{"id":38612,"date":"2024-03-21T11:01:26","date_gmt":"2024-03-21T17:01:26","guid":{"rendered":"https:\/\/encartes.mx\/?p=38612"},"modified":"2024-03-21T11:01:26","modified_gmt":"2024-03-21T17:01:26","slug":"menendez-reflexiones-medicina-tradicional-violencias-mortalidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encartes.mx\/en\/menendez-reflexiones-medicina-tradicional-violencias-mortalidades\/","title":{"rendered":"Traditional medicine: Where are the life, suffering, violence and mortalities in native peoples?"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Resumen<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En este texto se describen y analizan los procesos de exclusi\u00f3n o secundarizaci\u00f3n que existen en los estudios locales de la medicina tradicional respecto de toda una serie de procesos de salud\/enfermedad\/atenci\u00f3n\/prevenci\u00f3n que operan en la vida de los pueblos originarios, pese a que gran parte de estos est\u00e1n incluidos en los usos y costumbres de dichos pueblos. Las principales exclusiones revisadas refieren a procesos epidemiol\u00f3gicos, y especialmente a la mortalidad materna, as\u00ed como a violencias cercanas, partos y relaciones infantiles y juveniles forzadas culturalmente. Se demuestra que esos estudios excluyen procesos que son parte de las culturas nativas y que generan una visi\u00f3n parcial y distorsionada de la vida de estas, por lo que no permite entender la racionalidad social, cultural y econ\u00f3mica actual de dichos pueblos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Palabras claves: <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/biomedicina\/\" rel=\"tag\">biomedicina<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/exclusiones\/\" rel=\"tag\">exclusiones<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/medicina-tradicional\/\" rel=\"tag\">medicina tradicional<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/metodologia\/\" rel=\"tag\">metodolog\u00eda<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/transacciones\/\" rel=\"tag\">transacciones<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"en-title\"><span class=\"small-caps\">traditional medicine: where are the lives, suffering, violence, and mortality rates of indigenous peoples?<\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"en-texte abstract\">This article analyzes the exclusion and sidelining evident in local studies on traditional medicine and a whole series of processes related to health, illness, healthcare, and prevention in the lives of Indigenous peoples, many of which are part of their practices and customs. The main forms of exclusion examined herein are related to disease, especially maternal mortality, but also to domestic violence, childbirth, and the forced marriage of children and adolescents. The analysis sheds light on how native cultural processes are excluded from these studies on traditional medicine, creating a biased, distorted vision of the lives of Indigenous peoples today and hindering an understanding of their social, cultural, and economic rationale.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Keywords: traditional medicine, biomedicine, methodology, transactions, exclusions.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap abstract\">Necesitamos asumir que si algo caracteriza a los estudios sobre la medicina tradicional (<span class=\"small-caps\">mt<\/span>) mexicana son las exclusiones y secundarizaciones de aspectos que son b\u00e1sicos para entender los procesos de salud\/enfermedad\/atenci\u00f3n\/prevenci\u00f3n (procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span>) que afectan a los denominados pueblos originarios. Entre las principales est\u00e1n la exclusi\u00f3n de los saberes afromexicanos; la escasez de estudios sobre <span class=\"small-caps\">mt<\/span> en poblaci\u00f3n no ind\u00edgena, pero tambi\u00e9n sobre poblaci\u00f3n ind\u00edgena que vive en ciudades; as\u00ed como la escasez de estudios sobre mortalidad y morbilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La exclusi\u00f3n de estos y de otros procesos generan una visi\u00f3n distorsionada de los procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> que operan en los pueblos nativos, dado que son estudios en los que interesa la <span class=\"small-caps\">mt<\/span> y no lo que hace la poblaci\u00f3n ind\u00edgena con sus problemas de salud, incluida la <span class=\"small-caps\">mt<\/span>. No parece interesarles la relaci\u00f3n de las enfermedades tradicionales no solo con la mortalidad, sino con el sufrimiento por la muerte de los seres queridos; no conozco estudios en los que se analice la normalizaci\u00f3n social de la muerte sobre todo de ni\u00f1os al interior de las familias y de las comunidades. Aunque s\u00ed contamos con estudios sobre el velorio del angelito, ritual que est\u00e1 en desaparici\u00f3n debido en gran medida a la reducci\u00f3n de la mortalidad infantil<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando comenz\u00f3 a estudiarse la <span class=\"small-caps\">mt<\/span> a finales de 1930, los pueblos originarios, pero tambi\u00e9n gran parte de la poblaci\u00f3n mexicana, se atend\u00edan con <span class=\"small-caps\">mt<\/span>; una <span class=\"small-caps\">mt<\/span> que fue desarroll\u00e1ndose durante la situaci\u00f3n colonial y que inclu\u00eda diversos saberes que se fueron constituyendo en parte de los usos y costumbres de ind\u00edgenas y no ind\u00edgenas. Por ello considero que uno de los mayores problemas de los estudios sobre <span class=\"small-caps\">mt<\/span> es la exclusi\u00f3n de toda una serie de procesos, pese a que se han convertido desde hace decenios y hasta cientos de a\u00f1os en parte de la vida de los pueblos ind\u00edgenas. Este asunto conduce a presentar un panorama sesgado de los procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> que son parte de la vida de los grupos nativos.<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n presentar\u00e9 y analizar\u00e9 dos campos complementarios en los que observ\u00e9 exclusiones y secundarizaciones \u2013me refiero al campo epidemiol\u00f3gico en general, aunque focalizado en las violencias\u2013, y en segundo lugar a procesos que tienen que ver con embarazos, mortalidad materna y algunas sexualidades.<a class=\"anota\" id=\"anota1\" data-footnote=1>1<\/a><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las exclusiones epidemiol\u00f3gicas<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En principio no tenemos estudios sobre la salud de los pueblos ind\u00edgenas, sobre lo que ellos consideran salud, as\u00ed como del sistema de salud que generan y utilizan; tenemos estudios sobre las cosmovisiones de los pueblos originarios, pero no sabemos cu\u00e1les son las cosmovisiones que surgen respecto de los procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> en los saberes cotidianos de las comunidades. Si bien en las \u00faltimas d\u00e9cadas se ha desarrollado el concepto de Buen Vivir, este ha sido utilizado b\u00e1sicamente en t\u00e9rminos ideol\u00f3gicos sin referirlo a los procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> que operan realmente en la cotidianidad de las familias y comunidades, que aparecen saturados por saberes biom\u00e9dicos, por p\u00e9rdidas de vidas y por sufrimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay dos aspectos complementarios que caracterizan actualmente a los pueblos amerindios: me refiero al notable y constante crecimiento demogr\u00e1fico y a la extensi\u00f3n de la esperanza de vida. Estos procesos no se dieron cuando en dichos pueblos dominaba la medicina tradicional, sino que su incremento se genera cuando se diversifican las formas de atenci\u00f3n de las enfermedades, sobre todo a partir de las d\u00e9cadas de los cuarenta y cincuenta e, inclusive, durante el neoliberalismo. Me interesa subrayar que la inmensa mayor\u00eda de los que estudian la <span class=\"small-caps\">mt<\/span> y especialmente los que hablan de Buen Vivir y los que se autodenominan decoloniales y poscoloniales no describen, ni analizan ni explican qu\u00e9 ha pasado para que la poblaci\u00f3n ind\u00edgena mexicana crezca continuamente y lo haga cuando disminuye el papel de la <span class=\"small-caps\">mt<\/span>, pese a seguir constituyendo el sector de la poblaci\u00f3n m\u00e1s marginado y explotado. No proponen explicaciones para entender por qu\u00e9 en M\u00e9xico la poblaci\u00f3n nativa ha casi duplicado su esperanza de vida entre 1930 y la actualidad, ni haya reducido la mortalidad en los diferentes grupos etarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Germ\u00e1n Freire concluye que en Am\u00e9rica Latina y en Venezuela, en particular, aumenta la poblaci\u00f3n ind\u00edgena y se reduce su mortalidad por varios factores, pero sobre todo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">[\u2026] debido a la expansi\u00f3n \u2013aunque precaria\u2013 de la biomedicina. Una comparaci\u00f3n entre dos segmentos de la poblaci\u00f3n Piaroa en 1992; uno con acceso y otro sin acceso al sistema de salud p\u00fablico nacional, mostr\u00f3 que la poblaci\u00f3n con acceso a la biomedicina crec\u00eda 65% m\u00e1s r\u00e1pido que la que no lo ten\u00eda [\u2026] La primera ten\u00eda una esperanza de vida de 47 a\u00f1os, y la segunda de 34 a\u00f1os [\u2026] La biomedicina es uno de los pilares fundamentales de la recuperaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n ind\u00edgena (Freire, 2007: 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Toda una serie de analistas ha cuestionado fuertemente a la biomedicina y se\u00f1alado una gran parte de sus limitaciones y consecuencias negativas, considerando expresamente o connotando que la <span class=\"small-caps\">mt<\/span> es mejor que la biomedicina en varios aspectos. Y as\u00ed, por ejemplo, Ren\u00e9 Dubos (1975) se\u00f1alaba que en 1949 se hab\u00edan realizado estudios que demostraban que los otom\u00edes del Valle del Mezquital (M\u00e9xico) ten\u00edan una dieta m\u00e1s adecuada que la de la poblaci\u00f3n de ciudades de los <span class=\"small-caps\">ee. uu.<\/span>, ya que no evidenciaban signos de desnutrici\u00f3n. Con ello concluyo que la ruptura de esta dieta gener\u00f3 desnutrici\u00f3n en este grupo; pero lo que no describe ni explica Dubos es por qu\u00e9 antes de la ruptura de su dieta por la aculturaci\u00f3n este grupo ten\u00eda tan altas tasas de mortalidad, las que disminuyeron cuando se fue aculturando cada vez m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Necesitamos asumir que los usos y costumbres, incluyendo los rituales culturales sobre los procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> no evitan las altas tasas de mortalidad, como se\u00f1ala Victor Turner (1980) respecto de grupos africanos, dado que<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">la situaci\u00f3n de la salud p\u00fablica de los ndembu, como la de la mayor parte de los africanos, es altamente insatisfactoria\u2026 El hecho de que un rico y elaborado sistema de creencias y pr\u00e1cticas rituales proporcione un conjunto de explicaciones para la enfermedad y la muerte, y d\u00e9 a la gente un falso sentido de confianza de que dispone de medios suficientes para hacer frente a la enfermedad, en modo alguno contribuye a la elevaci\u00f3n del nivel de salud ni al aumento de la esperanza de vida. S\u00f3lo una mayor higiene, una dieta mejor y m\u00e1s equilibrada, una mayor difusi\u00f3n de la medicina preventiva y la extensi\u00f3n de las posibilidades de hospitalizaci\u00f3n puede destruir a ese \u201carchivillano\u201d que es la enfermedad, y liberar a \u00c1frica de su viejo dominio (Turner, 1980: 397-398).<\/p>\n\n\n\n<p>Las exclusiones epidemiol\u00f3gicas referidas a mortalidad, morbilidad y hambre en los grupos ind\u00edgenas conducen a negar u ocultar las carencias m\u00e1s graves de estos grupos, dado que, seg\u00fan los diferentes analistas e instituciones de salud, los pueblos originarios se han caracterizado en el pasado y en la actualidad por tener las m\u00e1s altas tasas de mortalidad y las menores esperanza de vida, as\u00ed como por morir en gran medida por\u201ccausas evitables\u201d. Esta situaci\u00f3n ha sido reconocida reiteradamentepor el Sector Salud y por especialistas (Aguirre Beltr\u00e1n, 1986; Hern\u00e1ndez Bringas, 2007; Page, 2002). Es decir, los grupos que presentan las peores y m\u00e1s letales condiciones de salud casi no cuentan con estudios y\/o con informaci\u00f3n epidemiol\u00f3gica. Estas carencias no solo refieren a los padecimientos tradicionales, sino tambi\u00e9n a los alop\u00e1ticos, aunque en los \u00faltimos a\u00f1os \u2013como veremos adelante\u2013 algunos grupos de antrop\u00f3logos est\u00e1n generando una importante informaci\u00f3n epidemiol\u00f3gica sobre todo en lo que concierne a las mujeres, especialmente de mortalidad materna, violencias de g\u00e9nero y <span class=\"small-caps\">vih<\/span>-sida.<\/p>\n\n\n\n<p>Las investigaciones sobre <span class=\"small-caps\">mt<\/span> han estudiado las enfermedades y en mucho menor medida las mortalidades que reconocen los grupos nativos y sus curadores, excluyendo hasta hace muy poco tiempo las enfermedades y mortalidades definidas biom\u00e9dicamente, pese a que las principales causas de mortalidad eran las enfermedades infectocontagiosas, a las que en la actualidad se han agregado enfermedades cr\u00f3nico-degenerativas como la diabetes mellitus 2 y las cardiovasculares. Si bien estas causales eran referidas por los pueblos originarios, por lo menos en parte, a enfermedades y procesos tradicionales como el susto, la envidia o la brujer\u00eda, lo que no ha sido descrito ni analizado etnogr\u00e1ficamente es cu\u00e1l era y es la eficacia de los tratamientos tradicionales respecto de dichos padecimientos para evitar o reducir las altas tasas de mortalidad. Lo que tenemos, por ejemplo, son estudios que demuestran la potencialidad sanadora de las plantas medicinales, pero no su uso en relaci\u00f3n con las mortalidades dominantes en las comunidades originarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, estas carencias epidemiol\u00f3gicas se dan en todas las tendencias te\u00f3rico\/ideol\u00f3gicas, lo que amerita alguna explicaci\u00f3n dadas las fuertes diferencias que hay entre ellas. En principio, considero que estas similitudes se deben a que las diferentes tendencias omiten estos datos o los tratan superficialmente para no contribuir a la estigmatizaci\u00f3n de los pueblos originarios. Son las mismas razones por las que se suele omitir el an\u00e1lisis de procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> que contribuir\u00edan a confirmar los estereotipos racistas sobre la poblaci\u00f3n ind\u00edgena, como son los casos del labio leporino u otras malformaciones cong\u00e9nitas. As\u00ed como tampoco se estudian los infanticidios, pese a que una parte de ellos remiten a causales tradicionales, como es el caso de la muerte infantil por brujer\u00edas (F\u00e1bregas y Nuttini, 1993; Pe\u00f1a, 2006).<\/p>\n\n\n\n<p>Una parte de los analistas, especialmente Carlos Zolla (1994a), reconoce que varias de las enfermedades tradicionales son mortales, as\u00ed como cu\u00e1les son las principales causas de muerte seg\u00fan los curadores tradicionales entrevistados, entre las que est\u00e1 la desnutrici\u00f3n. Desde el inicio de los estudios sobre <span class=\"small-caps\">mt<\/span> se ha reconocido la existencia de cuadros de desnutrici\u00f3n y de enfermedades relacionados con los mismos en los pueblos ind\u00edgenas (Aguirre Beltr\u00e1n, 1986), alcanzando su expresi\u00f3n m\u00e1s notoria en t\u00e9rminos antropol\u00f3gicos el texto de Guillermo Bonfil (1962) sobre el hambre en una comunidad yucateca, donde los ejes explicativos est\u00e1n en las condiciones econ\u00f3mico\/pol\u00edticas dentro de las que viven los ind\u00edgenas de Yucat\u00e1n. Aunque esta situaci\u00f3n se ha mantenido hasta la actualidad en la mayor\u00eda de los pueblos originarios, contamos con escasos estudios antropol\u00f3gicos como los de Arnaiz o los de Ysunza, pese a que en los \u00faltimos a\u00f1os las instituciones espec\u00edficas y los medios de comunicaci\u00f3n han se\u00f1alado reiteradamente esta situaci\u00f3n. Y as\u00ed, en 2003, la Unicef sostuvo que 70% de los ni\u00f1os ind\u00edgenas padecen desnutrici\u00f3n (Rom\u00e1n, 2003), mientras en 2021 el Consejo Nacional de Evaluaci\u00f3n de la Pol\u00edtica de Desarrollo Social (<span class=\"small-caps\">coneval)<\/span> reconoce que 30% de los ind\u00edgenas sufren hambre. Pero, adem\u00e1s, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, al hambre se han agregado problemas como el sobrepeso y la obesidad, resultado en gran medida del consumo de alimentos chatarra (Enciso, 2018). Este tema casi no se estudia por los antrop\u00f3logos sociales, pues es un problema estructural de las poblaciones nativas, que evidencia la inclusi\u00f3n de estilos alimentarios negativos generados por la aculturaci\u00f3n. Asimismo, esta situaci\u00f3n de desnutrici\u00f3n contrasta con el reconocimiento antropol\u00f3gico de la existencia de una dieta ind\u00edgena que ser\u00eda nutritiva y barata, pero que funciona cada vez menos, sin que tengamos estudios sobre ello. No obstante, cabe recordar que cuando dominaba la dieta tradicional positiva, los nativos ten\u00edan m\u00e1s altas tasas de mortalidad que en la actualidad.<a class=\"anota\" id=\"anota2\" data-footnote=2>2<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, esta situaci\u00f3n de salud no es una particularidad de los pueblos originarios mexicanos, sino que, como se\u00f1alan Marcia Inhorn y Peter Brown (1990), las enfermedades infectocontagiosas son la m\u00e1s importante causa de sufrimiento y muerte en las sociedades tradicionales estudiadas por los antrop\u00f3logos. Ello obedece en gran medida a que los pueblos originarios se caracterizan por su situaci\u00f3n de pobreza o extrema pobreza, por la falta de infraestructura sanitaria b\u00e1sica, por su marginalidad social.<\/p>\n\n\n\n<p>Los estudios de <span class=\"small-caps\">mt<\/span> se caracterizan por la exclusi\u00f3n de toda una serie de procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span>, comenzando con los alop\u00e1ticos que, seg\u00fan nuestros estudios, ya eran reconocidos por lo menos en comunidades yucatecas desde la d\u00e9cada de 1920 (Men\u00e9ndez, 2018). Si bien el n\u00facleo de los estudios sobre <span class=\"small-caps\">mt<\/span> han sido los procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> tradicionales, no cabe duda, como concluy\u00f3 Gracia Imberton, que<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">Una tendencia muy marcada de los estudios antropol\u00f3gicos sobre las enfermedades en el mundo ind\u00edgena ha sido la de destacar aquellos aspectos considerados propios de la cosmovisi\u00f3n, como el chulel y los naguales mayas, que han ocupado un lugar privilegiado en esta perspectiva. La preocupaci\u00f3n por las \u201calmas\u201d ind\u00edgenas, que ha sido una constante desde la llegada de los europeos al continente americano, ha orientado la mirada antropol\u00f3gica hacia este tema desatendiendo otros (Imberton, 2002:15).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no solo se estudian poco o muy poco ciertas enfermedades tradicionales, sino tambi\u00e9n ciertos curadores tradicionales, especialmente hueseros y culebreros, pese a que atienden problemas frecuentes como fracturas y dolores o mordeduras de v\u00edboras y picaduras de alacranes.<\/p>\n\n\n\n<p>Un aspecto b\u00e1sico para la salud escasamente estudiado, salvo en Yucat\u00e1n, han sido las condiciones de higiene descritas y analizadas por numerosos autores para la pen\u00ednsula (Steggerda, 1965; Ram\u00edrez, 1980), reconociendo algunos salubristas \u2013que no antrop\u00f3logos\u2013 que la escasez de muerte por tifus en Yucat\u00e1n, que era uno de los padecimientos m\u00e1s letales en M\u00e9xico, se deb\u00eda a las condiciones de higiene de su poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un tercer aspecto casi totalmente excluido por los antrop\u00f3logos es el estudio de las enfermedades generadas por las actividades laborales en sociedades como la yucateca en las que pudimos verificar que estas son frecuentes. Tampoco son estudiadas las discapacidades que afectan tanto a mujeres como varones debidas a causas gen\u00e9ticas o contra\u00eddas en la vida cotidiana. Tambi\u00e9n son muy escasos los estudios sobre la blanquizaci\u00f3n de la piel y la aplicaci\u00f3n de cirug\u00edas pl\u00e1sticas para modificar rasgos faciales ind\u00edgenas, pero que se da sobre todo en mestizos.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro de los principales procesos poco estudiados es el que se refiere a las enfermedades mentales, ya que la actitud dominante es negar que existen en los pueblos originarios o se reconoce su presencia, pero sin estudiarla, sosteniendo de forma expl\u00edcita o t\u00e1cita que, de existir, es mucho menor y menos grave que en las sociedades desarrolladas. Como se\u00f1ala Natera, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatr\u00eda: \u201cAunque la salud mental es de vital importancia en las poblaciones ind\u00edgenas, es un problema poco atendido al igual que el abuso del consumo de alcohol y de sus consecuencias\u201d (Comunicaci\u00f3n personal, 2018). En el <em>Diccionario<\/em> de <span class=\"small-caps\">mt<\/span>, Carlos Zolla (1994b, t. <span class=\"small-caps\">ii<\/span>: 548) considera que la locura en los pueblos nativos refiere a trastornos de las facultades mentales expresadas a trav\u00e9s de conductas extra\u00f1as que imposibilitan la relaci\u00f3n de los individuos con los sujetos de su grupo social, que generalmente son atribuidos a la introducci\u00f3n de seres sobrenaturales en el cuerpo o a los efectos de la brujer\u00eda. Este autor se\u00f1ala que algunos pueblos (totonacas, huastecos, jacaltecos) reconocen formas de locura como padecimiento; mientras G\u00fc\u00e9mez (2019, comunicaci\u00f3n personal) se\u00f1ala que no hay enfermedades tradicionales en Yucat\u00e1n que refieran a la locura, aunque hay palabras coloquiales mayas que remiten a la p\u00e9rdida de la raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En las \u00faltimas d\u00e9cadas se han generado estudios sobre los \u201cnervios\u201d, epilepsia o locura que habr\u00edan sido generados por el susto o por corajes (Castaldo, 2002; Gallardo, 2002). Se han detectado tambi\u00e9n en cl\u00ednicas rurales del Instituto Mexicano del Seguro Social (<span class=\"small-caps\">imss<\/span>) procesos depresivos y de ansiedad, especialmente en mujeres. Pero varios de los principales especialistas como Barrag\u00e1n, Campos, G\u00fc\u00e9mez o Villaflor (comunicaciones personales) reconocen que las enfermedades mentales son poco o nada estudiadas en los pueblos originarios. Este asunto no ignora que los curadores tradicionales, por lo menos en ciertas comunidades, est\u00e1n atendiendo personas con crisis nerviosas, ansiedad, depresi\u00f3n, insomnio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, pese a que Yucat\u00e1n tiene hist\u00f3ricamente las m\u00e1s altas tasas de suicidio de M\u00e9xico, documentado por lo menos desde finales del siglo <span class=\"small-caps\">xix<\/span>, o a que en 2020 hubo una ola de suicidios de adolescentes ind\u00edgenas chiapaneco y a que se ha incrementado notablemente el suicidio general y sobre todo en j\u00f3venes entre 1970 y la actualidad en el pa\u00eds, no contamos con estudios sobre suicidio en grupos originarios. Es interesante se\u00f1alar que mientras para los pueblos ind\u00edgenas sudamericanos tenemos una compilaci\u00f3n de doce trabajos sobre el suicidio (Campo y Aparicio, 2017), para M\u00e9xico casi no contamos con este tipo de estudios.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Violencias como parte de la cultura<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Toda una tendencia ha se\u00f1alado el papel de la violencia sistem\u00e1tica en la generaci\u00f3n de enfermedades mentales o emocionales (Far\u00edas, 1999; Fr\u00edas, 2021), y M\u00e9xico es una sociedad que por lo menos desde la conquista europea se ha caracterizado por el dominio de la violencia sistem\u00e1tica a nivel nacional y en los pueblos originarios. La negaci\u00f3n de la enfermedad mental en los pueblos oprimidos y colonizados tiene en gran medida que ver con la hip\u00f3tesis evolucionista generada en el siglo <span class=\"small-caps\">xix<\/span>, seg\u00fan la cual la locura y la enfermedad mental ten\u00edan que ver con el desarrollo de la \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d, premisa que fue cuestionada en diversos momentos y especialmente en las d\u00e9cadas de 1950, 1960 y 1970 por los estudios de la situaci\u00f3n colonial, reconociendo dichas enfermedades como producto, por lo menos de manera parcial, de la dominaci\u00f3n y explotaci\u00f3n colonial, como lo han planteado Balandier, Bastide y Fanon, pero que no ha sido aplicado entre nosotros. Por ello considero que esta negaci\u00f3n y secundarizaci\u00f3n tienen que ver en gran medida con que se piensa la enfermedad mental como otra posible estigmatizaci\u00f3n contra los pueblos nativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero las violencias no son solo ignoradas como causales de enfermedad mental o de padecimientos emocionales, sino que no suelen ser estudiadas como violencias, pese a su notoria existencia y a sus posibles incrementos. No son estudiadas respecto de la mujer, pero especialmente del var\u00f3n, no obstante que a nivel nacional m\u00e1s de 90% de los homicidios son de varones contra varones y que M\u00e9xico tiene una de las m\u00e1s altas tasas de homicidios; recordemos que Latinoam\u00e9rica es la regi\u00f3n con mayores tasas de homicidios en el \u00e1mbito mundial. Adem\u00e1s, los escasos estudios sobre masculinidad en ind\u00edgenas de M\u00e9xico, como el de Mart\u00edn de la Cruz (2010), no incluyen el papel de las violencias en las relaciones var\u00f3n\/var\u00f3n y var\u00f3n\/mujer, pese a ser una de las caracter\u00edsticas culturales de gran parte de los pueblos originarios y, por supuesto, de los no originarios.<\/p>\n\n\n\n<p>La recuperaci\u00f3n de esta problem\u00e1tica se ha dado exclusivamente respecto de la mujer, en gran medida por el desarrollo de perspectivas feministas. Se ha documentado que entre 2012 y 2018 los homicidios de mujeres hablantes de una lengua ind\u00edgena han aumentado m\u00e1s de 154%, al pasar de 79 a 122; m\u00e1s a\u00fan, en 98% de las comunidades ind\u00edgenas de los estados de M\u00e9xico, Morelos, Veracruz, San Luis Potos\u00ed y la Ciudad de M\u00e9xico van en aumento las agresiones contra las mujeres (Xantomila, 2020). De tal manera que en algunos estudios se concluye que \u201c[\u2026] las formas m\u00e1s severas de violencias sexuales como la violaci\u00f3n y el intento de violaci\u00f3n son m\u00e1s prevalentes entre las mujeres hablantes de una lengua ind\u00edgena\u201d (Fr\u00edas, 2021a: 381; Cacique, 2021).<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha encontrado que la mayor\u00eda de estas violencias son realizadas por familiares, lo que aparece documentado no solo en investigaciones socioantropol\u00f3gicas, sino en testimonios biogr\u00e1ficos, como el caso de la ind\u00edgena zapoteca Odila Romero que narra c\u00f3mo antes de los once a\u00f1os fue manoseada y penetrada sexualmente por sus t\u00edos (Blackwell, 2009). En comunidades de diferentes grupos \u00e9tnicos mexicanos se ha registrado que las violencias contra la mujer est\u00e1n legitimadas culturalmente, incluso por la <span class=\"small-caps\">mt<\/span>, ya que, por ejemplo, algunas enfermedades tradicionales como el susto o la bilis ser\u00edan generadas por estas violencias y, por lo tanto, sanadas, pero sin alterar la normalidad cultural de las violencias. Estas violencias intrafamiliares ocurren en comunidades donde la dominaci\u00f3n masculina es absoluta y una gran parte de dichas violencias son extremas y llegan incluso a la muerte de la mujer. Las continuas violencias en muy diferentes situaciones cumplir\u00edan el papel simb\u00f3lico de evidenciar qui\u00e9n tiene el poder no solo en las relaciones de g\u00e9nero, sino en la comunidad y en la cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a estos reconocimientos, los especialistas como Sonia Fr\u00edas concluyen que estas violencias contra la mujer han sido escasamente estudiadas, pues \u201chan sido invisibilizadas tanto por un gran sector de la academia como por distintas instancias gubernamentales\u201d (2021: 433), adem\u00e1s de que \u201cDe hecho existen pocos estudios que se hayan aproximado a la magnitud de las violencias de g\u00e9nero que viven las mujeres y ni\u00f1as ind\u00edgenas; y cuando lo han hecho, se han centrado en la problem\u00e1tica de violencia de pareja\u201d (Fr\u00edas, 2021a: 18). Con esta percepci\u00f3n concuerdan Berrio, Castro, De Keizer, Gamlin, Minero, N\u00fa\u00f1ez, Ravelo, Sierra y me lo confirmaron a trav\u00e9s de comunicaciones personales hechas en 2021; asimismo, subrayan que el Instituto Nacional Indigenista no ha planteado esta problem\u00e1tica durante su etapa integracionista, pero tampoco durante su periodo participativo (Mu\u00f1iz y Corona, 1996).<\/p>\n\n\n\n<p>Guillermo N\u00fa\u00f1ez, una de las principales autoridades en estudios de g\u00e9nero, considera que \u201cno hay casi nada escrito sobre violencia de g\u00e9nero en contextos ind\u00edgenas; recuerda que hay algunas viejas tesis que presentan visiones mitificadas, donde todo es lindo\u201d. En sus estudios sobre los yaquis, documenta la hegemon\u00eda masculina y se\u00f1ala que los intelectuales ind\u00edgenas no hablan sobre desigualdades de g\u00e9nero ni sobre violencias; seg\u00fan ellos,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">si bien entendemos que es un tema importante, pero h\u00edjole, es un tema delicado, porque si se mueve una pieza de la estructura familiar yaqui, de lo que es la mujer y el hombre\u2026 Uuff existe el riesgo de que se desmorone todo. Los intelectuales ind\u00edgenas activistas no tratan el tema de la violencia deg\u00e9nero, pues creen que con ello contribuyen a\u00fan m\u00e1s a la estigmatizaci\u00f3nde los ind\u00edgenas (comunicaci\u00f3n personal, 29\/07\/2021).<\/p>\n\n\n\n<p>A su vez, Jennie Gamlin observa que la mayor\u00eda de las mujeres <em>wixaritari<\/em> han vivido y\/o siguen viviendo relaciones intrafamiliares violentas:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">De las conversaciones que he tenido, surgen violencias muy extremas que pueden causar la muerte. Estas mujeres sufren violencias del padre, madre, hermano y maridos. No he escrito sobre este tema, pues me es muy dif\u00edcil hablar abiertamente de violencia intrafamiliar con la comunidad. No obstante, algo digo en alg\u00fan texto (Gamlin, 2020). La bibliograf\u00eda sobre los huicholes no trata este tema; se ha focalizado en los procesos religiosos y art\u00edsticos. No conozco un solo texto sobre violencia de g\u00e9nero entre los huicholes (comunicaci\u00f3n personal, 03\/03\/2021).<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien en las \u00faltimas d\u00e9cadas se ha denunciado insistentemente la violencia contra la mujer y, en menor medida, la violencia contra la mujer ind\u00edgena, observamos que en gran parte de estos se\u00f1alamientos dominan interpretaciones que reconocen la existencia de violencias, pero al mismo tiempo se evita incluir ciertos aspectos y se proponen interpretaciones que los excluyen y convalidan otros. Seg\u00fan Mu\u00f1iz y Corona, la violencia contra la mujer en contextos ind\u00edgenas es en gran medida encubierta \u201c[\u2026] con el discurso de la preservaci\u00f3n cultural. As\u00ed cualquier tipo de violencia f\u00edsica o mental sobre las mujeres ind\u00edgenas, se explica desde sus costumbres y tradiciones ancestrales\u201d (1996: 42).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que queda claro en las escasas etnograf\u00edas es que la violencia de g\u00e9nero es generada y protegida por la cultura de los pueblos originarios, pues en lugar de describir y analizar los usos y costumbres violentos, muchos de los estudios, incluida una parte de los feministas, remiten las explicaciones a procesos \u201cexternos\u201d. De tal manera que las violencias son remitidas a la sociedad mestiza, a la situaci\u00f3n colonial, al racismo, a la explotaci\u00f3n de la mujer por los blancos, a la violencia antifemenina de los caciques, a las violencias del crimen organizado e inclusive a las violencias castrenses, pero sin describir espec\u00edficamente las violencias intrafamiliares. Y si bien no niego el importante papel que cumplen las violencias enumeradas; sin embargo, el n\u00facleo de las violencias contra la mujer son intrafamiliares e intracomunitarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Subrayo que tenemos muy escasos estudios sobre homicidios en general, y los pocos que existen han sido desarrollados por antrop\u00f3logos extranjeros. M\u00e1s a\u00fan, se suele reconocer que la brujer\u00eda puede causar muertes en ni\u00f1os y tambi\u00e9n en adultos, pero salvo excepciones (Pe\u00f1a, 2006) no tenemos estudios locales referidos a infanticidios, pese a que aparecen como parte de los usos y costumbres. M\u00e1s a\u00fan, en el \u00e1mbito nacional se han incrementado en los \u00faltimos a\u00f1os los homicidios infantiles, que son cometidos casi en su totalidad por familiares de la v\u00edctima (Hern\u00e1ndez Bringa, 2007). Por lo que la mayor\u00eda de las violencias f\u00edsicas y emocionales, as\u00ed como los homicidios se dan entre miembros de la familia y de personas cercanas. En otras palabras, la gran mayor\u00eda de las violencias no son ejercidas contra los sujetos y grupos que los explotan y racializan, sino contra miembros de su comunidad o de comunidades ind\u00edgenas cercanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Considero importante mencionar que los antrop\u00f3logos no describen ni analizan las muertes corporativas expresadas sobre todo en las venganzas de sangre, pese a que han sido se\u00f1aladas por autores extranjeros y reconocidas, pero no estudiadas, por especialistas mexicanos. Ahora bien, como lo he se\u00f1alado (Men\u00e9ndez, 2012) en forma expl\u00edcita e impl\u00edcita, los antrop\u00f3logos locales y de Latinoam\u00e9rica, en general, suelen considerar que las violencias y sobre todo los homicidios no son parte de la cultura, lo que se evidencia m\u00e1s all\u00e1 de las palabras en la escasez de este tipo de estudios locales. Sin embargo, las violencias y homicidios han sido reconocidos y estudiados en M\u00e9xico por antrop\u00f3logos extranjeros desde por lo menos 1940, cuando Ruth Bunzell publica su texto sobre los chamulas; le siguieron los textos de Carmen Viqueira y \u00c1ngel Palerm (1954) sobre los totonacas; y en las d\u00e9cadas siguientes los de Henry Favre (1964), Lola Romanucci-Ross (1973), Veronique Flanet (1977, 1986), James Greenberg (1989), sobre diversos grupos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por m\u00e1s que los especialistas mexicanos saben de las violencias homicidas en las comunidades que investigan, muy pocos las estudian; Jaime Page, uno de los mejores estudiosos de los procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span> ind\u00edgenas (comunicaci\u00f3n personal, 2021), no conoce estudios sobre homicidios en grupos originarios de Chiapas y concluye que en algunos municipios es un tema tab\u00fa. A su vez, De Keizer (comunicaci\u00f3n personal, 2021), uno de los mayores especialistas en violencia masculina, desconoce la existencia de trabajos sobre homicidios y otras violencias en grupos \u00e9tnicos; una excepci\u00f3n es el trabajo de Zuanilda Mendoza (2013) respecto de los triquis, que es para m\u00ed el principal aporte etnogr\u00e1fico de la antropolog\u00eda mexicana a la descripci\u00f3n y an\u00e1lisis de la violencia en un pueblo originario en el que la violencia es parte estructural de la vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia dom\u00e9stica, seg\u00fan Jane Collier (2009), ha sido estructural en los grupos \u00e9tnicos, y si bien se han dado cambios, dichas violencias siguen existiendo como parte normalizada de las relaciones de g\u00e9nero legitimadas por la comunidad. Es en gran medida por esta normalizaci\u00f3n cultural que las mujeres y los ni\u00f1os no denuncian las agresiones, pues hasta una parte de las mujeres consideran que es normal que las violenten. M\u00e1s a\u00fan, las autoridades comunitarias apoyan a los violentadores y secundarizan o niegan las escasas demandas planteadas por las mujeres. \u201cEntre las mujeres existe desconfianza con respecto a acudir a las instancias de procuraci\u00f3n de justicia a levantar un acta, porque [\u2026] las autoridades son masculinas y tienden a favorecer a sus cong\u00e9neres\u201d (D\u2019Aubeterre, 2003: 54).<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien en las revistas feministas mexicanas hay referencias a la violencia contra la mujer en general y respecto de los grupos ind\u00edgenas en particular desde por lo menos la d\u00e9cada de 1970, los primeros trabajos sistem\u00e1ticos sobre estas violencias en los grupos ind\u00edgenas mexicanos fueron impulsados por Soledad Gonz\u00e1lez, aunque concentrados en Cuetzalan (Puebla) (Gonz\u00e1lez, 1998, 2004, 2009; v\u00e9ase tambi\u00e9n Mej\u00eda y Mora, 2005). Pero fue la tesis de Graciela Freyermuth la que en 2000 desarroll\u00f3 en profundidad etnogr\u00e1fica la violencia antifemenina en una zona de Chiapas.<\/p>\n\n\n\n<p>Considero que el ocultamiento de estos procesos por gran parte de la producci\u00f3n antropol\u00f3gica, m\u00e1s que encubrir el problema, limita o impide la posibilidad de reducir y de ser posible erradicar la violencia. Hay que asumir desde el principio que estas violencias ind\u00edgenas son parte de las condiciones de violencia dominantes en M\u00e9xico como sociedad y que adquieren en los pueblos originarios caracter\u00edsticas particulares. Adem\u00e1s, dichas violencias \u2013en el \u00e1mbito nacional y particular\u2013 pueden estar relacionadas con procesos que las pueden incrementar, como han sido los programas de planificaci\u00f3n familiar impulsados desde las d\u00e9cadas de los setenta y ochenta, la p\u00e9rdida del estatus social y econ\u00f3mico del var\u00f3n, dado que cada vez es menos el \u00fanico proveedor del grupo familiar; la inclusi\u00f3n de la mujer en el proceso laboral, el proceso migratorio masculino que deja durante meses o a\u00f1os sola a la mujer, aunque controlada por el grupo familiar. Considero que hay que evidenciar en toda su significaci\u00f3n estas violencias para que las asumamos, en lugar de marginarlas y negarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos epidemiol\u00f3gicos una situaci\u00f3n especial la constituye la carencia de estudios sobre las enfermedades y padecimientos que, pese a impactar en sus vidas, desconocen los pueblos ind\u00edgenas, pues solo lo abordan algunos trabajos puntuales. Est\u00e1 el estudio de Horacia Fajardo sobre los huicholes, quien se\u00f1ala que \u201cpacientes de diferente edad con signos obvios de enfermedades nutricionales como anemia, avitaminosis o debilidad extrema por falta de alimento, no fueron catalogados como enfermos por \u2018el costumbre\u2019\u201d (2007: 141; v\u00e9ase tambi\u00e9n Cort\u00e9s, 2015). Estudios m\u00e9dicos y ecol\u00f3gicos, pero tambi\u00e9n antropol\u00f3gicos (P\u00e9rez Camargo, 2020; Valdez Tah, 2015), han evidenciado el desconocimiento por la poblaci\u00f3n y por los curadores tradicionales de la enfermedad de Chagas en Yucat\u00e1n. Tambi\u00e9n tenemos el caso del <span class=\"small-caps\">vih<\/span>-sida que, pese a ser una importante causa de mortalidad entre la poblaci\u00f3n ind\u00edgena (Freyermuth, 2017), es escasamente estudiado. Patricia Ponce concluye que \u201cEs patente el profundo desinter\u00e9s por parte de los cient\u00edficos sociales para desarrollar pesquisas sobre concepciones, valores y pr\u00e1cticas sexuales, identidades de g\u00e9nero, diversidad sexo gen\u00e9rica, homofobia, homoerotismo, estigma, discriminaci\u00f3n y <span class=\"small-caps\">vih<\/span>\/sida (Ponce, 2008: 1; v\u00e9ase tambi\u00e9n Ponce, 2011; N\u00fa\u00f1ez, 2011; Mu\u00f1oz, 2022, 2023).<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien en los \u00faltimos a\u00f1os se ha desarrollado la investigaci\u00f3n de g\u00e9nero y procesos de <span class=\"small-caps\">seap<\/span>, esta se focaliz\u00f3 en la mujer, en especial a trav\u00e9s de los estudios sobre mortalidad materna; pero pr\u00e1cticamente no existen estudios sobre el g\u00e9nero masculino y sobre gays, lesbianas y transg\u00e9neros en los pueblos originarios, salvo contadas excepciones. En el caso del var\u00f3n esta carencia es significativa porque, seg\u00fan Freyermuth (2017), con datos hasta 2014, las tasas de mortalidad de los varones ind\u00edgenas duplican las de las mujeres y en los municipios donde hay 70% y m\u00e1s de poblaci\u00f3n ind\u00edgena, las diferencias son a\u00fan mayores. No contamos con datos sobre qu\u00e9 g\u00e9nero se enferma m\u00e1s, aunque se se\u00f1ala que la mujer es quien concurre m\u00e1s a atenci\u00f3n con <span class=\"small-caps\">mt<\/span> y con biomedicina, pero sin un desarrollo etnogr\u00e1fico preciso. Lo mismo ocurre respecto de la autoatenci\u00f3n de los padecimientos a nivel familiar, ya que se da por sentado que est\u00e1 a cargo de la mujer, pero el trabajo etnogr\u00e1fico es escaso (Cortez, 2015).<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la perspectiva epidemiol\u00f3gica, es necesario reconocer que a partir de las investigaciones de Berrio, Freyermuth, Mu\u00f1oz y Sesia se ha desarrollado una importante corriente de estudios epidemiol\u00f3gicos sobre pueblos originarios de Chiapas, Oaxaca y Guerrero que han permitido tener una visi\u00f3n cada vez m\u00e1s precisa de la mortalidad y morbilidad de los mismos. Ponce s\u00ed ha generado este tipo de estudios, pero referidos solo al <span class=\"small-caps\">vih<\/span>-sida y especialmente en Veracruz. La mayor\u00eda de estos estudios se centran en lo alop\u00e1tico y no incluyen lo tradicional como parte de la carrera del enfermo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Mortalidad materna, parto, matrimonios y sexualidades<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Hay toda una serie de procesos epidemiol\u00f3gicos que tienen que ver directa e indirectamente con el embarazo, el parto y el puerperio, que evidencian tambi\u00e9n exclusiones o producciones reducidas, salvo en los casos de los grupos coordinados por Freyermuth y por Paola Sesia en Chiapas y en Oaxaca, respectivamente, que han dado a conocer las altas tasas de mortalidad materna en las zonas ind\u00edgenas, as\u00ed como tambi\u00e9n su paulatina disminuci\u00f3n aunque mantienen notorias diferencias con la media nacional. Ya en 2001 la Secretar\u00eda de Salud se\u00f1alaba que las mujeres ind\u00edgenas tienen un riesgo de morir tres veces mayor a las no ind\u00edgenas por causas relacionadas con la maternidad, lo que se mantiene en 2011 (Freyermuth y Luna, 2014). Pero, adem\u00e1s, se observa que 87% de las mujeres muertas en los Altos de Chiapas entre 1989 y 1993 no hab\u00edan recibido atenci\u00f3n m\u00e9dica (Freyermuth y Meneses, 2006: 6). Freyermuth y Arguello (2018) muestran esta situaci\u00f3n en 1990 y en 2015, ya que a pesar de un descenso de la mortalidad materna en Chiapas y en Oaxaca, sigue siendo mucho m\u00e1s alta la tasa de mortalidad en mujeres ind\u00edgenas que en no ind\u00edgenas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las m\u00e1s altas tasas de mortalidad materna se han dado cuando en la atenci\u00f3n del parto dominaba la medicina tradicional y puede correlacionarse, por lo menos parte del descenso, con un incremento de la asistencia biom\u00e9dica, m\u00e1s all\u00e1 de la violencia obst\u00e9trica y de que dicha asistencia fue cuestionada por parte de la poblaci\u00f3n nativa. Como evidencian Sesia y Freyermuth (2017), pese a las altas tasas de mortalidad materna ocurridas entre 2004 y 2007 en Oaxaca, necesitamos asumir que estas son m\u00e1s altas a\u00fan, dado el alto nivel de subregistro que existe en las zonas ind\u00edgenas, que la autora calcula entre 40% y 50%. Subraya que 75% de las defunciones en zonas ind\u00edgenas se dieron en la casa; m\u00e1s a\u00fan: \u201cEl 44% de las mujeres en los municipios ind\u00edgenas que fallecieron por mortalidad materna dieron luz a solas o atendidas por un familiar [\u2026] el 33% fueron atendidas por parteras emp\u00edricas, y s\u00f3lo 21% tuvieron atenciones m\u00e9dicas por personal de salud calificado\u201d (Sesia y Freyermuth, 2017: 232). Pero, adem\u00e1s, 60% de la mortalidad infantil en 2013 se daba en zonas ind\u00edgenas (<em>La Jornada<\/em>, 20\/08\/2014). Ante estas cifras, la autora llega a cuestionar en un trabajo previo: \u201cla imagen a veces rom\u00e1ntica que existe sobre todo en cierta literatura antropol\u00f3gica con respecto a la importancia cultural y m\u00e9dica de terapeutas tradicionales en comunidades ind\u00edgenas\u201d (Sesia <em>et al.,<\/em> 2007: 27).<\/p>\n\n\n\n<p>La alta mortalidad materno\/infantil en zonas ind\u00edgenas ha sido documentada peri\u00f3dicamente por la Organizaci\u00f3n Panamericana de la Salud a trav\u00e9s de investigaciones sobre la salud de las Am\u00e9ricas, pero tambi\u00e9n por medio de investigaciones antropol\u00f3gicas hechas en varios pa\u00edses de Latinoam\u00e9rica. En el caso de Bolivia se se\u00f1ala no solo la alta mortalidad materna, sino que \u201c[\u2026] por cada mujer que muere por causas atribuibles al embarazo, parto y puerperio, alrededor de treinta sobreviven con su salud sexual y reproductiva severamente comprometida. Los hu\u00e9rfanos sobrevivientes tambi\u00e9n sufren problemas de salud, crecimiento y desarrollo muy bien documentado en diferentes investigaciones\u201d (Uriburu, 2006: 173). Aclaro que en M\u00e9xico no contamos con este tipo de investigaciones; como tampoco con estudios sobre el s\u00edndrome de alcoholismo fetal, que en M\u00e9xico puede ser muy alto dada la alta ingesta de alcohol en mujeres ind\u00edgenas, que se expresa parcialmente a trav\u00e9s de sus altas tasas de mortalidad por cirrosis hep\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien las parteras emp\u00edricas constituyen el tipo de curador tradicional m\u00e1s estudiado en M\u00e9xico, la mayor\u00eda de estos estudios no describen ni analizan la posible mortalidad durante el embarazo, el parto y el puerperio tratados por las parteras. Destacados especialistas (Berrio, Castro, Freyermuth, Salas, Sesia) no conocen trabajos sobre mortalidad en partos realizados por parteras (comunicaci\u00f3n personal, 2020\/2021); mientras Jaime Page (comunicaci\u00f3n personal, 2018) se\u00f1ala que las parteras y otros curadores tradicionales con quienes ha platicado sostienen que nunca se les mueren los pacientes. Para Berrio, la mortalidad de madre e hijos en el proceso de parto con parteras es un tema tab\u00fa; en mi comunicaci\u00f3n por lo menos con cuatro especialistas no obtuve informaci\u00f3n sobre mortalidad en parto, pese a que han tenido experiencias directas de muerte. Dichas experiencias refieren no solo a la mortalidad materna, sino tambi\u00e9n a la mortalidad neonatal. Obviamente esta mortalidad no se consigna, pues puede conducir a situaciones legales; pero, adem\u00e1s, dicha omisi\u00f3n ocurre por el dominio de miradas que tratan de evitar discriminaciones racistas mitificando en gran medida la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La mortalidad materna y la mortalidad neonatal han ido descendiendo por varias razones, entre ellas, la aplicaci\u00f3n sistem\u00e1tica del programa de planificaci\u00f3n familiar (<span class=\"small-caps\">pf<\/span>) que ha generado una notoria disminuci\u00f3n del n\u00famero de nacimientos y, por lo tanto, de partos. Si bien este programa inicialmente oper\u00f3 menos en zonas ind\u00edgenas y fue rechazado por la poblaci\u00f3n y por gran parte de las parteras, se fue imponiendo y en la actualidad excluy\u00f3 a las parteras del trabajo de parto. Una de las principales t\u00e9cnicas de <span class=\"small-caps\">pf<\/span> ha sido la esterilizaci\u00f3n de mujeres, la que casi no ha sido estudiada por la antropolog\u00eda mexicana, incluida la antropolog\u00eda feminista (Men\u00e9ndez, 2009).<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, hay muy pocas investigaciones sobre el papel y las reacciones del var\u00f3n ante la aplicaci\u00f3n de la <span class=\"small-caps\">pf<\/span> a sus mujeres; se se\u00f1alan \u2013como vimos\u2013 algunas reacciones violentas, pero sin un desarrollo etnogr\u00e1fico que lo sustente. Si el machismo y el poder del var\u00f3n sobre su mujer es tan fuerte como se se\u00f1ala, \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3 para que ellos aceptaran la aplicaci\u00f3n de t\u00e9cnicas anticonceptivas, inclusive definitivas, a sus mujeres? Es importante hacernos esta pregunta, especialmente porque, seg\u00fan el refr\u00e1n mexicano, para los hombres: \u201cla mujer siempre cargada como el fusil, y detr\u00e1s de la puerta\u201d. La antropolog\u00eda feminista en particular ha enfatizado el fuerte r\u00e9gimen patriarcal dominante en los pueblos originarios, pero no describen, analizan ni explican c\u00f3mo, pese a dicho r\u00e9gimen patriarcal, se impuso la <span class=\"small-caps\">pf,<\/span> incluidas las esterilizaciones. Seg\u00fan Berrio, Haro, N\u00fa\u00f1ez y Sesia no existen estudios etnogr\u00e1ficos sobre c\u00f3mo reaccionaron los varones frente a la <span class=\"small-caps\">pf<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los problemas m\u00e1s agudos que operan en los pueblos originarios y, por supuesto, no solo en ellos, refiere a los matrimonios infantiles como parte de los usos y costumbres (Naciones Unidas\/<span class=\"small-caps\">cepal<\/span> 2021). Las ni\u00f1as son casadas entre los nueve y los 14 a\u00f1os, y en algunos casos a\u00fan a menor edad (Ju\u00e1rez, 2016). Seg\u00fan la <span class=\"small-caps\">onu<\/span>, una de cada cinco mujeres en M\u00e9xico se casa siendo ni\u00f1a (Ju\u00e1rez, 2016a); de acuerdo con el Unicef, esen los grupos ind\u00edgenas de Am\u00e9rica Latina donde estos matrimonios son m\u00e1s frecuentes, constituyendo la \u00fanica regi\u00f3n en la que no disminuye el matrimonio infantil (Poy Solano, 2018). Dichos matrimonios est\u00e1n basados en usos y costumbres, es decir, est\u00e1n justificados por las culturas nativas, de tal manera que las mujeres que tratan de evitar el matrimonio forzado seven expuestas, por lo menos en comunidades del estado de Guerrero, a ser privadas de la libertad por la familia del c\u00f3nyuge, a que les arrebaten a los hijos o, inclusive, a que las encarcelen, como asever\u00f3 recientemente Abel Barrera, reconocido defensor de los pueblos originarios (Xantomila, 2023). Es el caso de una ni\u00f1a de 14 a\u00f1os que se neg\u00f3 a casarse con otro ni\u00f1o, casamiento que hab\u00eda arreglado su familia, que recibir\u00eda 200,000 pesos mexicanos cuando la casaran; pero, dado que esta ni\u00f1a rechaz\u00f3 el matrimonio, fue encarcelada por la polic\u00eda comunitaria (Guerrero, 2021).<\/p>\n\n\n\n<p>Estos procesos se dan por lo menos en grupos originarios de Chiapas, Michoac\u00e1n, Oaxaca, San Luis Potos\u00ed y Veracruz (Bellato y Miranda, 2016; Garc\u00eda G\u00f3mez, 2017; Camacho, 2017), donde en los \u00faltimos a\u00f1os se ha documentado period\u00edsticamente el rechazo de ni\u00f1as a casarse con consecuencias negativas para ellas. Los usos y costumbres en algunos contextos pueden adquirir caracter\u00edsticas especiales, como la ocurrida con una joven ind\u00edgena de 16 a\u00f1os en una comunidad de Veracruz, donde las autoridades comunales trataron de casarla con el sujeto que la viol\u00f3 (<em>Refoma<\/em>, 26\/12\/2019). Necesitamos asumir que en estas violencias operan estructuras de reciprocidad que articulan los homicidios con las necesidades comunitarias. Seg\u00fan Mendoza (2013), una mujer triqui le inform\u00f3 que un sujeto mat\u00f3 a su esposo y que las autoridades comunales propusieron que el asesino se casara con ella con el objetivo de hacerse cargo de la familia. O, en otros casos, las autoridades comunales no solo no detienen al violador, sino que \u00fanicamente le imponen una multa, como ocurri\u00f3 en una comunidad chiapaneca (Henr\u00edquez, 2003). M\u00e1s a\u00fan, en el Valle del Mezquital dos m\u00e9dicos acusados de violar a una menor solo tuvieron que pagar una multa de 35,000 pesos a la familia de la ni\u00f1a (Camacho, 2003). En gran medida, debido a los usos y costumbres, la <span class=\"small-caps\">onu\/cepal<\/span> (2021) estima que hay un notable subregistro de casos porque son ocultados por la comunidad, pero tambi\u00e9n por quienes estudian estos hechos. La base de estos usos y costumbres es la venta de la ni\u00f1a a sujetos generalmente adultos que pagan una dote, casi siempre en dinero en la actualidad, ya que, hasta hace pocos a\u00f1os, lo que se pagaba correspond\u00eda a las bebidas y comidas que implicaba el matrimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en los otros campos de estudio se\u00f1alados, no tenemos etnograf\u00edas de estos usos y costumbres, dado que si bien esta situaci\u00f3n ha sido planteada desde la d\u00e9cada de 1980 por organizaciones sociales de orientaci\u00f3n feminista, son escasos los textos antropol\u00f3gicos, pese a que activistas ind\u00edgenas, como el abogado Abel Barrera, denunciaron y solicitaron la intervenci\u00f3n del gobierno para eliminar las ventas matrimoniales. Sin embargo, siguen dominando visiones indigenistas que omiten u ocultan los usos y costumbres negativos normalizados culturalmente, de tal manera que para los varones y tambi\u00e9n para la mayor\u00eda de las mujeres la violencia es parte de su normalidad cultural: \u201cDebemos pugnar porque el indigenismo haga consciente el derecho a cuestionar la propia cultura y cambiar pr\u00e1cticas contrarias a los derechos humanos de los grupos indios, en particular de las mujeres, sobre todo en lo relacionado con la violencia dom\u00e9stica. Que asume que no todo lo tradicional es bueno o concibe lo ancestral como id\u00edlico y deseable\u201d (Mu\u00f1iz y Corona, 1996: 58).<\/p>\n\n\n\n<p>Subrayo que estos procesos no se dan solo en los pueblos originarios, sino que son parte de otros sectores sociales; pero es en los pueblos indios donde aparece legitimado culturalmente. M\u00e9xico, seg\u00fan la Organizaci\u00f3n para la Cooperaci\u00f3n y el Desarrollo Econ\u00f3mico (<span class=\"small-caps\">ocde<\/span>), es el pa\u00eds del mundo con mayor abuso sexual de ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes (G\u00f3mez, 2023); las ni\u00f1as ind\u00edgenas constituyen 45% de las menores v\u00edctimas de trata (Largner, 2018); m\u00e1s a\u00fan, el abuso sexual por parte de profesores y funcionarios en escuelas primarias y secundarias de Quer\u00e9taro es la principal denuncia que registra la Comisi\u00f3n Estatal de Derechos Humanos por parte del sector ind\u00edgena (Ch\u00e1vez, 2004). Es el conjunto de estos procesos lo que necesitamos asumir a nivel nacional, latinoamericano y, sobre todo, de las comunidades originarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Ligado estrechamente a los problemas se\u00f1alados, tenemos la cuesti\u00f3n del embarazo adolescente, que no solo se da en zonas ind\u00edgenas, pero que ocurre en ellas en mayor porcentaje. Gran parte de dichos embarazos aparecen ligados a las violencias de g\u00e9nero; de tal manera que en M\u00e9xico 11 000 ni\u00f1as son embarazadas anualmente como consecuencia de la violencia sexual cometida principalmente en la familia, seg\u00fan la directora de Instituto Nacional de las Mujeres (Mart\u00ednez, 2019; <em>La Jornada<\/em>, 2019). En 2015 y 2016, m\u00e1s de mil ni\u00f1as de entre diez y 14 a\u00f1os que resultaron embarazadas en su mayor\u00eda fueron producto de violaci\u00f3n sexual y \u201cfueron forzadas a continuar con su embarazo\u201d (<em>La Jornada<\/em>, 2017). La titular del Consejo Nacional de Poblaci\u00f3n (Conapo) consider\u00f3 que, durante el confinamiento generado por la pandemia, se habr\u00edan incrementado en 30% los embarazos de adolescentes. Seg\u00fan Gabriela Rodr\u00edguez, 27.5% de los abusos es generado por los t\u00edos, 15% por otro familiar, 13% por alguien conocido, 9.3% por un hermano y 6.6% por el pap\u00e1 (Rodr\u00edguez, 2021). Este proceso es m\u00e1s frecuente en las zonas marginadas de Chiapas, Tabasco, Coahuila y Guerrero, sobre todo en zonas de prevalencia ind\u00edgena, siendo parte de los usos y costumbres (Rodr\u00edguez, 2021, 2021a, 2023).<\/p>\n\n\n\n<p>La sexualidad constituye uno de los campos m\u00e1s excluidos por parte de los estudios de <span class=\"small-caps\">mt<\/span>, pues la sexualidad femenina, masculina y de otros g\u00e9neros es pr\u00e1cticamente ignorada. No hay estudios sobre el erotismo, la diversidad sexual, los orgasmos, la masturbaci\u00f3n o la disfunci\u00f3n er\u00e9ctil, pese a que, por ejemplo, se ha sostenido que la anorgasmia (incapacidad de experimentar orgasmos) afecta a 40% de las mujeres urbanas y a 80% de las rurales, lo que ser\u00eda producto de la represi\u00f3n sexual femenina (Hern\u00e1ndez, 2005).Tampoco hay estudios sobre el aborto, aunque parad\u00f3jicamente tenemos estudios sobre t\u00e9cnicas abortivas en los grupos ind\u00edgenas mexicanos; tambi\u00e9n carecemos de trabajos sobre la infertilidad y, en especial, sobre la esterilidad por g\u00e9nero, ya que los escasos datos con que contamos indican que la infertilidad es atribuida comunitariamente a la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un proceso que tiene importancia en s\u00ed mismo, pero que se ha potenciado dada la expansi\u00f3n del <span class=\"small-caps\">vih<\/span>-sida, me refiero al estudio de la diversidad sexual y de manera particular de la homosexualidad que, seg\u00fan Guillermo N\u00fa\u00f1ez, poco o nada se ha trabajado en M\u00e9xico y menos a\u00fan en los pueblos originarios (2009: 8). Seg\u00fan N\u00fa\u00f1ez, esta ausencia \u201cse deriva de que la homosexualidad o cualquier disidencia entre los ind\u00edgenas no existe o no es propia de su sociedad, sino una expresi\u00f3n decadente producto de la influencia \u2018exterior\u2019\u201d (2009: 14). Plantean varios analistas, especialmente Patricia Ponce, que la bisexualidad masculina tiene como consecuencia la transmisi\u00f3n del <span class=\"small-caps\">vih<\/span>-sida por los varones a sus esposas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, el conjunto de los procesos analizados expresa caracter\u00edsticas b\u00e1sicas de las culturas de los pueblos originarios, pero sobre todo una: la subordinaci\u00f3n social, cultural, pol\u00edtica y sexual de la mujer no solo al hombre sino a su comunidad, a su cultura. Si bien en los \u00faltimos a\u00f1os algunas mujeres est\u00e1n logrando acceder a cargos pol\u00edticos comunitarios, estatales y nacionales, dichos logros siguen siendo m\u00ednimos, ya que las comunidades contin\u00faan desarrollando estrategias para excluirlas del poder pol\u00edtico. Aunque es creciente la demanda femenina contra la violencia y la subordinaci\u00f3n, por lo menos hasta ahora la mayor\u00eda de los analistas reconocen que la mujer sigue estando subordinada al var\u00f3n, a la familia del esposo, a su comunidad y a su cultura. La asamblea de San Bartolo Coyotepec (Oaxaca) eligi\u00f3 presidente municipal a Rutilio Pedro Aguilar, quien declar\u00f3 personas no gratas a las mujeres que se han manifestado por el respeto a sus derechos pol\u00edticos electorales. Se decidi\u00f3 que las mujeres no pueden ser regidoras ni presidentas municipales. Esta decisi\u00f3n se tom\u00f3 en una asamblea a la que asistieron 900 personas, en su mayor\u00eda mujeres; sin embargo, el sometimiento es tal que, al ser postuladas las propias f\u00e9minas, con cabeza agachada, ped\u00edan no ser incluidas excusando que no pod\u00edan cumplir con la regidur\u00eda (P\u00e9rez, 2014).<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante que la antropolog\u00eda feminista ha planteado varios de los procesos enumerados, en las corrientes antropol\u00f3gicas o en las orientaciones pol\u00edticas e ideol\u00f3gicas dominan las tendencias a no analizar dichos procesos. Y no solo se trata del indigenismo nacionalista, expresado en gran medida por el gobierno actual, sino de las corrientes poscoloniales y decoloniales, as\u00ed como tambi\u00e9n de sectores del Ej\u00e9rcito Zapatista de Liberaci\u00f3n Nacional (<span class=\"small-caps\">ezln<\/span>) que colocan el n\u00facleo de las violencias contra las mujeres en el \u201ccapitalismo macho\u201d occidental, lo que expresa un mecanicismo ideol\u00f3gico que tiene poco que ver con lo que ocurre en la realidad. No cabe duda de que en los diferentes pa\u00edses capitalistas \u201coccidentales\u201d se ejercen violencias de todo tipo contra las mujeres, pero no son en estos pa\u00edses donde se dan las formas m\u00e1s frecuentes, crueles y asesinas contra la mujer, sino que es en pa\u00edses capitalistas no occidentales como Afganist\u00e1n, Ir\u00e1n o Arabia Saudita. Es en estas sociedades donde las mujeres pueden ser lapidadas por adulterio, donde refranes se\u00f1alan que vale m\u00e1s una vaca que una mujer, donde las mujeres no pueden bailar ni cantar p\u00fablicamente. Por lo que mientras sigamos jugando a lo ideol\u00f3gico, tanto para omitir\/ocultar los procesos enumerados, como para interpretarlos sesgadamente, no solo no vamos a interpretar y movilizar la realidad, sino que seguiremos contribuyendo a la persistencia de esas violencias, vej\u00e1menes y sufrimientos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Aguirre Bertr\u00e1n, Gonzalo (1986). <em>Antropolog\u00eda m\u00e9dica<\/em>. M\u00e9xico: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog\u00eda Social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Bellato, Liliana y Carlos Miranda (2016). <em>Diagn\u00f3stico de la violencia contra las mujeres por razones de g\u00e9nero en el estado de Chiapas. 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Propuesta metodol\u00f3gica para evaluar la pol\u00edtica p\u00fablica en salud\u201d, en <em>Realidad, Datos y Espacio,<\/em> vol. 5, n\u00fam. 3, pp. 44-61.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 y Hilda Arguello (2018). \u201cMaternal Mortality of Indigenous Women in Mexico: An Analysis from the Perspective of Human Rights\u201d, en D. Schwartz (ed.). <em>Maternal Death and Pregnancy-Related Morbidity Among Indigenous Women of Mexico and Central America<\/em>. Global Maternal and Child Health. Springer, Cham. https:\/\/doi.org\/10.1007\/978-3-319-71538-4_20<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Fr\u00edas, Sonia (ed.) (2021). <em>Violencia de g\u00e9nero en contra de mujeres y ni\u00f1as ind\u00edgenas en M\u00e9xico en contextos p\u00fablicos, privados e institucionales<\/em>. Cuernavaca: <span class=\"small-caps\">unam\/crim<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2021a). \u201cViolencia sexual en contra de las mujeres y ni\u00f1os ind\u00edgenas. Limitaciones y alcances de la <span class=\"small-caps\">endireh<\/span> 2016\u201d, en Sonia Fr\u00edas (ed.) .<em>Violencias de g\u00e9nero en contra de mujeres y ni\u00f1as ind\u00edgenas en M\u00e9xico en contextos p\u00fablicos, privados e institucionales<\/em>. M\u00e9xico: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, <span class=\"small-caps\">unam<\/span>, pp. 353-388.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Friedrich, Paul (1991). <em>Los pr\u00edncipes de Naranja<\/em>. M\u00e9xico: Grijalbo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Gallardo, Juan (2002). <em>Medicina tradicional p\u2019urhepecha<\/em>. Zamora: El Colegio de Michoac\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Gamlin, Jennie (2020). \u201cYou See, We Women, We Can\u2019t Talk, We Can\u2019t Have an Opinion\u201d. The Coloniality of Gender and Childbirth Practices in Indigenous <em>Wixarika<\/em> Families\u201d, <em>Social Science &amp; Medicine<\/em>, vol. 252, pp. 1-8.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Garc\u00eda G\u00f3mez, Martha Elena (2017). \u201cMatrimonio infantil en M\u00e9xico: discriminaci\u00f3n de g\u00e9nero\u201d, <em>Pluralidad y Consenso<\/em> 7(31), pp. 134-147.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Gonz\u00e1lez, Soledad (1998). \u201cLa violencia dom\u00e9stica y sus repercusiones en la salud reproductiva en una zona ind\u00edgena\u201d, en Asociaci\u00f3n Mexicana de Poblaci\u00f3n. <em>Los silencios de la salud reproductiva: violencia, sexualidad y derechos reproductivos<\/em>. M\u00e9xico: El Colegio de M\u00e9xico, pp. 17-54.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2004). \u201cLa violencia conyugal y la salud de las mujeres desde la perspectiva tradicional en una zona ind\u00edgena\u201d, en Marta Torres (comp.). <em>Violencia contra las mujeres en contextos urbanos y rurales<\/em>. M\u00e9xico: El Colegio de M\u00e9xico, pp. 153-194.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2009). \u201cViolencia contra las mujeres, derechos y ciudadan\u00eda en contextos rurales e ind\u00edgenas de M\u00e9xico\u201d, <em>Convergencia<\/em>, 16(50), pp. 165-185.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">G\u00f3mez Mena, Carolina (2023). \u201cM\u00e9xico, primer lugar del mundo en abuso infantil, se\u00f1ala la <span class=\"small-caps\">ocde<\/span>\u201d, <em>La Jornada, <\/em>https:\/\/www.jornada.com.mx\/2023\/03\/11\/politica\/011n1pol Consultado el 22 de enero de 2023.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Guerrero, Jes\u00fas (2021). \u201cRescatan a ni\u00f1a que fue encarcelada por rehusarse a casarse\u201d, <em>Reforma, <\/em>https:\/\/www.reforma.com\/rescatan-a-nina-que-fue-encarcelada-por-rehusarse-a-casarse\/ar2303239 Consultado el 25 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Greenberg, James (1989). <em>Blood Ties and Violence in Rural M\u00e9xico<\/em>. Tucson: University Arizona Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Henr\u00edquez, Elio (2003). \u201cPor dos mil pesos liberan al violador de una mujer tzotzil en comunidad chiapaneca\u201d, <em>La Jornada<\/em>, https:\/\/www.jornada.com.mx\/2003\/12\/02\/031n2est.php?origen=estados.php&amp;fly= Consultado el 25 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Hern\u00e1ndez Bringas, H\u00e9ctor (coord.) (2007). <em>Los indios de M\u00e9xico en el siglo <span class=\"small-caps\">xxi<\/span><\/em>. M\u00e9xico: <span class=\"small-caps\">unam\/crim<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Hern\u00e1ndez, Lindsay (2005). \u201cPadecen anorgasmia 80% de mexicanas en el sector rural\u201d, <em>La Jornada<\/em>, https:\/\/www.jornada.com.mx\/2005\/09\/08\/index.php?section=ciencias&amp;article=a02n1cie Consultado el 16 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Imberton, Gracia (2002). <em>La verg\u00fcenza: enfermedad y conflicto en una comunidad ch\u2019ol<\/em>. San Crist\u00f3bal de las Casas: <span class=\"small-caps\">unam<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Inhorn, Marcia y Peter Brown (1990). \u201cAnthropology of Infectious Disease\u201d, <em>Annual Review of Anthropology,<\/em> vol. 19, pp. 89-117.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Ju\u00e1rez, Blanca (2016). \u201cUna de cada cinco mujeres en M\u00e9xico se casa siendo ni\u00f1a, advierte <span class=\"small-caps\">onu<\/span>\u201d, <em>La Jornada, <\/em>https:\/\/www.jornada.com.mx\/2016\/12\/30\/sociedad\/029n2soc Consultado el 16 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2016a). \u201cV\u00edctimas de \u2018pr\u00e1cticas nocivas\u2019, m\u00e1s de 23 mil ni\u00f1as son madres\u201d, <em>La Jornada<\/em>, https:\/\/www.jornada.com.mx\/2016\/01\/17\/sociedad\/031n1soc Consultado el 25 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Largner, Ana (2018). \u201cSon ni\u00f1as ind\u00edgenas 45% de las menores v\u00edctimas de trata\u201d, <em>La Jornada <\/em>https:\/\/www.jornada.com.mx\/2018\/10\/05\/politica\/016n3pol Consultado el 22 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\"><em>La Jornada<\/em> (2017). \u201cMil menores de edad fueron forzadas a continuar su embarazo en Veracruz\u201d https:\/\/www.jornada.com.mx\/2017\/09\/21\/sociedad\/035n1soc Consultado el 25 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\"><em>\u2014 <\/em>(2019). \u201cEmbarazo adolescente: negaci\u00f3n de derechos\u201d https:\/\/www.jornada.com.mx\/2019\/12\/20\/opinion\/002a1edi Consultado el 25 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Mendoza, Zuanilda (2013). <em>Violencia en San Juan Copala, Oaxaca. 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M\u00e9xico: Instituto Nacional de las Mujeres, pp. 305-314.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Men\u00e9ndez, Eduardo (2009). \u201cDe racismos, esterilizaciones y algunos otros olvidos de la antropolog\u00eda y epidemiolog\u00eda mexicanas\u201d, <em>Salud Colectiva,<\/em> 5(2), pp. 155-179.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2012). \u201cViolencias en M\u00e9xico: las explicaciones y las ausencias\u201d, <em>Alteridades<\/em>, 22(43), pp. 177-192.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2018).<em> Poder, estratificaci\u00f3n social y salud<\/em>. Tarragona: Universitat Rovira i Virgili.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Mart\u00ednez, Fabiola (2019). \u201cVioladas por familiares, 34 ni\u00f1as quedan embarazadas cada d\u00eda\u201d, <em>La Jornada<\/em>, https:\/\/www.jornada.com.mx\/2019\/10\/04\/sociedad\/035n2soc Consultado el 25 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Mu\u00f1oz Mart\u00ednez, Rub\u00e9n (2022). \u201cEl <span class=\"small-caps\">vih<\/span> en los pueblos ind\u00edgenas de Oaxaca, M\u00e9xico: de la inmunidad \u00e9tnica a la vulnerabilidad estructural\u201d, <em>Revista Mexicana de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales<\/em>, 67(245), pp. 197-229.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2023). <em>Pueblos ind\u00edgenas ante la epidemia del <span class=\"small-caps\">vih<\/span>. Pol\u00edtica, cultura y pr\u00e1ctica de la salud en Chiapas y Oaxaca<\/em>. M\u00e9xico: <span class=\"small-caps\">ciesas<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Mu\u00f1iz, Elsa y Adriana Corona (1996). \u201cIndigenismo y g\u00e9nero: violencia dom\u00e9stica\u201d. <em>Nueva Antropolog\u00eda, <\/em>15(49), pp. 41-58.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Naciones Unidas\/<span class=\"small-caps\">cepal<\/span> (2021). <em>Los matrimonios y uniones infantiles tempranos y forzados<\/em>. Santiago de Chile: <span class=\"small-caps\">cepal<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">N\u00fa\u00f1ez, Guillermo (2009). <em>Vidas vulnerables. Hombres ind\u00edgenas, diversidad sexual y <\/em><span class=\"small-caps\">vih<\/span><em>-sida<\/em>. M\u00e9xico: Edamex\/<span class=\"small-caps\">ciad<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2011). \u201cHombres ind\u00edgenas, diversidad sexual y vulnerabilidad al <span class=\"small-caps\">vih<\/span>-sida: una exploraci\u00f3n sobre las dificultades acad\u00e9micas para estudiar un tema emergente en la Antropolog\u00eda\u201d, <em>Desacatos, <\/em>n\u00fam. 35, pp. 13-28.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Page, Jaime (2002). <em>Pol\u00edtica sanitaria dirigida a los pueblos ind\u00edgenas de M\u00e9xico y Chiapas, 1875\/1995<\/em>. M\u00e9xico: <span class=\"small-caps\">unam\/uach<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Pe\u00f1a, Patricia (2006). \u201cMortalidad infantil y brujer\u00eda. El caso de la etnia mazahua\u201d. Tesis de doctorado. Tarragona: Universitat Rovira iVirgili.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">P\u00e9rez, Gilberto (2020). \u201cLa enfermedad que mata en 20 a\u00f1os, M\u00e9xico\u201d. 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(2011). <em>El <span class=\"small-caps\">vih<\/span> y los pueblos ind\u00edgenas<\/em>. M\u00e9xico: Comisi\u00f3n Nacional de Derechos Humanos, pp. 7-22.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Poy Solano, Laura (2018). \u201c<span class=\"small-caps\">al<\/span> y el Caribe, \u00fanica regi\u00f3n donde el matrimonio infantil no disminuye, <em>La Jornada<\/em>, https:\/\/www.jornada.com.mx\/2018\/04\/14\/sociedad\/032n1soc Consultado el 16 de enero de 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Ram\u00edrez, Martha (1980). \u201cDin\u00e1mica y conceptos sobre enfermedad y salud en Ticul, Yucat\u00e1n\u201d. Tesis de licenciatura en Antropolog\u00eda Social. 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Ciudad de M\u00e9xico: <span class=\"small-caps\">ciesas<\/span>, ponencia presentada en el Seminario Permanente de Antropolog\u00eda M\u00e9dica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Steggerda, Morris (1965). \u201cRasgos personales y actividades diarias de los mayas de Yucat\u00e1n\u201d, <em>Enciclopedia Yucatanense,<\/em> vol.6, pp. 93-131.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Turner,&nbsp;V\u00edctor (1980).&nbsp;<em>La selva de los s\u00edmbolos: aspectos del ritual ndembu<\/em>.&nbsp;Madrid:&nbsp;Siglo <span class=\"small-caps\">xxi<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Uriburu, Graciela (2006). \u201cMortalidad materna en Bolivia. \u00bfQu\u00e9 hacer para evitar tantas muertes de mujeres\u201d, en Gerardo Fern\u00e1ndez (coord.). <em>Salud e interculturalidad en Am\u00e9rica Latina<\/em>. 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M\u00e9xico: Instituto Nacional Indigenista, 3 vols.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (1994b). <em>Diccionario enciclop\u00e9dico de la medicina tradicional<\/em>. M\u00e9xico: Instituto Nacional Indigenista, 2 vols.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-dots\"\/>\n\n\n\n<p class=\"abstract\"><em>Eduardo L. Men\u00e9ndez<\/em> es licenciado en Ciencias Antropol\u00f3gicas (Universidad de Buenos Aires); maestro en Salud P\u00fablica (Escuela Salud P\u00fablica de M\u00e9xico); doctor en Antropolog\u00eda (Universidad de Buenos Aires). Doctorados <em>honoris causa<\/em> por la Universitat Rovira i Virgili; por la Universidad Nacional de Rosario y por la Universidad Nacional de Lan\u00fas. Profesor\/investigador em\u00e9rito del <span class=\"small-caps\">ciesas<\/span>. Ha desarrollado numerosas investigaciones en el campo de la antropolog\u00eda m\u00e9dica que ha dado lugar a la publicaci\u00f3n de 32 libros y cuadernos; 119 art\u00edculos y 108 cap\u00edtulos de libros. Entre sus libros est\u00e1n los siguientes: <em>La parte negada de la cultura. Relativismo, diferencias y racismo<\/em> (2002); <em>De sujetos, saberes y estructuras. Introducci\u00f3n al enfoque relacional en el estudio de la salud colectiva<\/em> (2009); <em>Poder, estratificaci\u00f3n social y enfermedad. An\u00e1lisis de las condiciones sociales y econ\u00f3micas de la enfermedad en Yucat\u00e1n<\/em> (2021); <em>Morir de alcohol. Saber y hegemon\u00eda m\u00e9dica<\/em> (2020).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>This text describes and analyzes the processes of exclusion or secondaryization that exist in local studies of traditional medicine with respect to a whole series of health\/disease\/care\/prevention processes that operate in the life of native peoples, despite the fact that a large part of these processes are included in the uses and customs of these peoples. The main exclusions reviewed refer to epidemiological processes, and especially to maternal mortality, as well as to close violence, childbirth and culturally forced child and youth relationships. 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