Recepción: 2 de diciembre de 2025
Aceptación: 8 de diciembre de 2025
El pasado mes de junio de 2025 entrevistamos a José Luis Barrios (Ibero Santa Fe), quien impartió el Seminario de Actualización anual:1 “Deconstrucción y crítica al discurso inclusivo, pensar desde la paradoja y actuar desde la incertidumbre”, y ofreció la conferencia magistral “Estética del cine naturalista mexicano como crítica de la representación”. Después de una semana de trabajo concluimos con esta entrevista que hoy publicamos en Encartes.
José Luis Barrios es filósofo, crítico de arte y curador independiente. Su trabajo se distingue por articular la investigación teórica y la práctica curatorial en proyectos que interrogan las relaciones entre estética, política y memoria. A lo largo de su trayectoria ha impulsado exposiciones y seminarios que cuestionan la representación como un campo conflictivo, en el que la imagen no se limita a reflejar realidades, sino que las produce y desestabiliza, proponiendo otros modos de percepción.
En su práctica curatorial, Barrios ha explorado las relaciones entre espacio, archivo y visualidad. Concibe la curaduría como un ejercicio crítico que trasciende la organización de objetos para situarla como una estrategia capaz de activar relaciones entre pensamiento, cuerpos y escrituras colectivas. Esta mirada lo coloca en diálogo con prácticas contemporáneas que buscan transformar los espacios expositivos en lugares de enunciación política y estética. Su trabajo se configura de manera transdisciplinar: convergen filosofía, estética, arte contemporáneo y cine, con un énfasis en la capacidad de la imagen para intervenir en los regímenes de visibilidad.
Como filósofo, su obra escrita se ha centrado en el análisis del cine. En su libro más reciente, Constelación desde Buñuel (Universidad Iberoamericana, 2025), indaga la producción fílmica en México a partir de las operaciones visuales que Luis Buñuel desarrolló a lo largo de su carrera. Barrios muestra cómo la filmografía del director español permite pensar la imagen como deseo, grieta y posibilidad crítica, articulando relaciones entre la genealogía del concepto filosófico estética naturalista y diversos procesos artísticos en la historia. En diálogo con Gilles Deleuze y su ensayo La grieta, abre una reflexión sobre el naturalismo y la fractura de la representación en poéticas que van de Arturo Ripstein a Everardo González y Tatiana Huezo.
La entrevista se articula en tres momentos. En el primero, exploramos la relación entre imagen y deseo para abordar la representación como un problema estético. En el segundo, analizamos el trabajo curatorial no solo como mediación o montaje, sino como pensamiento situado en un laboratorio de relaciones entre objetos, cuerpos, escrituras y miradas, atendiendo las implicaciones políticas y éticas de los dispositivos expositivos. En el tercero, conversamos sobre su último libro, que plantea una mirada sugerente para problematizar la imagen en relación con la violencia, el deseo y la visibilización de lo excluido en las gramáticas dominantes.
Barrios parte de una inquietud central: la imagen como espacio de deseo y no como mera representación referencial. Retoma la lectura de La fenomenología de la percepción de Maurice Merleau-Ponty para subrayar que ver no es un acto neutro ni meramente óptico, sino un modo de estar en el mundo. La percepción –dice– está encarnada; por ello, toda imagen implica una relación afectiva, temporal y deseante con lo que aparece.
Desde este punto de vista, la imagen no copia la realidad: la convoca. La mirada deseante desordena el régimen de verdad de la representación e introduce una lógica de afecto, pulsión y desplazamiento. Al recuperar el psicoanálisis lacaniano, Barrios propone que lo decisivo no es lo que la imagen muestra, sino la operación de deseo que la constituye: la tensión entre lo visible y aquello que permanece en sombra.
La imagen deviene en acontecimiento: una irrupción del deseo en el campo de lo visible que produce sentido, placer o incomodidad. Este aspecto es especialmente claro en el cine contemporáneo, en el que el espectador puede ya no reconocerse en la imagen, pero sí dejarse afectar por su aparición.
De aquí deriva su crítica a la representación. Para Barrios, la estética contemporánea hay que entenderla no como mímesis, pues es más bien un espacio de conflicto entre lo visible, lo enunciable y su resto. Toda representación comporta un resto que no puede ser plenamente mostrado –el cuerpo, el afecto, el deseo–, y es ese resto el que mantiene viva la imagen. La estética, entonces, no traduce la realidad: la interroga al exponer sus fisuras.
Este planteamiento tiene implicaciones políticas: desmontar la ilusión de transparencia significa asumir que toda representación implica una toma de posición sobre quién puede mirar y quién puede ser mirado. La estética participa, así, en la crítica a la producción de regímenes de visibilidad y de procesos de exclusión. Su crítica no busca abolir la representación, sino “repolitizarla”: comprenderla como un campo donde el deseo, el cuerpo y el sujeto se disputan el sentido y el poder.
Barrios afirma que la curaduría es una manera de pensar con imágenes, documentos y espacios, no después de ellos. Sus proyectos muestran que el espacio expositivo puede funcionar como un ensayo material en el que se ponen en juego las mismas preguntas que atraviesan su filosofía: ¿qué se hace visible y qué se mantiene en sombra?, ¿cómo intervienen el deseo y la memoria en la lectura de una imagen?, ¿qué tipo de relación produce el montaje entre espectadores, objetos y discursos?
Uno de los ejemplos que destaca es la exposición Constitución Mexicana 1917-2017: imágenes y voces (Palacio Nacional, 2017). El reto, nos dice Barrios, fue “espacializar” un documento jurídico para generar nuevas relaciones entre archivos, imágenes y espectadores. La exposición no buscó ilustrar artículos o efemérides, más bien se enfocó en mostrar cómo ese texto organiza cuerpos, derechos y exclusiones. La curaduría se convirtió así en una práctica que traduce y desarma discursos de poder en clave estética.
Para Barrios, el espacio expositivo debe materializar las tensiones entre la letra de la ley y sus efectos reales: quién queda dentro y quién fuera, quién puede ser sujeto de derecho y quién no. De nuevo, lo que está en juego es una crítica de la representación: la Constitución deja de aparecer como un pacto social neutral y se revela como un dispositivo de reparto de lo sensible y de lo político.
Este enfoque también orienta su reflexión sobre la curaduría en contextos de violencia. La pregunta va más allá de qué imágenes mostrar, ya que busca qué relación hay con el dolor –y con la mirada del otro– que se produce en el espacio expositivo. La curaduría no puede reproducir la espectacularización del daño ni caer en un humanitarismo que neutraliza el conflicto. Debe funcionar como un marco de problematización, en el que la responsabilidad no está en mostrar más o menos la violencia, sino en cómo se construye la escena de aparición de las imágenes y qué relación es posible entre espectador y acontecimiento.
Otro ejemplo relevante es la exposición El derrumbe de la ruina (muac, 2015). En esta ocasión, Barrios propone que la ruina no es un resto del pasado, la concibe como figura crítica del presente. En su lectura, la ruina funciona como grieta en el relato lineal de la modernidad: señala lo que se derrumba y lo que persiste. El montaje, los vacíos y las relaciones entre obras construyen una experiencia que no ofrece un mensaje cerrado, sino un paisaje de restos que interpela la mirada.
Barrios retoma el texto breve de Gilles Deleuze, La grieta, para explicar por qué ciertas imágenes –sobre todo en el cine– ya no funcionan como representaciones fieles, pues son más bien interrupciones dentro de la realidad. La grieta describe esos momentos en que la imagen deja ver que algo no encaja: un gesto o un silencio que no corresponde, un tiempo muerto que detiene la escena, una mirada que se desvía. No es realismo en el sentido clásico, es una forma de mostrar lo que normalmente queda fuera.
Esta idea resulta especialmente pertinente para comprender la producción visual contemporánea en México. En un contexto marcado por la violencia y la desigualdad, la imagen no puede presentarse como un espejo estable. Lo que aparece es un país lleno de fisuras, de historias que no cierran, de escenas suspendidas.
Barrios observa que en el cine mexicano reciente hay tres dimensiones: tiempos suspendidos que muestran el desgaste y la incertidumbre. Cuerpos y espacios indóciles –calles vacías, interiores improvisados y periferia– que develan intemperie y vulnerabilidad; así como documentales que, por otro lado, dudan, pues no buscan “contar la verdad”, sino registrar lo que alcanza a aparecer y admitir lo que escapa.
Para él, estos gestos tienen un antecedente claro en Buñuel: objetos fuera de lugar, situaciones que se quiebran sin explicación, deseos contradictorios, personajes movidos por impulsos invisibles. Buñuel enseña a leer el cine mexicano como un conjunto de imágenes que no buscan cerrar el sentido, sino mostrarlo en su contradicción.
Los aportes de José Luis Barrios resultan especialmente valiosos porque ofrecen herramientas para pensar las imágenes más allá de la representación. Al articular deseo, percepción y experiencia del espacio, muestra que la crítica estética es una forma de comprender cómo se configuran nuestras maneras de ver y habitar el mundo. Su lectura del cine y el documental mexicano revela que la imagen contemporánea no busca reflejar la realidad, ya que se interesa en mostrar sus fracturas, aquello que queda abierto y que exige atención. Su trabajo curatorial profundiza esta perspectiva al convertir el espacio expositivo en un lugar donde los conflictos de lo visible se experimentan directamente. En conjunto, su pensamiento concibe la imagen como un campo en disputa, donde se negocian sentidos, afectos y memorias, además de que la estética se vuelve un medio para interrogar críticamente el presente.
Alina Peña Iguarán es profesora investigadora en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (iteso), Universidad Jesuita de Guadalajara, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel i. Doctora por la Universidad de Boston, se especializó en guerra, memoria y subjetividad en la narrativa de la Revolución mexicana. Realizó su investigación posdoctoral sobre arte y frontera en El Colef, en Tijuana, titulada “Poéticas de las excedencias”. Actualmente trabaja las tensiones en el cruce entre prácticas estéticas, política y acción social en contextos de violencia, desaparición y migración. Es miembro de la red Hemispheric Encounters y de la Red Internacional de Estudios de la Mirada. Integrante del grupo de trabajo Intemperie. Recientemente ha publicado “Las políticas de la interpretación: pautas para abordar la relación entre estética, política y comunicación”, en Mauricio Andión Gamboa y Dana Arrieta Barraza (coords.) (2024). L'image et le temps. Regard sur la pensée de Diego Lizarazoavec Patricio Azócar Donoso (2023). "Intemperie : políticas de la voluntad y poéticas del cobijo", Etcetera. Revue de l'espace des sciences socialess del ciffyh (12); y también con Patricio Azócar Donoso (2024). “Inclemencia, cobijo y agenciamiento”, ArteFacts. Ciudad de México: unam/cisan, pp. 297-320.
Anaeli Ibarra Cáceres es candidata a doctora en Humanidades. Profesora del Departamento de Estudios Socioculturales en el iteso, Universidad Jesuita de Guadalajara, donde es integrante del Laboratorio Transmedia Moira: Narrativas en Tránsito. Codirectora general de Extopia: Foro Muestra de Cine lgbtq+. Cocreadora de Generando Media. Se desempeñó como coordinadora del eje de trabajo Género y tecnologías en el Laboratorio de Medios y Tecnologías de El Rule, Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Coordinadora del Diplomado en Producción Audiovisual con Perspectiva de Género. Ha impartido clases en la Universidad de La Habana, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (uacm), en la Universidad Iberoamericana y en el iteso. Es miembro del colectivo de mujeres cineastas Mujeres Lab. Está afiliada a la Asociación Cubana de Prensa Cinematográfica. Ha obtenido fondos del Programa de Fomento al Cine Mexicano (focine) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) para el desarrollo de proyectos expositivos. Se ha desempeñado como editora y gestora editorial de publicaciones sobre arte, cine y literatura. Obtuvo el Premio de Crítica Dr. Guy Pérez Cisneros, que otorga el Ministerio de Cultura de Cuba. Ha recibidos varios reconocimientos en certámenes literarios en poesía.
José Luis Barrios es filósofo e historiador del arte, profesor investigador de tiempo completo de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Sus áreas de investigación y docencia son estética, política y teoría crítica de la cultura. Es curador asociado del Museo Universitario Arte Contemporáneo (muac). Ha sido curador de exposiciones en el Museo Nacional de Arte (munal), del Laboratorio de Arte Alameda y del Pabellón de México en Venecia (49 ed.). Fue director de la influyente revista Curare (2000-2008). Es coordinador de la cátedra de investigación interdisciplinar “Cuerpo, diáspora y exclusión: estética, política y violencia en la modernidad globalizada”.
Ha realizado diversas publicaciones, entre ellas, Símbolo, fantasma y afecto. Seis variaciones de la mirada sobre el arte contemporáneo en México (Ediciones de la Meseta, México, 2007); fue editor del libro Memoria instituida, memoria instituyente; autor de El cuerpo disuelto: entre lo colosal y lo monstruoso et El coloso. Cartografía del terror en el régimen imaginario de la contemporaneidad (los tres publicados por la Universidad Iberoamericana). Entre sus últimos ensayos de arte están “Stand-alone: un platonismo a contrapelo. A propósito de una pieza de Thomas Hirschhorn”; y “Jordi Colomer en el país de Gulliver. Escala, sueño y naturaleza”. Recientemente publicó Constelación Buñuel: estética naturalista en el cine mexicano (1950-2021).