{"id":36881,"date":"2023-03-21T03:31:12","date_gmt":"2023-03-21T03:31:12","guid":{"rendered":"https:\/\/encartes.mx\/?p=36881"},"modified":"2023-11-16T17:53:12","modified_gmt":"2023-11-16T23:53:12","slug":"salazar-cuadernos-americanos-revolucion-mexicana-anti-imperialismo-compromiso-intelectual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encartes.mx\/en\/salazar-cuadernos-americanos-revolucion-mexicana-anti-imperialismo-compromiso-intelectual\/","title":{"rendered":"Present and Preterite: Anti-imperialist Critiques of the Mexican Revolution from the Iberoamerican Viewpoint of Cuadernos Americanos amid the Triumph of the Cuban Revolution in 1959"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Resumen<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En los a\u00f1os cuarenta del siglo <span class=\"small-caps\">xx<\/span> se conform\u00f3 el proyecto cultural, social y pol\u00edtico de la revista <em>Cuadernos Americanos<\/em>. En torno al director de la publicaci\u00f3n, el economista mexicano Jes\u00fas Silva Herzog, se reunieron intelectuales iberoamericanos afines a las ideas del antiimperialismo y el compromiso intelectual. Desde los primeros n\u00fameros, en <em>Cuadernos<\/em> se discuti\u00f3 la vigencia de la Revoluci\u00f3n mexicana; en sus p\u00e1ginas se se\u00f1alaban los yerros y distorsiones del proceso, as\u00ed como la necesidad de retomar las medidas m\u00e1s radicales. Estas reflexiones fueron catalizadas por el triunfo de la Revoluci\u00f3n cubana en 1959, pues present\u00f3 algunas posibles pautas para revivir a su contraparte mexicana o, bien, criticarla a\u00fan m\u00e1s severamente desde los cuestionamientos antiimperialistas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Palabras claves: <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/antiimperialismo\/\" rel=\"tag\">antiimperialismo<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/compromiso-intelectual\/\" rel=\"tag\">compromiso intelectual<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/cuadernos-americanos\/\" rel=\"tag\">Cuadernos Americanos<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/revolucion-cubana\/\" rel=\"tag\">Revoluci\u00f3n cubana<\/a>, <a href=\"https:\/\/encartes.mx\/en\/tag\/revolucion-mexicana\/\" rel=\"tag\">Revoluci\u00f3n mexicana<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"en-title\"><em><span class=\"small-caps\">present and preterite<\/span><\/em><span class=\"small-caps\">: anti-imperialist critiques of the mexican<\/span> <span class=\"small-caps\">revolution from the iberoamerican viewpoint of <\/span><em><span class=\"small-caps\">cuadernos americanos<\/span><\/em><span class=\"small-caps\"> amid the triumph of the cuban revolution in 1959 <\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">In the 1940s the cultural, social, and political project of the journal Cuadernos Americanos was created. Iberoamerican intellectuals aligned with anti-imperialist ideas and intellectual commitment gathered with the publication\u2019s director, Mexican economist Jes\u00fas Silva Herzog. Beginning with Cuaderno\u2019s first issues, the viability of the Mexican Revolution was deliberated, where the mistakes and distortions of the process, as well as the need for more radical measures to be undertaken, were discussed. These reflections were catalized by the triumph of the Cuban Revolution in 1959, as it presented various possible guidelines for the revival of its Mexican counterpart, or at least for it to come under more severe criticism from the anti-imperialist point of view.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"abstract en-text\">Keywords: <em>Cuadernos Americanos<\/em>, anti-imperialism, Mexican Revolution, Cuban Revolution, intellectual commitment.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-text-color has-background has-accent-background-color has-accent-color is-style-dots\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap abstract\">Durante la primera mitad del siglo <span class=\"small-caps\">xx<\/span>, viajar a Par\u00eds era una especie de rito inici\u00e1tico para los escritores del continente americano. La mayor parte de los intelectuales mexicanos activos en aquellos a\u00f1os estuvieron en Europa al menos una vez en su vida, algunos incluso cumplieron con tareas diplom\u00e1ticas o asistieron a reuniones culturales o art\u00edsticas. Tal fue el caso de Alfonso Reyes, quien en su respectiva incursi\u00f3n europea de 1914 pas\u00f3 tambi\u00e9n por Espa\u00f1a, donde estableci\u00f3 v\u00ednculos cercanos con personajes como Marcelino Men\u00e9ndez Pelayo, Jos\u00e9 Ortega y Gasset, Ram\u00f3n del Valle Incl\u00e1n y Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna, sobre todo a partir de los contactos referidos por su gran amigo, el escritor dominicano Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a (Weinberg, 2014). Por ello, cuando los transterrados espa\u00f1oles llegaron a M\u00e9xico en el contexto de la guerra civil espa\u00f1ola, algunos ya ten\u00edan contacto con intelectuales mexicanos como Reyes y otros aprovecharon este terreno previo para insertarse en los espacios de confluencia e intercambio de iniciativas culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Como recordaba el economista Jes\u00fas Silva Herzog, fue en febrero de 1941 cuando los escritores espa\u00f1oles Le\u00f3n Felipe y Juan Larrea, junto con el periodista mexicano Bernardo Ortiz de Montellano \u2013quien actu\u00f3 como enlace entre ambas partes\u2013, fueron a visitarlo para exponerle sus intenciones de reanudar la publicaci\u00f3n de la revista <em>Espa\u00f1a Peregrina<\/em>, un espacio de expresi\u00f3n de los republicanos espa\u00f1oles, ahora desde M\u00e9xico (Silva Herzog, 1972: 246). Al d\u00eda siguiente, Silva Herzog se volvi\u00f3 a reunir con ellos y les propuso \u201cla aventura de hacer una revista nueva de \u00e1mbito continental\u201d. El nombre de <em>Cuadernos Americanos <\/em>lo sugiri\u00f3 el propio Alfonso Reyes. Para financiarla, Silva Herzog activ\u00f3 las redes de sus contactos personales, pidiendo peque\u00f1as contribuciones individuales, y as\u00ed finalmente se firm\u00f3 un contrato de fideicomiso que \u201cdurar\u00eda 30 a\u00f1os, pasando despu\u00e9s los bienes que existiesen a la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (<span class=\"small-caps\">unam<\/span>)\u201d (Silva Herzog, 1972: 247).<\/p>\n\n\n\n<p>Una versi\u00f3n alterna a esta historia es la del espa\u00f1ol transterrado Juan Larrea, quien a la postre ocupar\u00eda el cargo de secretario de la revista. En su narraci\u00f3n, la idea de \u201cla creaci\u00f3n de una gran revista, la m\u00e1s importante revista en lengua castellana que, en aquel momento en que ard\u00eda Europa por sus cuatro costados, fuese producto de la estrecha colaboraci\u00f3n creadora de hispanoamericanos y espa\u00f1oles, con miras a preparar el advenimiento de una cultura m\u00e1s universal, m\u00e1s humana [\u2026]\u201d (Gonz\u00e1lez Neira, 2009: 11-30), fue pensada por los propios espa\u00f1oles y no por Silva Herzog o Reyes. Adem\u00e1s, Larrea incorporaba otra variaci\u00f3n: la petici\u00f3n de apoyo econ\u00f3mico para la publicaci\u00f3n de dicha revista al gobierno del presidente Manuel \u00c1vila Camacho, quien gobern\u00f3 el pa\u00eds entre 1940 y 1946, aunque no present\u00f3 pruebas para demostrar que as\u00ed hubiera sido.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal como la investigadora Liliana Weinberg destaca, la \u201cjunta de gobierno\u201d fue resultado de la confluencia de distintas redes en su conformaci\u00f3n. Estaba integrada por Pedro Bosch Gimpera, arque\u00f3logo, historiador y exrector de la Universidad de Barcelona; Daniel Cos\u00edo Villegas, entonces director general del Fondo de Cultura Econ\u00f3mica; Mario de la Cueva, universitario especialista en derecho del trabajo y derecho constitucional, as\u00ed como rector de la <span class=\"small-caps\">unam<\/span>; Eugenio \u00cdmaz, fil\u00f3sofo del exilio, profesor de la misma universidad y adem\u00e1s gran traductor; Juan Larrea, escritor, editor y exsecretario del Archivo Nacional Hist\u00f3rico de Madrid; Manuel M\u00e1rquez, acad\u00e9mico y exdecano de la Universidad de Madrid; Manuel Mart\u00ednez B\u00e1ez, especialista en salud p\u00fablica y entonces presidente de la Academia de Medicina de M\u00e9xico; Agust\u00edn Millares Carlo, pale\u00f3grafo y latinista, excatedr\u00e1tico y secretario de la Universidad de Madrid, integrado en 1939 como acad\u00e9mico a la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la <span class=\"small-caps\">unam<\/span>; Bernardo Ortiz de Montellano, periodista y escritor mexicano que fungi\u00f3 como enlace con otras figuras vinculadas a la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n P\u00fablica y con revistas literarias como <em>Contempor\u00e1neos<\/em> y <em>El hijo pr\u00f3digo<\/em>; Alfonso Reyes, por entonces presidente de El Colegio de M\u00e9xico, y Jes\u00fas Silva Herzog, director-gerente de la nueva publicaci\u00f3n y adem\u00e1s director de la Escuela Nacional de Econom\u00eda (Weinberg, 2014).<\/p>\n\n\n\n<p>Lo curioso es que a pesar de la constante insistencia sobre el contacto entre lo hispano y lo americano, es decir, lo \u201ciberoamericano\u201d, al final se optara por la propuesta de ponderar lo \u201camericano\u201d en el t\u00edtulo de la revista. Al parecer esto tiene una explicaci\u00f3n pol\u00edtica y Liliana Weinberg lo detalla en t\u00e9rminos de apuntalar el acercamiento y alianza entre M\u00e9xico y Estados Unidos, que cab\u00eda dentro de lo \u201camericano\u201d, pero no en lo \u201ciberoamericano\u201d. En el contexto de la alianza de \u201clas dos Am\u00e9ricas\u201d en contra del nazismo, el fascismo y el franquismo<a class=\"anota\" id=\"anota1\" data-footnote=1>1<\/a> (Weinberg, 2014), Reyes tambi\u00e9n destac\u00f3 la urgencia de la formaci\u00f3n de una cultura \u201camericana\u201d, en tanto que \u201cel conocimiento de nuestro sistema mundo ni siquiera es una mera conveniencia pol\u00edtica del momento, para llegar a la loable e imprescindible amistad de las Am\u00e9ricas y al frente \u00fanico de la cultura. Somos una parte integrante y necesaria en la representaci\u00f3n del hombre por el hombre\u201d (Reyes, 1942: 9-10). Adem\u00e1s, situaba a la revista en una tradici\u00f3n compartida con otros proyectos culturales centroamericanos y sudamericanos predecesores, especialmente <em>Repertorio Americano<\/em> del costarricense Joaqu\u00edn Garc\u00eda Monge (Weinberg, 2014).<\/p>\n\n\n\n<p>El lanzamiento del primer n\u00famero de <em>Cuadernos Americanos<\/em>, correspondiente a enero-febrero de 1942, se celebr\u00f3 con una cena el 29 de diciembre de 1941 en el restaurante Prendes, de due\u00f1os espa\u00f1oles, ubicado en la esquina sur del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de M\u00e9xico. A partir de esta primera reuni\u00f3n se instituy\u00f3 un encuentro anual, en el que confluyeron los c\u00edrculos de colaboradores y patrocinadores de la revista como una manera de reafirmar alianzas (Silva Herzog, 1972: 248).<\/p>\n\n\n\n<p>El formato de <em>Cuadernos Americanos <\/em>era de medio tabloide (16 x 23 cm) y unas doscientas p\u00e1ginas en promedio, es decir, cercano al formato de un libro, y ten\u00eda pastas de cart\u00f3n impresas a color. Entre sus rasgos distintivos estuvieron las caracter\u00edsticas \u201colas\u201d de colores en su portada, que hac\u00edan referencia al oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico que comunicaba la pen\u00ednsula ib\u00e9rica con el continente americano. Los recursos materiales de la revista le permitieron grandes tirajes desde su fundaci\u00f3n que, entre 1959 y 1961, lleg\u00f3 a ser, cada bimestre, de alrededor de dos mil ejemplares y mantuvo un precio de 15 pesos. Sus secciones principales en aquella \u00e9poca fueron las siguientes: \u201cNuestro tiempo\u201d, en la que se hac\u00edan reflexiones sobre asuntos pol\u00edticos, sociales o econ\u00f3micos contempor\u00e1neos; \u201cHombres de nuestra estirpe\u201d, en la que en cada n\u00famero se le rend\u00eda homenaje biogr\u00e1fico a alg\u00fan autor iberoamericano; \u201cAventura del pensamiento\u201d, de vocaci\u00f3n ensay\u00edstica; \u201cPresencia del pasado\u201d, en la que se presentaban reflexiones hist\u00f3ricas; y \u201cDimensi\u00f3n imaginaria\u201d, dedicada a textos o reflexiones relativas al mundo literario. En cada una de ellas, en distintos momentos, se tocaron aspectos relativos al triunfo de la Revoluci\u00f3n cubana y la consecuente cr\u00edtica antiimperialista a la Revoluci\u00f3n mexicana.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u201cUn hombre de izquierda\u201d al tim\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">A Jes\u00fas Silva Herzog, \u201chombre de izquierda\u201d en sus propias palabras, le gustaba decir: \u201ccada a\u00f1o que pasa soy m\u00e1s de izquierda\u201d y se quejaba a veces: \u201clo que m\u00e1s me enfada de que me llamen \u2018rojillo\u2019 es el diminutivo; rojo se debe decir\u201d (Carmona, 1991: 233). Su casi total ceguera en buena medida derivada del nitrato de plata con el que le quemaron los ojos a manera de funesto tratamiento equivocado para la pus en su tercer d\u00eda de vida, no fue obst\u00e1culo para que ocupara posiciones y responsabilidades diversas. Silva Herzog estuvo a cargo de la direcci\u00f3n de instituciones, representaciones diplom\u00e1ticas, c\u00e1tedras, y fue autor de una gran cantidad de libros, aun sin haber concluido la secundaria ni contar con una carrera universitaria en sentido tradicional (Naufal Tuena, 2001: 173). Poca falta le hizo la validaci\u00f3n institucional, gracias a su propia determinaci\u00f3n y a un c\u00edrculo de personas que en torno suyo actuaron como lectores en voz alta, transcriptores y una larga lista de solidarios amigos y disc\u00edpulos.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los primeros acercamientos de Silva Herzog al pensamiento de izquierda fue cuando la Facultad de Altos Estudios de la Universidad Nacional lo recibi\u00f3 entre 1920 y 1923 para estudiar, entre otras clases, tres a\u00f1os de Econom\u00eda Pol\u00edtica con el profesor alem\u00e1n Alfonso Goldschmidt (Silva Herzog, 1972: 65-66).<\/p>\n\n\n\n<p>El economista alem\u00e1n hab\u00eda sido invitado por el fil\u00f3sofo mexicano Jos\u00e9 Vasconcelos \u2013rector de la Universidad entre 1920 y 1921\u2013 para dar clases en M\u00e9xico. Goldschmidt se hab\u00eda formado en la Universidad de Leipzig en Alemania, estuvo entre los fundadores del Partido Comunista Alem\u00e1n y durante su estancia en el pa\u00eds milit\u00f3 en el Partido Comunista de M\u00e9xico. Tal parece que Goldschmidt fue \u201cel primero en introducir el marxismo en el medio acad\u00e9mico mexicano\u201d (De Pablo, 2018: 210). Precisamente, fue esto lo que le atrajo a Silva Herzog de su profesor de Econom\u00eda, pues \u201c[\u2026] en sus lecciones expon\u00eda las teor\u00edas econ\u00f3micas de Marx\u201d, empezando por <em>El capital,<\/em> texto a\u00fan un tanto inaccesible en espa\u00f1ol por aquellos d\u00edas, pues la traducci\u00f3n completa del libro fue hecha por el exiliado espa\u00f1ol Wenceslao Roces dos d\u00e9cadas m\u00e1s tarde (Marx, 1946), aunque no sin algunos errores (Silva Herzog, 1980: 166).<a class=\"anota\" id=\"anota2\" data-footnote=2>2<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El tr\u00e1nsito disciplinar de la literatura a la econom\u00eda en la formaci\u00f3n de Silva Herzog tuvo un importante asidero en Alfonso Goldschmidt. Un claro ejemplo de esta influencia fue cuando el economista potosino comenz\u00f3 a dar clases de econom\u00eda pol\u00edtica y sociolog\u00eda en el nuevo local de la Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo en 1924 (Silva Herzog, 1972: 79). En sus clases retom\u00f3 varias de las lecturas recomendadas por su maestro alem\u00e1n, entre ellas el propio Goldschmidt, Charles Gide, Andr\u00e9s Molina Enr\u00edquez, Karl Marx y Friedrich Engels.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus vaivenes entre el servicio en la administraci\u00f3n p\u00fablica y la academia, otra de las grandes constantes en la vida de Silva Herzog fue su inter\u00e9s por lo transnacional y la b\u00fasqueda por nutrir v\u00ednculos con personas de procedencias diversas, como lo har\u00eda tambi\u00e9n en <em>Cuadernos Americanos<\/em>. Por ejemplo, cuando en 1928 fue nombrado jefe del Departamento de Biblioteca y Archivos Econ\u00f3micos de la Secretar\u00eda de Hacienda y Cr\u00e9dito P\u00fablico para dirigir la que ser\u00eda la primera biblioteca econ\u00f3mica de M\u00e9xico, convoc\u00f3 a una pl\u00e9yade de extranjeros. Entre ellos los espa\u00f1oles Monserrat (Monna) Teixidor y el bibli\u00f3grafo Francisco Gamoneda, el economista peruano Carlos Manuel Cox y el escritor boliviano Trist\u00e1n Marof, \u201clos malquerientes llamaban al departamento \u2018La liga de las naciones\u2019\u201d (Silva Herzog, 1972: 86).<\/p>\n\n\n\n<p>Consistente con su curiosidad por otras regiones del mundo y el pensamiento marxista, Silva Herzog frecuentaba desde mediados de los a\u00f1os veinte la representaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica en M\u00e9xico. Tras haberse vinculado con distintos personajes cercanos a esta dependencia, en diciembre de 1928, el secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada, le ofreci\u00f3 a Silva Herzog, en nombre del presidente Emilio Portes Gil, la legaci\u00f3n de M\u00e9xico en Mosc\u00fa (Gonz\u00e1lez Casanova, 1985: 24). Tras decepcionarse de sus vivencias en la <span class=\"small-caps\">urss<\/span> y la ruptura de relaciones diplom\u00e1ticas por parte del gobierno mexicano, Silva Herzog volvi\u00f3 a M\u00e9xico en 1930.<\/p>\n\n\n\n<p>De regreso, el economista combin\u00f3 sus labores acad\u00e9micas con la asesor\u00eda al gobierno del general L\u00e1zaro C\u00e1rdenas en temas petroleros en 1937. Ya por estos a\u00f1os los exiliados espa\u00f1oles comenzaban a llegar a M\u00e9xico y en su espacio de desenvolvimiento intelectual, entre el servicio p\u00fablico y la academia, Jes\u00fas Silva Herzog comenz\u00f3 a tener contacto con varios de ellos. Probablemente lo que le atrajo al economista fue la oportunidad de construir un proyecto cultural y pol\u00edtico m\u00e1s grande a\u00fan que aquellos en los que hasta ese momento hab\u00eda podido participar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Jes\u00fas Silva Herzog y lo americano de sus <em>Cuadernos<\/em>: compromiso intelectual, iberoamericanismo y antiimperialismo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">A la par del iberoamericanismo, el otro gran eje rector de <em>Cuadernos <\/em>fue el del compromiso intelectual con la cr\u00edtica a la realidad social y econ\u00f3mica del mundo. Este enfoque qued\u00f3 claro desde el primer n\u00famero bimestral (enero-febrero) de la revista, que sali\u00f3 a la luz p\u00fablica en enero de 1942. En dicho n\u00famero, Silva Herzog public\u00f3 el art\u00edculo \u201cLo humano, problema esencial\u201d en el que afirmaba que \u201cno puede negarse que el capitalismo fue un r\u00e9gimen creador, pero as\u00ed en pret\u00e9rito perfecto y no en presente\u201d (Silva Herzog, 1942: 11) y agregaba que \u201cdesde fines del siglo pasado el capitalismo dej\u00f3 de ser instigaci\u00f3n al progreso\u201d. En este tipo de afirmaciones se entreve\u00eda la formaci\u00f3n de Silva Herzog en el pensamiento marxista; aun cuando, en casos como este, fueran fragmentos un tanto esquem\u00e1ticos. El economista tambi\u00e9n mostraba su conciencia antiimperialista en sus cr\u00edticas a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica \u2013pa\u00eds en el que represent\u00f3 a M\u00e9xico a finales de los a\u00f1os veinte\u2013: \u201c[\u2026] el \u00e9xito de ese r\u00e9gimen socialista no puede negarse; pero ello ha costado sacrificios inmensos, la crueldad y los errores inevitables no han sido escasos y todav\u00eda se encuentra distante de la victoria definitiva\u201d (Silva Herzog, 1942: 14).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas cr\u00edticas, tanto al sistema capitalista como al socialismo de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, se ubicaban en un momento crucial durante la Segunda Guerra Mundial. Apenas a mediados de 1941, la <span class=\"small-caps\">urss<\/span> hab\u00eda comenzado a participar del lado de los Aliados, y en diciembre Estados Unidos hab\u00eda hecho lo mismo. Este acuerdo colocaba a los presuntos antagonistas del mismo lado, con un enemigo en com\u00fan: el fascismo y las potencias del Eje. Como se mencion\u00f3, la sugerencia de nombrar \u201cAmericanos\u201d a los <em>Cuadernos<\/em> revest\u00eda una noci\u00f3n de aproximaci\u00f3n entre \u201clas dos Am\u00e9ricas\u201d (la anglosajona y la iberoamericana). Silva Herzog (1942), en cambio, lo llevaba al terreno del latinoamericanismo, por encima de la convergencia con el pa\u00eds del norte:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"verse\">En esta hora en que la ruina y la desolaci\u00f3n amenazan invadirlo todo, es preciso que se oiga un grito salvador cuyo eco atraviese los mares y se repita de monta\u00f1a en monta\u00f1a. Ese grito no lo puede lanzar la Europa torturada, ni quiz\u00e1s tampoco los Estados Unidos porque lo apagar\u00edan las voces imperativas de los financieros; tiene que brotar de gargantas americanas, de nuestra Am\u00e9rica, de \u201cla <em>Am\u00e9rica Nuestra <\/em>\u2013como dijo Dar\u00edo\u2013 <em>que ten\u00eda poetas desde los viejos tiempos de Nezahualc\u00f3yotl<\/em> [\u2026] El ideal supremo estriba en que del hombre nazca el superhombre. La ciencia y el arte deben aspirar a esa ilimitada finalidad (Silva Herzog, 1942:12-15).<\/p>\n\n\n\n<p>La labor de <em>Cuadernos Americanos<\/em> quedaba as\u00ed establecida claramente desde la primera publicaci\u00f3n hecha por su director. La \u201cRevista del Nuevo Mundo\u201d, como se anunciaba, ten\u00eda como principio incidir en la realidad concreta a trav\u00e9s de la \u201cciencia y el arte\u201d desde Am\u00e9rica (hispana\/latina), pues se trataba de un \u00faltimo reducto de la humanidad. Adem\u00e1s, le asignaba a la regi\u00f3n la capacidad de promover el nacimiento del \u201csuperhombre\u201d y a <em>Cuadernos <\/em>la de ser la gu\u00eda para llevarlo a cabo. El art\u00edculo de Silva Herzog conclu\u00eda con la propuesta que establec\u00eda que, ante el fracaso capitalista y los errores del socialismo, era necesario generar una nueva alternativa antiimperialista: \u201cal panamericanismo de Estados Unidos hab\u00eda que oponer el iberoamericanismo [\u2026]\u201d (Naufal Tuena, 2001: 175), para as\u00ed \u201cactualizar el sue\u00f1o de Bol\u00edvar e influir por vez primera en forma decisiva en el drama de la historia universal\u201d (Silva Herzog, 1942: 16).<\/p>\n\n\n\n<p>Este primer art\u00edculo reun\u00eda, adem\u00e1s de dos elementos b\u00e1sicos del pensamiento de Jes\u00fas Silva Herzog como el iberoamericanismo y el compromiso intelectual con la realidad, el planteamiento que establec\u00eda que las ideas eran el aglutinante de quienes participaban en <em>Cuadernos Americanos<\/em>. En resumen, se trataba de una exhortaci\u00f3n a la militancia a trav\u00e9s de la escritura para los intelectuales iberoamericanos, tanto los transterrados como los latinoamericanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al \u201ciberoamericanismo\u201d se le a\u00f1adi\u00f3 una connotaci\u00f3n antiimperialista, al plantearlo como una oposici\u00f3n al \u201cpanamericanismo de Estados Unidos\u201d. Esta idea contrastaba significativamente con la consideraci\u00f3n inicial de <em>Cuadernos Americanos<\/em> como uni\u00f3n de Am\u00e9rica Latina con la \u201cotra\u201d, la anglosajona, y de paso permit\u00eda cuestionar la noci\u00f3n de que la \u201cguerra fr\u00eda intelectual\u201d fuese exclusivamente un fen\u00f3meno de posguerra. Como aqu\u00ed se evidencia, aun cuando Reyes promoviera el encuentro de \u201clas Am\u00e9ricas\u201d, Silva Herzog manten\u00eda su discurso cercano a la izquierda latinoamericana de aquel momento.<a class=\"anota\" id=\"anota3\" data-footnote=3>3<\/a> Esto no implicaba una ruptura en la junta editorial, ni mucho menos. La diplomacia cultural significaba, para el economista potosino, la posibilidad de mantener alianzas cupulares que permitieran, entre otras cosas, continuar impulsando proyectos, enunciar algunas de sus ideas libremente y mantenerse cercano a los c\u00edrculos de poder.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de colaboraciones, invitaciones, discusiones, encuentros y consignas, Silva Herzog estructur\u00f3 en <em>Cuadernos<\/em> una red de intercambios, conexiones, viajes, amigos, presentaciones y di\u00e1logos epistolares con una gran diversidad de intelectuales. Especial relevancia tuvieron los cubanos \u201cde izquierda\u201d, lo que contribuir\u00eda a explicar el gran entusiasmo que m\u00e1s tarde le produjo al director de <em>Cuadernos<\/em> el triunfo de la Revoluci\u00f3n cubana en 1959.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de aquellos amigos cubanos era el antrop\u00f3logo e historiador cubano Fernando Ortiz Fern\u00e1ndez quien, por la importancia de sus estudios sobre la cultura cubana, hab\u00eda sido llamado por Juan Marinello \u201cEl tercer descubridor de Cuba\u201d, despu\u00e9s de Crist\u00f3bal Col\u00f3n y Alejandro de Humboldt (Barnet, 2009: 199-203). Ortiz dirigi\u00f3 una carta a Silva Herzog en los \u00faltimos d\u00edas de diciembre de 1943 en la que le comentaba cu\u00e1nto le hab\u00eda impresionado su art\u00edculo sobre la Revoluci\u00f3n mexicana publicado en el n\u00famero anterior de <em>Cuadernos Americanos<\/em>: \u201cLa Revoluci\u00f3n mexicana en crisis\u201d (Ortiz, 1981: 254). Este comentario era relevante porque mostraba el inter\u00e9s de los intelectuales de la isla por el proceso de transformaci\u00f3n en M\u00e9xico. M\u00e1s tarde, los intelectuales mexicanos voltear\u00edan a ver a la Revoluci\u00f3n cubana y la convertir\u00edan en uno de sus referentes para criticar la de su pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Silva Herzog afirmaba en su art\u00edculo que \u201cla crisis de la Revoluci\u00f3n mexicana es de una extraordinaria virulencia, es ante todo \u2013dig\u00e1moslo una y mil veces\u2013 una crisis moral con escasos precedentes en la historia del hombre\u201d (Silva Herzog, 1943: 50). La gravedad de este diagn\u00f3stico no era solo por lo que literalmente se\u00f1alaba sobre la descomposici\u00f3n del sistema pol\u00edtico mexicano, sino porque atacaba al gran mito fundacional de la modernidad mexicana, por un lado, y al gran referente de la revoluci\u00f3n \u201cexitosa\u201d en Am\u00e9rica Latina, por el otro.<\/p>\n\n\n\n<p>El diagn\u00f3stico negativo de Silva Herzog no era, empero, una sentencia de muerte. A\u00fan hab\u00eda una soluci\u00f3n y era posible avanzar con ella, siempre y cuando se diera una nueva estructura a la sociedad, en la que \u201clo humano sea el problema esencial, en la que el goce de la existencia sea para el mayor n\u00famero posible de individuos, en la que la ciencia, la t\u00e9cnica y el arte tengan por finalidad lograr el bien del hombre y su propia superaci\u00f3n\u201d. A este modelo, Silva Herzog le daba el nombre de \u201cdemocracia socialista\u201d, y solo a trav\u00e9s de ella ser\u00eda posible sacar a la Revoluci\u00f3n mexicana de su crisis, retomando sus principios a cabalidad (Silva Herzog, 1943: 53).<\/p>\n\n\n\n<p>No como una respuesta directa a la carta de Fernando Ortiz sobre el art\u00edculo \u201cLa Revoluci\u00f3n mexicana en crisis\u201d, sino como una larga prolongaci\u00f3n del intercambio intelectual entre Silva Herzog y Ortiz, existe la misiva que el mexicano le dirigi\u00f3 al cubano a finales de marzo de 1947. El economista le recordaba al antrop\u00f3logo una de las premisas centrales de su pensamiento, el compromiso en contra del imperialismo: \u201c[\u2026] es un deber indeclinable de los intelectuales limpios de Am\u00e9rica Latina, mantener alerta a sus pueblos frente al poder\u00edo norteamericano\u201d (Silva Herzog, 1947: 257). As\u00ed, la plataforma de colaboraciones de <em>Cuadernos Americanos <\/em>parec\u00eda tambi\u00e9n un espacio propicio para invitar a suscribir ciertos principios intelectuales o, bien, para confirmar afinidades ideol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por aquellos mismos a\u00f1os, Jes\u00fas Silva Herzog sufri\u00f3 de cataratas en uno de los ojos. Para su suerte \u2013aun cuando fue pasajera\u2013, el oftalm\u00f3logo le ofreci\u00f3 no solo retirarle la catarata, sino adem\u00e1s hacerle un implante de c\u00f3rnea para mejorar su visi\u00f3n, muy afectada desde que el economista era un ni\u00f1o peque\u00f1o (Gonz\u00e1lez Casanova, 1985: 34). Esta operaci\u00f3n le otorg\u00f3 una agudeza visual de la que no hab\u00eda disfrutado nunca, por lo que entre 1947 y 1948 program\u00f3 viajar por Am\u00e9rica Latina: \u201cEl objeto del viaje es tan solo el de conocer nuestros pa\u00edses, conversar con sus gentes interesantes y dar conferencias\u201d. As\u00ed, en marzo de 1947, le anunci\u00f3 a Fernando Ortiz que la primera parada ser\u00eda La Habana (Silva Herzog, 1947: 257).<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel paso de Silva Herzog por la isla caribe\u00f1a le permiti\u00f3 estrechar lazos con Fernando Ortiz, as\u00ed como entrar en contacto con otros personajes de la izquierda cubana. Uno de ellos fue Jorge Ma\u00f1ach, bi\u00f3grafo de Jos\u00e9 Mart\u00ed, a quien conoci\u00f3 en el \u201cPen Club\u201d cubano. Ma\u00f1ach lo contact\u00f3 con el escritor comunista Juan Marinello, con quien no pudo reunirse, pero s\u00ed inici\u00f3 un intercambio epistolar. Marinello hab\u00eda estado exiliado dos veces en M\u00e9xico, primero en 1933, durante la dictadura de Gerardo Machado en Cuba; y entre 1936 y 1937, lo que le permiti\u00f3 acercarse a algunos intelectuales mexicanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al a\u00f1o siguiente de su visita a la isla, Silva Herzog invit\u00f3 a Marinello a colaborar en su revista, precisando el inter\u00e9s de la l\u00ednea editorial acorde con los principios antiimperialistas e iberoamericanos: \u201c[\u2026] dentro del tono de <em>Cuadernos<\/em> hemos iniciado una campa\u00f1a a favor de la Paz y en cierta medida en contra de los plut\u00f3cratas que en estos momentos gobiernan a la naci\u00f3n vecina\u201d. Con esto \u00faltimo, Silva Herzog probablemente se refer\u00eda al creciente anticomunismo vivido durante la presidencia de Harry Truman en Estados Unidos. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de eso, Silva Herzog reconoc\u00eda en la voz de Marinello la potencialidad iberoamericana que <em>Cuadernos Americanos<\/em> buscaba en sus colaboradores para incidir en la realidad del continente: \u201c[\u2026] el art\u00edculo de usted [\u2026] de seguro reflejar\u00e1 la opini\u00f3n no solo de los grupos avanzados de Cuba sino de todos los hombres progresistas de Am\u00e9rica Hisp\u00e1nica\u201d (Silva Herzog, 1948: 191).<\/p>\n\n\n\n<p>Casi una d\u00e9cada despu\u00e9s, en 1956, el decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho P\u00fablico de la Universidad de La Habana, Ra\u00fal Roa, invit\u00f3 a Jes\u00fas Silva Herzog a presentar tres conferencias en noviembre de aquel a\u00f1o. A partir de ese momento se abri\u00f3 un nutrido canal de comunicaci\u00f3n entre ambos universitarios que probablemente proced\u00eda de su vinculaci\u00f3n surgida durante la estancia de Roa en M\u00e9xico entre finales de 1953 y mediados de 1955 (De la Osa, 1987: 9).<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la visita de Silva Herzog a Cuba en 1956, la revista cubana <em>Carteles<\/em> lo entrevist\u00f3. Al ser cuestionado sobre la vigencia de la Revoluci\u00f3n mexicana, retom\u00f3 su texto de 1943 sobre la revoluci\u00f3n \u201cen crisis\u201d: \u201ctoda revoluci\u00f3n tiene su periodo de gestaci\u00f3n, desarrollo y muerte. Y estimo que, aunque nuestra Revoluci\u00f3n no cumpli\u00f3 todos sus objetivos, ya cerr\u00f3 su ciclo\u201d. El mexicano expresaba as\u00ed la necesidad de renovar los referentes revolucionarios, casi como una premonici\u00f3n de lo que llegar\u00eda a ser la Revoluci\u00f3n cubana: \u201choy hacen falta nuevas f\u00f3rmulas, objetivos e ideas\u201d (Silva Herzog, 1973: 56).<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento de izquierda defendido por Silva Herzog, al menos desde aquel art\u00edculo de 1943, invitaba a formular nuevos sistemas y mode- los desde el presente. Este planteamiento pareci\u00f3 encontrar en la Universidad de La Habana a su auditorio ideal en 1956, pues hay que recordar que buena parte del Movimiento 26 de Julio \u2013uno de los principales n\u00facleos organizativos de la Revoluci\u00f3n cubana\u2013 estuvo conformado por estudiantes o graduados de esta misma instituci\u00f3n: uno de ellos fue el abogado Fidel Castro. Por aquellos d\u00edas en los que Silva Herzog dictaba conferencias, Castro zarp\u00f3 junto con 82 expedicionarios desde Tuxpan, Veracruz, hacia Cuba. El accidentado encallamiento y desembarco de aquellos expedicionarios en medio de una emboscada del ej\u00e9rcito de Fulgencio Batista sucedi\u00f3 el 2 de diciembre de 1956 en la Playa de las Coloradas, al oriente de la isla.<\/p>\n\n\n\n<p>El tipo de diplomacia cultural que Silva Herzog estableci\u00f3 a partir de <em>Cuadernos Americanos<\/em> llev\u00f3 el significado de \u201camericano\u201d a un plano de conexiones con personajes destacados de la izquierda iberoamericana, especialmente visible en la propia estructura interna de la revista y a partir de sus v\u00ednculos con Cuba, que enfatizaban la fuerte conexi\u00f3n del director de <em>Cuadernos<\/em> con este pa\u00eds desde antes del triunfo de la Revoluci\u00f3n en 1959. En aquellos a\u00f1os, la cr\u00edtica a la Revoluci\u00f3n mexicana se desprend\u00eda m\u00e1s de sus propios yerros que de la posible reorientaci\u00f3n desde su renovadora contraparte cubana.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Diagn\u00f3sticos y epitafios de la Revoluci\u00f3n mexicana a mediados del siglo xx<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">A finales de los a\u00f1os cincuenta, y especialmente a partir de la proximidad de los festejos gubernamentales por el cincuentenario del inicio de la Revoluci\u00f3n mexicana, se revivieron ciertos discursos que presagiaban la muerte de dicho proceso, convertido en \u201cmito unitario\u201d que sosten\u00eda en el poder al Partido Revolucionario Institucional (<span class=\"small-caps\">pri<\/span>).<a class=\"anota\" id=\"anota4\" data-footnote=4>4<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>En la d\u00e9cada anterior uno de los intelectuales m\u00e1s constantes en se\u00f1alar el desfallecimiento de la Revoluci\u00f3n mexicana fue el propio Jes\u00fas Silva Herzog en sus art\u00edculos de <em>Cuadernos Americanos<\/em>: \u201cLa Revoluci\u00f3n mexicana en crisis\u201d en 1943, \u201cMeditaciones sobre M\u00e9xico\u201d en 1947 y \u201cLa Revoluci\u00f3n mexicana es ya un hecho hist\u00f3rico\u201d en 1949. A la par, Daniel Cos\u00edo Villegas public\u00f3 \u201cLa crisis de M\u00e9xico\u201d en 1947 en la misma revista. Aunque hubo otros textos que se refirieron a la agon\u00eda de este proceso, los de Cos\u00edo Villegas y Silva Herzog estuvieron entre los que mayores repercusiones tuvieron en el \u00e1mbito intelectual mexicano.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cLa crisis de M\u00e9xico\u201d, Daniel Cos\u00edo Villegas planteaba que \u201cla Revoluci\u00f3n hab\u00eda abandonado su programa cuando apenas comenzaba a cumplirlo\u201d, pues la justicia social, principal bandera de la Revoluci\u00f3n mexicana, se hab\u00eda desvirtuado y el propio t\u00e9rmino de \u201crevoluci\u00f3n\u201d carec\u00eda ya de sentido (Cos\u00edo Villegas, 1947: 29-51).<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos similares, Silva Herzog escribi\u00f3 en su art\u00edculo \u201cLa Revoluci\u00f3n mexicana es ya un hecho hist\u00f3rico\u201d que plantear dicha afirmaci\u00f3n \u201cno es necesariamente sostener una tesis reaccionaria como alguien maliciosamente pudiera suponerlo. No lo es porque la posici\u00f3n pol\u00edtica depende fundamentalmente de las soluciones que se trate de dar a los problemas vitales del pa\u00eds\u201d. Es decir: ten\u00eda precauci\u00f3n de situar su cr\u00edtica en el espectro de la izquierda, en el que deseaba ser ubicado: \u201cSi se dice que hay que desandar lo andado, volver al porfirismo, se es reaccionario: mas si se afirma que hay que ir m\u00e1s all\u00e1 del punto al cual pudo llegar la Revoluci\u00f3n, que hay que superarla, entonces se es progresista y se est\u00e1 a la izquierda como lo est\u00e1 el autor de este trabajo\u201d. El autor hac\u00eda as\u00ed un llamado a retomar la potencial radicalizaci\u00f3n de los postulados revolucionarios. Finalmente, Silva Herzog era lapidario al afirmar que \u201cLa Revoluci\u00f3n mexicana dej\u00f3 ya de ser presente y ahora es pret\u00e9rito\u201d (Silva Herzog, 1949: 15-16).<\/p>\n\n\n\n<p>La idea de la muerte de la Revoluci\u00f3n mexicana se hallaba latente en <em>Cuadernos Americanos<\/em>, con mayor \u00e9nfasis hacia finales de los a\u00f1os cincuenta. En el primer n\u00famero de enero-febrero de 1959, se incluy\u00f3 una secci\u00f3n titulada \u201cTres interrogaciones sobre el presente y futuro de M\u00e9xico\u201d, en la que, a manera de encuesta, les pidieron a varios intelectuales responder las siguientes preguntas: \u00bfcu\u00e1l es la situaci\u00f3n actual de la Revoluci\u00f3n mexicana? \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 la tarea principal de los grupos revolucionarios en el futuro inmediato? \u00bfCu\u00e1l debe ser \u2013dentro de esa situaci\u00f3n y de acuerdo con esta tarea\u2013 el papel de los intelectuales? (Flores Olea, 1959: 44).<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los intelectuales que respondieron se encontraban algunos colaboradores asiduos de otra publicaci\u00f3n de la <span class=\"small-caps\">unam<\/span>, la <em>Revista de la Universidad de M\u00e9xico,<\/em> como su director Jaime Garc\u00eda Terr\u00e9s y los escritores y polit\u00f3logos Carlos Fuentes, V\u00edctor Flores Olea y Enrique Gonz\u00e1lez Pedrero.<\/p>\n\n\n\n<p>Silva Herzog recordaba a V\u00edctor Flores Olea como estudiante de Derecho e Historia en la <span class=\"small-caps\">unam<\/span> durante la d\u00e9cada de los a\u00f1os cincuenta, y m\u00e1s tarde profesor en la Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales y en la Escuela de Econom\u00eda, a su regreso de cursar estudios superiores en universidades europeas (Silva Herzog, 1980: 132). Flores Olea consider\u00f3, al responder, que la Revoluci\u00f3n mexicana hab\u00eda comenzado a ser problematizada de manera demag\u00f3gica, por lo que era necesaria una \u201ctoma de conciencia\u201d, pues era fundamental que \u201cel pueblo\u201d mexicano irrumpiera en la vida pol\u00edtica mexicana m\u00e1s all\u00e1 del \u201cpuro acto intelectual\u201d. En esto consistir\u00eda la \u201cvoluntad concreta de actuar en la historia\u201d mediante la conversi\u00f3n de los intelectuales a ser \u201c<em>org\u00e1nicamente<\/em> los intelectuales del pueblo de M\u00e9xico\u201d (Flores Olea, 1959: 47).<\/p>\n\n\n\n<p>La toma de conciencia tambi\u00e9n fue abordada por Carlos Fuentes, quien fustig\u00f3 a\u00fan con mayor severidad al r\u00e9gimen emanado de la Revoluci\u00f3n mexicana, diciendo que \u201cla \u00fanica fuerza conservadora eficaz y activa que existe en nuestro pa\u00eds es la emanada de la propia Revoluci\u00f3n, la que se esconde detr\u00e1s de cierta ret\u00f3rica que, sin paradoja, podr\u00eda denominarse \u2018tradicional-revolucionaria\u2019, y que se ubica, para todos los efectos reales, en la derecha mexicana vigente\u201d. Fuentes remataba responsabilizando al <span class=\"small-caps\">pri<\/span> de la perversi\u00f3n \u201ctradicional-revolucionaria\u201d y \u201cla paralizaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n popular\u201d (Flores Olea, 1959: 50).<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, Jaime Garc\u00eda Terr\u00e9s era categ\u00f3rico en su sentencia de muerte: \u201cYa no cabe hablar de la Revoluci\u00f3n mexicana (el movimiento social conocido por ese nombre) como de un fen\u00f3meno actual\u201d, en t\u00e9rminos muy similares a los de Silva Herzog en \u201cLa Revoluci\u00f3n mexicana es ya un hecho hist\u00f3rico\u201d. La p\u00e9rdida de vigencia se deb\u00eda a que la Revoluci\u00f3n hab\u00eda devenido en burocracia ajena a la din\u00e1mica intr\u00ednseca a los procesos verdaderamente revolucionarios (Flores Olea, 1959: 54).<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Enrique Gonz\u00e1lez Pedrero afirmaba que \u201cpara ser <em>Pol\u00edtico <\/em>se necesita ser <em>Hombre<\/em> de ideas y, para tenerlas, se requiere ser Pol\u00edtico \u2013es decir, actuar sobre la realidad transform\u00e1ndola\u2013 con dignidad humana, de dimensi\u00f3n humana\u201d. Gonz\u00e1lez Pedrero trazaba as\u00ed un modelo intelectual peculiar del \u201cpol\u00edtico\u201d, uno que participaba en la discusi\u00f3n p\u00fablica desde una posici\u00f3n que trascend\u00eda la cr\u00edtica de la realidad y saltaba no solamente a se\u00f1alar los defectos, sino a buscar la manera de solucionarlos y participar en dicho proceso (Flores Olea, 1959: 62). Este postulado de la acci\u00f3n \u201cdirecta\u201d del intelectual-pol\u00edtico adquiri\u00f3 gran relevancia en la segunda mitad de los a\u00f1os sesenta en Am\u00e9rica Latina, a la par de la profundizaci\u00f3n del radicalismo revolucionario cubano.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se encontraban las reflexiones que manten\u00edan los intelectuales mexicanos colaboradores de <em>Cuadernos <\/em>en los albores del fen\u00f3meno que los estremecer\u00eda y, en muchos casos, los llevar\u00eda a encontrar respuestas radicalizando sus posturas: el triunfo de la Revoluci\u00f3n cubana el primero de enero de 1959.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La irrupci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n cubana en las cr\u00edticas a la Revoluci\u00f3n mexicana<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">Tras el golpe militar del 10 de marzo de 1952 contra el presidente cubano Carlos Pr\u00edo Socarr\u00e1s, perpetrado por el general y expresidente cubano Fulgencio Batista, varios grupos de opositores se organizaron en contra de lo que claramente se convert\u00eda en una dictadura. Algunos, como los miembros del Partido Ortodoxo, optaron por la v\u00eda electoral para oponerse tanto a los restos del corrupto oficialismo de Pr\u00edo, como al autoritarismo batistiano. Entre los ortodoxos, hab\u00eda j\u00f3venes ligados a la Universidad de La Habana que comenzaron a radicalizarse, y la v\u00eda armada les pareci\u00f3 a algunos como la \u00fanica alternativa para la conquista del poder. Finalmente, el 26 de julio de 1953, un grupo de guerrilleros precariamente armados, comandados por el joven abogado Fidel Castro, intentaron tomar por asalto el cuartel Moncada en Santiago de Cuba.<\/p>\n\n\n\n<p>Este asalto y el resto de las acciones coordinadas con esta operaci\u00f3n fueron un rotundo fracaso que cobr\u00f3 varias v\u00edctimas entre los guerrilleros. El encarcelamiento de los sobrevivientes no se dej\u00f3 esperar. Los conocimientos jur\u00eddicos de Fidel Castro le permitieron reivindicar el \u201cderecho a la rebeli\u00f3n popular contra el despotismo y la tiran\u00eda\u201d en un discurso de defensa legal pronunciado en 1953, que m\u00e1s tarde se conocer\u00eda como \u201cLa historia me absolver\u00e1\u201d (Rojas, 2015: 42). Se trataba de una defensa constitucional de corte liberal que fue bien recibida por la opini\u00f3n p\u00fablica y revisti\u00f3 de cierta legitimidad pol\u00edtica a Castro y a los dem\u00e1s miembros del Movimiento 26 de Julio, llamado as\u00ed en conmemoraci\u00f3n de la fecha del asalto.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Fulgencio Batista convoc\u00f3 a elecciones en 1954, de las que result\u00f3 ganador ante la ausencia de oponentes electorales fuertes, pues buena parte de la oposici\u00f3n se encontraban en el exilio tras el golpe militar de 1952. Un a\u00f1o despu\u00e9s de los comicios, en 1955, los presos del asalto al cuartel Moncada fueron amnistiados. Castro y los dem\u00e1s miembros excarcelados decidieron ir a M\u00e9xico, pues desde el inicio de la dictadura de Batista un nutrido grupo de pol\u00edticos cubanos hab\u00eda optado por exiliarse en la capital mexicana, Miami y Nueva York. Las redes tejidas previamente por ellos les permitieron a los moncadistas aprovechar las buenas conexiones con \u201caltas esferas del gobierno de M\u00e9xico y, tambi\u00e9n, con sectores de la opini\u00f3n p\u00fablica en Estados Unidos\u201d (Rojas, 2015: 59).<\/p>\n\n\n\n<p>En M\u00e9xico, Castro entr\u00f3 en contacto con Mar\u00eda Antonia Gonz\u00e1lez, una cubana que estaba casada con el luchador mexicano Dick Medrano. Su casa se hab\u00eda convertido en punto de encuentro de los cubanos que viv\u00edan o pasaban por el Distrito Federal. Desde M\u00e9xico, los revolucionarios prepararon su expedici\u00f3n guerrillera para derrocar a Batista. El primer manifiesto del Movimiento 26 de Julio fue difundido gracias a la imprenta del mexicano Arsacio Vanegas, quien adem\u00e1s les ayud\u00f3 con el acondicionamiento f\u00edsico para la guerrilla (Morales y del Alizal, 1999: 202).<\/p>\n\n\n\n<p>Fidel y sus acompa\u00f1antes, entre quienes se encontraba ya el guerrillero argentino Ernesto \u201cChe\u201d Guevara, fueron detenidos el 20 de junio de 1956, acusados de violar las leyes migratorias mexicanas. A mediados de julio fueron liberados, y el expresidente mexicano L\u00e1zaro C\u00e1rdenas intercedi\u00f3 para que no fueran deportados y, en cambio, que se les otorgara el asilo (Morales y del Alizal, 1999: 207).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, en noviembre de ese mismo a\u00f1o, 82 expedicionarios del Movimiento 26 de Julio zarparon del puerto mexicano de Tuxpan, Veracruz, rumbo a Cuba en el yate \u201cGranma\u201d. Tras desembarcar se dirigieron a la Sierra Maestra, donde pasaron dos a\u00f1os combatiendo como guerrilleros al ej\u00e9rcito de Batista, hasta que este \u00faltimo huy\u00f3 derrotado el primero de enero de 1959. M\u00e9xico fue el primer pa\u00eds del mundo en extender su reconocimiento al nuevo gobierno revolucionario cubano, el 5 de enero de 1959 (Casuso, 1961: 111).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la pol\u00edtica oficial mexicana apuntal\u00f3 al menos discursivamente al nuevo gobierno cubano, varios intelectuales mexicanos o asentados en M\u00e9xico expresaron sus reservas al respecto del triunfo revolucionario en distintos espacios. Por ejemplo, el exiliado espa\u00f1ol en M\u00e9xico, Max Aub, escribi\u00f3 en su diario con fecha del 7 de enero, con una mezcla de dudoso optimismo y sospecha: \u201cLas revoluciones o los sobresaltos hacia la libertad, suceden cuando un grupo est\u00e1 decidido a morir por conseguirla. Los que viven bien \u2013si no a gusto\u2013 son incapaces de ella. Verbigracia, hoy, los argelinos, pero no los espa\u00f1oles. Quedan, adem\u00e1s, los caudillos rom\u00e1nticos \u2013si hay quien los financie\u2013, como Fidel Castro\u201d (Aub, 2002: 147).<\/p>\n\n\n\n<p>La ambig\u00fcedad de la nota de Max Aub mezcl\u00f3 el reclamo hacia la pasividad espa\u00f1ola con la desconfianza frente a la Revoluci\u00f3n cubana. Esto lo hizo al cuestionar la autonom\u00eda financiera y la capacidad organizativa de Castro. Aun as\u00ed, la nota en el diario de Aub es ilustrativa del inter\u00e9s por mirar hacia Cuba de parte de un destacado colaborador de <em>Cuadernos Americanos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la d\u00e9cada anterior, Max Aub hab\u00eda viajado a Cuba en dos ocasiones. Sin embargo, el triunfo del movimiento revolucionario no lo interpel\u00f3 para visitar la isla en 1959.<a class=\"anota\" id=\"anota5\" data-footnote=5>5<\/a> Lo que s\u00ed pareci\u00f3 impactarlo significativamente fue la muerte del Che Guevara en octubre de 1967. En esa fecha anot\u00f3 en su diario: \u201cun h\u00e9roe m\u00e1s en la cuenta de la historia. Hace tiempo que debi\u00f3 darse cuenta de que servir\u00eda m\u00e1s su muerte que su vida\u201d (Aub, 2003: 96). Tiempo despu\u00e9s escribi\u00f3 una obra dram\u00e1tica inspirada en la muerte del Che, titulada <em>El cerco<\/em>. Hacia el final de la d\u00e9cada de los sesenta tambi\u00e9n visit\u00f3 a su hija radicada en La Habana (Aub, 1969). Las reservas iniciales de Aub progresivamente cambiaron y dieron lugar a que se interesara por la Revoluci\u00f3n cubana, como sucedi\u00f3 con muchos otros colaboradores de <em>Cuadernos Americanos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl animal se fue [&#8230;]\u201d, fueron las palabras que el profesor mexicano de la Escuela Nacional de Ciencias Pol\u00edticas de la <span class=\"small-caps\">unam<\/span>, Enrique Gonz\u00e1lez Pedrero, escuch\u00f3 por el tel\u00e9fono en la madrugada del primero de enero de 1959. Gonz\u00e1lez Pedrero se encontraba en La Habana desde el 20 de diciembre, once d\u00edas antes de que Fulgencio Batista huyera de Cuba. La cr\u00f3nica de Gonz\u00e1lez Pedrero titulada \u201cLa ca\u00edda de otra dictadura\u201d fue publicada en la edici\u00f3n de marzo-abril de 1959 de <em>Cuadernos Americanos<\/em>. En ella recordaba que, tras la sorpresa inicial de la huida de Batista, vino el llamado de Castro a la huelga general hasta que los \u201cbarbudos\u201d \u2013como se conoc\u00eda coloquialmente a los combatientes del Movimiento 26 de Julio\u2013 se hicieran completamente del poder, como sucedi\u00f3 el 3 de enero: \u201cLa radio y la televisi\u00f3n transmiten las \u00f3rdenes. El cese de la huelga ha sido dictado. La revoluci\u00f3n est\u00e1 en el poder\u201d (Gonz\u00e1lez Pedrero, 1959: 25-33).<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez instalada la Revoluci\u00f3n en el gobierno y concluidas las celebraciones, comenzaron las medidas que afectaron los privilegios de los propietarios de la isla. La reforma agraria cubana fue uno de los temas que mayores expectativas generaron en M\u00e9xico, especialmente por las comparaciones \u2013algunas m\u00e1s expl\u00edcitas que otras\u2013 que se hicieron entre el proceso de reparto de los \u201cbarbudos\u201d y el que hab\u00eda sucedido en M\u00e9xico como resultado de la Revoluci\u00f3n mexicana, particularmente durante la presidencia del general L\u00e1zaro C\u00e1rdenas entre 1936 y 1940.<a class=\"anota\" id=\"anota6\" data-footnote=6>6<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Silva Herzog fue uno de los mexicanos a quienes impresionaron significativamente estos acontecimientos cubanos. En el cuarto n\u00famero de 1959 de <em>Cuadernos<\/em> (julio-agosto), el potosino public\u00f3 su art\u00edculo \u201cLa reforma agraria en M\u00e9xico\u201d que resum\u00eda el esquema de un libro suyo de pr\u00f3xima aparici\u00f3n. Aunque el inter\u00e9s de Silva Herzog por los temas de la reforma agraria no comenz\u00f3 a ra\u00edz de la Revoluci\u00f3n cubana, la edici\u00f3n referida coincid\u00eda puntualmente con el momento de aprobaci\u00f3n de la Ley de Reforma Agraria de Cuba el 17 de mayo de 1959. Si bien no hay referencias directas a dicho evento en su texto, la retrospectiva sobre el reparto mexicano insist\u00eda en una mirada autorreflexiva, que conclu\u00eda con el extrav\u00edo de los ideales revolucionarios mexicanos, a la luz de los acelerados cambios en la isla.<\/p>\n\n\n\n<p>Silva Herzog analiz\u00f3 en el art\u00edculo los distintos momentos de redistribuci\u00f3n de la tierra en M\u00e9xico desde el periodo colonial hasta el presente. El potosino enfatiz\u00f3 las diferentes caracter\u00edsticas de cada momento y puso especial atenci\u00f3n en algunos periodos, como el de la presidencia de L\u00e1zaro C\u00e1rdenas. En la discusi\u00f3n p\u00fablica, C\u00e1rdenas aparec\u00eda como referente y br\u00fajula sobre los rumbos correctos y las desviaciones de la Revoluci\u00f3n mexicana. Eso explicaba que Silva Herzog hiciera una precisi\u00f3n sobre el ideario del michoacano: \u201cel gobierno de C\u00e1rdenas puede clasificarse como de izquierda, pero de izquierda mexicana, de acuerdo con la trayectoria del movimiento social iniciado en noviembre de 1910\u201d (Silva Herzog, 1959: 41).<\/p>\n\n\n\n<p>Retomar las ideas de C\u00e1rdenas a prop\u00f3sito de la reforma agraria de los a\u00f1os treinta le permit\u00eda a Silva Herzog reivindicar la \u201cradicalidad\u201d de la interpretaci\u00f3n cardenista sobre la Constituci\u00f3n de 1917 y la propia Revoluci\u00f3n mexicana, aunque tambi\u00e9n enfatizaba que esto \u201cno implica parentesco alguno con los movimientos revolucionarios de otras naciones\u201d, con ello hac\u00eda una alusi\u00f3n defensiva ante las descalificaciones por parte de los opositores al general que lo tachaban de \u201ccomunista\u201d y prosovi\u00e9tico (Silva Herzog, 1959: 33). Dichas acusaciones aumentaron tras el reconocimiento que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica le otorg\u00f3 a C\u00e1rdenas en 1956: el Premio Lenin de la Paz. Cabe mencionar que la paranoia con respecto al \u201ccomunismo\u201d de C\u00e1rdenas por parte de los sectores m\u00e1s conservadores de la sociedad mexicana se increment\u00f3 a partir de sus expresiones de simpat\u00eda hacia la Revoluci\u00f3n cubana, como qued\u00f3 manifiesta en su visita a la isla durante la conmemoraci\u00f3n del <span class=\"small-caps\">vi<\/span> aniversario del asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1959 (P\u00e9rez Montfort, 2021: 324).<\/p>\n\n\n\n<p>Tras exponer ampliamente el proyecto de C\u00e1rdenas, Silva Herzog pasaba a denunciar el abandono de este tipo de pol\u00edticas, especialmente notable a partir de 1953. En consecuencia, consideraba que lo fundamental era \u201creformar la reforma agraria\u201d, como una especie de purga de errores y reactivaci\u00f3n de aquello que a su juicio era un baluarte de la \u201cizquierda, pero de izquierda mexicana\u201d (Silva Herzog, 1959: 41). La asociaci\u00f3n entre reforma agraria e izquierda se convirti\u00f3 en un medio para establecer paralelismos entre la Revoluci\u00f3n cubana y la mexicana. Adem\u00e1s, este fue uno de los fundamentos para hacer llamados a comprometerse con la defensa del proceso de transformaci\u00f3n en la isla.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, la cubana radicada en M\u00e9xico Lol\u00f3 de la Torriente, reportera del peri\u00f3dico <em>Novedades<\/em> y asidua colaboradora de <em>Cuadernos Americanos<\/em>, public\u00f3 el art\u00edculo \u201cRealidad y esperanza en la pol\u00edtica cubana\u201d a finales de 1959. Este art\u00edculo tuvo una finalidad muy clara, compartida por la mayor\u00eda de los textos que hablaban sobre la Revoluci\u00f3n en Cuba desde M\u00e9xico, que consist\u00eda en desmentir a la prensa conservadora: \u201cAl coraz\u00f3n de mucha gente sencilla que se pregunta qu\u00e9 pasa en Cuba\u201d (De la Torriente, 1959: 35).<\/p>\n\n\n\n<p>De la Torriente contrastaba las condiciones de vida en Cuba durante la dictadura de Batista con el nuevo panorama revolucionario. Abonaba al encumbramiento de Fidel Castro como art\u00edfice del proceso revolucionario diciendo que era \u201c[\u2026] producto de un ideal martiano fragante y vivo en el Dr. Castro y los bravos muchachos que con \u00e9l corrieron la aventura de la muerte\u201d. Adem\u00e1s, destacaba valores similares a los mencionados por Silva Herzog sobre C\u00e1rdenas al catalogarlo \u201cde izquierda, pero mexicana\u201d, afirmando que \u201c[\u2026] la Revoluci\u00f3n trata de <em>cubanizar a Cuba<\/em> reintegr\u00e1ndole las riquezas que le pertenecen\u201d (De la Torriente, 1959: 35). Este tipo de alusiones pretend\u00edan, en ambos casos, contrarrestar las acusaciones de tener ideas \u201cextranjeras\u201d o \u201cex\u00f3ticas\u201d, como un eufemismo anticomunista para descalificar cualquier proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>De la Torriente retom\u00f3 el mismo episodio narrado por Gonz\u00e1lez Pedrero recordando los \u00faltimos momentos del 31 de diciembre de 1958 como \u201cla noche alucinante [que] se abr\u00eda en un amanecer de esplendor\u201d y sobre la llegada de Castro a La Habana: \u201cFidel arriba a la Capital[,] millones de compatriotas lo esperan para verlo pasar. Las mujeres lloran. Los ni\u00f1os lo vitorean. Llueven flores sobre \u00e9l y sus hombres. Nunca, otro recibimiento, tuvo car\u00e1cter m\u00e1s espont\u00e1neo y caluroso\u201d (De la Torriente, 1959: 58).<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, De la Torriente emit\u00eda una severa cr\u00edtica a las revoluciones del continente \u2013quiz\u00e1 pensando espec\u00edficamente en la Revoluci\u00f3n mexicana\u2013 y llamaba a aprender de aquellos intentos fallidos: \u201cTodas las revoluciones en todas \u00e9pocas han visto subir la resaca, pero las americanas han contemplado c\u00f3mo persiste y socava debilitando las bases. No hemos de reincidir en viejos vicios\u201d (De la Torriente, 1959: 64).<\/p>\n\n\n\n<p>La mirada retrospectiva hacia la Revoluci\u00f3n mexicana orient\u00f3 la construcci\u00f3n de nuevas proyecciones ut\u00f3picas en perspectiva de su contraparte cubana en 1959. Asimismo, dict\u00f3 las prerrogativas que se implicaban en t\u00e9rminos de la similitud entre ambos procesos comprometi\u00e9ndose con la transformaci\u00f3n cubana desde la trinchera intelectual en M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>La defensa de la Revoluci\u00f3n se dio principalmente a partir de tres ejes: el primero consisti\u00f3 en apuntar con claridad qu\u00e9 era aquello que amenazaba a la isla, sobre todo el intervencionismo, el imperialismo y lo que consideraban \u201cinfundios\u201d derivados del anticomunismo. El segundo eje contempl\u00f3 los argumentos para dicha defensa con referencias hist\u00f3ricas como las lucha independentistas del siglo <span class=\"small-caps\">xix<\/span>, el antiimperialismo derivado del latinoamericanismo y lo vanguardista de medidas como la reforma agraria. Adem\u00e1s, a estas alturas, tambi\u00e9n se hizo necesaria la demostraci\u00f3n de que no se trataba de una revoluci\u00f3n socialista o comunista, sino nacionalista, emparent\u00e1ndola con la mexicana. Finalmente, la tercera l\u00ednea postulaba los mecanismos con los que habr\u00eda que defender a la Revoluci\u00f3n cubana: uno de los m\u00e1s importantes fue el compromiso intelectual, que implicaba tambi\u00e9n la cr\u00edtica al contexto social mexicano.<\/p>\n\n\n\n<p>En la siguiente secci\u00f3n de este art\u00edculo abordo expresiones en las que se aprecia la nueva orientaci\u00f3n en la argumentaci\u00f3n de los intelectuales de <em>Cuadernos Americanos<\/em> y de algunas otras colaboraciones en el c\u00edrculo contiguo de la <em>Revista de la Universidad<\/em>, ambas publicaciones pertenecientes a la plataforma intelectual de la <span class=\"small-caps\">unam<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">A medio siglo de la Revoluci\u00f3n mexicana en <em>Cuadernos Americanos <\/em>y la<em> Revista de la Universidad<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">En el marco de la conmemoraci\u00f3n del cincuenta aniversario de la Revoluci\u00f3n mexicana se editaron al menos cuatro publicaciones de cierta relevancia a la hora de hacer un balance historiogr\u00e1fico: <em>La revoluci\u00f3n social de M\u00e9xico<\/em>, de Manuel Gonz\u00e1lez Ram\u00edrez; la <em>Breve historia de la Revoluci\u00f3n mexicana<\/em>, de Jes\u00fas Silva Herzog; <em>La verdadera Revoluci\u00f3n mexicana<\/em> de Alfonso Taracena, y una serie de textos m\u00e1s que \u201cla Presidencia de la Rep\u00fablica impuls\u00f3 con la publicaci\u00f3n en el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica de una obra en cuatro gruesos vol\u00famenes intitulada <em>M\u00e9xico. 50 a\u00f1os de Revoluci\u00f3n\u201d <\/em>(Hurtado, 2010: 118). Esta \u00faltima cont\u00f3 con la participaci\u00f3n de sesenta y dos autores, entre los que se encontraban Edmundo O\u2019Gorman, Pablo Gonz\u00e1lez Casanova, Porfirio Mu\u00f1oz Ledo, Emilio Portes Gil y Jaime Torres Bodet. Cada volumen estuvo dedicado a una tem\u00e1tica: econom\u00eda, vida social, pol\u00edtica y cultura. En el \u00e1mbito intelectual, este fue uno de los mecanismos del r\u00e9gimen priista para reivindicarse como heredero y continuador del proceso revolucionario.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegado noviembre, mes de la conmemoraci\u00f3n revolucionaria mexicana, <em>Cuadernos Americanos <\/em>public\u00f3, en su \u00faltimo n\u00famero del a\u00f1o, un par de textos de Jes\u00fas Silva Herzog y del historiador franc\u00e9s Fran\u00e7ois Chevalier sobre ese tema. El primero, \u201cUn esbozo de la Revoluci\u00f3n mexicana (1910-1917)\u201d, era la larga nota introductoria de la <em>Breve historia de la Revoluci\u00f3n mexicana<\/em>, que no conten\u00eda ninguna reflexi\u00f3n claramente relacionada con la conmemoraci\u00f3n (Silva Herzog, 1960: 135-164). En el caso de Chevalier, si bien se enfocaba en observar el aspecto m\u00e1s radical de los componentes del proceso mexicano, al titular su art\u00edculo \u201cUn factor decisivo de la revoluci\u00f3n agraria de M\u00e9xico: \u2018El levantamiento de Zapata\u2019 (1911-1919)\u201d tampoco alud\u00eda a un balance del presente con perspectiva hist\u00f3rica, sino a un trabajo monogr\u00e1fico sobre el proyecto del l\u00edder agrarista (Chevalier, 1960: 165-187).<\/p>\n\n\n\n<p>Una aproximaci\u00f3n m\u00e1s enfocada en el balance del presente de la Revoluci\u00f3n mexicana fue la que present\u00f3 Enrique Gonz\u00e1lez Pedrero en su texto \u201c50 a\u00f1os despu\u00e9s\u201d, publicado en la <em>Revista de la Universidad de M\u00e9xico<\/em>, tambi\u00e9n editada por la <span class=\"small-caps\">unam<\/span>. En este art\u00edculo se invitaba a la izquierda mexicana a plantear \u201c[\u2026] un an\u00e1lisis concreto de la actitud contempor\u00e1nea de izquierda que debe partir del proceso social iniciado en 1910 cuando adquiri\u00f3, como posici\u00f3n pol\u00edtica, un sentido moderno\u201d. Al referirse al estancamiento del proceso consideraba que \u201cinfluy\u00f3 tanto el pasado que a pesar de la fuerza renovadora, de lo revolucionario, la inercia le rest\u00f3 progresivamente velocidad hasta casi nulificarlo, hasta asimil\u00e1rselo\u201d (Gonz\u00e1lez Pedrero, 1960: 4-5). Gonz\u00e1lez Pedrero afirmaba que el mayor de los vicios de este proceso revolucionario era su proceder \u201cdesde arriba\u201d, es decir, el centralismo pol\u00edtico que imposibilitaba la comunicaci\u00f3n con \u201clos de abajo\u201d y obstaculizaba defender sus intereses.<\/p>\n\n\n\n<p>Este autor marcaba como ejes del tr\u00e1nsito entre 1958 y 1959, \u201c[\u2026] dos acontecimientos pol\u00edticos capitales: la lucha que los obreros comenzaron a librar a favor de su independencia sindical y el triunfo de la Revoluci\u00f3n cubana\u201d. Y afirmaba categ\u00f3rico: \u201chemos visto c\u00f3mo la Revoluci\u00f3n mexicana utiliz\u00f3 un m\u00e9todo que ha comenzado a revelarse incapaz para resolver los problemas de nuestra \u00e9poca\u201d. Por ello llamaba a resolver cuatro demandas con el fin de \u201cactualizar la Revoluci\u00f3n mexicana, llenarla del contenido contempor\u00e1neo que le falta, darle nuevos alientos y vigorizarla para la lucha que tendr\u00e1 que librar en un futuro que es ya casi presente: democracia agraria, econ\u00f3mica, sindical y pol\u00edtica\u201d. Solo as\u00ed, la Revoluci\u00f3n mexicana ser\u00eda capaz de trascender hacia el futuro, haci\u00e9ndose responsable del papel \u201chist\u00f3rico\u201d que le correspond\u00eda (Gonz\u00e1lez Pedrero, 1960: 7-9).<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien fuera de la de Gonz\u00e1lez Pedrero algunas de las evaluaciones no apuntaban tan expl\u00edcitamente a la Revoluci\u00f3n cubana como gu\u00eda, los balances s\u00ed tomaban como esquema anal\u00edtico el proceso de radicalizaci\u00f3n de la isla. El futuro posible para el proceso mexicano depend\u00eda de retomar y ahondar los procesos de transformaci\u00f3n que se hab\u00edan suspendido o estancado con el paso de los a\u00f1os. El referente de las reformas cubanas era ineludible para ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante la permanencia de la dictadura franquista en Espa\u00f1a, por un lado, y del anquilosamiento de la Revoluci\u00f3n mexicana, por el otro, la juventud y vigorosidad de la Revoluci\u00f3n cubana cataliz\u00f3 algunas discusiones que ven\u00edan de d\u00e9cadas atr\u00e1s y encauz\u00f3 nuevas preocupaciones a partir de su triunfo en 1959. As\u00ed, apareci\u00f3 una amplia gama de respuestas para redefinir y reorientar el compromiso intelectual, los idearios revolucionarios y la confrontaci\u00f3n al imperialismo, que convirti\u00f3 a este proceso en un punto de encuentro para los intelectuales iberoamericanos. Frecuentemente, las referencias a la Revoluci\u00f3n cubana en <em>Cuadernos Americanos<\/em> y en <em>La Revista de la Universidad <\/em>fueron verbalizaciones de la esperanza de poder reactivar la Revoluci\u00f3n mexicana.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Reflexiones finales<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"abstract\">La discusi\u00f3n sobre el compromiso intelectual fue reorientada al finalizar la d\u00e9cada de los cincuenta con el triunfo de la Revoluci\u00f3n cubana en 1959 en <em>Cuadernos Americanos<\/em>. Sin embargo, las discusiones al respecto se pueden rastrear desde d\u00e9cadas previas, como se ha demostrado con el ejemplo de Jes\u00fas Silva Herzog y el c\u00edrculo de sus colaboradores en <em>Cuadernos Americanos<\/em>. Lo que s\u00ed sucedi\u00f3 a partir de 1959 fue la incorporaci\u00f3n de un nuevo referente, en este caso la isla caribe\u00f1a en sustituci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n mexicana de 1910, para reflexionar sobre la posibilidad de modificar la situaci\u00f3n de los pa\u00edses latinoamericanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al tener a la Revoluci\u00f3n cubana como referente continental, fue necesario que algunos argumentos de las izquierdas desde las primeras d\u00e9cadas del siglo <span class=\"small-caps\">xx<\/span>, como el antiimperialismo, se revigorizaran y reorientaran en funci\u00f3n del latinoamericanismo o del an\u00e1lisis de pol\u00edticas como la reforma agraria en la isla. As\u00ed, los referentes hist\u00f3ricos que emparentaran las luchas con otras previas fueron instrumentalizados, como lo hicieron los intelectuales de <em>Cuadernos Americanos <\/em>con el cardenismo para defender al proceso de radicalizaci\u00f3n en la isla en ese momento. Estos an\u00e1lisis evidenciaron el envejecimiento de la Revoluci\u00f3n mexicana, al ser comparada con su contraparte cubana en los textos de los intelectuales, en algunos casos de forma m\u00e1s expl\u00edcita que otras.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, cabe remarcar que la oportunidad para expresar p\u00fablicamente el compromiso intelectual le permiti\u00f3 a los intelectuales de <em>Cuadernos Americanos <\/em>conformar, o bien incorporarse, a una esfera de debate en boga por aquellos a\u00f1os, que les otorg\u00f3 capital para posicionar discursos, publicar textos o participar en discusiones que, argumentando posiciones de cr\u00edtica a la realidad latinoamericana, de combate al imperialismo y de defensa de los proyectos revolucionarios en el continente, los proyectaron en funci\u00f3n de sus intereses personales o institucionales a lo largo de los a\u00f1os sesenta y setenta.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Bibliograf\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Aguilar Cam\u00edn, H\u00e9ctor y Lorenzo Meyer (1989). <em>A la sombra de la Revoluci\u00f3n mexicana.<\/em> M\u00e9xico: Cal y Arena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Aub, Max (2002). <em>Diarios 1953-1966.<\/em> M\u00e9xico: Conaculta y Direcci\u00f3n General de Publicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (2003). <em>Diarios 1967-1972. <\/em>M\u00e9xico: Conaculta y Direcci\u00f3n General de Publicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">\u2014 (1969). <em>Enero en Cuba.<\/em> M\u00e9xico: Joaqu\u00edn Mortiz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Barnet, Miguel (2009). \u201cDon Fernando Ortiz\u201d, en <em>Aut\u00f3grafos cubanos.<\/em> La Habana: Letras Cubanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Carmona, Fernando (1991). \u201cJes\u00fas Silva Herzog, cada vez m\u00e1s actual\u201d. <em>Problemas del Desarrollo,<\/em> vol. 22, n\u00fam. 85, pp. 227-237.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Casuso, Teresa (1961). <em>Cuba and Castro.<\/em> Nueva York: Random House.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Chevalier, Fran\u00e7ois (1960). \u201cUn factor decisivo de la revoluci\u00f3n agraria de M\u00e9xico: \u2018El levantamiento de Zapata\u2019 (1911-1919)\u201d. <em>Cuadernos Americanos<\/em>, a\u00f1o 29, vol. 113, n\u00fam. 6, pp. 165-187.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Cos\u00edo Villegas, Daniel (1947). \u201cLa crisis de M\u00e9xico\u201d. <em>Cuadernos Americanos<\/em>, vol. 32, n\u00fam. 2, pp. 29-51.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Cuadriello, Jorge Domingo (2009). <em>El exilio republicano espa\u00f1ol en Cuba.<\/em> Madrid: Siglo <span class=\"small-caps\">xxi<\/span>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">De la Osa, Enrique (1987). <em>Visi\u00f3n y pasi\u00f3n de Ra\u00fal Roa.<\/em> La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">De la Torriente, Lol\u00f3 (1959). \u201cRealidad y esperanza en la pol\u00edtica cubana\u201d. <em>Cuadernos Americanos<\/em>, vol. 107, n\u00fam. 6, pp. 35-65.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">De Pablo, \u00d3scar (2018). <em>La rojer\u00eda<\/em>. M\u00e9xico: Penguin Random House.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Dip, Nicol\u00e1s (coord.) (2020). \u201cLa nueva izquierda en la historia reciente de Am\u00e9rica Latina. Un di\u00e1logo entre Eric Zolov, Rafael Rojas, Elisa Serv\u00edn, Mar\u00eda Cristina Tortti y Aldo Marchesi\u201d. <em>Escripta<\/em>, vol. 2, n\u00fam. 4, pp. 291-323.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Flores Olea, V\u00edctor <em>et al. <\/em>(1959). \u201cTres interrogaciones sobre el presente y el futuro de M\u00e9xico\u201d. <em>Cuadernos Americanos<\/em>, vol. 102, n\u00fam. 1, pp. 44-75.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"bibliography\">Gonz\u00e1lez Casanova, Henrique (1985). \u201cPr\u00f3logo en Homenaje a Jes\u00fas Silva Herzog<em>\u201d. 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Se especializa en la historia cultural y social de Am\u00e9rica Latina, con especial atenci\u00f3n en el periodo contempor\u00e1neo. Ha participado en eventos acad\u00e9micos en M\u00e9xico, Cuba, Alemania, Portugal, Per\u00fa y Estados Unidos. Ha publicado art\u00edculos en la Oxford Research Encyclopedia of Latin American History de la Universidad de Oxford y en las revistas <em>Secuencia<\/em>, <em>Cuban Studies<\/em>, <em>The Latin Americanist<\/em>, <em>Discurso Visual<\/em> y <em>Babel<\/em>. Algunos otros como \u201cLas resistencias y la raz\u00f3n cultural: un campo de lucha\u201d, \u201cHistoria de un fracaso: la mercantilizaci\u00f3n de la cultura juvenil en el Festival de Rock y Ruedas, Av\u00e1ndaro, 1971\u201d y \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los muchachos? Una aproximaci\u00f3n a la diversidad sociocultural de los j\u00f3venes mexicanos de los a\u00f1os sesenta\u201d, han aparecido en libros colectivos editados por Penguin Random House y por la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la <span class=\"small-caps\">unam<\/span>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>In the forties of the twentieth century, the cultural, social and political project of Cuadernos Americanos magazine took 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