congeniar: las herencias<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">Agustina (29 a\u00f1os, dentista) y Dar\u00edo (32 a\u00f1os, t\u00e9cnico) son pareja hace m\u00e1s de doce a\u00f1os y viven juntos hace tres a\u00f1os en Concepci\u00f3n, una ciudad al sur de Chile. Ambos acarrean deudas personales desde el principio de su vida en pareja. Las deudas de Agustina, que superan los 20 millones de pesos (25 mil $ <span class=\"small-caps\">usd<\/span> aproximadamente), son en su mayor\u00eda educativas y las adquiri\u00f3 para pagar su carrera de odontolog\u00eda, mientras que las de Dar\u00edo son deudas de consumo asociadas a lo que \u00e9l denomina ser un \u201cexagerado econ\u00f3micamente\u201d. Seg\u00fan cuenta, \u00e9l viene de una familia que tuvo muchas restricciones econ\u00f3micas y que, desde que las cosas est\u00e1n mejor, siempre ha disfrutado del presente en abundancia: \u201csi vamos a hacer un asado para tres, hay que comprar para veinte, \u00e9sa es la regla\u201d. \u00c9l nunca se ha restringido, si algo le gusta se lo compra: \u201cpara eso trabajo\u201d, dice. Sin embargo, Agustina dice ser \u201ctodo lo contrario\u201d. Ella se encarga de pagar las cuentas y de buscar las formas de ahorrar. A pesar no tener un sueldo fijo, siempre ha sido muy ordenada con el dinero, para soportar los periodos en que sus ingresos son menores y resguardar su tan valorada independencia econ\u00f3mica:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Mis abuelos siempre le inculcaron a ella [su madre] que ten\u00eda que ser independiente, siempre, o sea era una cuesti\u00f3n de que ella ten\u00eda que estudiar; tiene dos hermanas; mi mam\u00e1 siempre ha trabajado toda su vida, estudi\u00f3 qu\u00e9 s\u00e9 yo, y mi t\u00eda nunca le ha trabajado un peso a nadie, siempre pidi\u00e9ndole plata a mi abuelo hasta que falleci\u00f3, lo dej\u00f3 calzado hasta con unas chaquetas que le hab\u00eda comprado un par de meses antes, siempre acostumbrada a pedir, entonces mi mam\u00e1 siempre me dec\u00eda: \u201cyo no quiero que seas como tu t\u00eda, o sea, t\u00fa tienes que valerte por ti misma, t\u00fa tienes que buscar tu pega, tienes que estudiar lo que a ti te gusta, ser independiente, nunca depender de un hombre \u00bfY si el hombre te deja? \u00bfT\u00fa qu\u00e9 vas a hacer? O si yo no estoy, y tu pap\u00e1 y tus hermanos no te pueden mantener, \u00bfqu\u00e9 vas a hacer t\u00fa?\u201d Entonces siempre muy arraigado que nosotros ten\u00edamos que ser independientes, siempre (Agustina, 29 a\u00f1os, dentista).<\/p>\n\n\n\n<p>Ser independiente econ\u00f3micamente es un mandato moral que Agustina intenta honrar. Para ello, decidi\u00f3 estudiar una carrera como odontolog\u00eda que, seg\u00fan ella, le permit\u00eda asegurar un mejor pasar econ\u00f3mico. Adem\u00e1s ajusta sus gastos en funci\u00f3n de sus ingresos, asume la tarea de gestionar los gastos familiares y evita pedirle dinero a Dar\u00edo. Proteger su independencia econ\u00f3mica es una manera de demostrar que es capaz de \u201carregl\u00e1rselas sola\u201d y que es una mujer aut\u00f3noma que no necesita, al menos econ\u00f3micamente, de un otro. La autonom\u00eda econ\u00f3mica en este sentido es un mandato moral con consecuencias pr\u00e1cticas muy concretas: decisiones de estudio, de trabajo y los modelos de gesti\u00f3n del dinero se estructuran a partir de este mandato.<\/p>\n\n\n\n<p>El mandato intergeneracional de proteger la independencia econ\u00f3mica de las mujeres se escuch\u00f3 con fuerza en muchos relatos. Mientras para algunas mujeres como Agustina (29 a\u00f1os, dentista) el mandato era expl\u00edcito, para otras como Valentina (31 a\u00f1os, biotecn\u00f3loga) y Beatriz (32 a\u00f1os, psic\u00f3loga) el mensaje fue recibido por oposici\u00f3n: ellas no quer\u00edan seguir el modelo de su madre:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">al menos en mi caso la historia de mi familia, como que uno no quiere hacer la misma cosa que en la familia. En mi casa mi pap\u00e1 le entrega todo el sueldo a mi mam\u00e1, ella lo administra y mi pap\u00e1 no tiene idea de su plata, se le pierde la plata incluso cuando tiene plata entonces es como que eso para mi&#8230; no, yo no podr\u00eda administrarle la plata a Claudio (Valentina, 31 a\u00f1os, biotecnologa).<\/p>\n\n\n\n<p>Beatriz, por su parte dice sentirse tranquila pagando 50% de todos los gastos de la casa a pesar de que su salario sea inferior al de su pareja Rodolfo (35 a\u00f1os, psic\u00f3logo):<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">yo crec\u00ed en una familia donde mi mam\u00e1 era la due\u00f1a de casa, entonces siempre nos inculc\u00f3 que ten\u00eda que trabajar, que ten\u00eda que tener mis propias cosas, no ser una mantenida&#8230; a m\u00ed me cal\u00f3 profundo; entonces cualquier cosa que implicase que me pagaran algo que es m\u00edo, no\u2026 si es mitad y mitad.<\/p>\n\n\n\n<p>La educaci\u00f3n econ\u00f3mica que las parejas sienten arrastrar desde sus familias de origen hacia sus relaciones de pareja afectan tambi\u00e9n su relaci\u00f3n con las deudas. Aquellos que provienen de familias con experiencias problem\u00e1ticas con las deudas prefieren mantenerse lo m\u00e1s alejados posible de ellas. Al menos as\u00ed lo entiende Macarena (40 a\u00f1os, administradora p\u00fablica), que vive desde hace diez a\u00f1os con Fabi\u00e1n (40 a\u00f1os, psic\u00f3logo) y que carga con la experiencia familiar de haber estado a punto de perder el hogar familiar por los problemas de deudas impagas de su padre. Para ella, esta \u201cdura historia de endeudamiento\u201d le hizo cambiar su relaci\u00f3n con el dinero y las deudas. Macarena dice ser \u201caustera\u201d y evita endeudarse. Sin embargo, Fabi\u00e1n es totalmente distinto; \u00e9l se reconoce como una persona gastadora, pero que mantiene las cosas \u201cbajo control\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">\u00e9l es bastante gastador, yo debo decir que igual he aprendido eso, pero uno tambi\u00e9n tiene costumbres. En mi familia somos s\u00faper austeros, aunque hubiese recursos, la cosa era s\u00faper austera porque uno no sab\u00eda qu\u00e9 pod\u00eda pasar. Fabi\u00e1n no, es m\u00e1s de invertir, de gastar, tampoco tanto\u2026 o sea, es una persona solvente pero s\u00ed tiene m\u00e1s\u2026 cu\u00e1l es la palabra, se endeuda m\u00e1s que yo, definitivamente. Si quiere comprarse algo y no tiene las <em>lucas<\/em>,<a class=\"anota\" id=\"anota2\" data-footnote=2>2<\/a> se lo compra, se ordena, se planifica y lo paga igual (Macarena, 40 a\u00f1os, administradora p\u00fablica).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la l\u00ednea de los estudios de la psicolog\u00eda econ\u00f3mica (Denegri <em>et al.<\/em>, 2012) las personas con mayor predisposici\u00f3n a endeudarse son las que conf\u00edan en su futuro econ\u00f3mico y en sus capacidades de generar recursos. En este sentido, la inestabilidad econ\u00f3mica de Macarena podr\u00eda explicar su temor a las deudas. Sin embargo, para ella la experiencia familiar \u201ctraum\u00e1tica\u201d es la que, a su juicio, explicar\u00eda su reticencia a adquirir deudas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, las relaciones con las deudas \u201cheredadas\u201d presentan distintos tipos de gradualidades valorativas. Mientras para Macarena (40 a\u00f1os, administradora p\u00fablica) las deudas son algo que prefiere \u201cevitar\u201d, para Catalina (31 a\u00f1os, soci\u00f3loga) las deudas son una \u201ccuesti\u00f3n dr\u00e1stica\u201d. En el momento de nuestra entrevista Catalina hab\u00eda recientemente comenzado a vivir con Soledad (33 a\u00f1os, psic\u00f3loga). Catalina ten\u00eda solo dos deudas: la del Fondo Solidario con las que coste\u00f3 sus estudios de sociolog\u00eda y otra con un banco, que solicit\u00f3 para iniciar un peque\u00f1o emprendimiento. Sin embargo, producto de su inestabilidad laboral, ha tenido muchas dificultades para pagar esa deuda:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">yo tambi\u00e9n soy restringida con las platas, no s\u00f3lo por el t\u00e9rmino de las platas y del ahorro, porque para m\u00ed fue s\u00faper penca quedar endeudada, en mi familia es una cuesti\u00f3n dr\u00e1stica&#8230; siempre me inculcaron mucho lo de que no endeudarse, no pedir plata prestada, como que ser ordenada con esas cosas, entonces era como una cuesti\u00f3n que me molest\u00f3 psicol\u00f3gicamente, un poco financieramente, fue un cacho [problema] por caleta [mucho] tiempo y un dolor de colon. Que no le hab\u00eda contado a mis pap\u00e1s, no sab\u00edan que yo estaba endeudada, que estar endeudada en mi familia es terrible, fue tema la cuesti\u00f3n. Lo tuve escondido harto rato, el momento en que dije, \u201cs\u00ed, bueno, yo tengo una deuda&#8230;\u201d, mi pap\u00e1 al tiro salt\u00f3: \u201cc\u00f3mo deuda, de qu\u00e9, de cu\u00e1nto, si yo siempre te he pagado todo\u201d (Catalina, sociologa, 31 a\u00f1os, Concepci\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>Para Catalina las deudas representan una carga piscol\u00f3gica y una \u201ctraici\u00f3n\u201d familiar. A pesar de que el monto que ella adeuda es uno de los m\u00e1s bajos de nuestra muestra, para ella la carga moral que representa es dif\u00edcil de sostener. Ella aprendi\u00f3 de su familia que \u201cse vive con lo que se tiene\u201d; pedir un cr\u00e9dito rompe con la regla familiar. En este sentido, para ella las deudas representan una irresponsabilidad, en tanto comprometen dineros de los que no se dispone. Su pareja, Soledad, tiene una percepci\u00f3n totalmente opuesta. Para ella las deudas han sido parte de su vida. Su familia siempre ha estado muy endeudada y ella desde temprana edad ha ido adquiriendo deudas para resolver r\u00e1pidamente distintos tipos de necesidades, seg\u00fan relata:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">El auto, que era una deuda como pagable, como ciento cincuenta mil pesos, pero ya la hab\u00eda pagado y despu\u00e9s eran leseras; el a\u00f1o pasado pens\u00e9 que me iban a despedir pero no me despidieron entonces me fui a La Serena, me apareci\u00f3 un cr\u00e9dito preaprobado, apret\u00e9 un bot\u00f3n y me transfirieron la plata, y en gastos rid\u00edculos, gastos as\u00ed, salir a comer como bien rajada igual, como muy consumista como para m\u00ed y para el resto tambi\u00e9n, como una din\u00e1mica como bien parecida a cuando yo era chica con mi mam\u00e1, que en el fondo adquir\u00ed lo que queremos para m\u00ed y para el resto sin un poco mirar el precio de las cosas. Si yo quiero eso, \u00bfpor qu\u00e9 no tenerlo? O sea, si a ella le hace falta eso, \u00bfpor qu\u00e9 no d\u00e1rselo?\u00bf Por qu\u00e9 no pag\u00e1rselo? No s\u00e9 por qu\u00e9 no rajarse con algo&#8230; (Soledad, 33 a\u00f1os, psic\u00f3loga, Concepci\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p>La simpleza con la que presenta el cr\u00e9dito en la vida cotidiana y lo natural que es su uso dentro de su vida familiar, hacen que para Soledad la deuda sea algo \u201carreglable\u201d con lo que uno se \u201cacostumbra\u201d a vivir. Para ella los cr\u00e9ditos y las deudas son parte de los artefactos ordinarios de los cuales se dispone; es decir, forman parte de los conocimientos pra\u0301cticos y experiencias de contacto cotidianas con los que Soledad y su familia cuentan. Catalina y Soledad llevaban s\u00f3lo un par de meses viviendo juntas, a pesar de que ambas saben que sus diferencias econ\u00f3micas ser\u00e1n algo que tendr\u00e1n que aprender a congeniar, en el momento de la entrevista manifestaban su sorpresa de escuchar sus diferencias y las maneras opuestas en que ellas y sus familias se vinculaban con el dinero y las deudas. Conf\u00edan en que estas diferencias no entorpezcan sus proyectos de pareja.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto para Agustina y Dar\u00edo, Soledad y Catalina, Macarena y Fabi\u00e1n como para la mayor\u00eda de las parejas entrevistadas, evocar su relaci\u00f3n con el dinero y las deudas implica una referencia casi obligada a sus familias. La deuda ser\u00eda \u201chereditaria\u201d en el sentido de que se explica como una continuidad de un comportamiento err\u00f3neo de los padres, resultado de una falta de educaci\u00f3n ligada a un tema tab\u00fa, o a un imperativo moral que le exige, particularmente a las mujeres, lograr independencia econ\u00f3mica en sus relaciones de pareja.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Resistir a la precariedad econ\u00f3mica<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">En todas las parejas entrevistadas, al menos uno de los miembros estaba trabajando en el momento de hacer la entrevista. La mayor\u00eda de ellos trabajaba en rubros asociados a sus profesiones y hab\u00eda logrado una independencia econ\u00f3mica que permite construir una vida de pareja. En Concepcio\u0301n, la mitad de las parejas vivi\u0301an solas y sin hijos, mientras que en Santiago, la mitad de las parejas teni\u0301an al menos un hijo. En relaci\u00f3n con los ingresos, la mediana per ca\u0301pita del hogar de las parejas de Concepcio\u0301n esta\u0301 en torno a los 690 mil pesos chilenos (800$ <span class=\"small-caps\">usd<\/span> aproximadamente), mientras que la mediana del ingreso per ca\u0301pita del hogar en Santiago es menor, pues llega a cerca de 520 mil pesos chilenos (680$ <span class=\"small-caps\">usd<\/span> aproximadamente). A pesar de que los ingresos de las parejas superan la media nacional, todas acarreaban deudas, principalmente educativas y de consumo. En el gran Concepcio\u0301n, las parejas entrevistadas teni\u0301an en promedio 3.4 deudas en total; en cambio, en Santiago los hogares presentan un promedio de 3.8 deudas. Si bien el peso de las deudas de estudios en las finanzas familiares difiere en funci\u00f3n de los ingresos fijos, el pago de la deuda se extiende en su mayor\u00eda a un plazo de 20 a\u00f1os, y sus valores definidos en <span class=\"small-caps\">uf<\/span> pueden, en algunos casos, duplicar el total de la deuda asumida. Algunas parejas enfrentaban elevadas cargas mensuales por concepto de pago de deudas de cr\u00e9ditos de consumo, lo que les dificultaba responder a tiempo con los pagos. En este sentido, la adquisici\u00f3n de nuevas deudas es para muchas parejas una estrategia que asumen para resistir la precariedad econ\u00f3mica. En este apartado revisaremos particularmente dos tipos de estrategias: los pr\u00e9stamos de dinero o de instrumentos financieros entre la pareja y las estrategias que buscan \u201cinflar\u201d las tarjetas de cr\u00e9dito para mejorar el historial de cr\u00e9dito.<\/p>\n\n\n\n<p>Rodolfo (35 a\u00f1os, psic\u00f3logo) y Beatriz (32 a\u00f1os, psic\u00f3loga) viven juntos hace tres a\u00f1os en Concepci\u00f3n. Se conocieron en la Universidad y han desarrollado un proyecto laboral en conjunto. Armaron una cl\u00ednica de atenci\u00f3n psicol\u00f3gica en Concepci\u00f3n a la que le dedican horario extra a su jornada laboral. Si bien ambos esperan en un futuro poder dedicarle tiempo completo, en el momento de nuestra entrevista ambos trabajaban jornada completa en centros de salud p\u00fablica de la regi\u00f3n y le dedicaban algunas tardes de la semana a ese proyecto. A pesar de que ambos ejercen la misma profesi\u00f3n y que estudiaron en la misma universidad, sus trayectorias laborales han sido distintas. La de Rodolfo ha estado marcada por la estabilidad: desde que egres\u00f3 de la universidad trabaja en el mismo lugar y gana en promedio un 20% m\u00e1s que Beatriz, cuya trayectoria ha sido m\u00e1s intermitente: ha transitado por distintos programas con diferentes condiciones laborales, y por reiterados periodos sin trabajo. Para sostenerse econ\u00f3micamente en esos lapsos, Beatriz le pidi\u00f3 a Rodolfo en una oportunidad que le prestara dinero, y en otra, que le pidiera un pr\u00e9stamo bancario a su nombre. Las deudas que ella acarreaba le imped\u00edan pedir un cr\u00e9dito y necesitaba el dinero para pagar sus gastos b\u00e1sicos, las cuotas de sus cr\u00e9ditos anteriores y diversos ex\u00e1menes m\u00e9dicos que en esa fecha tuvo que realizarse. Beatriz tiene calculado el valor total de su deuda y los intereses que ha generado, y mes a mes le deposita el monto de su deuda y la mitad de los gastos de la casa, lo que incluye el dividendo del departamento donde viven pero que est\u00e1 a nombre de Rodolfo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Me depositan y ya no tengo plata en la cuenta, estoy pagando todo, tengo varias deudas; bueno, lo que siempre priorizo es la plata mensual que se la transfiero a Rodolfo&#8230; le paso la mitad de los gastos de nosotros, que son 200, y le paso otros 180 por una plata asociada al cr\u00e9dito y por una plata prestada (Beatriz, 32 a\u00f1os, psic\u00f3loga).<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que el costo de pagarle a Rodolfo deja a Beatriz sin dinero para poder sostener los gastos b\u00e1sicos, que debe usar la l\u00ednea de cr\u00e9dito para llegar a fin de mes o usar los ingresos intermitentes que recibe por la consulta privada, Beatriz lo prefiere as\u00ed. Seg\u00fan explica, se siente<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">m\u00e1s tranquila, porque crec\u00ed en una familia donde mi mam\u00e1 era la due\u00f1a de casa, entonces mi mam\u00e1 siempre nos inculc\u00f3 de que ten\u00edas que trabajar, de tener tus propias cosas, de no ser una mantenida, \u00bf\u201ccachai\u201d?,<a class=\"anota\" id=\"anota3\" data-footnote=3>3<\/a> entonces a m\u00ed eso me cal\u00f3 profundo, cualquier cosa que implicase que me pagaran algo que es m\u00edo, entonces mitad y mitad (Beatriz, 32 a\u00f1os, psic\u00f3loga).<\/p>\n\n\n\n<p>Los soportes econ\u00f3micos que Rodolfo pueda entregarle a Beatriz est\u00e1n permitidos s\u00f3lo en la medida en que en la modalidad de traspaso est\u00e9n tambi\u00e9n definidas las formas de retribuci\u00f3n del dinero prestado. En esta negociaci\u00f3n descansa la \u201cjusticia\u201d del acuerdo de apoyo. A pesar de que en el proceso Beatriz se va empobreciendo. Este acuerdo de traspasos de dinero dentro de la pareja, atados a una modalidad de pago definida, eran muy comunes en las parejas entrevistadas, particularmente en las que presentaban diferencias salariales importantes. Catalina (36 a\u00f1os, trabajadora social) y Basti\u00e1n (37 a\u00f1os, ingeniero); Laura (24 a\u00f1os, music\u00f3loga) y Danae (30 a\u00f1os, dise\u00f1adora); Pedro (31 a\u00f1os, <em>junior<\/em>) y Loreto (29 a\u00f1os, abogada) y Maite (38 a\u00f1os, profesora de educaci\u00f3n f\u00edsica) y Sebasti\u00e1n (29 a\u00f1os, profesor de educaci\u00f3n fisica) se dividen los gastos mitad-mitad, y se apoyan econ\u00f3micamente a trav\u00e9s de \u201cpr\u00e9stamos\u201d internos que eran sagradamente pagados por el deudor, independientemente de sus diferencias de ingreso.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas formas de circulaci\u00f3n del dinero en el interior de la pareja se utilizan tambi\u00e9n otros instrumentos financieros de que se dispone. Las tarjetas de cr\u00e9dito de uso compartido eran una pr\u00e1ctica muy com\u00fan en las parejas entrevistadas y buscaba favorecer el acceso a los bienes de consumo del miembro \u201cno financiarizado\u201d, o resolver colectivamente los requerimientos econ\u00f3micos y poder llegar a fin de mes. Esta modalidad de acceso al consumo era una pr\u00e1ctica recurrente en las parejas de menores ingresos o aqu\u00e9llas cuyos ingresos fluctuaban mes a mes. Si bien la modalidad era relativamente la misma (tener una tarjeta com\u00fan que la utilizaba quien ten\u00eda que hacer una compra en espec\u00edfico), las modalidades de rembolso eran distintas. Mientras Gabriela (30 a\u00f1os, trabajadora social) y Germ\u00e1n (28, carabinero) se endeudaban con los instrumentos financieros de Germ\u00e1n y pagaban las deudas con los ingresos comunes, independientemente de qui\u00e9n o para qu\u00e9 haya realizado el gasto, Francisco (33 a\u00f1os, tecn\u00f3logo m\u00e9dico) y Constanza (32 a\u00f1os, administradora de empresas) usan la tarjeta de cr\u00e9dito de Francisco, quien se encarga mes a mes de supervisarla y ver el tema del pago: \u201cnosotros hacemos compras por separado, sabemos qu\u00e9 hicimos cada uno de compras, entonces despu\u00e9s nos dividimos los montos y cada uno paga lo que corresponde\u201d (Francisco, 32 a\u00f1os, tecnol\u00f3go m\u00e9dico).<\/p>\n\n\n\n<p>El uso compartido de las tarjetas de cr\u00e9dito de uno de los miembros de la pareja era una estrategia que no s\u00f3lo se ocupaba para poder \u201cllegar a fin de mes\u201d, sino que tambi\u00e9n para algunas parejas era una manera de <br>\u201cinflar las tarjetas\u201d de alguno de ellos para poder mejorar el historial <br>de cr\u00e9dito. Para Agustina (29 a\u00f1os, dentista) y Dar\u00edo (32 a\u00f1os, t\u00e9cnico) inflar las tarjetas de Agustina fue una estrategia para favorecer el acceso a un cr\u00e9dito hipotecario:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Como Agustina no ten\u00eda un sueldo fijo ni nada, y no ten\u00eda c\u00f3mo declarar renta, empec\u00e9 a inflar las tarjetas, a modo de generar un historial bancario; entonces todas las compras las hac\u00edamos con las tarjetas para que hubiera movimiento en su cuenta y ella comenzara a generar un historial, y as\u00ed lo hemos hecho hasta el d\u00eda de hoy. Es que la idea es que va m\u00e1s enfocado hacia adelante tambi\u00e9n, o sea que con la inflada de las tarjetas, que tenga un historial bancario estable, que realmente parti\u00f3 con poco cupo y ascendi\u00f3 r\u00e1pidamente porque hicimos tambi\u00e9n otro plan estrat\u00e9gico donde ped\u00edamos a tantos meses, pero pag\u00e1bamos la deuda del total mucho antes, entonces se fue ganando de a poco (Dar\u00edo, 32 a\u00f1os, t\u00e9cnico).<\/p>\n\n\n\n<p>En alguna parejas uno de cuyos miembros estaba dentro del registro nacional de deudores (<span class=\"small-caps\">dicom<\/span>), inflar la tarjeta de cr\u00e9dito del otro era una estrategia para acceder al cr\u00e9dito \u201ca trav\u00e9s de otro\u201d, suavizar el consumo (Seefeldt, 2015), mejorar el historial de cr\u00e9dito y proyectar un cr\u00e9dito hipotecario. David (50 a\u00f1os, ingeniero industrial) y Leticia (35 a\u00f1os, prevencionista) llevan juntos once a\u00f1os, se casaron hace tres y tienen dos ni\u00f1os. David arrastra una deuda educativa desde los a\u00f1os ochenta y hace diez a\u00f1os decidi\u00f3 dejar de pagar. Seg\u00fan cuenta, tom\u00f3 la decisi\u00f3n cuando su hijo mayor, de otra relaci\u00f3n, entr\u00f3 a estudiar a la universidad. Para que \u00e9l no tuviera que endeudarse asumi\u00f3 distintas deudas con casas comerciales y bancos transformado en \u201csocio honorario de <span class=\"small-caps\">dicom<\/span>\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Yo soy un paria de esta sociedad, no voy a ser sujeto de cr\u00e9dito nunca m\u00e1s en mi vida, porque lleg\u00f3 un momento en que me vi tan endeudado por el tema que te explicaba, por pagarle la universidad a mi hijo, despu\u00e9s que me separ\u00e9. No tengo cr\u00e9dito en ninguna parte. Ahora, desde hace unos diez a\u00f1os, ella tom\u00f3 todos los cr\u00e9ditos. Yo en un momento dej\u00e9 de pagar todo lo que deb\u00eda y no pagu\u00e9 y no pagu\u00e9, no m\u00e1s (David, 50 a\u00f1os, ingeniero industrial).<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien acceder al cr\u00e9dito a trav\u00e9s de Leticia les ha permitido a ambos poder responder a las necesidades econ\u00f3micas y de cuidado, en el momento de nuestra entrevista Leticia hab\u00eda adquirido a su nombre m\u00e1s de ocho deudas con distintos oferentes (bancos, casas comerciales, cajas de compensaci\u00f3n, automotora, etc.). Ellos \u201cbicicletan\u201d todos los meses y esperan en un futuro pr\u00f3ximo poder saldar todas las deudas que van dejando o que no pueden pagar a tiempo. La opci\u00f3n de \u201cbicicletar\u201d para poder llegar a fin de mes e inflar las tarjetas de cr\u00e9dito de Leticia la tomaron como una estrategia en dos sentidos: primero, como una manera de garantizar el acceso a una educaci\u00f3n y salud privada para sus hijos y mantener, as\u00ed, su calidad de vida; segundo, como una manera de acceder, a mediano plazo, a un cr\u00e9dito hipotecario: \u201cde aqu\u00ed a dos a\u00f1os m\u00e1s, si logramos esa estabilidad, ah\u00ed nos comprar\u00edamos una casa, un departamento. Y ah\u00ed tendr\u00edamos que entrar a madurar la estrategia para que yo no aparezca con todas mis deudas\u201d (David, 50 a\u00f1os, ingeniero). La estrategia que ellos pretenden realizar para comprarse un departamento es separarse, de manera que los bienes de Leticia no est\u00e9n vinculados con las deudas de David. Con ello, dicen, podr\u00e1n lograr sortear las deudas de David y consolidar sus proyectos familiares.<\/p>\n\n\n\n<p>Los pr\u00e9stamos entre la pareja, los usos colectivos de los instrumentos financieros o el \u201cinflar las tarjetas de cr\u00e9dito\u201d de uno de los miembros de la pareja es una forma de resistencia cotidiana que las parejas desarrollan para soportar las precariedades econ\u00f3micas. Estas resistencias de \u201cbaja intensidad\u201d o \u201cpor abajo\u201d (Scott, 1985, en Rojas y P\u00e9rez-Roa, 2019), menos organizadas y fuertemente nutridas por las emociones, buscan desafiar los embates de la econom\u00eda domestica; son \u201crituales de rebeli\u00f3n\u201d (Gluckman, 1993 en Rojas y P\u00e9rez-Roa, 2019) que, a pesar de estar cargados por la fuerte presi\u00f3n econ\u00f3mica, les devuelven a las parejas la sensaci\u00f3n de que hay, al menos, un margen de maniobra en el cual pueden decidir c\u00f3mo afrontar el endeudamiento.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><span class=\"small-caps\">Ajustar los proyectos futuros <\/span><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">Cada deuda que las parejas han adquirido va amarrada a una temporalidad de pago. Algunas se proyectan m\u00e1s a largo plazo, como las deudas educativas e hipotecarias, otras tienen un plazo de pago a mediano o corto plazo, como las deudas de consumo. Proyectar el pago de las deudas orienta las pr\u00e1cticas econ\u00f3micas de las parejas hacia nuevos rumbos y modifica en su andar las representaciones que las parejas realizan de estos nuevos rumbos (P\u00e9rez-Roa y G\u00f3mez, 2019). En este sentido, pensar que \u201calg\u00fan d\u00eda\u201d terminar\u00e1n de pagar las deudas es, para ellas, una posibilidad de proyectar nuevos futuros posibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Para algunas parejas, esos futuros se construyen a partir de plazos acotados, que marcan etapas temporalmente definidas por las cuotas que les quedan para reducir su carga financiera y alivianar sus finanzas. Al menos as\u00ed lo entiende Gloria (35 a\u00f1os, ingeniera) y Rub\u00e9n (30 a\u00f1os, t\u00e9cnico), quienes viven juntos en una casa propia en una comuna perif\u00e9rica de Santiago. Llevan casados seis a\u00f1os. Ambos trabajan de lunes a domingo. De lunes a viernes, Gloria trabaja en una empresa de importaci\u00f3n y \u00e9l trabaja en el ej\u00e9rcito como administrativo. Los fines de semanas ambos han asumido nuevos trabajos para incrementar sus salarios. El fin de semana Gloria trabaja en una empresa de servicios y Rub\u00e9n reparte diarios. Su situaci\u00f3n financiera es bastante cr\u00edtica: tienen deuda de estudios, con casas comerciales, deudas bancarias, un cr\u00e9dito hipotecario, deudas municipales y con miembros de sus familias. Seg\u00fan cuentan, su situaci\u00f3n empeor\u00f3 cuando fueron estafados por una empresa piramidal y esa p\u00e9rdida se les conjug\u00f3 con los costos de la compra de su casa y con los cr\u00e9ditos que tuvieron que solicitar para arreglarla. Sus deudas superan ampliamente sus ingresos: \u201ccada vez que me pagan entro en depresi\u00f3n&#8230; se nos va toda la plata en pocos minutos. Todos los meses termino llorando en mi puesto de trabajo mientras voy pagando\u201d (Gloria, 35 a\u00f1os, ingeniera). Dicen que sus expectativas futuras dependen de sus posibilidades de ir reduciendo sus deudas:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">S\u00ed, el mes pasado no me alcanz\u00f3 ni si quiera como pa\u2019ir al supermercado, entonces\u2026 eh\u2026 nos proyectamos al 2019, porque al final, si lo hacemos antes y no funciona\u2026 Hay deudas que las termino el 2019, y la idea es ir pagando como las m\u00e1s chicas, por ejemplo el tema de la basura, salimos ahora a fin de a\u00f1o y ser\u00edan 36 lucas [51$<span class=\"small-caps\">usd<\/span> aproximadamente] que quedar\u00edan como disponibles, y tratar de ir pagando lo que m\u00e1s se puede, no m\u00e1s. No me puedo proyectar de ac\u00e1 a fin de a\u00f1o, sino que de ac\u00e1 al 2019. Igual que tampoco puedo decir que quiz\u00e1s a este otro a\u00f1o en mi pega me cambien de puesto de trabajo y gane m\u00e1s lucas. Si fuera eso quiz\u00e1s podr\u00eda dejar de trabajar el fin de semana, entonces todo va dependiendo de las cosas que vamos logrando mientras avance el tiempo (Gloria, 35 a\u00f1os, ingeniera).<\/p>\n\n\n\n<p>La posibilidad de proyectarse fuera de esta sensaci\u00f3n de \u201cendeudamiento perpetuo\u201d (Han, 2011) depende para Rub\u00e9n y Gloria de los tiempos de pago definidos por cada uno de los pr\u00e9stamos que han adquirido y de \u201clos pagos que vayan logrando\u201d. En este sentido, la decisi\u00f3n de extender sus jornadas laborales es una manera de asumir los costos de sus deudas y sobreexigir su capacidad de trabajo para que las metas de pago se vayan alcanzando. Ampliar los horarios de trabajo es una estrategia particularmente usada por parejas que provienen de familias de menores recursos. Alejandro (28 a\u00f1os, t\u00e9cnico de nivel superior en construcci\u00f3n) y Florencia (27 a\u00f1os, t\u00e9cnica de nivel superior en construcci\u00f3n), por su parte, venden paltas (aguacates) en sus tiempos libres, a la vez que Alejandro trabaja como chofer de Uber en el tiempo que le queda. Carolina (30 a\u00f1os) es profesora de literatura; luego de su jornada laboral da clases en preuniversitarios, colegios nocturnos o particulares. Jorge (39 a\u00f1os, t\u00e9cnico) trabaja los fines de semana de cajero en el metro, y Nidia (33 a\u00f1os, trabajadora social) de cajera en un supermercado.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, las parejas que logran idear proyectos futuros m\u00e1s a largo plazo lo hacen ajustando sus deseos a los l\u00edmites que les impone la deuda y renunciar a las ideas que se hab\u00edan constru\u00eddo de \u201cc\u00f3mo deber\u00edan ser las cosas\u201d. Carolina (30 an\u0303os, profesora) y Diego (33 an\u0303os, antropo\u0301logo) viven juntos desde hace dos an\u0303os en un pequen\u0303o departamento de una comuna perice\u0301ntrica de Santiago. Carolina tiene una deuda de estudios con el Estado y con la universidad donde en la actualidad hace un <em>magister<\/em>. A pesar de que so\u0301lo por concepto de cre\u0301ditos paga 30% de su sueldo, paga religiosamente sus deudas todos los meses. Diego, por su parte, no ha podido titularse por la deuda que acarrea en su universidad. El no acceder al ti\u0301tulo le ha dificultado conseguir trabajos formales en su profesio\u0301n. Hoy arrastra una deuda de ma\u0301s de 11.000 millones de pesos (22.000 <span class=\"small-caps\">usd<\/span> aproximadamente), que no paga desde hace ma\u0301s de tres an\u0303os. Su inestabilidad laboral lo llev\u00f3 a un estado depresivo. En 2016, luego de muchos intentos fallidos por encontrar un trabajo estable, Carolina le pidio\u0301 a Diego que se desentendiera de la bu\u0301squeda de trabajo y que tratara su depresio\u0301n. Durante ese an\u0303o Carolina asumio\u0301 gran parte de los gastos de la casa y se encarg\u00f3 de la administracio\u0301n: \u201cmi sueldo es el que sustenta la casa porque el de e\u0301l va y viene&#8230; lo que gana e\u0301l lo ocupamos para comprar cosas especi\u0301ficas pero no contamos con esa plata de manera regular\u201d. Dicen vivir siempre con lo justo; las deudas universitarias que acarrean les impiden asumir otros proyectos econo\u0301micos: \u201csufrimos con las deudas, porque los ingresos son de los dos, tenemos una vida compartida, y no nos alcanza\u201d, dice Carolina. Poco antes de la entrevista, Carolina y Diego se hab\u00edan comprometido. A pesar de que ambos quer\u00edan casarse prontamente, no lograban definir cu\u00e1ndo ni c\u00f3mo lo har\u00edan. Las deudas les han limitado la posibilidad de dar forma a su proyecto y les han exigido, particularmente a Carolina, renunciar a la idea que ella ten\u00eda sobre c\u00f3mo deber\u00eda ser su matrimonio:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Yo siempre so\u00f1\u00e9 con tener un matrimonio as\u00ed tipo de sue\u00f1o de hadas, y yo dije \u201cpucha, es muy posible que tenga que renunciar a eso, porque yo me quiero casar con \u00e9l, pero cu\u00e1nto nos vamos a demorar en juntar la plata para casarnos\u201d. Ahora en el banco tengo, no s\u00e9, 600 lucas [860 <span class=\"small-caps\">usd<\/span>], que es lo que cobr\u00e9 de mi indemnizaci\u00f3n de la pega de la que me echaron injustamente, y entre medio entre los dos hacemos 25 millones de pesos en deudas, puede ser, sin haber salido nunca de vacaciones, sin haber salido del pa\u00eds, sin tener plata pa\u2019 nuestro matrimonio, es terrible. Es terrible, s\u00faper triste, y sobre todo considerando la manera en que vivimos, de una manera s\u00faper honesta, los dos trabajadores, esforzados, y es s\u00faper dif\u00edcil realizarse como persona con un pie encima que es la deuda universitaria (Carolina, 30 a\u00f1os, profesora).<\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que Carolina y Diego, Fernando (31 a\u00f1os, pisc\u00f3logo) y Valeria (23 a\u00f1os, profesora) tambi\u00e9n tuvieron que postergar su proyecto de matrimonio por no contar con los recursos suficientes. Si bien conf\u00edan en que pronto podr\u00e1n casarse, lo que las deudas no les han permitido resolver es el tema de los hijos. A pesar de que Valeria quiere tener hijos, Fernando no est\u00e1 dispuesto a soportar el costo econ\u00f3mico que implicar\u00eda tenerlos en este contexto: \u201csi tienes un hijo te casas con el sistema, porque tienes que darle la educaci\u00f3n, tienes que darle la salud y tienes que trabajar como chino para que tu siguiente generaci\u00f3n prospere dentro de este sistema, en lo econ\u00f3mico&#8230; yo no tengo ninguna manera de hacer eso\u201d (Fernando, 31 a\u00f1os, psic\u00f3logo). Si bien Fernando reconoce que su postura frente a la paternidad se inscribe en su experiencia de deudor, enfrentarlo de otra forma se le hace, en ese contexto, imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ajustes de los proyectos futuros no s\u00f3lo est\u00e1n relacionados con los hijos y el matrimonio, sino tambi\u00e9n con la posibilidad de retomar los proyectos de estudio truncados. En el caso de Valeria (26 a\u00f1os, t\u00e9cnica) y Camilo (28 a\u00f1os, funcionario de la armada), las deudas y las exigencias econ\u00f3micas les han obligado a postergar los estudios de enfermer\u00eda de Valeria. En el caso de Gabriela (30 a\u00f1os, trabajadora social) y Germ\u00e1n (28, carabinero) la llegada de su hijo, las nuevas exigencias econ\u00f3micas y las deudas contra\u00eddas implicaron que Germ\u00e1n dejara de estudiar. Si bien, Valeria proyecta en un futuro cercano retomar sus estudios, para Germ\u00e1n ya no es una prioridad. Prefiere seguir una carrera en los carabineros de forma de mejorar sus ingresos. A su juicio eso es, a corto plazo, lo m\u00e1s eficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>En un contexto como el chileno, donde la mayor\u00eda de los proyectos personales implican una suma importante de dinero, los hijos, el matrimonio, la casa propia o retomar los estudios resultan dif\u00edciles de sostener econ\u00f3micamente, en especial en el caso de nuestras parejas entrevistadas. Si bien algunas realizan ajustes y transforman sus expectativas a sus realidades de deudores, otras simplemente las dejan pasar, privilegiando proyectos que les permitan a corto plazo aumentar sus ingresos e ir transformando su plan de pago en una realidad menos agobiante. Esta captura de los futuros posibles que induce la deuda, particularmente lo que se proyecta a largo plazo, es uno de los elementos que m\u00e1s oprimen a las parejas deudoras. Restringir el futuro no s\u00f3lo implica limitar sus posibilidades y proyectos, sino que tambi\u00e9n genera un estado de resignaci\u00f3n y provoca que las personas se sientan responsables de sus destinos, y genera al mismo tiempo un \u00e1nimo de pasividad que hace que sientan que no pueden hacer nada frente a sus destinos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusiones<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"no-indent\">En este art\u00edculo se exploran tres negociaciones que realizan las parejas de adultos j\u00f3venes de Santiago y Concepci\u00f3n en un contexto de alta presi\u00f3n econ\u00f3mica generada por las deudas. Primero, analizamos los comportamientos financieros previos, que son heredados de sus familias de origen y que marcan tanto su relaci\u00f3n con el dinero como con las deudas. Segundo, vimos la resistencia o las estrategias financieras que las parejas activan para maniobrar en conjunto su precariedad econ\u00f3mica, que se observan tan- <br>to en la circulaci\u00f3n de dinero dentro de la pareja como en los usos que dan a los instrumentos financieros. Tercero, se se\u00f1alaron las negociaciones o ajustes a los proyectos futuros que realizan; dichos ajustes est\u00e1n fuertemente vinculados a la temporalidad de pago que les imponen las deudas asumidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los aspectos que destacan es el mandato moral que para las mujeres entrevistadas tiene la autonom\u00eda econ\u00f3mica y c\u00f3mo es estructurante de sus pr\u00e1cticas financieras. Este valor heredado, ya sea por diferenciarse de sus figuras maternas o por responder a un mandato expl\u00edcito de las madres, impregna fuertemente la relaci\u00f3n de las mujeres con el dinero, las deudas y la necesidad de mantenerlos como \u00e1mbitos separados de sus relaciones de parejas. Esto a pesar de diferencias salariales que existan en ellas. En este sentido, la autonom\u00eda econ\u00f3mica parece privilegiarse por sobre la equidad en la distribuci\u00f3n de los gastos.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro elemento relevante se refiere a los usos estrat\u00e9gicos que las parejas hacen de sus finanzas en un contexto de precariedad econ\u00f3mica. Asumen un \u201cmarco de calculabilidad\u201d, en el sentido de Villarreal (2014), que interpone objetivos comunes por sobre las presiones financieras y los costos que estas decisiones puedan implicar. En tal sentido, las estrategias de pago de deudas pueden ser una pr\u00e1ctica de cuidado (Han, 2011), que les permite proteger econ\u00f3micamente a los suyos y proyectar un futuro com\u00fan. Resistir a la presi\u00f3n de las deudas en pareja usando estrategias financieras, como inflar las tarjetas de cr\u00e9dito de uno de los miembros, es una manera de utilizar el peque\u00f1o margen de maniobra que el sistema financiero les deja para sostener econ\u00f3mica y afectivamente sus proyectos.<\/p>\n\n\n\n<p>En relaci\u00f3n con las negociaciones que las parejas realizan de sus proyectos futuros, nuestros resultados nos permiten sostener que \u00e9stos se construyen a partir de la temporalidad de pago definida por los compromisos financieros adquiridos. Esa sujeci\u00f3n de los comportamientos futuros a trav\u00e9s de los instrumentos de deuda ha sido uno de los elementos m\u00e1s analizados por la l\u00ednea de los estudios de la gubernamentalidad (Lazzarato, 2011). En este sentido, nuestro trabajo da cuenta de c\u00f3mo la posibilidad de proyectarse a futuro en pareja est\u00e1 fuertemente determinada por los montos de pago. En los discursos de las parejas sobre sus futuros posibles es donde aparecen con m\u00e1s fuerza la desesperanza y la resignaci\u00f3n: proyectos de matrimonio, hijos y vivienda se suspenden indefinidamente, <br>producto de obligaciones crediticias que se proyectan a largo plazo o por los altos montos adeudados. Ahora bien, la temporalidad de pago requiere que las parejas ajusten sus estrategias para aliviar los montos mensuales y as\u00ed maniobrar de mejor manera las deudas. Esto implica que algunas extiendan sus jornadas laborales para aumentar sus ingresos y renuncien, por ende, al tiempo libre y al destinado a la pareja.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre todos los participantes de este estudio, al menos uno de los miembros de cada pareja es profesional, tiene un trabajo cuya remuneracio\u0301n supera la mediana nacional y, sin embargo, cargan con deudas que, de alguna forma u otra, les recuerdan que son profesionales que, por mucho que se esfuercen, no esta\u0301n donde \u201cdebieran\u201d estar. En este sentido, creemos que seri\u0301a interesante analizar con mayor profundidad los cruces entre desigualdad y endeudamiento problema\u0301tico, sobre todo en una sociedad que desde octubre de 2019 no deja de reiterar p\u00fablicamente su demanda de mayor dignidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Antoniades, Andreas (2018). \u201cGazing into the Abyss of Indebted Society: The Social Power of Money and Debt\u201d. <em>Political Studies Review<\/em>, vol. 16, n\u00fam. 4, pp. 279-288.&nbsp;https:\/\/doi.org\/10.1177\/1478929918757135<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Andrade, Camila (2020). \u201c\u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s soporta el Pilar Solidario? La experiencia de la vejez en el Chile actual\u201d, en Kathya Araujo (dir.), <em>Hilos tensados, para leer el octubre chileno<\/em>. 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Santiago de Chile: <span class=\"small-caps\">oit<\/span> Cono Sur.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Pe\u0301rez-Roa, Lorena y Javier Donoso (2018). \u201cRedes de intercambio y de pago de deudas en parejas jo\u0301venes endeudadas de Santiago de Chile\u201d. <em>Revista Intervencio\u0301n,<\/em> vol. 8, n\u00fam. 2, pp. 23-38.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 y Mat\u00edas G\u00f3mez Contreras (2019). \u201cDeuda, temporalidad y moralidad: proceso de subjetivacio\u0301n de parejas jo\u0301venes profesionales\u201d. <em>Psicoperspectivas, <\/em>vol. 18, n\u00fam. 3. https:\/\/doi.org\/10.5027\/psicoperspectivas-Vol18-Issue3-fulltext-1646<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2014). \u201cEl peso real de la deuda de estudios: la problema\u0301tica de los jo\u0301venes deudores del sistema de financiamiento universitario de la <span class=\"small-caps\">corfo<\/span> pregrado en Santiago de Chile\u201d. <em>Archivos Anali\u0301ticos de Poli\u0301ticas Educativas<\/em>, vol. 22, n\u00fam. 75. http:\/\/dx.doi.org\/10.14507\/epaa.v22n75.2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2018). \u201cDebt Management by Young Couples from Santiago, Chile: From family networks towards the financial system\u201d. <em>Economic Sociology. 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(2015). \u201cConstant Consumption Smoothing, Limited Investments, and Few Repayments: The Role of Debt in the Financial Lives of Economically Vulnerable Families\u201d. <em>Social Service Review<\/em>, vol. 89, n\u00fam<em>. <\/em>2, pp. 263-300. https:\/\/doi.org\/10.1086\/681932<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Silva-Segovia, Jimena y Siu Lay-Lisboa (2017). \u201cThe Power of Money in Gender Relations From a Chilean Mining Culture\u201d. <em>Affilia<\/em>, vol. 32, n\u00fam. 3, pp. 344-358. https:\/\/doi.org\/10.1177\/0886109916689784<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Salazar, Lourdes A. (2014). \u201cPr\u00e1cticas financieras riesgosas para afrontar la crisis econ\u00f3mica en los hogares: entre malabarismos con el dinero y sobreendeudamiento\u201d. <em>Desacatos<\/em>, n\u00fam. 44, pp. 51\u201366. https:\/\/doi.org\/10.29340\/44.448<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Stecher, Antonio y Vicente Sisto (2020). \u201cTrabajo y precarizaci\u00f3n laboral en el Chile neoliberal. Apuntes para comprender el estallido social de octubre 2019\u201d, en Kathya Araujo (dir.), <em>Hilos tensados, Para leer el octubre chileno<\/em>. Santiago de Chile: Colecci\u00f3n <span class=\"small-caps\">idea<\/span> y Universidad de Santiago de Chile, pp. 16-37.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Valentine, Gill (1999). \u201cDoing Household Research: Interviewing Couples Together and Apart\u201d. <em>Area, <\/em>vol. 31, n\u00fam<em>. <\/em>1, pp. 67-74. https:\/\/doi.org\/10.1111\/j.1475-4762.1999.tb00172.x<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Villarreal, Magdalena (2008). \u201cSacando cuentas: pr\u00e1cticas financieras y marcos de calculabilidad en el M\u00e9xico rural\u201d. <em>Revista Cri\u0301tica en Desarrollo, <\/em>n\u00fam. 2, pp. 131-149.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2014). \u201cRegimes of Value in Mexican Household Financial Practices\u201d. <em>Current Anthropology<\/em>, vol. 55, n\u00fam. S9, pp. S30-S39. https:\/\/doi.org\/10.1086\/676665<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Zelizer, Viviana (2009). <em>Negociando la intimidad<\/em>. 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Su investigaci\u00f3n se centra en las relaciones socioecon\u00f3micas, las pr\u00e1cticas financieras de los hogares y la financiarizaci\u00f3n de la vida cotidiana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resumen En un contexto de aumento del costo de la vida y estancamiento salarial, el endeudamiento de los hogares chilenos se ha incrementado a niveles sin precedentes. En este marco, el art\u00edculo explora los arreglos econ\u00f3micos de las parejas de adultos j\u00f3venes y profesionales ante la alta presi\u00f3n econ\u00f3mica provocada por las deudas. 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