{"id":29529,"date":"2018-03-21T11:53:13","date_gmt":"2018-03-21T11:53:13","guid":{"rendered":"https:\/\/encartesantropologicos.mx\/wordpress\/?p=29529"},"modified":"2023-11-17T19:16:29","modified_gmt":"2023-11-18T01:16:29","slug":"de-canibal-a-diosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encartes.mx\/fr\/de-canibal-a-diosa\/","title":{"rendered":"L'esth\u00e9tique des religions afro-cubaines dans la r\u00e9fraction des sc\u00e9narios transatlantiques"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Resumen<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">El presente art\u00edculo muestra la forma en la que la est\u00e9tica de las religiones afroamericanas, en particular la danza y m\u00fasica de la santer\u00eda afrocubana,<a class=\"anota\" id=\"anota1\" data-footnote=1>1<\/a> se inserta como parte de un repertorio gestual, musical y corporal \u201cnegro\u201d que se construye en las interconexiones trasatl\u00e1nticas desde al menos el siglo XIX. Argumento que en este vaiv\u00e9n, los escenarios de las representaciones de dicho repertorio se vuelven una plataforma que cobra un car\u00e1cter \u201crefractivo\u201d (Grau, 2005), es decir, que descomponen una idea de lo \u201cnegro\u201d en m\u00faltiples referentes simb\u00f3licos e interpretativos que pueden ser incluso opuestos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Palabras claves: <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/blackface\/\" rel=\"tag\">blackface<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/cuba\/\" rel=\"tag\">Cuba<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/mexico\/\" rel=\"tag\">M\u00e9xico<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/religiones-afrocubanas\/\" rel=\"tag\">religiones afrocubanas<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/rumberas\/\" rel=\"tag\">rumberas<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/fr\/tag\/santeria\/\" rel=\"tag\">santer\u00eda<\/a><\/p>\n\n\n<p class=\"en-title\">The aesthetics of Afro-Cuban religions in the refraction of transatlantic scenarios<br \/>\n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">This article shows how the aesthetics of Afro-American religions, in particular the dance and music of Afro-Cuban Santeria, are part of a broad \u201cblack\u201d gestural, musical and corporal repertoire that has been constructed as such through transatlantic interconnections since at least the 19th century. I argue that this back-and-forth transforms the scenarios for the representations of this repertoire into a platform that takes on a \u201crefractive\u201d character (Grau, 2005). That is, they decompose ideas of what it means to be \u201cblack\u201d into multiple symbolic and interpretative referents that may even contradict each other.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">Keywords: Afro-Cuban religions, blackface, <em>rumbera<\/em>, santeria, Mexico, Cuba.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p><p class=\"no-indent\"><span class=\"dropcap\">C<\/span>uando hablo de un repertorio gestual, musical y corporal \u201cnegro\u201d no remito a una esencia que naturaliza o racializa un estilo. Me refiero, siguiendo la reflexi\u00f3n de Stuart Hall (2008: 221), a repertorios culturales producto de trasmisiones y experiencias hist\u00f3ricas y culturales trasatl\u00e1nticas de la di\u00e1spora africana y sus descendentes. Sin embargo, la representaci\u00f3n de este repertorio a finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX implic\u00f3 muchas veces una racializaci\u00f3n que a partir de rasgos corporales o supuestos comportamientos y aptitudes distingu\u00edan a un \u201cotro\u201d como \u201cnegro\u201d, lo caricaturizaban, disminu\u00edan o exotizaban. De forma paralela, surge tambi\u00e9n una valoraci\u00f3n de lo \u201cnegro\u201d desde la lente de artistas e intelectuales de las primeras d\u00e9cadas del siglo XX, que busca revertir una desvalorizaci\u00f3n de larga data, oponiendo as\u00ed una representaci\u00f3n de lo \u201cnegro\u201d muy distinta a la de los escenarios del <em>blackface<\/em>, la de la perspectiva criminol\u00f3gica o la de los zool\u00f3gicos humanos del cambio de siglo. Los mediadores de la transmisi\u00f3n de las diversas representaciones de lo \u201cnegro\u201d son diversos y sus significantes van cobrando particularidades que se definen en el marco de los contextos y momentos hist\u00f3ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>La est\u00e9tica (que no la dimensi\u00f3n espiritual y ritual) de las religiones afrocubanas, en especial su m\u00fasica y su danza, fue valorizada desde inicios de la primera mitad del siglo XX, tanto en el \u00e1mbito art\u00edstico como en el discurso antropol\u00f3gico. Una valoraci\u00f3n articulada con un proceso en el que lo \u201cafro\u201d, vinculado a la poblaci\u00f3n de origen africano en la Isla, emerge como un elemento fundamental de cubanidad (Karnoouh, 2012: 98). Este repertorio sonoro y corporal circul\u00f3 tambi\u00e9n en M\u00e9xico, aunque mediado por otros canales como el cine. Desde una perspectiva amplia, muchos de los marcadores que se imprimieron hist\u00f3ricamente en sus representaciones se reprodujeron en las pel\u00edculas del cine de oro mexicano, espec\u00edficamente en el g\u00e9nero de cabareteras y cine de arrabal, en donde lo \u201cnegro\u201d se asocia con una \u00c1frica mediada por el Caribe, en este caso Cuba, y que al mismo tiempo queda excluido de la \u201cmexicanidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Jorge Grau (2005) propone como uno de los criterios de an\u00e1lisis para la reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica sobre los productos audiovisuales de ficci\u00f3n el car\u00e1cter refractivo, el cual entiende como una estrategia narrativa que permite comprender la distorsi\u00f3n intencional de una representaci\u00f3n y simult\u00e1neamente su anclaje y sentido en un contexto determinado. As\u00ed, para este autor, el \u00e9nfasis de las representaciones en estos documentos visuales debe ponerse en su configuraci\u00f3n refractiva y no en un supuesto reflejo fiel de la realidad. Este enfoque permite poner a la luz que la refracci\u00f3n es un proceso intencional que integra \u201cdiversas estrategias narratol\u00f3gicas que no s\u00f3lo se centran en la imagen, sino que incorporan el audio, la escenograf\u00eda, la construcci\u00f3n del personaje, el uso de los colores, los di\u00e1logos, las referencias subliminales\u2026\u201d<a class=\"anota\" id=\"anota2\" data-footnote=2>2<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Si bien el autor se centra en los medios f\u00edlmicos, considero que su propuesta puede ser \u00fatil para pensar en c\u00f3mo este repertorio \u201cnegro\u201d se descompone en distintos escenarios a partir de m\u00faltiples referentes simb\u00f3licos e interpretativos que pueden ser incluso opuestos. Una refracci\u00f3n que puede observarse en las im\u00e1genes y puestas en escena que circulan en distintos escenarios trasatl\u00e1nticos (teatros, <em>shows<\/em>, zool\u00f3gicos humanos, jardines de aclimataci\u00f3n, mercados) junto con fotograf\u00edas, carteles, caricaturas y otras expresiones visuales que los complementan o refuerzan. As\u00ed, la circulaci\u00f3n y masificaci\u00f3n de las representaciones de lo \u201cnegro\u201d en la primera mitad del siglo XX, y los repertorios gestuales y corporales con los que se le asocia, fueron muchas veces intencionalmente distorsionados. Sus mediaciones implicaron no s\u00f3lo la reproducci\u00f3n de estereotipos negativos, sino tambi\u00e9n las que buscaban revertirlos, a partir de una herencia revalorizada. Estas fueron las condiciones a partir de las cuales la est\u00e9tica de las religiones afrocubanas circul\u00f3 en circuitos trasatl\u00e1nticos que unen a M\u00e9xico con Cuba, pero tambi\u00e9n con Estados Unidos y Francia. Si bien este espacio no me permitir\u00e1 profundizar en cada contexto, mi intenci\u00f3n es mapear de manera general la circulaci\u00f3n de este repertorio a trav\u00e9s de Cuba, Francia, Estados Unidos y sobre todo M\u00e9xico, resaltando las refracciones de lo \u201cnegro\u201d impl\u00edcito en el repertorio ritual afrocubano, pero adaptado para un escenario de consumo cultural de masa como lo fue el cine de oro mexicano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Del mercado al teatro<\/h2>\n\n\n\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"840\" height=\"622\" class=\"wp-image-30002 size-full\" src=\"https:\/\/encartesantropologicos.mx\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/blackface-e1520443454319.jpg\" alt=\"\"><div class=\"leyenda\"><p>Cartel de espet\u00e1culo Minstrel, de Strobridge &amp; Co. Lith (http:\/\/hdl.loc.gov\/loc.pnp\/var.1831) [Dominio p\u00fablico], via Wikimedia Commons.<\/p><\/div><\/p>\n\n\n\n<p><p class=\"no-indent\">Historiadores como W. T. Lhamon (2008) se\u00f1alan, contrariamente a la versi\u00f3n dominante, que fue en los mercados del siglo XIX y no en los escenarios de los teatros en donde puede ubicarse la primera circulaci\u00f3n atl\u00e1ntica del repertorio gestual y corporal negro. As\u00ed lo ilustra la historia del <em>Catherine Market<\/em> en Nueva York, considerado como una \u201cuna zona de tolerancia\u201d que propiciaba el \u201cintercambio y la seducci\u00f3n\u201d entre j\u00f3venes obreros, comerciantes, negros libres y esclavos de Long Island, que en la d\u00e9cada de 1820 se reun\u00edan en este lugar para darle paso a una competencia llamada baile de las anguilas, en la que se pagaba a los esclavos negros para ejecutarla (Lhamon, 2008: 18-24). Estos espacios son para este autor los \u201cancestros de la escenas de teatro\u201d del <em>Minstrel<\/em> o <em>Blackface<\/em>, en el que comediantes blancos interpretar\u00edan este \u201crepertorio negro\u201d bajo el diapas\u00f3n de un racismo caricaturizado, no sin ciertas ambig\u00fcedades y contradicciones que hac\u00edan patente una fascinaci\u00f3n y el deseo de apropiarse de los \u201cgestos negros\u201d y de \u201cafiliarse a ellos\u201d. Los espect\u00e1culos comerciales del <em>Blackface <\/em>de los a\u00f1os cuarenta<em>,<\/em> cuyos antecedentes datan desde principios del siglo XIX, logran posicionarse como uno de los m\u00e1s notables estilos de entretenimiento de estas latitudes geogr\u00e1ficas, aunque en este proceso, asegura el historiador, \u201cera la cultura negra y no los Negros la que hab\u00eda sido integrada\u201d (Lhamon, 2008: 32).<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto nace un icono cultural del Blackface: <em>Jim Crow, <\/em>interpretado por Thomas D. Rice, un neoyorkino de familia angloamericana que engendra a Crow a partir de una amplia y m\u00faltiple inspiraci\u00f3n colectiva que va m\u00e1s all\u00e1 del negro de las plantaciones y que tuvo un gran \u00e9xito entre los a\u00f1os treinta y cincuenta en espect\u00e1culos dirigidos a un p\u00fablico mixto (no s\u00f3lo blanco) y que representaba, seg\u00fan este mismo autor, la intensa interacci\u00f3n de la clase obrera blanca y los negros de esta ciudad (Lhamon, 2008: 236-237). Este emblem\u00e1tico s\u00edmbolo es interpretado en el <em>Jump Jim Crow,<\/em> ejecutado por el mismo Rice, tambi\u00e9n conocido como \u201cel comediante et\u00edope\u201d<a class=\"anota\" id=\"anota3\" data-footnote=3>3<\/a>.<\/p>\n\n\n<div class=\"iframe-wrap\"><div class=\"threehalves\"><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/archive.org\/embed\/JimCrowImage40891\" width=\"600\" height=\"500\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/div><\/div>\n\n\n<div class=\"leyenda\"><p>Letras y partitura de <em>Jump Jim Crow<\/em> por Rice, Tom (Thomas Dartmouth) y Godbe, S. (1836). Licencia <a href=\"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc\/3.0\/\">CC-Atribuci\u00f3n-no comercial 3.0<\/a>, via <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/JimCrowImage40891\">archive.org<\/a>.<\/p><\/div>\n\n\n\n<p>Jim Crow implicaba una ideolog\u00eda antiabolicionista, y con ese nombre fueron tambi\u00e9n denominadas las leyes segregacionistas contra los afroamericanos en Estados Unidos de finales del siglo XIX. Jim Crow es considerado por Nederveen como una variaci\u00f3n de la figura del <em>Sambo<\/em> estadounidense, es decir, el buf\u00f3n, cabeza hueca y despreocupado negro, o la falsa idea del \u201cesclavo contento\u201d (Nederveen, 2013: 174).<\/p>\n\n\n\n<p>Los espect\u00e1culos <em>Minstrel<\/em> tambi\u00e9n se presentaron en teatros de la ciudad de M\u00e9xico y Veracruz en la segunda mitad de los a\u00f1os cuarenta, sus exponentes llegaron con el ej\u00e9rcito estadounidense durante la ocupaci\u00f3n (S\u00e1nchez, 2012: 163; 2014: 160), aunque habr\u00e1 que esperar a finales del siglo XIX para que el gusto por un teatro que introduce entre sus personajes al negro, pero del Caribe, irrumpa en la escena mexicana. Me refiero al Teatro Bufo Habanero nacido en Cuba, un teatro popular de tono par\u00f3dico y como alternativa al teatro burgu\u00e9s (Podalsky, 1999: 158-159). Este g\u00e9nero tambi\u00e9n se vio influenciado por los recursos esc\u00e9nicos del <em>Minstrel<\/em>, cuyas compa\u00f1\u00edas tambi\u00e9n pasaron por la isla pero en la segunda mitad de la d\u00e9cada de 1860, durante la guerra de Secesi\u00f3n en Estados Unidos (D\u00edaz Ayala y Leal, citados en Pulido, 2010: 50). El primer grupo de negros del que se tiene referencia en Cuba se llam\u00f3 \u201cbufo-<em>minstrel<\/em>\u201d, el cual debut\u00f3 a finales de los a\u00f1os sesenta en La Habana (Leal, citado en Pulido, 2010: 51). Los personajes caricaturizados eran el espa\u00f1ol (gallego) y el negro libre, no el negro de las plantaciones. A mediados de del siglo XIX el personaje del <em>Negrito<\/em> era central en la producci\u00f3n esc\u00e9nica cubana y su representaci\u00f3n oscilaba entre la comicidad, la violencia y la hechicer\u00eda. En M\u00e9xico sus representaciones se reprodujeron por medio de las zarzuelas de las compa\u00f1\u00edas cubanas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El New Negro<\/h2>\n\n\n\n<p><p class=\"no-indent\">El cambio de siglo termina por consolidar un mercado cultural internacional que encontr\u00f3 en el repertorio musical, gestual y art\u00edstico \u201cnegro\u201d (vinculado con lo \u201cafricano\u201d, \u201cafroamericano\u201d y \u201cafrocaribe\u00f1o\u201d) un rico fil\u00f3n del cual nutrirse y dinamizarse en los espect\u00e1culos de escala trasatl\u00e1ntica. Pero tambi\u00e9n se observa una circulaci\u00f3n y encuentros de intelectuales y artistas de Am\u00e9rica, Europa y \u00c1frica que propici\u00f3 el \u201cdescubrimiento de [una] negritud com\u00fan\u201d (Capone, 2012: 221). En Europa emergen movimientos de vanguardia en el \u00e1mbito art\u00edstico que encuentran en \u00c1frica y sus descendencias su inspiraci\u00f3n. As\u00ed lo atestigua el \u201cprimitivismo\u201d por medio del cual se descubre y recupera \u201cel arte negro\u201d<a class=\"anota\" id=\"anota4\" data-footnote=4>4<\/a> cuya huella quedar\u00eda indeleble en la obra de Paul Gaugin, Matisse, C\u00e9zanne y sobre todo de Picasso, que con el resto de los exponentes del cubismo revolucionar\u00edan los c\u00e1nones est\u00e9ticos para dar lugar a un primera vanguardia art\u00edstica de principios de siglo (Viatte, 2007: 113-114).<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, en este lado del Atl\u00e1ntico se publica en 1925, en Nueva York, la antolog\u00eda <em>The New Negro<\/em> y con ello emerge la era conocida como el Renacimiento de Harlem, el Renacimiento Negro o el Nuevo Movimiento Negro. Las representaciones del <em>Nuevo Negro<\/em> se refractaban aqu\u00ed en la sonoridad del jazz, en las voces de Louis Amstrong, Gladys Bentley, en la poes\u00eda de Langston Hughes, en la volc\u00e1nica lucha pol\u00edtica de Marcus Garvey y muchos otros afroamericanos que sentaron la base de los movimientos pol\u00edticos que lucharon por una conciencia y orgullo \u201cracial\u201d negro en los a\u00f1os sesenta y setenta.<\/p>\n\n\n\n<p>La r\u00e9plica de estos primeros movimientos culturales tambi\u00e9n se observ\u00f3 en Cuba, en donde a principios de la misma d\u00e9cada surge el \u201cAfrocubanismo\u201d en un contexto en que numerosos artistas cubanos, despu\u00e9s de su exilio en Francia y su contacto con los surrealistas e intelectuales de la negritud, revalorar\u00e1n en sus obras \u201cla est\u00e9tica de sus ra\u00edces\u201d alcanzando el campo de la etnolog\u00eda y a sus principales exponentes como Fernando Ortiz, Lydia Cabrera y R\u00f3mulo Lachata\u00f1er\u00e9 (Argyriadis, 2006: 49-50, Men\u00e9ndez, 2002). Esta valorizaci\u00f3n de las ra\u00edces africanas de lo cubano indudablemente implicaba a las religiones de base africana en Cuba, afectando la percepci\u00f3n que de ellas se ten\u00eda; hasta ese momento \u00e9stas hab\u00edan estado confinadas al campo de la criminolog\u00eda, de la brujer\u00eda (Brandon, 1993: 93) y de los supuestos atavismos de una \u201craza\u201d indeseable.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El espect\u00e1culo y el exotismo ambivalente<\/h2>\n\n\n\n<p><p class=\"no-indent\">La m\u00fasica y la danza pertenecientes al universo lit\u00fargico de las religiones afrocubanas fueron dos elementos de su est\u00e9tica que circularon fuera de la matriz religiosa y readaptados a nuevos escenarios del entretenimiento. En Cuba, las versiones de \u201clo negro\u201d mediadas por el espect\u00e1culo, a decir de Moore, \u201cse rebajaban hasta constituir una fantas\u00eda ex\u00f3tica y racista, repleta de enormes telones de fondo decorados con melones, recogedores de algod\u00f3n, escenas canibalescas, payasos grotescos y comedias de caras negras\u201d (Brandon, 1993: 180).<\/p>\n\n\n\n<p>En Francia, la estrella del <em>Nouveau Cirque<\/em> de la <em>Belle \u00c9poque,<\/em> Rafael Padilla, un ex esclavo cubano que escap\u00f3 de adolescente para convertirse en el primer payaso negro de la historia de ese pa\u00eds \u2013en donde fue bautizado como<em> Chocolat\u2013,<\/em> representaba al \u201cbuf\u00f3n innato\u201d como parte de una marca corporal, es decir, del color de su piel y los estereotipos asociados con \u00e9l. El contexto m\u00e1s amplio en el que se enmarca su representaci\u00f3n es el mismo en el que los zool\u00f3gicos humanos, junto con las exhibiciones etnogr\u00e1ficas en los jardines de aclimataci\u00f3n, circos y parques, sirvieron de laboratorio cient\u00edfico de la naciente antropolog\u00eda, cuyo car\u00e1cter taxon\u00f3mico tuvo un impacto fundamental en la representaci\u00f3n jerarquizada (y racializada) de estos \u201cotros\u201d de las colonias, tal como nos lo recuerdan Bo\u00ebtsch y Ardagna (2011: 112-113). Fue en estos escenarios de \u201caclimataci\u00f3n\u201d en los que tambi\u00e9n se descubrieron danzas hasta ese momento in\u00e9ditas en Europa que implicaban la ambivalencia del exotismo. A este respecto D\u00e9core-Ahiha se\u00f1ala que bajo el sintagma \u201cdanza ex\u00f3tica\u201d subyac\u00eda una distancia que era geogr\u00e1fica, cultural e \u201cincluso ontol\u00f3gica\u201d (2004: 11). Este otro lejano, inferiorizado, y a la vez fascinante, reactivaba im\u00e1genes quim\u00e9ricas y produc\u00eda fantas\u00edas \u201cirresistibles\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201cnegroman\u00eda\u201d de entreguerras en Par\u00eds tiene como su fiel representante a la afroamericana Josephine Baker, una figura que en este contexto representaba una animalidad, sensualidad y primitivismo africano imaginados, rompiendo con los est\u00e1ndares est\u00e9ticos de la danza del momento. La puesta en escena de sus presentaciones bailando semidesnuda revelaba, como nos lo se\u00f1ala esta misma autora, \u201cun cuerpo ex\u00f3tico que encarnaba los fantasmas sexuales de la mujer africana, pretendidamente desprovista de las normas morales de la sexualidad blanca\u201d (D\u00e9core-Ahiha, 2004: 161, 164). Esta ambivalencia era muy bien aprovechada y recreada por los empresarios del <em>showbussiness<\/em>. De esta forma, los <em>performances<\/em> de Baker al estilo <em>clown<\/em> y los bizcos que la hicieron famosa bajo la mirada europea se interpretaban como una supuesta \u201cnaturalidad africana\u201d, refractados tambi\u00e9n en el jazz y el charleston como parte de los estilos y ritmos del repertorio \u201cnegro\u201d de Baker y del momento.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-video\"><\/figure>\n\n\n<div class=\"leyenda\"><p>Josephine Baker executa su &#8220;Baile de las bananas&#8221; (1927-1931). Licencia <a href=\"https:\/\/creativecommons.org\/publicdomain\/mark\/1.0\/\">CC-Dominio p\u00fabico 1.0<\/a>, via <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/JosephineBakerDanceClips1927-1931\/Mp4_apr04_202556_0-Trimmed.mp4\">archive.org<\/a>.<\/p><\/div>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Rapsodia caribe\u00f1a y la continuidad con \u00c1frica<\/h2>\n\n\n\n<p><p class=\"no-indent\">En 1937 un grupo de core\u00f3grafos afroamericanos debut\u00f3 bajo la direcci\u00f3n de Katherine Dunham con la obra <em>Negro Dance Evening<\/em>; la compa\u00f1\u00eda de Dunham ten\u00eda como objetivo establecer el g\u00e9nero art\u00edstico de Danza Negra (<em>Negro Dance<\/em>) (Kraut, 2004: 446). Su musa fue el Caribe,<a class=\"anota\" id=\"anota5\" data-footnote=5>5<\/a> en donde hizo su trabajo de campo en los a\u00f1os treinta, inspirada en la visi\u00f3n antropol\u00f3gica de R. Redfield y Melville Herskovits \u2013fundador de los estudios afroamericanos\u2013, una experiencia que marc\u00f3 su verdadera pasi\u00f3n de vida: la danza. Fue gracias a la intermediaci\u00f3n de Herskovits que conoci\u00f3 a Fernando Ortiz \u2013padre de los estudios afrocubanos\u2013 a mediados de los a\u00f1os treinta, quien la introdujo al mundo de las religiones de base africana en Cuba, seg\u00fan nos explica Marquetti; adem\u00e1s, se\u00f1ala que fue por este v\u00ednculo que conoci\u00f3 a dos percusionistas cubanos que formaron parte de su compa\u00f1\u00eda por varios a\u00f1os, dando un toque de \u201cautenticidad\u201d a sus propuestas esc\u00e9nicas en las que incorporaba elementos de las religiones afrocaribe\u00f1as, entre ellas la santer\u00eda (Marquetti, 2015: 107). Dunham forj\u00f3 un estilo art\u00edstico que transmiti\u00f3 a trav\u00e9s de la escuela de danza que fund\u00f3 en Nueva York a mediados de los a\u00f1os cuarenta (Kraut, 2004: 449).<\/p>\n\n\n\n<p>Su b\u00fasqueda iba m\u00e1s all\u00e1 de enriquecer un repertorio danc\u00edstico; implicaba reconectarse con sus ra\u00edces. Hait\u00ed fue uno de sus destinos preferidos y el vud\u00fa con su danza y m\u00fasica una fuente de inspiraci\u00f3n central. Cuando evoca parte de su experiencia en este pa\u00eds afirma: \u201csent\u00ed que volv\u00ed a casa, nunca me sent\u00ed como una extra\u00f1a, especialmente cuando me inici\u00e9 en el vud\u00fa\u2026 sent\u00ed que pertenec\u00eda aqu\u00ed\u2026 que exist\u00edan puentes y lazos que estaba destinada a cruzar\u2026 quer\u00eda traer a esta gente m\u00e1s a nuestra vida, quer\u00eda traerlos en toda esta cosa de ser negro [en Estados Unidos]\u2026\u201d<a class=\"anota\" id=\"anota6\" data-footnote=6>6<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La conjugaci\u00f3n de su formaci\u00f3n como antrop\u00f3loga, core\u00f3grafa y bailarina dar\u00eda fruto en una danza contempor\u00e1nea que hoy se reconoce como un legado en este arte. A diferencia de Baker, Dunham era la directora de su propia versi\u00f3n de lo \u201cprimitivo\u201d y tambi\u00e9n su propia exponente art\u00edstica. Su propuesta perform\u00e1tica, como se aprecia por ejemplo en <em>Haitian Storm<\/em>, refractaba una representaci\u00f3n de lo \u201cprimitivo\u201d estilizado por una danza moderna.<a class=\"anota\" id=\"anota7\" data-footnote=7>7<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Su visi\u00f3n de lo \u201cnegro\u201d estaba moldeada por las discusiones de las teor\u00edas afroamericanistas en el marco de la antropolog\u00eda cultural de este periodo, cuyo inter\u00e9s era encontrar las continuidades entre \u00c1frica occidental y el Nuevo Mundo. La religi\u00f3n era considerada desde esta visi\u00f3n uno de los \u00e1mbitos con m\u00e1s evidencias de esta continuidad, echando por tierra el mito de que los negros no ten\u00edan pasado ni historia. Es aqu\u00ed en donde la est\u00e9tica de las religiones afroamericanas cobra una gran relevancia para estos escenarios culturales e identitarios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las industrias culturales, el cabaret y las diosas tropicales<\/h2>\n\n\n\n<p><p class=\"no-indent\">En las primeras d\u00e9cadas del siglo XX los cambios tecnol\u00f3gicos relacionados sobre todo con medios de comunicaci\u00f3n como la radio tuvieron una influencia importante en el consumo cultural de la \u00e9poca. Estos veh\u00edculos, en conjunto con la naciente industria discogr\u00e1fica, desempe\u00f1aron un papel fundamental en la divulgaci\u00f3n y el intercambio de diversos g\u00e9neros musicales entre M\u00e9xico, Cuba y Estados Unidos. En las d\u00e9cadas posteriores, el \u00e9xito musical cubano estuvo acompa\u00f1ado de un incremento en la migraci\u00f3n de sus artistas al extranjero (Acosta, 2001: 42). Aquellos que llegaron a M\u00e9xico en los cuarenta debutaron primero en el teatro, las carpas, los salones de baile, en la radio y en diversos centros nocturnos, plataformas que despu\u00e9s los lanzar\u00edan a la pantalla grande.<\/p>\n\n\n<div class=\"audiobox\"><h3>Babal\u00fa<\/h3><h4>Miguelito Vald\u00e9s y Maragarita Leucona<\/h4><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/archive.org\/embed\/78_babalu_miguelito-valdes-and-his-orchestra-miguelito-valdes-margarita-lecuona_gbia0030465a\/\" width=\"320\" height=\"32\" frameborder=\"0\" align=\"left\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><div class=\"leyenda\"><p>Audio de &#8220;Babal\u00fa&#8221;, por Miguelito Valdes and his Orchestra, letras de Margarita Lecuona (1946). Digitalizado por <span class=\"value\"><a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/kahleaustinfoundation\">Kahle\/Austin Foundation<\/a><\/span>, via <a href=\"https:\/\/archive.org\/details\/78_babalu_miguelito-valdes-and-his-orchestra-miguelito-valdes-margarita-lecuona_gbia0030465a\/Babalu+-+Miguelito+Valdes+and+his+Orchestra.flac\">archive.org<\/a>. <\/p><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>En M\u00e9xico la industria del espect\u00e1culo en conjunto con la musical fueron importantes agentes mediadores de la cultura afrocubana. Varios m\u00fasicos y cantantes cubanos, vinculados al mundo religioso afrocubano, incluyeron en su repertorio y de un modo estilizado composiciones o temas dedicados a las deidades de la santer\u00eda, algunos de los cuales se convirtieron en grandes \u00e9xitos comerciales. Tal es el caso del cubano Miguelito Vald\u00e9s, con su legendaria interpretaci\u00f3n del \u201cBabal\u00fa\u201d (en honor al <em>orisha<\/em><a class=\"anota\" id=\"anota8\" data-footnote=8>8<\/a> de la santer\u00eda conocido como <em>Babal\u00fa Ay\u00e9<\/em>), de Margarita Lecuona, lo que le vali\u00f3 el sobrenombre de <em>Mr. Babal\u00fa<\/em><a class=\"anota\" id=\"anota9\" data-footnote=9>9<\/a> a nivel mundial. Era conocido por sus dotes de int\u00e9rprete de la m\u00fasica afrocubana, que muchos reconocen en su estilo gestual,<a class=\"anota\" id=\"anota10\" data-footnote=10>10<\/a> un estilo emulado en la interpretaci\u00f3n que har\u00eda Pedro Infante unos a\u00f1os despu\u00e9s, en la pel\u00edcula de Angelitos Negros (1948). Espec\u00edficamente me refiero a la escena de la \u201cDanza Sagrada\u201d, en la que es caracterizado como negro en un escenario que recrea el tr\u00f3pico y el manglar.<a class=\"anota\" id=\"anota11\" data-footnote=11>11<\/a> Mientas canta hace referencias expl\u00edcitas a una sonoridad que llama \u201cun ritmo negro\u201d y la evocaci\u00f3n de un \u201cextra\u00f1o ritual\u201d del mundo yoruba y sus deidades Chang\u00f3<a class=\"anota\" id=\"anota12\" data-footnote=12>12<\/a> y Yemay\u00e1.<a class=\"anota\" id=\"anota13\" data-footnote=13>13<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Va a ser sin embargo el g\u00e9nero de la rumba el que afianza en M\u00e9xico una representaci\u00f3n de lo \u201cnegro\u201d mediada por el estereotipo de lo cubano. La rumba, nacida en los solares urbanos decimon\u00f3nicos de La Habana y Matanzas y del universo religioso afrocubano, fue adaptada primero para el teatro y el cabaret, espacios en donde fue aceptada en su versi\u00f3n m\u00e1s estilizada, o como le llama Moore: \u201crumba de fantas\u00eda\u201d (2000-2002: 189). La mediaci\u00f3n comercial permiti\u00f3 promoverla \u2013y adaptarla\u2013 internacionalmente como s\u00edmbolo de la cubanidad, aunque sus g\u00e9neros callejeros permanecieron suprimidos o desacreditados (Knauer, 2001: 14). La rumba fue en un primer momento incorporada a los repertorios musicales de las obras de teatro bufo habanero y fung\u00eda muchas veces como el marco escenogr\u00e1fico en el que se representaba a personajes cl\u00e1sicos de ese g\u00e9nero, como el negro y la mulata. De aqu\u00ed se nutrieron y difundieron los estereotipos<a class=\"anota\" id=\"anota14\" data-footnote=14>14<\/a> asociados al jolgorio y la holgura sexual con los que se les caracteriza y despu\u00e9s adaptados de manera m\u00e1s \u201csofisticada\u201d en el cine (Pulido, 2002: 35-36).<\/p>\n\n\n\n<p>La circulaci\u00f3n de artistas, m\u00fasicos y bailarines se dinamiz\u00f3 dentro de un circuito amplio de \u201cinterinfluencia de modelos corporales entre el cine, el teatro de revista y los salones de baile, cuya correa de transmisi\u00f3n estaba dada por una industria cultural plenamente consolidada\u201d (Sevilla, 1998: 232), pero tambi\u00e9n por un mercado que demandaba el llamado estilo tropical de clara ascendencia cubana.<a class=\"anota\" id=\"anota15\" data-footnote=15>15<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Es desde la llamada \u00e9poca de oro del cine mexicano que puede apreciarse c\u00f3mo en este pa\u00eds el universo religioso \u201cafrocubano\u201d se desfragmenta y desacraliza para su consumo cultural. La imagen de la mulata en los filmes de esta \u00e9poca en general reproduc\u00eda mucho del exotismo ambivalente y la animalidad sensual que se naturalizaba en lo negro, salvo que en M\u00e9xico era transferido del manglar al cabaret, el escenario id\u00f3neo de la moral holgada, del vicio, de la mala vida y del melodrama de arrabal. El cabaret fue un escenario emblem\u00e1tico de la puesta en escena del repertorio sonoro y corporal de las religiones afrocubanas, representado a partir de danzas estilizadas, muchas veces deformadas y encarnadas en las inolvidables rumberas cubanas de la historia del cine nacional, las llamadas diosas tropicales.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas rumberas cubanas, todas de piel clara, no fueron codificadas racialmente por su color de piel sino, como bien se\u00f1ala Ortiz, por sus vestuarios, parafernalia y movimientos sexualmente provocativos, vinculados al imaginario de lo \u201ccaribe\u00f1o\u201d en el cine mexicano (2005: 134) y claramente ejemplificado en filmes como <em>V\u00edctimas del pecado<\/em> (1951), <em>El rey del barrio <\/em>(1949) o<em> Calabacitas tiernas<\/em> (1949). La representaci\u00f3n de lo \u201cnegro\u201d vinculado a la naturaleza y sus implicaciones simb\u00f3licas con lo salvaje, o con el imaginario de la libido y el tr\u00f3pico, tambi\u00e9n se reprodujo en estos filmes. Un ejemplo entre varios es <em>Sandra, la mujer de fuego<\/em> (1952) protagonizada por la cubana Rosa Carmina. En una parte de la pel\u00edcula una voz en <em>off<\/em> insin\u00faa este \u00edmpetu sexual no domesticado que se activa con el sonido de los tambores y cantos en \u201clengua\u201d, es decir, del lenguaje ritual de las religiones afrocubanas. La protagonista acude a este llamado irresistible y en medio de la selva baila frente a una muchedumbre en la que despierta, con sus movimientos, un apetito tal, que de no ser por su enamorado hubiera terminado en una violaci\u00f3n tumultuosa.<a class=\"anota\" id=\"anota16\" data-footnote=16>16<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>En lo que respecta a las posteriores coproducciones M\u00e9xico-Cuba de los a\u00f1os cincuenta, se incorporan escenas con rituales, deidades y cantos del mundo afrocubano que se quieren mostrar al p\u00fablico como m\u00e1s \u201capegadas\u201d y \u201cm\u00e1s aut\u00e9nticas\u201d respecto de los ritos de los descendientes de africanos en Cuba. Adem\u00e1s de <em>Mulata <\/em>(1954), lo ejemplifica muy claramente la pel\u00edcula <em>Yamba\u00f3<\/em> (1956), filmada en Cuba y protagonizada por la m\u00e1s emblem\u00e1tica de todas las rumberas: Nin\u00f3n Sevilla. El t\u00edtulo de la pel\u00edcula hace recordar la famosa novela de Alejo Carpentier<em> Ecu\u00e9 Yamba\u2019\u00d3. Historia afrocubana<\/em> (1933), que en lucum\u00ed <a class=\"anota\" id=\"anota17\" data-footnote=17>17<\/a> significa, \u201cDios, loado seas\u201d. El mundo de la santer\u00eda en este filme tiene un papel central. Se reproducen a partir de la m\u00fasica ritual las danzas a los <em>orisha,<\/em> pero con una gestualidad corporal exagerada y reinventada a partir de las representaciones que a menudo acompa\u00f1an a estas religiones, y que las colocan en el rubro de brujer\u00eda, con rituales que generan una ambig\u00fcedad que oscila entre el miedo y la atracci\u00f3n. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se contrasta a la \u201csalvaje\u201d mulata Yambao con la mujer domesticada del hacendado blanco, el cual sucumbe al atractivo er\u00f3tico de aqu\u00e9lla, que con ayuda de Och\u00fan, <em>orisha<\/em> de la fertilidad y el amor, y un ritual de noche en medio de la selva, logra sus prop\u00f3sitos de seducci\u00f3n. Yambao se encuentra bajo el yugo del misterioso y peligroso poder de su abuela santera, que encarna a la \u201cnegra bruja\u201d, una mujer amargada y mala que acaba desdichada.<a class=\"anota\" id=\"anota18\" data-footnote=18>18<\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Notas finales<\/h2>\n\n\n\n<p><p class=\"no-indent\">En estos vaivenes trasatl\u00e1nticos, la categor\u00eda \u201cnegro\u201d a menudo expresa una condici\u00f3n social de desigualdad dentro de un pensamiento jer\u00e1rquico y de relaciones de poder, en el que la visi\u00f3n del que etiqueta y representa se sobrepone al etiquetado y representado (Nederveen 2013: 256-257). No implica pues cualidades inmanentes a cuerpos determinados por marcas, como es el color de la piel, sino que estas marcas, al superponerse con la jerarqu\u00eda social y econ\u00f3mica, con su traducci\u00f3n en el orden jur\u00eddico, afianzaron desde mediados del siglo XVIII lo que Bonniol define como el \u201cprejuicio del color\u201d y la manera en la que \u00e9ste ordena la diversidad humana (2008: 139-144). Los cambios tecnol\u00f3gicos, la circulaci\u00f3n de im\u00e1genes de la alteridad en un contexto colonial y las industrias culturales de la primera mitad del siglo XX fueron importantes propulsores de estas representaciones jerarquizadas de lo \u201cnegro\u201d y sus v\u00ednculos con una \u00c1frica imaginada y construida como misteriosa, oscura, salvaje, peligrosa y ex\u00f3tica.<\/p>\n\n\n\n<p>La comicidad fue uno de los aspectos mediadores de la imagen de los negros en el mundo del espect\u00e1culo y de la publicidad que corr\u00eda a la par. Del <em>Sambo <\/em>en Estados Unidos, pasando por <em>clown<\/em> de la <em>Belle \u00c9poque<\/em> en Francia, a <em>el negrito<\/em> en Cuba, asignan un sitio al hombre negro en estos escenarios: bufones, entretenedores, tontos e inofensivos, acaso como una se\u00f1al manifiesta de mantener a raya la amenaza que representaba el poder sexual, la fuerza y el car\u00e1cter violento que tambi\u00e9n se les atribu\u00edan, en un contexto que al menos en Am\u00e9rica estaba transitando de la esclavitud a la emancipaci\u00f3n.<a class=\"anota\" id=\"anota14\" data-footnote=14>14<\/a> En M\u00e9xico, si bien hubo estas representaciones a trav\u00e9s del teatro bufo y de las zarzuelas, en realidad hacia mediados del siglo XX el atractivo visual lo despierta sobre todo la mujer \u201cnegra\u201d o mulata y todo el imaginario del libido no domesticado con el que se le asocia. En Francia tambi\u00e9n hubo un inter\u00e9s particular por este aspecto o marca racializada, como lo muestra el caso de Josephine Baker. Este exotismo ambivalente y sexualizado, muy emblem\u00e1tico de las mujeres representadas como mulatas en el cine mexicano de mediados del siglo XX, afianza la mitolog\u00eda del binomio blanco-negro cristiano \u201casociando la blancura a la pureza y la negrura al pecado\u2026\u201d (Bonniol, 2008: 141).<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo de los esp\u00edritus tambi\u00e9n es mediado por una tensi\u00f3n entre repulsi\u00f3n y atracci\u00f3n. A los hombres negros y a las mujeres negras se les atribu\u00edan poderes m\u00e1gicos y curativos. Una representaci\u00f3n que si bien no era nueva en M\u00e9xico (especialmente en el periodo colonial), en el cine de oro recrea una imagen provenida de Cuba, especialmente con la de sus religiones de base africana, consideradas en este periodo como brujer\u00eda y \u201ccosa de negros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El enfoque del cine de rumberas y de coproducci\u00f3n M\u00e9xico-Cuba contribuy\u00f3 as\u00ed a una construcci\u00f3n de lo negro desde la mediaci\u00f3n del Caribe, espec\u00edficamente desde lo afrocubano (Ju\u00e1rez Huet, 2014), salvo que en nuestro pa\u00eds no se buscaba hacer una conexi\u00f3n con esas ra\u00edces. Cuba, en contraste con el M\u00e9xico de charros y mujeres sexualmente domesticadas y sumisas, era caracterizada como africana (Podaslky 164) y como negra. M\u00e9xico en este cine se representa como una naci\u00f3n mestiza de indio y espa\u00f1ol y en el que la blancura se manten\u00eda \u2013y todav\u00eda hoy\u2013 como un ideal est\u00e9tico y de estatus (Lomnitz, 1995: 359). En este cine se refracta lo \u201cnegro\u201d, entre referentes que fluct\u00faan entre el primitivo, el buen salvaje, la negra d\u00f3cil y la mulata hipersexualizada. Como documento etnogr\u00e1fico y fuente hist\u00f3rica, este cine nos permite observar c\u00f3mo el universo de las religiones afrocubanas queda impl\u00edcito en estas representaciones, que gracias a las coyunturas de la primera mitad del siglo XX hicieron posible su circulaci\u00f3n trasatl\u00e1ntica.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Acosta, Leonardo (2001). \u201cInterinfluencias y confluencias en la m\u00fasica popular de Cuba y de los Estados Unidos\u201d, en Rafael Hern\u00e1ndez y John H. 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